Armas de mujer fatal
Enigmática, ambigua, deseada y odiada a la vez, pocos personajes han atraído tanto en la gran pantalla como la femme fatal. Un personaje que ha existido desde los inicios del cine, alcanzando su máximo esplendor con el cine negro americano de los años 40 y 50, pero cuya esencia ha perdurado hasta el cine actual. A éstas dedicaremos este estudio.
El personaje de la mujer fatal fue una de las novedades más importantes del cine negro norteamericano. Su poder de seducción y su fantástico cuerpo, no fueron las únicas armas de la femme fatale.
Sus técnicas: la pasión y la mentira.
La femme fatal pretende provocar, intrigar, mentir y manipular al hombre con su mejor arma, su cuerpo. Utilizando la belleza y la sexualidad, buscará beneficios de ascensión social: el poder, el dinero, el lujo.
Por todo esto, generalmente se encuentra fuera de los límites de la familia nuclear y se opta por el triángulo amoroso como la fórmula más adecuada y, por tanto, repetida en este tipo de películas. Su fina sensualidad y sus pérfidas miradas llaman la atención de todo el que la mira y se permitiran el lujo de utilizar un arma, fumar, cantar, conducir intrépidamente, desear el dinero sin pudor, etc. Y es que la femme fatale empleará las apariencias como mejor forma de engaño: primero bajo un aspecto amable con repetidas caras de ángel, pero en el momento de hacer emerger el rostro negativo surge la parte devastadora que se esconde tras cada gesto.
En referencia a esto es destacable como las facciones del rostro pueden resaltar claramente la intención de la mujer fatal en cada situación. Quizás el caso más célebre es el de la Joan Bennett de “La mujer del cuadro”, en la secuencia en la que intenta envenenar a un chantajista avaricioso, usa su sensualidad para seducirlo dulcemente, pero cuando éste las ignora, contrae todos los músculos de la cara, como si se tratara de una escena de cine mudo.
En el cine negro se relacionará su inteligencia con el fatalismo. Frecuentemente se emplean unos métodos establecidos, que se repiten en las novelas y películas de este género. En primer lugar se parte de una mujer atada con un hombre adinerado cuya presencia no puede soportar y del que desea librarse. Un día aparece otro hombre en su vida, un hombre inseguro, dubitativo o incauto incapaz de resistir la tentación que esa mujer supone. En este momento la pasión y las armas de seducción juegan su papel más importante para que la fatal logre su objetivo: desacerse del hombre al que se siente atada. Todas las pruebas implicaran a este segundo hombre como culpable, aunque pudo no cometer el delito del que se le acusa, pero del cual resultó cómplice voluntario o involuntario. Cuando todo se descubre ya es tarde en este mundo de mentiras y seducción donde el sexo se convierte en un elemento central de la narración.
Aunque los esquemas varíen la mujer fatal suele actuar siempre del mismo modo. Por poner un ejemplo destacamos “Cara de ángel” de Otto Preminger con la actriz Jean Simmons encarnando a la malísima Diane Tremayne. Con cara de ángel, Diane tiene un objetivo claro, ejecutar un minucioso plan que elimine a la nueva esposa de su padre. Para deshacerse de la madrastra, Diane se sirve de Frank Jessup (Robert Mitchum), al que conseguirá tener totalmente controlado utilizando sus poderosas armas de seducción. Frank, fracasado conductor de ambulancias, se deja deslumbrar por la magia encantadora de Diane y, nublada su mirada, decide seguir los pasos de su diosa. Diane, maneja a Frank con la astucia de hacerle creer que podrá retomar una exitosa carrera de piloto que, con el estallido de la guerra, hubo de abandonar. Diane, conoce el deseo más apreciado por Frank por lo que lo utilizará aprovechando su inocencia para conducir este vigor hacia objetivos particulares.
Un arma: el agua
Los franceses, como hemos afirmado denominan a este arquetipo de mujer Femme fatale, pero no es la única denominación. En EEUU, se emplea el término Spider woman. Anteriormente hemos relacionado esta expresión con la araña, como animal que atrapa a su presa, pero la araña no es la única raíz del término. Spider Woman es el resultado de la relación entre la araña y el pulpo, dos animales que atrapan las presas con sus lazos destructores. Pero el cine negro tiene más referencias al universo oceánico. Pongamos algunos ejemplos clásicos.
