De las carreras a las caricias
Aún no me he repuesto de la persecución de cadáveres en estado de putrefacción, llenos de artilugios de ortopedia, detrás mío, a través de túneles de metro abandonados (ahora sí que ni loca vuelvo a bajar a los abismos), y de inmundas alcantarillas de ciudad. Ruiz Zafón es un excelente narrador, no suele dejar vivo ni al apuntador, porque al que no mata el pasado lo mata la enfermedad y el olvido, pero tengo que reconocer que su manera de hilar y narrar me parece impecable.
Yo que, en su día, tuve que salir de la sala de cine donde se estrenaba Platoon, blanca nacarada (más todavía) y sujetándome el estómago para no vomitarle al acomodador... Yo, que tengo que taparme la cara, porque si me tapo los ojos parece que sigo viendo, cuando aparecen monstruos babosos, con miembros amputados y chorreando sangre por doquier... aguanté el tipo porque tenía que saber qué iba a pasar con la Irinova; morirse, claro está, pero me podía la curiosidad del encuentro con el monstruo...
Para desquitarme de tanto olor a muerto, me he dado un baño de placer, en agua tibia, con una nube blanca de espuma de sales flotando sobre el agua, con olor a lavanda. Así es como me sentí al terminarlo: Seda, de Baricco (gracias Julio). Me queda el no menos sugerente título Tierras de cristal. Está encargado, no lo encontré en ninguna librería de Ciudad Real.
La envergadura de Seda, del libro me refiero, me recordó a El amante, de Margarita Duras. Para mí, que no devoro palabras sino matices, cientos y cientos de ellos, la condensación de este maravilloso relato me ha dejado impresionada. Me he ido recreando en cada linea, en cada punto al que le seguía una simple palabra que describía un universo de sensaciones. Seda es una inacabable caricia que parece no ser nada.
Dice su propio autor que si sólo fuese una historia de amor no habría valido la pena contarla... es una aventura que emprende viaje y retorna por el mismo camino, tan sólo cambia el nombre del lago que atraviesa para llegar a su destino, sólo un último regreso por un camino diferente anuncia el final de la aventura y el principio de la nostalgia. Es deseo. Es anhelo. Es nostalgia, una vez más. Es amor de Hélène. Es amor. Es sabor: agridulce. Es Seda: fragil, bello, sutil, valioso, elaborado.
Yo que, en su día, tuve que salir de la sala de cine donde se estrenaba Platoon, blanca nacarada (más todavía) y sujetándome el estómago para no vomitarle al acomodador... Yo, que tengo que taparme la cara, porque si me tapo los ojos parece que sigo viendo, cuando aparecen monstruos babosos, con miembros amputados y chorreando sangre por doquier... aguanté el tipo porque tenía que saber qué iba a pasar con la Irinova; morirse, claro está, pero me podía la curiosidad del encuentro con el monstruo...
Para desquitarme de tanto olor a muerto, me he dado un baño de placer, en agua tibia, con una nube blanca de espuma de sales flotando sobre el agua, con olor a lavanda. Así es como me sentí al terminarlo: Seda, de Baricco (gracias Julio). Me queda el no menos sugerente título Tierras de cristal. Está encargado, no lo encontré en ninguna librería de Ciudad Real.
La envergadura de Seda, del libro me refiero, me recordó a El amante, de Margarita Duras. Para mí, que no devoro palabras sino matices, cientos y cientos de ellos, la condensación de este maravilloso relato me ha dejado impresionada. Me he ido recreando en cada linea, en cada punto al que le seguía una simple palabra que describía un universo de sensaciones. Seda es una inacabable caricia que parece no ser nada.
Dice su propio autor que si sólo fuese una historia de amor no habría valido la pena contarla... es una aventura que emprende viaje y retorna por el mismo camino, tan sólo cambia el nombre del lago que atraviesa para llegar a su destino, sólo un último regreso por un camino diferente anuncia el final de la aventura y el principio de la nostalgia. Es deseo. Es anhelo. Es nostalgia, una vez más. Es amor de Hélène. Es amor. Es sabor: agridulce. Es Seda: fragil, bello, sutil, valioso, elaborado.
Comentario:
Me encanta que descubras a Baricco por mis pequeños devaneos mentales. Cuando puedas, dale duro a 'Oceano, mar', obra magna del genio italiano.
Hay libros que narran maravillosas aventuras en doscientas páginas, y libros que condensan mil historias preciosas en cincuenta páginas. Al final, lo único que importa es que tú bucées y que sólo salgas a la superficie para coger aire y seguir nadando, qué más da si por un mar kilométrico o si por un lago de agua cristalina. Sólo hay que saber nadar.
P.D.: me encanta que discrepes.
Hay libros que narran maravillosas aventuras en doscientas páginas, y libros que condensan mil historias preciosas en cincuenta páginas. Al final, lo único que importa es que tú bucées y que sólo salgas a la superficie para coger aire y seguir nadando, qué más da si por un mar kilométrico o si por un lago de agua cristalina. Sólo hay que saber nadar.
P.D.: me encanta que discrepes.
Comentario:
¡Um! ¡Dan ganas de leerlo... o, mejor, de sentirlo! Lo leeré y, si no me quedo embobada en la inacabable caricia, te diré algo.





