Musical independiente (III). De Reed a Winterbottom, del clasicismo a la vanguardia
Francia y Reino Unido son los máximos exponentes del cine musical europeo. En lo que se refiere al país galo, ya destacamos hace un par de semanas la increíble labor de Jacques Demmy para la consolidación del género musical allá por los 50. Veinte años después, Henry Héroux reinventaría el género musical con “Jacques Brel Is Alive and Well and Living in Paris”,una coproducción franco-canadiense. La película marcó el camino para todos los musicales revisionistas. En una época en la que el papel del clásico trovador parece haberse desvanecido, Jacques Brel nos recuerda la necesidad más primaria de todo cantante: la de transformar las emociones universales en canciones.
Con una mezcla de baladas, tangos, boleros, rock y música clásica Brel examina temas tan estrechamente ligados a la canción como el amor, la guerra, la muerte, los sueños rotos, la juventud, la vejez o el sistema de clases, pero sin olvidar nunca que la vida con todas sus tragedias y complejidades, debe vivirse sobre todo con mucho humor. Eso es precisamente lo que caracteriza a la producción de Brel, ese toque de acidez y picardía con respecto a la vida. Con el reparto original que interpretó la obra en los teatros fuera de Broadway, la estrella real de la película es la música de Brel especialmente cuando el gran compositor interpreta “Ne Me Quitte Pas”, un momento musical único y esencial para el recuerdo.
Otra coproducción, esta vez entre Francia y EEUU, acentuaría el buen hacer galo en lo que al género musical se refiere. En 1986, Bernard Tavernier nos ofrecería uno de los retratos en clave de drama documental más comprometidos de la figura y personalidad de Dexter Gordon, uno de los saxofonistas más importantes del siglo XX. Todo en esta película, absolutamente todo, es jazz, y del bueno. Desde la historia, tristísima y dura, como un solo de saxofón, que emerge como un grito desgarrado; hasta sus personajes, respirando en todo momento jazz, rodeados de humo de tabaco, el inseparable compañero de esta música junto al alcohol. La cámara se mueve también a ritmo de jazz, con transiciones muy pausadas y largos planos detalle y filma de forma exquisita cada una de las actuaciones que tienen lugar en el Blue Note, un pequeño club de jazz de París. La historia es la de dos hombres, un parisino arruinado y un músico en horas bajas, unidos por una amistad que se forja en su aficiones musicales.Al igual que sucedía con la aparición estelar de Brel en el film anterior, en “Alrededor de la medianoche”, se dejan ver en pequeños papeles Martin Scorsese y Herbie Hancock, quién firma la banda sonora del film, que, por cierto, ganó el Oscar, aunque muchos de los temas son versiones de clásicos del jazz. Todo en esta película es música. Y es que una vez más la cinematografía francesa dejaba constancia con esta película de que no hay mejor forma para expresar los sentimientos que la canción.
Entrados en los noventa, destacan otras dos producciones. Por un lado, “On connait le chanson” (1997), de Alain Resnais y tan solo un año después “Jeanne y el chico formidable”(1998), dirigida por Olivier Ducastel. Ambas son producciones arriesgadas y valientes. La primera es una historia atípica de la vida cotidiana de seis personajes que expresan todos sus pensamientos a través de canciones populares francesas, interpretadas por artistas de la talla de Charles Aznavour, Jacques Dutronc, Dalida, Jane Birkin, Sylvie Vartan, Serge Gainsbourg, Claude François... El amor, correspondido o no, es el eje que vertebra la película y serán los malos entendidos y los diversos giros del destino, quienes determinarán las pequeñas historias de cada uno de estos personajes en un constante ir y venir de sentimientos encontrados.“Jeanne y el chico formidable” , por su parte, es la historia de una joven que excusa su apretada agenda sexual diciendo que busca al hombre de su vida. Y cuando, por fin, lo encuentra el chico muere de SIDA. La película queda lejos del mal melodrama porque con frecuencia se canta y baila lo que sucede o lo que se piensa: voces naturales, unas buenas y otras no tanto, pero todos cantan con pasión y convicción; y así bailan, con más o menos técnica, pero siempre con gracia. La música de Phillipe Miller es también natural, sencilla, agradable.