La protagonista de “Callejón sin salida”, Coral Chandler, compone su nombre y apellido con el significado de dos palabras del universo oceánico (coral y velero). Así mismo, la Vivian Sternwood de “El sueño eterno” lleva en la primera parte de su apellido la palabra popa, y Phyllis de “Perdición” hace referencia a la trágica historia de Filis, personaje mitológico que acaba suicidándose en el mar cuando sospecha que su amante no volverá a buscarla.
Pensemos, también, en la importancia que llegan a tener todos los símbolos negativos de las profundidades marinas en “La dama de Shangai”, en la que la protagonista se llama Circe, la hija del Sol y de Perseis, hija, entonces, del Océano, que encanta con sus brebajes a los marineros de la Odisea. O recordemos a Lana Turner de “El cartero siempre llama dos veces”,que aprovecha en un baño nocturno en la playa, en dominios de aguas negras, para inducir al amante a asesinar a su marido. Burt Lancaster, en la última escena de “El abrazo de la muerte”, representa claramente la masculinidad atrapada en las redes de la mujer y el océano. La mujer fatal y una imperturbable masa oceánica, en una casa que da al mar, está atrapado por el abrazo de Yvonne De Carlo. Burt Lancaster muere preso de la mujer fatal y del mar que a su espalda se aprecia oscuro y amenazador. Entre aguas, esta figuración femenina demostrará su capacidad para controlar perfectamente al hombre.
Pero la relación con el mar se entablará también indirectamente. La cabellera femenina, con el pelo al viento, ondulándose como olas de mar, será una de las mejores armas de la Femme fatale. Coral Chandler, por ejemplo subraya su imagen de feminidad fatal con el movimiento ondulado de su cabellera que simula el movimiento de las aguas turbulentas. Una cabellera que se ondula y que podemos encontrar en multitud de figuras femeninas del cine negro, pero quizás la más significativa será la de Barbara Stanwick en “Perdición”. Presentada como una sirena que acaba de salir del baño, con un peinado exageradamente ondulado, su cabellera se mueve casi llegando a la inverosimilitud en la escena en la que, más tarde, ella muestra toda su perversidad como resucitando a la Medusa que en vez de pelo tenía serpientes y petrificaba al enemigo con la mirada.
Ondulaciones que también se representarán en los cuerpos, que poco a poco se enfundan en ropa estrecha para acentuar la seducción femenina.
Claro ejemplo es Marilyn Monroe en “Niágara” que rompe con la moda vampiresca del color negro para exhibir un insinuante vestido fucsia, que lleva a su marido a un violento ataque de celos. En este film también encontraremos referencias al agua concretamente bajo la forma de las cataratas que encarcelan al protagonista. Georges Loomis al inicio de la película ya se representa como un punto insignificante en relación con la magnitud de las aguas que caen violentamente. Y el protagonista lo deja remarcado: “¿Porqué me habrán arrastrado hasta aquí las cataratas a las cuatro de la mañana? ¿Para demostrarme lo grandes que son ellas y lo pequeño que soy yo”.
Música y perversidad
La música, elemento fundamental para crear la tensión del cine negro, se convertirá en una nueva arma de mujer fatal.
En “Perversidad” Rip Murdock necesita para investigar la misteriosa muerte, servirse del oído para identificar a la femme fatale. Rip oye la voz de Coral Chandler antes de tener imagen de ella. Nada más llegar a un bar con motivos marinos pintados en los muros, se sienta frente a la barra y, con la copa entre las manos, oye una voz femenina que le atrapa hasta el punto de no mirarla inmediatamente, retiene la mirada. En este momento, como si se tratase del canto de una sirena, Rip ya no podrá librarse de la femme fatale.
“¿Quieres escuchar un consejo? Deja de escuchar este arpa dorada, Swede. Te creará muchos problemas...”. Estas son las palabras que un amigo dirige al protagonista de “Forajidos” para advertirle del peligroso atraco en el que se inmiscuirá sólo por estar cerca de Kitty Collins.
