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Rinconeras y retales de la memoria
Acerca de
Desde un lugar de la Mancha... Entre manos El Juego del Ángel de Carlos Ruiz Zafón
Sindicación
 
The sound of music
Hoy no sólo es fiesta en Madrid, San Isidro se convierte en Baco en las miles de romerias a lo largo y ancho de la geografía española. Este pequeño y recóndito lugar, escondido entre montes y encinas, se une a la juerga, cambiando chotis por pasodoble, primero en la ermita, eso sí, tras la santísima misa en honor del santísimo santo, y después en la plaza del pueblo, los más jóvenes, los menos, seguirán hasta que el cuerpo aguante.
Por consiguiente, hoy no he ido a trabajar. Estoy aquí, en la ciudad, ociosa mientras todos trabajan. Estos días rompen mi rutina y convierten en extraña una semana ordinaria, me desubican y me desorientan temporalmente...mañana pensaré que es lunes.
Ayer tarde confeccioné mentalmente una lista de cosas para hacer. Primero pensé si tenía alguna cuestión bancaria que resolver...no, creo que no...Joder, los bancos tienen unos horarios de trabajo que no hay manera. Además, luego nos quejamos de las listas de espera del SESCAM, pero si vas a una entidad bancaría, prepárate a echar toda la santa mañana, y a nadie se le ocurre, al menos yo no lo he visto, empezar a pegar mangas con el empleado de banca por estar allí desde las nueve hasta las doce, guardando cola...eso sí, cuando te toca turno, siempre te recibe una amplia sonrisa, será por aquello de que el cliente siempre tiene la razón.
Después recordé que las vacaciones de verano están próximas. Nos iremos a finales de Junio, como el año pasado, sin el agobio de las avalanchas humanas de los meses de Julio y Agosto. Recapitulé vestuario de las niñas...sí, tengo que ir de tiendas...algún pantalón, un par de chaquetas para la salida nocturna por el paseo marítimo y un par de bañadores para cada una. El resto, que son las minucias de última hora, lo dejaré a eso, a última hora.
Ahhh, y el conservatorio, que no se me olvide pasar por el conservatorio. Me hace ilusión matricular a mi enana en el conservatorio. Ya me lo pidió el año pasado, pero no quise agobiarla. Soy de las que piensan que la infancia es para vivirla como tal, no como un adultos, estresados y agobiados con tantas clases extraescolares. Lo que me importa es que mis hijas recuerden su infancia como lo que es, una etapa donde el pasado es tan pasado que ya no tiene interés ni se recuerda, el futuro no existe y el presente es eterno.
Pero disfruta tanto con la música que no me queda más remedio que darle la oportunidad. Además, es en lo único que se me parece...me gusta verme reflejada en esa parte suya. No recuerdo ni un sólo instante de mi vida que no asocie a la música, a la letra de alguna canción, a una melodia...Empezando por " El marinero cantor" de Emilio José, que le cantaba a la tendera de la esquina de mi calle, en mi pueblo natal, cuando aún no llegaba en estatura al mostrador...y es que, a mis seis años, ya se habían corrido las voces por el barrio de que quería ser artista...He cantado de todo, desde Camilo Sesto (cuando aún no desvariaba con el Mola mazo), pasando por el Hoy no me puedo levantar, de Mecano, aunque a estos los he bailado muchas más veces que cantado...hasta un solemne "No llores por mi Argentina"...cada vez que me acuerdo de aquello, no puedo evitar una sonrisa y ponerme colorada, todavía...Era una prueba para entrar en la Coral Universitaría, unos veinte aspirantes, el director de la coral y mi turno...Entré, por supuesto que entré, joder, con las ganas que le puse y la terapia previa, para que los nervios no me traicionasen y no hiciesen temblar mi voz...y llegado el momento, aquello sonó de tal manera que no me lo creía ni yo, porque hasta entonces sólo cantaba para mi, en mi habitación y rara vez en alguna reunión de amigos, cantando a Paco Ibañez , a Nacha Guevara o a Aute o a Serrat, unas veces reivindicando no sabíamos muy bien qué y otras, hundiéndonos más en el dolor de un desengaño amoroso veinteañero, mientras le ponía ganas y corazón a " De alguna manera tendré que olvidarte, por mucho que quiera no es facil, ya sabes...me faltan las fuerzas, ha sido muy tarde...y nada más, y nada más, apenas nada más..."
Aquél día era ante veintitantos, algún curioso y , por primera vez, en un auditorio por el que mi voz alcanzó su grado más superlativo. Fué una bonita experiencia, pero las corales no eran lo mio...Seguí con mi guitarra y cantando de oido, ahora ya menos, no tengo tiempo, y cuando retomo la vieja guitarra para cantar algo que me solicita mi incondicional público, mis niñas, los torpes dedos ya no presionan las cuerdas como deben, ni los registros de mi voz son los que eran...Pero la música sigue acompañándome y definiéndome, como me refleja un verso o un pequeño fragmento de una novela...Ayer eran los " Labios compartidos" de Maná, que acompañan mis largas horas de carretera, que tarareo para mis adentros, mientras el pensamiento permanece abstraido en recuerdos, en impresiones de la mañana, en el paisaje, que mantiene su verdiblanco por el pantano de La Torre y que se va trasformando en amarillo verdoso, a un lado y otro de la interminable recta que trascurre por la, ahora, amplia llanura manchega.
Mañana volverá a ser Aute y sus Dos o tres segundos de ternura, o Freddy Mercury o Vaya con dios...y de nuevo Aute.
 
Comentario:
Y qué sería de la vida sin música...una canción para cada momento, un momento para cada canción, y la vida es una consecución de momentos, de canciones, es la banda sonora del que vive. Quien no tiene, no vive. Porque la música siempre está ahí, en cualquier sitio. En la radio del coche del de al lado, en un bar, en una tienda, en el estanco, en las peluquerías, en la habitación de tus niñas...en todas partes suena algo, sólo hay que callar y escuchar y así componer la vida que oímos y su banda sonora, que es el disco más largo del mundo. Una vida entera.
Qué suerte tienen tus niñas que les compras, mimas, no atosigas y, encima, cantas mientras las llevas de la mano por un paseo marítimo azotado por el viento y por la melodía de tu voz. Qué suerte tienen tus niñas.
No