Kurosawa: el emperador del cine

En palomitas samuráis, aunque en alguna ocasión hemos recordado algún clásico, últimamente nos hemos centrado en las novedades del cine asiático y en las películas más recientes que nos llegan del lejano oriente.
Pero qué sería del cine asiático de hoy en día si Akira Kurosawa no hubiese decidido un día coger una cámara y empezar a contar historias. Palomitas samuráis quiere rendir un merecido homenaje al más grande director del japón, el que acercó el cine oriental a occidente; Akira, el emperador.
El joven Akira
Kurosawa nació en 1910 y fue hijo de un oficial descendiente de samuráis, temática que trató ampliamente durante toda su carrera cinematográfica. Desde niño se interesó por el arte y decidió estudiar pintura. Sin embargo, Kurosawa acabaría un tanto frustrado con las bellas artes y dirigió su mirada hacia el cine, donde veía muchas posibilidades de expandir su creatividad.
Con 26 años Kurosawa entró como ayudante de dirección en una productora que posteriormente se convertiría en el máximo exponente del cine japonés, la Toho. Con el tiempo el joven director pasó al puesto de guionista y cuando los dueños de la productora vieron el talento de Kurosawa decidieron darle la oportunidad de dirigir su propia película.
El primer film de Kurosawa fue La leyenda del gran judo, rodada durante la Segunda Guerra Mundial y con gran sentimiento nacionalista. Con estos films la Toho pretendía aumentar la moral de los japoneses ante la debacle que se les avecinaba en el conflicto.
Aunque se apreciaba una calidad indudable en su ópera prima no sería hasta 1948 cuando empezase a rodar las primeras obras de peso en su carrera. Este año fue muy especial en la carrera de Kurosawa ya que colaboró por primera vez con el mítico actor Toshiro Mifune, el más grande en toda la historia de Japón.
El primer fruto de esta colaboración fue El ángel ebrio, una triste historia que narra la relación entre un médico y un yakuza tuberculoso. Este fue el comienzo de una larga y prolífica relación, que se extendería a lo largo de 16 filmes.
Hasta este momento Kurosawa se había interesado principalmente por narraciones realistas, que reflejasen las miserias del Japón de la post-guerra. Pero en 1950 esta tendencia cambiaría, este año sería clave en la historia del cine japonés, por primera vez una película de este país triunfaba en occidente y abría las puertas a un tipo de cine desconocido en América y Europa.
Y llegó Rashomon
Si decimos que esta fecha es fundamental en la carrera de Kurosawa es porque ganó el León de Oro del festival de Venecia con su obra maestra Rashomon. Este largometraje narra la historia de un asesinato en el Japón feudal, pero posee la particularidad de que cuenta la historia desde el punto de vista de cuatro personajes (el propio muerto entre ellos). Esta forma de narrar y la técnica visual tan pausada y característica de Kurosawa le hicieron alcanzar la fama internacional. La interpretación majestuosa de Toshiro Mifune también consiguió lanzarlo al estrellato, conviertiéndose en el actor más prolífico de las películas de samuráis.
A partir de este momento Kurosawa encadena -con algún traspie- una serie de films que en la actualidad son considerados obras clave de la cinematografía. En 1952 presenta Ikiru: Vivir, de la que ya hemos hablado en alguna ocasión. Ikiru cuenta la historia de un funcionario japonés que en el momento en el que le diagnostican cáncer terminal se da cuenta de que ha desperdiciado su vida y decide hacer algo importante antes de que llegue el fin. En este exquisito film, pausado y sobrecogedor, Kurosawa contó con la excepcional interpretación de Takashi Shimura, otro de los actores fetiche del director.
Llega la gran obra maestra
Sería muy difícil elegir la mejor película de Kurosawa, teniendo en cuenta que gran parte de su filmografía es una pieza de arte, pero no sería nada extraño que muchos se decantasen por Los siete samuráis. Realmente no hay nada que no se haya dicho sobre esta joya del cine, la película más sublime de todo el género de aventuras.