En “Cara de ángel”, la música, en este caso surgidas en este caso de los dedos de Diane Tremayne, volverán a convertirse en el canto de sirena, la llamada mortal para Frank Jessup. El protagonista, después de socorrer a la madrastra de un misterioso accidente, está a punto de salir de la mansión, pero la música de Diane, le hace retroceder para encontrarse con la mujer que le reclama. Son los mismos compases que, más tarde, acompañan el siniestro plan que Diane ha urdido para asesinar a su madrastra. Diane utiliza la música que interpreta como si se tratase de un auténtico ritual.
Y una última referencia a la importancia de la música sería el caso de Edward G. Robinson en “Perversidad” que descubre que su querida tiene un amante, justo en el momento en que un disco de vinilo gira, acompañando los abrazos de los dos jóvenes amantes. Pero el disco se ralla y repite, una y otra vez, la misma frase musical. Como la música rallada del disco de vinilo, las palabras de amor oídas cuando los descubrió suenan incansablemente en la mente de Edward G. Robinson.
El hombre.
Por su parte, el arquetipo masculino se revela desprovisto de la energía que le es habitual. Podemos fijarnos en un vulgar vendedor de seguros como Fred MacMurray en “Perdición”, en un vagabundo dubitativo, como John Garfield en “El cartero siempre llama dos veces”, en el insignificante Edward G. Robinson de “Perversidad” o en un inseguro Joseph Cotten en “Niágara”.
Seductoras, farsantes, mortíferas desde el primer beso, anulan también todo intento de linealidad argumental y, despiadadas, conducen al héroe a una trampa sin salida. Ejemplo claro de esto aparece en “Callejón sin salida”, en la que el protagonista se presenta, antes de exhibir su rostro, como un hombre errático, solitario, perdido entre las calles mojadas de una gran ciudad. El que espectador desconoce el motivo de esta situación pero en un momento el protagonista se detiene y se muestra su rostro: Humphrey Bogart frente a un gran escaparate de sombreros de mujer y entre las mujeres que admiran los complementos de moda; Bogart aparece en el universo femenino, atrapado y amenazado, tal y como se desvelará al final del film, por la potencia destructora de la femme fatale, aquella que domina el azar incierto del protagonista.
En el cine negro de los años 40 y 50 el contexto que rodea al protagonista masculino no es anecdótico: todo héroe de cine negro tiene un pasado activo, lleno de promesas y proyectos, que pierde, con la irrupción de la Segunda Guerra Mundial, de forma que unos claros objetivos masculinos se truncan en una actitud lacónica y pasiva. Es así como este debilitamiento de la masculinidad dinamiza a aquella feminidad que aspira a poseer algo más y encuentran la oportunidad de ir a la búsqueda de bienes materiales y, retomando hábitos pasados (satén negro, largas cabelleras, largos cigarrillos...), se convierten en mujeres presas del ocio y de la corrupción que prefieren estar al lado de hombres que, lejos del combate, se enriquecen con las pérdidas de la guerra.
La obsesión del hombre hacia la fatal es tremendamente intensa. El hombre mira a la mujer egoísta, interesada y sensual. Está dispuesto a jugar con fuego y ella lo enciende. El hombre percibe la fatalidad, pero se niega a ignorar a esta figura inalcanzable que le desafía.
Fatales memorables del cine negro americano:
- Barbara Stanwyck fue Phyllis Dietrichson en Perdición (Double Indemnity).
- Ava Gardner fue la bellísima y mortífera Kitty Collins en Forajidos;
- Mary Astor era la embaucadora Brigid O'Shaughnessy en El halcón maltés;
- Lana Turner fue Cora Smith en El cartero siempre llama dos veces;
- Rita Hayworth encarnaba a Elsa Bannister en La dama de Shangai;
- De nuevo Rita Hayworth en la mítica Gilda;
- Jean Simmons fue Diane Tremayne en Cara de ángel;
- Jane Greer era Katherine en Retorno al pasado;
- Joan Bennett vuelve a ser fatal en Perversidad;
- Joan Bennett fue Alice en La mujer del cuadro;
- Lizabeth Scott era Coral Chandler en Callejón sin salida;
- Gloria Grahame era Vicki Bucley en Deseos humanos;
- Yvonne de Carlo fue Anna en El abrazo de la muerte;
- Marilyn Monroe era Rose Loomis en Niagara;
- Veronica Lake era Ellen en El cuervo;
- Lauren Bacall fue Vivian en El sueño eterno.
