Trabajar entre ellos
De unos meses a esta parte mi entorno laboral ha sufrido grandes cambios. Hemos pasado de cumplir a rajatabla, sin pretenderlo, la Ley de Paridad , en cuanto a personal sanitario se refiere (tres enfermeras y una médico por un lado y tres médicos y un enfermero por otro), a encontrarme en minoría absoluta. Ni qué decir tiene que las conversaciones inteligentes se han terminado (siento hacer tan categórica afirmación, pero así es), también el olor a mezcla de Lolita Lempicka, Adolfo Domínguez y Dior. También han desaparecido las múltiples formas de escotes, los tacones lejanos -ahora sólo resuena el eco de los míos-, los contoneos por los pasillos de la doble de Esther Cañadas -mi compañera del consultorio de al lado, a la que le debo un post que llevará por título Mi pija favorita-, las revistas de Cosmopólitan encima de la mesa de la salita de estar, la lectura del horóscopo -sinceramente, me parece una gilipollez que los astros me cuenten a mí cómo va a ser mi semana, pero la Cañadas es aficionada... "bueno, anda, lee"-, el cigarrito de la sobremesa, los comentarios al guapo de turno que aparecía en ese momento en televisión, las eternas dietas de la Jurado -la médico del centro, así apodada por la Cañadas y por mí, por su temperamento y su buena dotación no precisamente de voz-, con las que no conseguía bajar ni un gramo, las críticas al atuendo de la Igartiburu en su corazón de invierno, de verano o entretiempo...
Todo eso ha dejado paso a los piques entre uno del Barça y otro del Madrid... ¡Qué estrés monotemático a primera hora de la mañana¡, sobre todo cuando la liga, a mí, plín, prefiero el horóscopo de la Cañadas. Por los pasillos se contonean barrigas orondas sobre cuerpos de uno ochenta y tantos, eso sí, me ceden la puerta, entre otras cosas porque juntos no podríamos atravesarla al tiempo sin riesgo para mi integridad física... un riesgo laboral añadido. Podría escribir un libro de la magnitud del Codigo Da Vinci sólo de chistes verdes. Los hombres son como los niños con la caca, pedo, pis... ríen hasta saltárseles las lágrimas con los chistes sobre tetas, culos y mariconas, en el sentido más despectivo de esta última palabra.
Me llama profundamente la atención esa transformación cuando están en manada, mejor dicho, es cuando están conmigo cuando parecen transformarse, cuando están en manada son como son... en constante regresión a la pubertad. Sirva este ejemplo: al administrativo: Miguel, por favor, envíame esto cuando puedas... Me quita el papel de las manos y me contesta diligente, amable, educado, servicial: ahora mismo. Basta que esté acompañado por otro de su espicie para que parezca que todo le suda la... eso. No sé si la razón es que eso de verse subordinado a una mujer jode delante del resto de los hombres -razón de una estulticia insuperable a estas alturas de la vida- y necesita reafirmarse en su condición de... de tontaina; te coge el papel con indiferencia, lo tira con desgana en lo alto de la mesa diciendo que ya lo hará, sigue con la conversación soez que mantenía con el colega, mientras yo parezco no existir, aunque me quedo allí para asegurarme de que se cumpla mi objetivo, que la experiencia me dice que si me doy la vuelta, dejando pendiente el encargo, ese papel llegará a cualquier sitio menos a su destino.
Peor aún es cuando estás hablando con alguno de algún tema transcendente que surge no sé ni cómo -porque no los saques de los Simpson o de Cámara café, que se pierden- y de repente te deja con la palabra en la boca porque acaba de entrar el del Barça y, como poseso, empieza a corear él solo: ¡campeones, campeones oe, oe, oe! ¡Ala Madrid! ¡Ala Madrid!... Me siento como Calimero, además de cómo una idiota y un cero a la izquierda. ¿Quién osó llamarnos a nosotras el sexo qué? Prefiero ser debil que protagonizar semejante escenita...
Si no puedes con el enemigo, únete a él... que yo no tengo prejuicios en ponerme en plan tío, ellos al contrario sí, pero a mí me cuesta poco asumir el rol masculino, empezando por el vestuario y terminando por el vocabulario. Tomo unas clases intensivas de la liga, la copa, la supercopa y la madre que los parió y en dos días suelto dicharros futbolísticos por un tubo. Pero no, he pensado que no, ¿quién, si no, va a poner aquí un toque femenino? Además, necesitan asesora de imagen, porque si observaran y analizaran como lo hacemos nosotras, alguno ya le hubiese dicho a algún otro que los vaqueros no se suben hasta los sobacos...¡cachuli, que eres un cachuli! Menos hablar de fútbol y más ver revistas de moda... Claro, se ha ido el metrosexual del Madrid pues se jodió el referente. Y en honor a las que se han ido seguiré taconeando, contoneando caderas, luciendo escotes y melena y leyéndoles el horóscopo todos los lunes. ¡Sí señor!... ¡Tú!, ¿cuál eres? ¿Tauro? pues te tocó, empecemos por ti.