Los siete samuráis (1954) narra la historia de siete ronins (samuráis sin señor) que ayudan a unos campesinos a deshacerse de sus enemigos a cambio solamente de comida. La película dura tres horas y media pero en ningún momento se hace aburrida para el espectador, a pesar del tempo tan relajado de Kurosawa. Los papeles protagonistas están increíblemente interpretados por Toshiro Mifune y Takashi Shimura. El film sorprendió al mundo del cine y obtuvo, nuevamente, el León de Plata y sería versioneada con Los siete magníficos.
Durante los años posteriores Kurosawa rodó algunas de sus mejores películas de aventuras, género del que fue el maestro indiscutible. Hay que destacar especialmente Trono de sangre, adaptación soberbia del Hamlet de Shakespeare, y la genial Yojimbo con un soberbio Toshiro Mifune (que alcanza el mismo nivel interpretativo que en Los siete samuráis) y que años más tarde sería adaptada al Spahetti Western en Por un puñado de dólares de Sergio Leone.
La gran depresión
Kurosawa entró en los años 70 dirigiendo Dodes ka-den, un buen film que, sin embargo, resultó ser un fracaso comercial y propició que el cineasta no encontrase productores durante cinco años. Kurosawa se sumergió en una profunda depresión llegando incluso a intentar suicidarse.

Pero Kurosawa se rehizó del duro revés y con ayuda de la antigua Unión Soviética dirigió Dersu Uzala (1975), película que relanzó de nuevo su carrera y por la que recibió el Oscar de la academia. Cinco años más tarde volvería a recibir el mismo premio, en esta ocasión por toda su trayectoria profesional.
A partir de los ochenta Kurosawa recibió la ayuda de importantes directores norteamericanos (como Lucas o Spielberg), que le produjeron algunas de sus mejores películas, como Ran (adaptación del Rey Lear de Shakespeare), Kagemusha o Los sueños de Akira Kurosawa.
El emperador del cine dirigió más de una treintena de largometrajes a lo largo de su vida, recibió innumerables premios en reconocimiento a su arte y nos dejó algunas de las más grandes joyas de la historia del cine. Por su influencia en el cine moderno y por la genialidad de su obra Kurosawa seguirá siendo el último emperador.
Carteles de films de Kurosawa
Pero qué sería del cine asiático de hoy en día si Akira Kurosawa no hubiese decidido un día coger una cámara y empezar a contar historias. Palomitas samuráis quiere rendir un merecido homenaje al más grande director del japón, el que acercó el cine oriental a occidente; Akira, el emperador.
El joven Akira
Kurosawa nació en 1910 y fue hijo de un oficial descendiente de samuráis, temática que trató ampliamente durante toda su carrera cinematográfica. Desde niño se interesó por el arte y decidió estudiar pintura. Sin embargo, Kurosawa acabaría un tanto frustrado con las bellas artes y dirigió su mirada hacia el cine, donde veía muchas posibilidades de expandir su creatividad.
Con 26 años Kurosawa entró como ayudante de dirección en una productora que posteriormente se convertiría en el máximo exponente del cine japonés, la Toho. Con el tiempo el joven director pasó al puesto de guionista y cuando los dueños de la productora vieron el talento de Kurosawa decidieron darle la oportunidad de dirigir su propia película.
El primer film de Kurosawa fue La leyenda del gran judo, rodada durante la Segunda Guerra Mundial y con gran sentimiento nacionalista. Con estos films la Toho pretendía aumentar la moral de los japoneses ante la debacle que se les avecinaba en el conflicto.
Aunque se apreciaba una calidad indudable en su ópera prima no sería hasta 1948 cuando empezase a rodar las primeras obras de peso en su carrera. Este año fue muy especial en la carrera de Kurosawa ya que colaboró por primera vez con el mítico actor Toshiro Mifune, el más grande en toda la historia de Japón.