Podeís consultar todas estas películas en imdb.com
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Enlaces de interés:
Todo sobre el cine negro y sus personajes
El cine negro en wikipedia
Definición y orígenes de la mujer fatal
Todo sobre las malas del cine
El personaje de la mujer fatal fue una de las novedades más importantes del cine negro norteamericano. Su poder de seducción y su fantástico cuerpo, no fueron las únicas armas de la femme fatale.
Sus técnicas: la pasión y la mentira.
La femme fatal pretende provocar, intrigar, mentir y manipular al hombre con su mejor arma, su cuerpo. Utilizando la belleza y la sexualidad, buscará beneficios de ascensión social: el poder, el dinero, el lujo. Por todo esto, generalmente se encuentra fuera de los límites de la familia nuclear y se opta por el triángulo amoroso como la fórmula más adecuada y, por tanto, repetida en este tipo de películas. Su fina sensualidad y sus pérfidas miradas llaman la atención de todo el que la mira y se permitiran el lujo de utilizar un arma, fumar, cantar, conducir intrépidamente, desear el dinero sin pudor, etc. Y es que la femme fatale empleará las apariencias como mejor forma de engaño: primero bajo un aspecto amable con repetidas caras de ángel, pero en el momento de hacer emerger el rostro negativo surge la parte devastadora que se esconde tras cada gesto.
En referencia a esto es destacable como las facciones del rostro pueden resaltar claramente la intención de la mujer fatal en cada situación. Quizás el caso más célebre es el de la Joan Bennett de “La mujer del cuadro”, en la secuencia en la que intenta envenenar a un chantajista avaricioso, usa su sensualidad para seducirlo dulcemente, pero cuando éste las ignora, contrae todos los músculos de la cara, como si se tratara de una escena de cine mudo.
En el cine negro se relacionará su inteligencia con el fatalismo. Frecuentemente se emplean unos métodos establecidos, que se repiten en las novelas y películas de este género. En primer lugar se parte de una mujer atada con un hombre adinerado cuya presencia no puede soportar y del que desea librarse. Un día aparece otro hombre en su vida, un hombre inseguro, dubitativo o incauto incapaz de resistir la tentación que esa mujer supone. En este momento la pasión y las armas de seducción juegan su papel más importante para que la fatal logre su objetivo: desacerse del hombre al que se siente atada. Todas las pruebas implicaran a este segundo hombre como culpable, aunque pudo no cometer el delito del que se le acusa, pero del cual resultó cómplice voluntario o involuntario. Cuando todo se descubre ya es tarde en este mundo de mentiras y seducción donde el sexo se convierte en un elemento central de la narración.
Aunque los esquemas varíen la mujer fatal suele actuar siempre del mismo modo. Por poner un ejemplo destacamos “Cara de ángel” de Otto Preminger con la actriz Jean Simmons encarnando a la malísima Diane Tremayne. Con cara de ángel, Diane tiene un objetivo claro, ejecutar un minucioso plan que elimine a la nueva esposa de su padre. Para deshacerse de la madrastra, Diane se sirve de Frank Jessup (Robert Mitchum), al que conseguirá tener totalmente controlado utilizando sus poderosas armas de seducción. Frank, fracasado conductor de ambulancias, se deja deslumbrar por la magia encantadora de Diane y, nublada su mirada, decide seguir los pasos de su diosa. Diane, maneja a Frank con la astucia de hacerle creer que podrá retomar una exitosa carrera de piloto que, con el estallido de la guerra, hubo de abandonar. Diane, conoce el deseo más apreciado por Frank por lo que lo utilizará aprovechando su inocencia para conducir este vigor hacia objetivos particulares.
Un arma: el agua
Los franceses, como hemos afirmado denominan a este arquetipo de mujer Femme fatale, pero no es la única denominación. En EEUU, se emplea el término Spider woman. Anteriormente hemos relacionado esta expresión con la araña, como animal que atrapa a su presa, pero la araña no es la única raíz del término. Spider Woman es el resultado de la relación entre la araña y el pulpo, dos animales que atrapan las presas con sus lazos destructores. Pero el cine negro tiene más referencias al universo oceánico. Pongamos algunos ejemplos clásicos.
