Olores
Me declaro amante de la cocina, es una de mis mejores terapias antiestrés. Durante estos últimos quince días de interminables vacaciones, he podido disfrutar cada mañana de este placer, del que empieza a ser considerado un nuevo arte, como dice Ferrán Adriá, y de esa extraña sensación de libertad que me produce una encimera perfectamente organizada, con todos los ingredientes para la elaboración de la obra, un espacio vital sólo para mí: el de la cocina, un CD sonando según el estado de ánimo y la imaginación y su prima la memoria, yendo y viniendo a su antojo, elucubrando, o perdiéndose en pasados o recientes acontecimientos.
Sí, la cocina es un arte porque evoca, sugiere, provoca, crea... no deja indiferente ni en colores, ni en sabores, ni en olores.
Su principal ingrediente: la imaginación.
En Navidad, me convierto, por decisión propia, en especialista en canapés. Y es que no hay mayor estímulo para mi cerebro, gastronómicamente hablando, que una mesa repleta de tostas, minitostas, nidos de hojaldre, mantequilla, huevas de pez, huevos de codorniz, anchoas, salmón ahumado y otros ahumados, tomatitos cherries, cogollos de lechuga, endivias, quesos de diversas texturas, sabores y olores, pates de diferentes hígados y especias... Todo eso y algunas cosas más, mi imaginación y un conejillo de indias, que puede tratarse de la primera sobrina despistada que caiga por allí antes de la hora de la cena de Fín de Año.
El resultado es una barriga llena, la del conejillo de indias, y tres o cuatro bandejas repletas de colores, ¡colores que se comen!, en perfecta armonía, una armonía tal que nadie se atrave a romperla, a profanarla. Ahí está la primera impresión: la que genera la vista... ¡Oh, qué bonito! ¿De verdad hay que comérselos? ¡qué pena!... La segunda impresión es la que produce su degustación: sabores dulces, salados, salados y dulces... suaves, compactos, que se funden en la lengua nada más aprisionarlos el paladar... ¡Ummm, riquísimo!...éste no me gusta tanto... ¡joder, ¿cómo se te ha ocurido mezclar paté con membrillo?, qué rico!... pues yo me voy a los clásicos de siempre que los inventos no me gustan ...(No se puede pretender que todo el mundo sepa apreciar el arte). Más impresiones: la que posiblemete esté grabando nuestro cerebro sin pretenderlo... sabores, colores y olores a familia; a tíos, a primos, a abuelos, a hijos, a padres, a cuñados, a hermanos, a sobrinos, a nietos, a Noche de Fin de Año, a chistes, a doce campanadas, a uvas previamente peladas, a tapones de corcho estallando, a brindis, al llanto de la tía Ufe porque no le dio tiempo a comerselas todas, y porque bebió más Dehesa del Carrizal de la cuenta en la cena, sin que nadie se percatara...
No necesariamente la cocina debe ser todo delicatessen.
El pisto de mi madre huele a tardes de verano.
La manzana huele a salida del colegio.
La comida de hospital huele a internado; las del María Inmaculada, colegio menor para estudiantes, olían igual. Debe de ser que cuando se cocina para muchos, a los que ni se ve ni se conoce, falta uno de los principales ingredientes: el afecto, por eso todas ellas huelen igual de amorfas, ya sea carne o pescado, sean sopas o purés... el olor por los pasillos es el mismo: igual de insípido, igual de indiferente.
Sí, definitivamente, la cocina es un arte.
Sí, la cocina es un arte porque evoca, sugiere, provoca, crea... no deja indiferente ni en colores, ni en sabores, ni en olores.
Su principal ingrediente: la imaginación.
En Navidad, me convierto, por decisión propia, en especialista en canapés. Y es que no hay mayor estímulo para mi cerebro, gastronómicamente hablando, que una mesa repleta de tostas, minitostas, nidos de hojaldre, mantequilla, huevas de pez, huevos de codorniz, anchoas, salmón ahumado y otros ahumados, tomatitos cherries, cogollos de lechuga, endivias, quesos de diversas texturas, sabores y olores, pates de diferentes hígados y especias... Todo eso y algunas cosas más, mi imaginación y un conejillo de indias, que puede tratarse de la primera sobrina despistada que caiga por allí antes de la hora de la cena de Fín de Año.
El resultado es una barriga llena, la del conejillo de indias, y tres o cuatro bandejas repletas de colores, ¡colores que se comen!, en perfecta armonía, una armonía tal que nadie se atrave a romperla, a profanarla. Ahí está la primera impresión: la que genera la vista... ¡Oh, qué bonito! ¿De verdad hay que comérselos? ¡qué pena!... La segunda impresión es la que produce su degustación: sabores dulces, salados, salados y dulces... suaves, compactos, que se funden en la lengua nada más aprisionarlos el paladar... ¡Ummm, riquísimo!...éste no me gusta tanto... ¡joder, ¿cómo se te ha ocurido mezclar paté con membrillo?, qué rico!... pues yo me voy a los clásicos de siempre que los inventos no me gustan ...(No se puede pretender que todo el mundo sepa apreciar el arte). Más impresiones: la que posiblemete esté grabando nuestro cerebro sin pretenderlo... sabores, colores y olores a familia; a tíos, a primos, a abuelos, a hijos, a padres, a cuñados, a hermanos, a sobrinos, a nietos, a Noche de Fin de Año, a chistes, a doce campanadas, a uvas previamente peladas, a tapones de corcho estallando, a brindis, al llanto de la tía Ufe porque no le dio tiempo a comerselas todas, y porque bebió más Dehesa del Carrizal de la cuenta en la cena, sin que nadie se percatara...