El primer fruto de esta colaboración fue El ángel ebrio, una triste historia que narra la relación entre un médico y un yakuza tuberculoso. Este fue el comienzo de una larga y prolífica relación, que se extendería a lo largo de 16 filmes.
Hasta este momento Kurosawa se había interesado principalmente por narraciones realistas, que reflejasen las miserias del Japón de la post-guerra. Pero en 1950 esta tendencia cambiaría, este año sería clave en la historia del cine japonés, por primera vez una película de este país triunfaba en occidente y abría las puertas a un tipo de cine desconocido en América y Europa.
Y llegó Rashomon
Si decimos que esta fecha es fundamental en la carrera de Kurosawa es porque ganó el León de Oro del festival de Venecia con su obra maestra Rashomon. Este largometraje narra la historia de un asesinato en el Japón feudal, pero posee la particularidad de que cuenta la historia desde el punto de vista de cuatro personajes (el propio muerto entre ellos). Esta forma de narrar y la técnica visual tan pausada y característica de Kurosawa le hicieron alcanzar la fama internacional. La interpretación majestuosa de Toshiro Mifune también consiguió lanzarlo al estrellato, conviertiéndose en el actor más prolífico de las películas de samuráis.A partir de este momento Kurosawa encadena -con algún traspie- una serie de films que en la actualidad son considerados obras clave de la cinematografía. En 1952 presenta Ikiru: Vivir, de la que ya hemos hablado en alguna ocasión. Ikiru cuenta la historia de un funcionario japonés que en el momento en el que le diagnostican cáncer terminal se da cuenta de que ha desperdiciado su vida y decide hacer algo importante antes de que llegue el fin. En este exquisito film, pausado y sobrecogedor, Kurosawa contó con la excepcional interpretación de Takashi Shimura, otro de los actores fetiche del director.
Llega la gran obra maestra
Sería muy difícil elegir la mejor película de Kurosawa, teniendo en cuenta que gran parte de su filmografía es una pieza de arte, pero no sería nada extraño que muchos se decantasen por Los siete samuráis. Realmente no hay nada que no se haya dicho sobre esta joya del cine, la película más sublime de todo el género de aventuras.
Los siete samuráis (1954) narra la historia de siete ronins (samuráis sin señor) que ayudan a unos campesinos a deshacerse de sus enemigos a cambio solamente de comida. La película dura tres horas y media pero en ningún momento se hace aburrida para el espectador, a pesar del tempo tan relajado de Kurosawa. Los papeles protagonistas están increíblemente interpretados por Toshiro Mifune y Takashi Shimura. El film sorprendió al mundo del cine y obtuvo, nuevamente, el León de Plata y sería versioneada con Los siete magníficos.Durante los años posteriores Kurosawa rodó algunas de sus mejores películas de aventuras, género del que fue el maestro indiscutible. Hay que destacar especialmente Trono de sangre, adaptación soberbia del Hamlet de Shakespeare, y la genial Yojimbo con un soberbio Toshiro Mifune (que alcanza el mismo nivel interpretativo que en Los siete samuráis) y que años más tarde sería adaptada al Spahetti Western en Por un puñado de dólares de Sergio Leone.
La gran depresión
Kurosawa entró en los años 70 dirigiendo Dodes ka-den, un buen film que, sin embargo, resultó ser un fracaso comercial y propició que el cineasta no encontrase productores durante cinco años. Kurosawa se sumergió en una profunda depresión llegando incluso a intentar suicidarse.

Pero Kurosawa se rehizó del duro revés y con ayuda de la antigua Unión Soviética dirigió Dersu Uzala (1975), película que relanzó de nuevo su carrera y por la que recibió el Oscar de la academia. Cinco años más tarde volvería a recibir el mismo premio, en esta ocasión por toda su trayectoria profesional.
A partir de los ochenta Kurosawa recibió la ayuda de importantes directores norteamericanos (como Lucas o Spielberg), que le produjeron algunas de sus mejores películas, como Ran (adaptación del Rey Lear de Shakespeare), Kagemusha o Los sueños de Akira Kurosawa.