El repaso por el musical
británico nos traslada a 1969 fecha en la que se proyectaría en las salas “Oliver!”, una película en la que Carol Reed adapta el clásico de Charles Dickens. La historia es la que ya todos conocemos, la de un, muchacho huérfano que, en su huída del orfanato donde residía, acaba por instalarse en Londres y formando parte de una banda de carteristas. A pesar de lo conocido del argumento, la película destaca como una magnífica muestra de cine musical con una banda sonora excepcional y unas coreografías brillantes e imaginativas (entre las que destaca el número musical Who will buy?), hasta el punto de que Oliver es considerado por algunos como el último gran musical que ha dado el cine. No en vano, Hollywood reconoció la magia electrizante de la película con cinco oscar, entre ellos mejor película, mejor director y mejor banda sonora adaptada.Otro niño sería el protagonista de “Tommy, the movie” (1975). Dirigida por Ken Rusell, la película es la historia de un niño que se queda ciego, sordo y mudo como consecuencia del trauma sufrido al contemplar el asesinato de su padre a manos del amante de su madre. Situada en el contexto de la IIGM la película narra las penurias y desventuras por las que se verá obligado a pasar Tommy hasta que debido a habilidad con el pinball se convertirá en ídolo de masas, al que se le profesará la devoción y el culto propios de la religión. Las etapas de la odisea de Tommy se hilan por la música que Rusell escoge para cada uno de los momentos, desde Tina Turner hasta The Who, convirtiendo a la película en un psicodélico experimento de ficción donde música y narración casan a la perfección. Los excesos de su director hacen de la película una obra de obligada referencia dentro del cine independiente.


La música contemporánea sería también una fuente de inspiración para Julien Temple, quien sirviéndose de su experiencia como director de videoclips, daría el salto a la pantalla grande con “Principiantes” (1986). El pop británico se funde con el cine musical clásico de los ochenta en esta historia sobre la tiranía del amor, en la que Colin, un joven fotógrafo de talento tratará de recuperar a su novia, que lo ha plantado y ha decidido casarse con otro hombre harta de la ponga por detrás de su trabajo. Suenan con fuerza las canciones de David Bowie. Temple rompería barreras entre cine y música con obras posteriores como: “The Great Rock 'n' Roll Swindle”, en la que narra el devenir del grupo punk que cambió la historia, los “Sex Pistols”, o su última película “La mugre y la furia”, en la que incide sobre el rápido ascenso y posterior caída en picado del grupo de Sid Vicious a través de la productora “Factory Records”.
Si ahondamos en los orígenes del nexo entre rock y cine, la película “La noche de un día difícil” (A hard day's night, 1964), de Richard Lester, es un antecedente ineludible. La cinta británica viene a representar algo así como un videoclip cinematográfico de larga duración de "The Beatles", utilizando como telón de fondo éxitos del cuarteto de Liverpool para narrar un día típico en la vida de los cantantes. Iconoclasta y disparatada son algunos términos que definen esta curiosa mezcla de documental y género musical. Richard Lester tendría ocasión de volver a dirigir a los "Beatles" con “Help!”, una divertidísima comedia construida sobre un argumento peculiar: la persecución a los cuatro de Liverpool por parte de una secta religiosa que pretende pintar de rojo y sacrificar a Ringo Starr por la posesión de un anillo. Grandes dosis de surrealismo empapan las peripecias de los Fab Four, otorgando a la cinta cierto cáliz anárquico.
Pero si lo de lo que hablamos es de anarquía no podemos olvidar el retrato de veinte años de música de Winterbottom en “24 hour people” (2002), una cinta que recoge las principales muestras de la música en la escena de Manchester entre los 70 y los primeros años de la década de los 90. Con una estructura caótica la cinta va dando saltos por la cronología de esos años, en los que Manchester sería el epicentro de la eclosión de la música punk y de los sonidos más libres, para ofrecer pinceladas de los momentos más estelares. La película es un collage anárquico y desordenado, por el que fluye toda una estética antimercado.
Para terminar os dejamos con una lista de otras cintas que merece la pena reseñar: En primer lugar, “Psych-Out” (1968), ambientada en plena efervescencia del “flower power” de California, pone la nota melancólica. El delirio y la reflexión cínica llegan de la mano de Frank Zappa y de su película “200 Motels”, que trata sobre la vida de los grupos de rock en gira. Está protagonizada por Ringo Starr y aparece Keith Moon en el papel de una monja ninfómana. Y por supuesto, y como ya habíamos anunciado no podemos olvidarnos de “One Plus One” (1968), documento histórico en el que Godard filma a los Rolling Stones construyendo la canción "Simpatía por el diablo", mientras en paralelo se filma la representación de un reportaje sobre el Poder Negro. Enlaces de interés:
Recordar a Jacques Brel
One plus one: la historia de un film que se convirtió en leyenda