No necesariamente la cocina debe ser todo delicatessen.
El pisto de mi madre huele a tardes de verano.
La manzana huele a salida del colegio.
La comida de hospital huele a internado; las del María Inmaculada, colegio menor para estudiantes, olían igual. Debe de ser que cuando se cocina para muchos, a los que ni se ve ni se conoce, falta uno de los principales ingredientes: el afecto, por eso todas ellas huelen igual de amorfas, ya sea carne o pescado, sean sopas o purés... el olor por los pasillos es el mismo: igual de insípido, igual de indiferente.
Sí, definitivamente, la cocina es un arte.
Comentario:
Me ha entrado ya hambre y eso que acabo de desayunar, jejeje. Me encantan las personitas que adoran cocinar y además se las da bien, jeje, no sé por qué, es una manía supongo. Claro que es un arte, considerate afortunada por poseerlo de alguna manera.
Un besito y gracias por tus comentarios, siempre son bienvenidos. Muacks!!
Un besito y gracias por tus comentarios, siempre son bienvenidos. Muacks!!
Comentario:
Imagen de Homer babeando...
¡Paté con membrillo! ¡Descubrimiento!
Que disfrutes de tus suculentas vacaciones, que sigas investigando en el arte (arte, sin duda) culinario y que sigas dejándonos perlas de las locas bajitas.
Un besote, y El Perfume como recomendación si has cometido la osadía de no habértelo leído ya. Tú lo clavas con los sabores de colores, Suskynd lo clava con los olores que se tocan y se ven. Joder, qué pedante soy.
¡Paté con membrillo! ¡Descubrimiento!
Que disfrutes de tus suculentas vacaciones, que sigas investigando en el arte (arte, sin duda) culinario y que sigas dejándonos perlas de las locas bajitas.
Un besote, y El Perfume como recomendación si has cometido la osadía de no habértelo leído ya. Tú lo clavas con los sabores de colores, Suskynd lo clava con los olores que se tocan y se ven. Joder, qué pedante soy.
Comentario:
Y yo que te agradezco que te ocupes tú en Nochevieja de los canapés, que desde que te autoobligaste a hacerlo la cena es algo más que chuletas y uvas. ¿Te acuerdas del éxito que tuvieron aquellos de hojaldrito, que nadie sabe cómo se llaman y mucho menos pronunciar ese nombre extraño?
Ya sólo falta que te ocupes tú tb de la comida del día siguiente, a ver si dejamos de comer sopa...
Ya sólo falta que te ocupes tú tb de la comida del día siguiente, a ver si dejamos de comer sopa...
Comentario:
Querida hermanita, te iba a contestar una burrada... con lo bien que le salen a tu hermano los canapés!!!, pero vamos, la forma de degustar los míos es llegar a tiempo, que siempre llegas al AMEN.
Y lo del pisto no me lo creo, imposible, eso no se hereda.
¡¡¡Pilar!!!. Gracias.
Y lo del pisto no me lo creo, imposible, eso no se hereda.
¡¡¡Pilar!!!. Gracias.
Comentario:
Canapés... ¡Qué ricos! No me hables de canapés a estas horas que me ahogo con la saliva... El miércoles me invitó una amiga a una degustación de canapés en la plaza Santa Ana de Madrid. Ummmmm, ¡a cuál más rico, acompañando una cervecita fresquita!
Bueno es saber que eres tan experta, hermanita. Este año, en Nochevieja, no se te ocurra irte a la casa de tus suegros para deleitarlos antes de dejar alguna de tus joyas en casita. ¿De acuerdo?
Por cierto, hoy yo he hecho un estofado con sabor a pueblo para chuparse los dedos. Y el pisto de tu madre se me ha pegado a la maña y me sale tal cual. ¡El pisto más rico de toda Castilla la Mancha!
¡Ayyy! Creo que me voy de nuevo a la cocina a picar algo...
Bueno es saber que eres tan experta, hermanita. Este año, en Nochevieja, no se te ocurra irte a la casa de tus suegros para deleitarlos antes de dejar alguna de tus joyas en casita. ¿De acuerdo?
Por cierto, hoy yo he hecho un estofado con sabor a pueblo para chuparse los dedos. Y el pisto de tu madre se me ha pegado a la maña y me sale tal cual. ¡El pisto más rico de toda Castilla la Mancha!
¡Ayyy! Creo que me voy de nuevo a la cocina a picar algo...
Comentario:
...torpe ando, degustarlo, nada de desgustarlo... el vino, ha sido el vino.
Se me olvidó un beso.
Se me olvidó un beso.
Comentario:
Lo que escribes sí que es un placer desgustarlo. Sabe todo tan bien.
No dejes de hacerlo.
PD: mañana dejo Asturias para volver a la cuna de la Dehesa del Carrizal, tú sí que sabes de vinos.
¿Nos veremos el lunes? jijiji, no he llegado y ya estoy pensando en ir al médico.
No dejes de hacerlo.
PD: mañana dejo Asturias para volver a la cuna de la Dehesa del Carrizal, tú sí que sabes de vinos.
¿Nos veremos el lunes? jijiji, no he llegado y ya estoy pensando en ir al médico.