El emperador del cine dirigió más de una treintena de largometrajes a lo largo de su vida, recibió innumerables premios en reconocimiento a su arte y nos dejó algunas de las más grandes joyas de la historia del cine. Por su influencia en el cine moderno y por la genialidad de su obra Kurosawa seguirá siendo el último emperador.
Carteles de films de Kurosawa
Fuentes:
www.allmovie.com
www.imdb.com
El cine asiático está de moda en Cannes

El cine que llega de oriente a las salas europeas es recibido cada vez con más entusiasmo por la crítica y los espectadores. Prueba de esta fascinación por el cine asiático la encontramos estos días en el festival de Cannes, que este año cuenta con el director Wong Kar Wai como presidente del jurado.
Es la primera, desde que en 1946 se celebrase la primera edición del festival, que un director de nacionalidad china asume la presidencia del jurado. Wong Kar Wai es consciente de la importancia que ello tiene para la expansión del cine asiático en el mercado occidental: "Es un gran honor para mí y para mis compañeros cineastas en China y Asia. Podemos estar orgullosos de este momento", afirma el director.
Pero Wong Kar Wai no es la única presencia oriental en el jurado de Cannes. La bella actriz china Zhang Ziyi -que en el futuro podremos ver interpretando a Mulan en una versión cinematográfica del cuento- también forma parte del jurado oficial.
El festival de Cannes 2006 arrancó el pasado 17 de mayo con la proyección fuera de concurso del film El código Da Vinci. La película había generado amplia expectación entre el público y la crítica pero tras la proyección algunos asistentes no dudaron en mostrar su decepción.
El día 18 de mayo Wong Kar Wai inauguró la sección oficial del concurso y los asistentes pudieron presenciar el film Paris...te amo dirigida por varios directores franceses y que fue acogida con entusiasmo por la crítica.
El viernes 19 era el día del cine español. A las ocho de la mañana Pedro Almodovar presentaba su último largometraje Volver que recibió una impresionante ovación de los espectadores y grandes alabanzas por parte del jurado liderado por Kar Wai.
Ayer fue un día muy tranquilo en el festival y no se pudo presenciar ningún estreno relevante. Pero el martes será un día importante en el festival, especialmente para el cine asiático. El director mejicano Alejandro González Iñárritu presenta su último trabajo, Babel que cuenta con la participación de grandes estrellas internacionales como Cate Blanche y Brad Pitt, pero que destaca por el gran papel de la actriz japonesa Rinko Kikuchi.
El festival de Cannes 2006 echará el telón el próximo domingo 28, tras once días de proyecciones, poniendo fin a una edición donde el cine oriental ha obtenido el reconocimiento merecido, teninendo una presencia destacada en el jurado.
Es la primera, desde que en 1946 se celebrase la primera edición del festival, que un director de nacionalidad china asume la presidencia del jurado. Wong Kar Wai es consciente de la importancia que ello tiene para la expansión del cine asiático en el mercado occidental: "Es un gran honor para mí y para mis compañeros cineastas en China y Asia. Podemos estar orgullosos de este momento", afirma el director.
Pero Wong Kar Wai no es la única presencia oriental en el jurado de Cannes. La bella actriz china Zhang Ziyi -que en el futuro podremos ver interpretando a Mulan en una versión cinematográfica del cuento- también forma parte del jurado oficial.
El festival de Cannes 2006 arrancó el pasado 17 de mayo con la proyección fuera de concurso del film El código Da Vinci. La película había generado amplia expectación entre el público y la crítica pero tras la proyección algunos asistentes no dudaron en mostrar su decepción.
El día 18 de mayo Wong Kar Wai inauguró la sección oficial del concurso y los asistentes pudieron presenciar el film Paris...te amo dirigida por varios directores franceses y que fue acogida con entusiasmo por la crítica.