La protagonista de “Callejón sin salida”, Coral Chandler, compone su nombre y apellido con el significado de dos palabras del universo oceánico (coral y velero). Así mismo, la Vivian Sternwood de “El sueño eterno” lleva en la primera parte de su apellido la palabra popa, y Phyllis de “Perdición” hace referencia a la trágica historia de Filis, personaje mitológico que acaba suicidándose en el mar cuando sospecha que su amante no volverá a buscarla.
Pensemos, también, en la importancia que llegan a tener todos los símbolos negativos de las profundidades marinas en “La dama de Shangai”, en la que la protagonista se llama Circe, la hija del Sol y de Perseis, hija, entonces, del Océano, que encanta con sus brebajes a los marineros de la Odisea. O recordemos a Lana Turner de “El cartero siempre llama dos veces”,que aprovecha en un baño nocturno en la playa, en dominios de aguas negras, para inducir al amante a asesinar a su marido. Burt Lancaster, en la última escena de “El abrazo de la muerte”, representa claramente la masculinidad atrapada en las redes de la mujer y el océano. La mujer fatal y una imperturbable masa oceánica, en una casa que da al mar, está atrapado por el abrazo de Yvonne De Carlo. Burt Lancaster muere preso de la mujer fatal y del mar que a su espalda se aprecia oscuro y amenazador. Entre aguas, esta figuración femenina demostrará su capacidad para controlar perfectamente al hombre.Pero la relación con el mar se entablará también indirectamente. La cabellera femenina, con el pelo al viento, ondulándose como olas de mar, será una de las mejores armas de la Femme fatale. Coral Chandler, por ejemplo subraya su imagen de feminidad fatal con el movimiento ondulado de su cabellera que simula el movimiento de las aguas turbulentas. Una cabellera que se ondula y que podemos encontrar en multitud de figuras femeninas del cine negro, pero quizás la más significativa será la de Barbara Stanwick en “Perdición”. Presentada como una sirena que acaba de salir del baño, con un peinado exageradamente ondulado, su cabellera se mueve casi llegando a la inverosimilitud en la escena en la que, más tarde, ella muestra toda su perversidad como resucitando a la Medusa que en vez de pelo tenía serpientes y petrificaba al enemigo con la mirada.
Ondulaciones que también se representarán en los cuerpos, que poco a poco se enfundan en ropa estrecha para acentuar la seducción femenina.
Claro ejemplo es Marilyn Monroe en “Niágara” que rompe con la moda vampiresca del color negro para exhibir un insinuante vestido fucsia, que lleva a su marido a un violento ataque de celos. En este film también encontraremos referencias al agua concretamente bajo la forma de las cataratas que encarcelan al protagonista. Georges Loomis al inicio de la película ya se representa como un punto insignificante en relación con la magnitud de las aguas que caen violentamente. Y el protagonista lo deja remarcado: “¿Porqué me habrán arrastrado hasta aquí las cataratas a las cuatro de la mañana? ¿Para demostrarme lo grandes que son ellas y lo pequeño que soy yo”.Música y perversidad
La música, elemento fundamental para crear la tensión del cine negro, se convertirá en una nueva arma de mujer fatal.
En “Perversidad” Rip Murdock necesita para investigar la misteriosa muerte, servirse del oído para identificar a la femme fatale. Rip oye la voz de Coral Chandler antes de tener imagen de ella. Nada más llegar a un bar con motivos marinos pintados en los muros, se sienta frente a la barra y, con la copa entre las manos, oye una voz femenina que le atrapa hasta el punto de no mirarla inmediatamente, retiene la mirada. En este momento, como si se tratase del canto de una sirena, Rip ya no podrá librarse de la femme fatale.“¿Quieres escuchar un consejo? Deja de escuchar este arpa dorada, Swede. Te creará muchos problemas...”. Estas son las palabras que un amigo dirige al protagonista de “Forajidos” para advertirle del peligroso atraco en el que se inmiscuirá sólo por estar cerca de Kitty Collins.
En “Cara de ángel”, la música, en este caso surgidas en este caso de los dedos de Diane Tremayne, volverán a convertirse en el canto de sirena, la llamada mortal para Frank Jessup. El protagonista, después de socorrer a la madrastra de un misterioso accidente, está a punto de salir de la mansión, pero la música de Diane, le hace retroceder para encontrarse con la mujer que le reclama. Son los mismos compases que, más tarde, acompañan el siniestro plan que Diane ha urdido para asesinar a su madrastra. Diane utiliza la música que interpreta como si se tratase de un auténtico ritual.
