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Rinconeras y retales de la memoria
Acerca de
Desde un lugar de la Mancha... Entre manos El Juego del Ángel de Carlos Ruiz Zafón
Sindicación
 
La carta
Mi querida Leonor:
Espero que a la llegada de la presente, te encuentres bien:
¿Se puede saber qué haces que no regresas, vieja del demonio? Desde que te fuiste al pueblo, allá por Navidad, sólo he recibido un par de cartas tuyas. Yo sé que a Carrascalejo no llega la telefonía móvil, y que hay una centralita para todo el pueblo pero, mujer, aunque sólo hubiese sido un fin de semana para dar una vuelta a tu pisito y ver a tus amigas del alma... No te imaginas lo que te echamos de menos en nuestras tertulias en el café de Malena... Ya, ya sé que te debo carta, dos, ni más ni menos, pero tú ya sabes que soy tan perezosa para escribir... y todo sea dicho: desde que me apunté a las nuevas tecnologías, hablo mejor por el messenger que de tú a tú... ¡Qué cosas! Pero ya ves, no me ha quedado más remedió que volver a retomar la epístola y aquí me tienes, frente a un par de cuartillas, una pluma (bueno, vale, un Bic), un sobre y un sello y escribiéndote cuatro letras. Leonor, amiga mía, ¡cuánto te echo de menos!
¡Ay, Leonor, qué desgraciada soy! Creo... creo que Jacinto ha dejado de quererme... ¡Y no me digas que ya estoy haciendo una tormenta en un vaso de agua, que te conozco! Seguro que estarás pensando que son imaginaciones mías y sin ningún fundamento (además de que soy una egoista, porque sólo me acuerdo de Santa Bárbara cuando truena... pues sí, ya lo sabes: esta Margarita acude a tí cuando está perdida... yo sé que lo entiendes y lo disculpas), pero esta vez es cierto, amiga mía, es cierto. ¿Tú que pensarías de un señor que te huye en la cama?... Últimamente siempre está cansado y se me va dormir a la hora las gallinas... y aunque yo tarde dos minutos en ir detrás, lo encuentro roncando... ¡Se hace el dormido, Leonor, se hace el dormido! ¿A que ahora si piensas que es grave el asunto? ¡Jacinto haciéndose el dormido! Otras veces, -aunque, hija, eso de irme a dormir con el sol en mitad del cielo es como si me robaran media vida- le tomo la delantera, para que me encuentre allí esperándole, con la misma pose que la Montiel en sus divanes y tarareando aquello de "Toda una vida"... y ¡qué casualidad!, le interesa el programita de la televisión, así que cansada de esperar en semejante guisa y con contracturas por medio cuerpo, me levanto sigilosa, me asomo y allí está, espanzorrao en el sofá y resoplando como Moby Dick surcando el Pacífico. Si no me da más beso que el de la paz en la misa del domingo y me lo da con miedo. ¡Ay, amiga mía, Jacinto tiene un lío, seguro! Ya no me mira con lascivia, ya no recuerdo lo que es un pellizco en el culo cuando cruzaba por su vera y me vaticinaba: esta noche no te escapas, jerezana... Ya sabes, esas cosas que a mí me hacían sentirme como una reina y despertaban mis más bajas pasiones... Ahora que pienso... ¿Porqué se llamará a la apetencia sexual baja pasión? ¿Tú lo entiendes?... ¿Cuáles serán las altas pasiones? Pues nunca tan bajas pasiones produjeron tan altas satisfacciones... Bueno, que me lío y me voy de mi disgusto... Pues eso, Leonor, pues eso, que hasta hace nada, mi Jacinto venía tras de mí como perrito faldero moviendo el rabo y estaba de un juguetón... Y de la noche a la mañana parece otro... Ya ni jaca jerezana, ni leches. No me atrevo ni a preguntar por miedo a la respuesta, pero eso se nota, se ve, se siente... se... se... ¿sabes?, teniamos que ser como las mantis religiosas; usar y comer... así, uno tras otro, y se ahorraba una este sufrimiento, pero como las mujeres somos tan tontas... siempre queremos que nos quieran para toda la vida... ¡con lo larga que es la vida!
Leonor, querida mía... -bueno, vale, perdona lo de vieja del demonio-, necesito que vuelvas, o que me escribas, o que me llames... Con lo bien que tú conoces a los hombres, que no se te despinta ninguno, dime, ¿qué le puede estar pasando a mi Jacinto? Y no pienses que te confundo con Elena Francis, que yo a aquella señora le escribía mucho hasta que me enteré de que era un señor... ¡Qué engaño, todas las señoras confiando a un señor nuestras intimidades más intímas! ... Leonor, necesito desesperadamente una respuesta. ¡Te necesito!

Un beso y un abrazo de tu amiga que lo es:

Margarita
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Comentario:
Ya estaba pensando yo en qué andaría envuelta Margarita para tenernos abandonadas tanto tiempo. Y es que con tanto disgusto es normal que no apareciera por el blog... A ver si ahora en vacaciones, con las altas temperaturas, tiene más cositas que contarnos...
No