El viernes 19 era el día del cine español. A las ocho de la mañana Pedro Almodovar presentaba su último largometraje Volver que recibió una impresionante ovación de los espectadores y grandes alabanzas por parte del jurado liderado por Kar Wai.
Ayer fue un día muy tranquilo en el festival y no se pudo presenciar ningún estreno relevante. Pero el martes será un día importante en el festival, especialmente para el cine asiático. El director mejicano Alejandro González Iñárritu presenta su último trabajo, Babel que cuenta con la participación de grandes estrellas internacionales como Cate Blanche y Brad Pitt, pero que destaca por el gran papel de la actriz japonesa Rinko Kikuchi.
El festival de Cannes 2006 echará el telón el próximo domingo 28, tras once días de proyecciones, poniendo fin a una edición donde el cine oriental ha obtenido el reconocimiento merecido, teninendo una presencia destacada en el jurado.
Fuente: www.festival-cannes.org
La tercera edición de Maestros del Cine Japonés es un éxito de ventas

Hace ya varios años la productora y distribuidora Filmax comenzó a acercar el cine japonés a los cinéfilos y a los que daban los primeros pasos por este tipo de películas. El éxito fue rotundo con grandes clásicos como Los Siete Samuráis de Kurosawa, Cuentos de la Luna Pálida de Mizoguchi o Historia de Tokio de Ozu.
Ahora Filmax vuelve a hacer las delicias de los amantes del cine japonés porque desde hace pocos meses podemos disfrutar de la tercera edición de la colección Maestros del Cine Japonés. En esta nueva entrega encontraremos decenas de películas que hasta ahora habían sido prácticamente imposible de encontrar en nuestro país, teniendo que recurrir a la importación en numerosas ocasiones.
Entre los nuevos títulos que han salido a la venta destacan Sanjuro, la segunda parte de la mítica Yojimbo de Kurosawa; también pertenece al emperador el exquisito drama Ikiru (Vivir), que narra la historia de un funcionario al que diagnostican cáncer terminal y busca un motivo para vivir los meses que le quedan. De Ozu tenemos El otoño de la familia Kohayagawa, en la que el director vuelve a tratar el tema de la vida cotidiana de la familia japonesa.
La nueva edición de Maestros del Cine Japonés ha sido recibida con notable éxito de ventas entre los admiradores del género y Filmax ya está considerando una cuarta entrega para seguir acercándonos al aún desconocido cine procedente del país del sol naciente.
Fuente: http://www.dvdenlared.com
Ahora Filmax vuelve a hacer las delicias de los amantes del cine japonés porque desde hace pocos meses podemos disfrutar de la tercera edición de la colección Maestros del Cine Japonés. En esta nueva entrega encontraremos decenas de películas que hasta ahora habían sido prácticamente imposible de encontrar en nuestro país, teniendo que recurrir a la importación en numerosas ocasiones.
Entre los nuevos títulos que han salido a la venta destacan Sanjuro, la segunda parte de la mítica Yojimbo de Kurosawa; también pertenece al emperador el exquisito drama Ikiru (Vivir), que narra la historia de un funcionario al que diagnostican cáncer terminal y busca un motivo para vivir los meses que le quedan. De Ozu tenemos El otoño de la familia Kohayagawa, en la que el director vuelve a tratar el tema de la vida cotidiana de la familia japonesa.
La nueva edición de Maestros del Cine Japonés ha sido recibida con notable éxito de ventas entre los admiradores del género y Filmax ya está considerando una cuarta entrega para seguir acercándonos al aún desconocido cine procedente del país del sol naciente.
Fuente: http://www.dvdenlared.com
Los Siete Samuráis también está en la colección
El Festival de Cine Asiático de Barcelona cierra sus puertas con un gran éxito de público

El pasado fin de semana la octava edición del festival BAFF echaba el telón, poniendo fin a una semana en la que los amantes del cine oriental han podido deleitarse con los últimos éxitos procedentes de Asia.