Todo eso ha dejado paso a los piques entre uno del Barça y otro del Madrid... ¡Qué estrés monotemático a primera hora de la mañana¡, sobre todo cuando la liga, a mí, plín, prefiero el horóscopo de la Cañadas. Por los pasillos se contonean barrigas orondas sobre cuerpos de uno ochenta y tantos, eso sí, me ceden la puerta, entre otras cosas porque juntos no podríamos atravesarla al tiempo sin riesgo para mi integridad física... un riesgo laboral añadido. Podría escribir un libro de la magnitud del Codigo Da Vinci sólo de chistes verdes. Los hombres son como los niños con la caca, pedo, pis... ríen hasta saltárseles las lágrimas con los chistes sobre tetas, culos y mariconas, en el sentido más despectivo de esta última palabra.
Me llama profundamente la atención esa transformación cuando están en manada, mejor dicho, es cuando están conmigo cuando parecen transformarse, cuando están en manada son como son... en constante regresión a la pubertad. Sirva este ejemplo: al administrativo: Miguel, por favor, envíame esto cuando puedas... Me quita el papel de las manos y me contesta diligente, amable, educado, servicial: ahora mismo. Basta que esté acompañado por otro de su espicie para que parezca que todo le suda la... eso. No sé si la razón es que eso de verse subordinado a una mujer jode delante del resto de los hombres -razón de una estulticia insuperable a estas alturas de la vida- y necesita reafirmarse en su condición de... de tontaina; te coge el papel con indiferencia, lo tira con desgana en lo alto de la mesa diciendo que ya lo hará, sigue con la conversación soez que mantenía con el colega, mientras yo parezco no existir, aunque me quedo allí para asegurarme de que se cumpla mi objetivo, que la experiencia me dice que si me doy la vuelta, dejando pendiente el encargo, ese papel llegará a cualquier sitio menos a su destino.
Peor aún es cuando estás hablando con alguno de algún tema transcendente que surge no sé ni cómo -porque no los saques de los Simpson o de Cámara café, que se pierden- y de repente te deja con la palabra en la boca porque acaba de entrar el del Barça y, como poseso, empieza a corear él solo: ¡campeones, campeones oe, oe, oe! ¡Ala Madrid! ¡Ala Madrid!... Me siento como Calimero, además de cómo una idiota y un cero a la izquierda. ¿Quién osó llamarnos a nosotras el sexo qué? Prefiero ser debil que protagonizar semejante escenita...
Si no puedes con el enemigo, únete a él... que yo no tengo prejuicios en ponerme en plan tío, ellos al contrario sí, pero a mí me cuesta poco asumir el rol masculino, empezando por el vestuario y terminando por el vocabulario. Tomo unas clases intensivas de la liga, la copa, la supercopa y la madre que los parió y en dos días suelto dicharros futbolísticos por un tubo. Pero no, he pensado que no, ¿quién, si no, va a poner aquí un toque femenino? Además, necesitan asesora de imagen, porque si observaran y analizaran como lo hacemos nosotras, alguno ya le hubiese dicho a algún otro que los vaqueros no se suben hasta los sobacos...¡cachuli, que eres un cachuli! Menos hablar de fútbol y más ver revistas de moda... Claro, se ha ido el metrosexual del Madrid pues se jodió el referente. Y en honor a las que se han ido seguiré taconeando, contoneando caderas, luciendo escotes y melena y leyéndoles el horóscopo todos los lunes. ¡Sí señor!... ¡Tú!, ¿cuál eres? ¿Tauro? pues te tocó, empecemos por ti.
Comentario:
Me encantan esos post que dedicas a los mayores, Leonor, Felipe, Margarita y demás saga me tienen enganchada. Una gran sensibilidad y chispa. Chapó!!!
Comentario:
jijijiji, qué rato de risa, te imagino. Mujer, conformate, no se les puede pedir más, ellos son así.
Un besazo.
Un besazo.
Comentario:
Pues qué suerte tengo porque los hombres que trabajan conmigo son, en general, un encanto (les falta ser guapos, pero no nos vamos a poner exigentes a estas horas, jeje). Pero, eso sí, lo que más echo de menos en verano es no pasar la triste tarde de domingo yendo y viniendo de mi asiento a la tele de los de deportes para ver los partidos de fútbol, gritar y comer patatas (la cerveza estaría un poco mal vista). Es lo que tiene trabajar los domingos... que a una termina por gustarle cualquier deporte.
Por cierto, odio leer el horóscopo, jajajaja
Por cierto, odio leer el horóscopo, jajajaja





