Si hay que ser Gilda, lo seré
Felipe, a ti, desde que andas por el Reino de los cielos, no te rige bien la cabeza. ¿Cómo se te ocurre semejante cosa? ¡Ponerme yo el pelo pelirrojo...! que no, que no hombre, quita... Pero es que, además, me mosquea tu insistencia. ¿Te ponen las pelirrojas? ¿Y eso, desde cuándo?. Ya sé que la Kidman hacía que se te cayese la baba, pero eso me pasaba a mi con el Keanu Reeves -con la ilusión que me hace cuando le veo en Cuando menos te lo esperas, enamorándose de una señora mayor; tan guapo, tan alto, tan sensible, tan galán... tan... tan...- pero a lo que iba, y nunca quise que te estirases los 15 centímetros que te faltan para ser como él... Ay, ay, que ataque de risa, que ambigüedad acabo de decir... No, cielo mío, de altura, sólo de altura, que de lo demás, doy fe de que no tienes que envidiar a nadie.
¿Ahora me vienes con emociones fuertes? ¿Pero tú me imaginas a mí, a lo Rita Hayworth, haciéndote el numerito en la mesa del salón, desmelenándome mis cuatro pelos, casi octogenarios, e intentándome quitar un guante mientras me contoneo...? El vértigo Felipe, que me va a dar el vértigo y se van a fastidiar las vacaciones por un capricho, que desde que tú eres espíritu se te olvida que yo sigo siendo una vieja artrósica y con unos kilitos de más... los años, Felipe, los años, que aunque una se cuide, la vejez tiene sus inconvenientes.
¡ Ay, si pillara mis cuarenta!, esos en los que mi hermana Eloisa se empeña en decir, cada vez que ve una foto de entonces... ¡lo que ha llovido desde entonces!... que me parecía a la Sarandon... esa también es medio pelirroja, ¿no?... ibas a saber tú lo que es una orgía en una mesa de salón, los dos solos, disfrutando de nuestra intimidad, Felipe, como hemos hecho siempre, en nuestro particular imperio de los sentidos.
Pero, oye, ¿ no será que has visto por ahí a alguna alada pelirroja?, aunque dicen que los ángeles no tienen sexo ¿ o sí?. Nunca me cuentas nada de lo que sucede por allí arriba... si tal cosa supiera iba a haber más de un ángel caído, me tiraba a sus alas y la desplumaba.
Pero no, yo sé que no, que quieres darle emoción a la cosa y el pelirrojo despierta tus instintos... Si te soy sincera, no me importaría, pero ¿cómo salgo luego a la calle con esos pelos?, entonces para qué queremos más, con todo lo que se habla por el vecindario, voy a pasar de ser la viuda alegre a la viuda pelirroja... Porque nadie lo sabe, Felipe, nadie sabe que vienes cada noche, que no me has dejado sola, que no has consentido que el frío silencio que dejó tu repentina ausencia invadiera nuestra casa, ni que esta vieja chocha se siente a esperar la enfermedad del olvido, porque tú siempre estás, vida mía, siempre estás.
Por cierto... el pelirrojo, ¿claro o más bien oscuro?... más bien oscuro,¿ verdad?.

¿Ahora me vienes con emociones fuertes? ¿Pero tú me imaginas a mí, a lo Rita Hayworth, haciéndote el numerito en la mesa del salón, desmelenándome mis cuatro pelos, casi octogenarios, e intentándome quitar un guante mientras me contoneo...? El vértigo Felipe, que me va a dar el vértigo y se van a fastidiar las vacaciones por un capricho, que desde que tú eres espíritu se te olvida que yo sigo siendo una vieja artrósica y con unos kilitos de más... los años, Felipe, los años, que aunque una se cuide, la vejez tiene sus inconvenientes.
¡ Ay, si pillara mis cuarenta!, esos en los que mi hermana Eloisa se empeña en decir, cada vez que ve una foto de entonces... ¡lo que ha llovido desde entonces!... que me parecía a la Sarandon... esa también es medio pelirroja, ¿no?... ibas a saber tú lo que es una orgía en una mesa de salón, los dos solos, disfrutando de nuestra intimidad, Felipe, como hemos hecho siempre, en nuestro particular imperio de los sentidos.
Pero, oye, ¿ no será que has visto por ahí a alguna alada pelirroja?, aunque dicen que los ángeles no tienen sexo ¿ o sí?. Nunca me cuentas nada de lo que sucede por allí arriba... si tal cosa supiera iba a haber más de un ángel caído, me tiraba a sus alas y la desplumaba.
Pero no, yo sé que no, que quieres darle emoción a la cosa y el pelirrojo despierta tus instintos... Si te soy sincera, no me importaría, pero ¿cómo salgo luego a la calle con esos pelos?, entonces para qué queremos más, con todo lo que se habla por el vecindario, voy a pasar de ser la viuda alegre a la viuda pelirroja... Porque nadie lo sabe, Felipe, nadie sabe que vienes cada noche, que no me has dejado sola, que no has consentido que el frío silencio que dejó tu repentina ausencia invadiera nuestra casa, ni que esta vieja chocha se siente a esperar la enfermedad del olvido, porque tú siempre estás, vida mía, siempre estás.
Por cierto... el pelirrojo, ¿claro o más bien oscuro?... más bien oscuro,¿ verdad?.

Comentario:
¿Qué decir? Que me siento más niño leyéndote, que abro la boca hasta límites insospechados contemplando tu valentía, tu fuerza, tu alegría vital. Felipe debió ser el hombre más afortunado de ese barrio tuyo donde eres la viuda alegre.
Un beso, Rita, y no dejes de abrir la ventana por las noches.
Un beso, Rita, y no dejes de abrir la ventana por las noches.