El Festival de Cine Asiático de Barcelona 2006 ha batido records de asistencia, superando en esta ocasión las veinte mil personas de público, tres mil asistentes más que en la edición del año pasado. La culpa del éxito la tienen la buena labor de los organizadores y la excelente selección de películas asiáticas que este año ha propuesto el BAFF.
El jurado de la Sección Oficial ha decidido otorgar el premio Durián de Oro a la película Grain in Ear de Zhang Lu. La magnífica puesta en escena, la soberbia fotografía y la sencillez narrativa de este film del director chino se han ganado el reconocimiento de la crítica. También han recibido mención especial el documental Dear Pyongyang de Yang Yonghi y el largometraje It’s only Talk, de Ryuichi Hiroki.
El Festival de Cine Asiático de Barcelona 2006 ha batido records de asistencia, superando en esta ocasión las veinte mil personas de público, tres mil asistentes más que en la edición del año pasado. La culpa del éxito la tienen la buena labor de los organizadores y la excelente selección de películas asiáticas que este año ha propuesto el BAFF.
El jurado de la Sección Oficial ha decidido otorgar el premio Durián de Oro a la película Grain in Ear de Zhang Lu. La magnífica puesta en escena, la soberbia fotografía y la sencillez narrativa de este film del director chino se han ganado el reconocimiento de la crítica. También han recibido mención especial el documental Dear Pyongyang de Yang Yonghi y el largometraje It’s only Talk, de Ryuichi Hiroki.
Fuente: www.baff-bcn.org
Trailer de Grain In Ear
Cien años de cine japonés de Donald Richie

No, estimado lector, no se ha equivocado de publicación; seguimos siendo (y por mucho tiempo) una buena referencia sobre el cine asiático de hoy y de siempre. Pero el cine no sólo se manifiesta en soporte de celuloide o DVD, el arte cinematográfico se muestra de mil y una formas, y las fuentes literarias son un recurso imprescindible para todos aquellos que se aproximan a este noble oficio.
Esta semana desde Palomitas Samuráis recomendamos un excitante libro de referencia sobre el cine nipón. Cien años de cine japonés es una lograda obra de Donald Richie, famoso experto en todo lo relacionado con el país del sol naciente, cuyas páginas relatan pormenorizadamente y de forma asequible los más de cien años de historia del cine…japonés.
A lo largo de sus trescientas páginas el libro narra la evolución de la cinematografía japonesa (tan diferente a la occidental), desde las primeras grabaciones del teatro kabuki, hasta el más moderno cine de Takeshi Kitano o el ánime de Mizayaki. La lectura es amena pero rigurosa, y está repleta de anécdotas del propio Donald Richie y de directores japoneses de renombre.
Aunque el texto está perfectamente equilibrado en el tratamiento de las diferentes etapas del cine nipón, Richie relata con especial añoranza la gran época dorada del cine japonés, las décadas de los cuarenta y cincuenta. Eran los años de las producciones de la Toho, del emperador Kurosawa, del grandioso Mifune y del exquisito Mizoguchi. La época de obras maestras como Los siete samuráis, Yojimbo o Los cuentos de la luna pálida.
Pero Richie no se detiene en su revisión de la extensa vida del cine japonés y continúa su análisis con la revolucionaria década de los sesenta y el polémico cine de Oshima (El imperio de los sentidos), hasta llegar a los primeros años del nuevo milenio, dominados por una nueva revolución en la industria cinematográfica japonesa, la durísima visión del mundo de Kitano y por un interés cada vez mayor por el ánime y por todo aquello que suene a japonés.
Cien años de cine japonés culmina con una excelente sección de referencia donde vienen seleccionadas cientos de películas japonesas junto con sus datos técnicos y en muchos casos la distribuidora para que el aficionado pueda encontrar la película que busca y descubrir otras nuevas. Es posible que para el coleccionista español esta sección no resulte tan útil como para el americano, puesto que muchos de estos filmes no están disponibles en el mercado nacional; pero sí puede animar a importar verdaderas joyas, o tal vez a intentar obtenerlas por otros medios.
