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Rinconeras y retales de la memoria
Acerca de
Desde un lugar de la Mancha... Entre manos El Juego del Ángel de Carlos Ruiz Zafón
Sindicación
 
Cursillo de relajación
Ay, Felipe, vida mía, hoy me duele hasta la higadilla, vamos, que ni cuando iba a la vendimia, allá por mis tiempos mozos, tenía el descujaringue que tengo hoy. Y es que no sabes que ayer se presentaron tus hijas con lo que, según ellas, es un regalo; me dijeron que qué prefería, si un curso de relajación o de bailes de salón. ¿Me habrán visto a mí cara de chachachá?, además, a mí no me ciñe el talle nadie que no seas tú. Esas manos, Felipe, y esos brazos que me acercaban hasta ti con un poderio y una hombría... Quita, quita, ni hablar, que a mí no me baila otro señor que no seas tú. Y de agobiá, ¿tengo yo pinta de agobiá?. Te leo la inscripción, mira, dice... ¡ay, qué puñeta, espera, que no encuentro las gafas!... ya... dice: cur-so de re-la-ja-ci-ón o-rien-tal. Tec-ni-cas an-ti-es-trés pa-ra la ter-ce-ra e-dad.
Yo, por no llevarles la contraria y no levantar sospechas,- porque se empeñan en decir que aún no he tomado contacto con la realidad y por eso no estoy deprimida, que mi alegría es un mecanismo de defensa pasajero, para evitar el dolor de tu ausencia... Si es que en eso han salido a ti, siempre anticipándose a la tragedia... Leonor, ese rabo de la sartén; Leonor, no dejes el cubo puesto en medio; niñas, no corrais que os vais a caer... pues si se caen que se caigan, los niños de antes siempre llevábamos las rodillas señalás-... pues eso, que no pude decir que no. Hoy ha sido el primer día, Felipe, ¡y vaya día!

Imagínate a veinte setentones y un octogenario tirados por el suelo, en un tatami, a algunas se les notaba el Tena lady, porque se lo han tomado tan a pecho que en vez de chándal llevaban maillot , y claro, estos cuerpos ya no están para esas prendas... En fin, que tras varios ejercicios de inspirar, espirar... inspirar, espirar... palma de las manos juntas, a modo de rezo, ojos cerrados y cara de enigma... a mí eso de cerrar los ojos ya sabes tú que me pone de un nervioso... lo de las fresas y la nata vale, y lo de la miel, aunque era de un pegajoso que no veas, también, pero eso de no ver nada mientras alguien merodea a mi alrededor, ¿Cuántas veces haríamos lo de la gallinita ciega ?, aquél juego de ojos vendados en el que el invidente se dejaba hacer... Que fuese yo la gallinita bien pocas, ¿verdad?... Pero te sigo contando, la gente se toma muy en serio estas cosas, ¡qué caras de trascendencia, Felipe, qué caras!, ni el mismísimo Buda... Nos ponen también una musiquilla de sonidos de la naturaleza; pajaritos, olas del mar, ¡ay, las olas del mar y esos paseos por la playa de Gandía, al atardecer, sintiendo cómo el agua te roba la arena bajo los pies!, ¿te acuerdas?... Bueno, sigo: gotitas de lluvia... eso estaba bien, mira, un poco más y caigo en estado soporífero. Lo peor vino cuando la señorita que dirigía los ejercicios hizo una cosa que se llama Saludo al sol o algo así, eso lo inventó un tal Pilates o un chino debía ser por el nombre, un tal Tai chí... o algo así creí entender, de ahí lo de oriental, digo yo. El caso es que la chica comienza de una forma muy lenta, elevando los brazos al cielo y arqueándose ligeramente hacia atrás... Hasta ahí, bueno va, aunque dije para mis adentros : " el vértigo, verás el vértigo"... De repente baja, pone las manos en el suelo, estira una pierna, estira la otra, pecho al suelo, culo al cielo, espalda arqueada intentando tocar el suelo, lanza una pierna hacia atrás y arriba, la recoge, lanza la otra, la recoge también, ahora alza el lomo como un gato erizado, lo vuelve a arquear hacia el suelo, cabeza y cuello hacia atrás, de nuevo culo al cielo... todos con la boca abierta, con la intriga de ver cómo terminaba aquello, y yo preguntándome si la señorita dijo al principio que se llamaba Catherine Zeta -Jones y el día de hoy iba a ser una demostración de cómo hizo eso en la Trampa... El caso, Felipe, es que yo, que soy mu tirá p´alante, - ya sabes tú que siempre he pensado que si la vida te da un limón pide sal y pimienta y hazte un tequila -, intenté emular semejante trajín y acabé como me ves, deshecha.

Perdóname si hoy no te hago mucho caso y antes de relajar, - porque tú sí que eres mi relajación -, mi magullado cuerpo en tu confortable espíritu, anda, échale mano al trombocid.

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