Y una última referencia a la importancia de la música sería el caso de Edward G. Robinson en “Perversidad” que descubre que su querida tiene un amante, justo en el momento en que un disco de vinilo gira, acompañando los abrazos de los dos jóvenes amantes. Pero el disco se ralla y repite, una y otra vez, la misma frase musical. Como la música rallada del disco de vinilo, las palabras de amor oídas cuando los descubrió suenan incansablemente en la mente de Edward G. Robinson.
El hombre.
Por su parte, el arquetipo masculino se revela desprovisto de la energía que le es habitual. Podemos fijarnos en un vulgar vendedor de seguros como Fred MacMurray en “Perdición”, en un vagabundo dubitativo, como John Garfield en “El cartero siempre llama dos veces”, en el insignificante Edward G. Robinson de “Perversidad” o en un inseguro Joseph Cotten en “Niágara”.
Seductoras, farsantes, mortíferas desde el primer beso, anulan también todo intento de linealidad argumental y, despiadadas, conducen al héroe a una trampa sin salida. Ejemplo claro de esto aparece en “Callejón sin salida”, en la que el protagonista se presenta, antes de exhibir su rostro, como un hombre errático, solitario, perdido entre las calles mojadas de una gran ciudad. El que espectador desconoce el motivo de esta situación pero en un momento el protagonista se detiene y se muestra su rostro: Humphrey Bogart frente a un gran escaparate de sombreros de mujer y entre las mujeres que admiran los complementos de moda; Bogart aparece en el universo femenino, atrapado y amenazado, tal y como se desvelará al final del film, por la potencia destructora de la femme fatale, aquella que domina el azar incierto del protagonista.En el cine negro de los años 40 y 50 el contexto que rodea al protagonista masculino no es anecdótico: todo héroe de cine negro tiene un pasado activo, lleno de promesas y proyectos, que pierde, con la irrupción de la Segunda Guerra Mundial, de forma que unos claros objetivos masculinos se truncan en una actitud lacónica y pasiva. Es así como este debilitamiento de la masculinidad dinamiza a aquella feminidad que aspira a poseer algo más y encuentran la oportunidad de ir a la búsqueda de bienes materiales y, retomando hábitos pasados (satén negro, largas cabelleras, largos cigarrillos...), se convierten en mujeres presas del ocio y de la corrupción que prefieren estar al lado de hombres que, lejos del combate, se enriquecen con las pérdidas de la guerra.
La obsesión del hombre hacia la fatal es tremendamente intensa. El hombre mira a la mujer egoísta, interesada y sensual. Está dispuesto a jugar con fuego y ella lo enciende. El hombre percibe la fatalidad, pero se niega a ignorar a esta figura inalcanzable que le desafía.
Fatales memorables del cine negro americano:
- Barbara Stanwyck fue Phyllis Dietrichson en Perdición (Double Indemnity).
- Ava Gardner fue la bellísima y mortífera Kitty Collins en Forajidos;
- Mary Astor era la embaucadora Brigid O'Shaughnessy en El halcón maltés;
- Lana Turner fue Cora Smith en El cartero siempre llama dos veces;
- Rita Hayworth encarnaba a Elsa Bannister en La dama de Shangai;
- De nuevo Rita Hayworth en la mítica Gilda;
- Jean Simmons fue Diane Tremayne en Cara de ángel;
- Jane Greer era Katherine en Retorno al pasado;
- Joan Bennett vuelve a ser fatal en Perversidad;
- Joan Bennett fue Alice en La mujer del cuadro;
- Lizabeth Scott era Coral Chandler en Callejón sin salida;
- Gloria Grahame era Vicki Bucley en Deseos humanos;
- Yvonne de Carlo fue Anna en El abrazo de la muerte;
- Marilyn Monroe era Rose Loomis en Niagara;
- Veronica Lake era Ellen en El cuervo;
- Lauren Bacall fue Vivian en El sueño eterno.
Podeís consultar todas estas películas en imdb.com
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Enlaces de interés:
Todo sobre el cine negro y sus personajes
El cine negro en wikipedia
Definición y orígenes de la mujer fatal
Todo sobre las malas del cine