Si hay que poner un “pero” a la obra de Donald Richie es su falta de objetividad a la hora de tratar a ciertos autores y estilos cinematográficos. Se muestra excesivamente crítico, la mayoría de las veces sin una argumentación sólida, con el cine de Kitano y la nueva oleada de dibujantes japoneses. En cualquier otro texto esto no sería un perjuicio para la obra, pero tratándose en este caso de una auténtica obra de referencia sobre el cine japonés hubiera sido deseable que Richie olvidase sus prejuicios por el cine moderno y se hubiese limitado a aportar una visión más descriptiva de las películas sometidas a análisis. En cualquier caso, esto no desmerece la totalidad de este libro imprescindible para todos los amantes del cine nipón y para aquellos que deseen hacer su primera incursión en las películas de geishas y samuráis.
Esta semana desde Palomitas Samuráis recomendamos un excitante libro de referencia sobre el cine nipón. Cien años de cine japonés es una lograda obra de Donald Richie, famoso experto en todo lo relacionado con el país del sol naciente, cuyas páginas relatan pormenorizadamente y de forma asequible los más de cien años de historia del cine…japonés.
A lo largo de sus trescientas páginas el libro narra la evolución de la cinematografía japonesa (tan diferente a la occidental), desde las primeras grabaciones del teatro kabuki, hasta el más moderno cine de Takeshi Kitano o el ánime de Mizayaki. La lectura es amena pero rigurosa, y está repleta de anécdotas del propio Donald Richie y de directores japoneses de renombre.
Aunque el texto está perfectamente equilibrado en el tratamiento de las diferentes etapas del cine nipón, Richie relata con especial añoranza la gran época dorada del cine japonés, las décadas de los cuarenta y cincuenta. Eran los años de las producciones de la Toho, del emperador Kurosawa, del grandioso Mifune y del exquisito Mizoguchi. La época de obras maestras como Los siete samuráis, Yojimbo o Los cuentos de la luna pálida.
Pero Richie no se detiene en su revisión de la extensa vida del cine japonés y continúa su análisis con la revolucionaria década de los sesenta y el polémico cine de Oshima (El imperio de los sentidos), hasta llegar a los primeros años del nuevo milenio, dominados por una nueva revolución en la industria cinematográfica japonesa, la durísima visión del mundo de Kitano y por un interés cada vez mayor por el ánime y por todo aquello que suene a japonés.
Cien años de cine japonés culmina con una excelente sección de referencia donde vienen seleccionadas cientos de películas japonesas junto con sus datos técnicos y en muchos casos la distribuidora para que el aficionado pueda encontrar la película que busca y descubrir otras nuevas. Es posible que para el coleccionista español esta sección no resulte tan útil como para el americano, puesto que muchos de estos filmes no están disponibles en el mercado nacional; pero sí puede animar a importar verdaderas joyas, o tal vez a intentar obtenerlas por otros medios.
Si hay que poner un “pero” a la obra de Donald Richie es su falta de objetividad a la hora de tratar a ciertos autores y estilos cinematográficos. Se muestra excesivamente crítico, la mayoría de las veces sin una argumentación sólida, con el cine de Kitano y la nueva oleada de dibujantes japoneses. En cualquier otro texto esto no sería un perjuicio para la obra, pero tratándose en este caso de una auténtica obra de referencia sobre el cine japonés hubiera sido deseable que Richie olvidase sus prejuicios por el cine moderno y se hubiese limitado a aportar una visión más descriptiva de las películas sometidas a análisis. En cualquier caso, esto no desmerece la totalidad de este libro imprescindible para todos los amantes del cine nipón y para aquellos que deseen hacer su primera incursión en las películas de geishas y samuráis.

FICHA TÉCNICA
Segunda edición. 2005
304 páginas
Ilustraciones en B/N
Encuadernación: rústica con solapas
Formato 23x17 cm.
Precio aproximado: 22 euros






