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Internet desdibuja los límites del cine
Como ya apuntábamos la semana pasada las nuevas tendencias están trasladando el cine de la sala a Internet. La obra audiovisual –incluidos los videojuegos- se concibe así como ámbito de creación artística colectiva, donde se diluyen los conceptos de autoría y de propiedad intelectual. En opinión de Laura Baigorri, en cuyo extenso currículo destaca su titularidad como profesora de Video en la Facultad de Bellas Artes de Barcelona, este es el momento de aprovechar que “en Internet todavía no están echados los dados para decidirnos a jugar la partida de nuestro destino, porque lo que suceda en el futuro depende de cómo reaccionemos tú y yo ahora”. … Esta es la tesis de la que se sirve lo que se ha dado en llamar artivismo, una forma de desobediencia civil en la red. El interrogante que se nos plantea es: ¿Por qué encadenar el arte y la vocación a las convenciones de la industria? Con esta entrevista exploraremos el maridaje entre la experimentación audiovisual e Internet...

¿Qué es arte en Internet?
Como he dicho siempre, es “arte concebido expresamente para la red", o bien “arte cuyo soporte de creación y difusión es Internet”. Cuando hablamos de net.art, estamos refiriéndonos a las obras de arte creadas expresamente para ser difundidas en Internet, y que exprimen al máximo las particularidades del medio: su potencial de comunicación e interacción con el usuario y su capacidad para crear contenidos a partir de estructuras complejas que enlazan imágenes, textos y sonidos. La red representa al mismo tiempo un espacio de exposición y un medio de creación. Las creaciones de la red se caracterizan por su capacidad de riesgo e innovación y por su interés en explorar -y a veces traspasar- los límites éticos, políticos e incluso tecnológicos. En pintura y escultura todo se suele dar una vez, pero en cine, en vídeo e incluso en fotografía, existe esa otra posibilidad, ampliada al hipermedia en el caso del net.art.

¿Cuándo podemos hablar por primera vez en la historia de desobediencia civil en la red?
La terminología nació en 1994 de la mano de la Critical Art Ensemble. Pero no será hasta cuatro años después cuando se pongan realmente en práctica sus postulados. Por aquellas fechas el grupo Electronic Disturbance Theater propusieron un ataque de cibersabotaje a tres bandas: la web de la presidencia mexicana (en apoyo al zapatismo), la web del Pentágono (contra el Ejército de los Estados Unidos) y la web de la Bolsa de Frankfurt (símbolo del capitalismo internacional). A pesar de que la acción fue secundada por unos 20.000 usuarios, los afectados consiguieron desarticularla a las pocas horas de su inicio; desde entonces, se han propuesto otras acciones concretas, incluso sabiendo que van a ser detectadas y solventadas muy rápidamente, porque el poder de esta propuesta radica en la amenaza.

La pregunta obligada entonces es: ¿son efectivos estos métodos de activismo?
La respuesta depende de lo que consideremos como efectividad. Uno de los principales debates de los últimos tiempos sobre el activismo en la Red ha sido la confrontación entre impacto mediático y movilización real. El movimiento activista más representativo del vídeo de los setenta, la Guerrilla TV, formaba parte de un movimiento social que intentaba ejercer una acción social real: sus miembros pretendían ser representativos de las reivindicaciones de un sector de la población y posibilitar verdaderos cambios sociales en la vida de esas personas. Para sus detractores la resistencia en la Red ha resultado ser más simbólica que real.

Es posible que el artivismo y el cine social –realista- padezcan el mismo cáncer (el de la ineficacia)?
El cine social se considera más ético y necesario, al contrario que el cine posmodernista y de entretenimiento, que aboga por la evasión y crea historias alejadas de la realidad. Pero la cuestión es: ¿este cine convence a alguien más que los que ya poseen esas convicciones? El cine social crea películas que se mueven en un determinado ámbito. Así pues, traslado la pregunta a todos los que lean esta entrevista: ¿cambian el mundo o sólo reafirman a unos pocos en sus convicciones?
En el caso concreto del activismo videográfico, la eficacia de sus propuestas se mide por la calidad de la obra -poder de impacto-, pero sobre todo, por su potencial comunicador: por la cantidad de individuos susceptibles de ser afectados y, consecuentemente, implicados en su ideología. Bajo este aspecto, se han obtenido resultados en su faceta más documental, pero la ineficacia resulta evidente en el terreno del videoarte, donde su radio de acción sólo alcanza a un reducto de la comunidad artística -¿videoartista busca concienciar a videoartista? La endogamia está destinada a consumirse en su propio “círculo vicioso”.

Una de las críticas más acusadas es que cualquiera de las propuestas siempre nos acaba remitiendo al medio que precisamente está criticando, ¿cómo explicas esta paradoja?
Cuando se trata de proyectos que utilizan la Red como soporte, se pone de manifiesto la dificultad de eludir por completo algún tipo de autorreferencialidad. Y si el principal objeto de crítica de los activistas del vídeo de los setenta fue precisamente el medio que utilizaban para la difusión de sus ideales –la televisión–, los actuales activistas también se sirven de las mismas armas que sus contrarios cuando centran sus críticas en la Red. En el fondo de ambas luchas reside el interés por resistir y sabotear los monopolios corporativistas de la información que ostentan los mass media tecnológicos.

¿Qué puedes contarnos acerca de la corriente que se opone a desposarse con las convenciones del séptimo arte?
Entre los autores que centran su radio de acción en la crítica del arte destaca el grupo 0100101110101101.ORG, máximos representantes del art.hacktivismo. Su línea principal de trabajo cuestiona y ataca la comercialización del arte y del net art a partir de proyectos fuera de línea de simulación –como la creación del "artista inexistente" Darko Manver– y de iniciativas en línea de duplicación, como la copia de los sitios web Art.Teleportacia y Hell.com. En mayo de 1999, 0100101110101101.ORG duplicó ambos espacios y los facilitó gratuitamente a los usuarios con la intención de cuestionar la simulación mediática extendida en nuestra sociedad, la capacidad de la Red para adaptarse al tradicional mercado del arte y el mito de la accesibilidad y la privacidad de la información.

¿A qué se refiere el lema “inteligencia colectiva” que reza en el ideario que defiendes?
Hace referencia a un saber general compartido, un sustrato histórico del que se nutre, prácticamente, cualquier producto cultural en el sentido amplio de la palabra. Creo necesario apostar por nuevas formas de propiedad intelectual que contribuyan a facilitar el acceso libre a la cultura, entendido como un derecho ciudadano básico. Lo interesante es que el activismo no es una propuesta dogmática y de ningún modo tratamos de ofrecer conclusiones sino sólo abrir un proceso constante de diálogo que canalice nuevos interrogantes.

Página personal de Laura Baigorri
La desobediencia civil electrónica, la simulación y la esfera pública
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