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Rinconeras y retales de la memoria
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Desde un lugar de la Mancha... Entre manos El Juego del Ángel de Carlos Ruiz Zafón
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Arde París... ¡arde!, París
Dice mi madre que es de bien nacido el ser agradecido, por tanto, el que mal hace su parte saca. Cómo me gusta hacer uso de nuestro refranero... Si no quieres caldo, toma tres tazas... en este caso, cuatro; la cuarta vez consecutiva que Nadal hace brillar el sol en el plomizo cielo de París. La cuarta vez consecutiva que los franceses se tragan su orgullo al son del himno español. Una azaña más del coraje español, de la fuerza mental, de la deportividad, de la proeza, de la inteligencia y de una izquierda diestra con la precisión de un obús teledirigido. ¡Cómo he disfrutado!, no por ver a Federer rendido a la evidencia en un mal día que le ha hecho jugar el peor partido de todo el torneo, precisamente hoy y, fatídicamente, frente a nuestro monstruo sobre tierra batida, sino por ver esa copa -la que todo francés desea ver en manos de cualquiera que no sea español- en brazos del que ya es uno de los mejores tenistas de la historia.

Hoy la pista se volcaba ante un Federer irreconocible, que dos días antes apeaba del torneo a la última esperanza francesa: Monfils, que a su vez apeó a nuestro Ferrer, pero así es el juego. Sólo le hubiese faltado a Nadal haber sido él quien hubiese eliminado al francés... para qué hubiésemos querido más... Pero es difícil abatir la moral de nuestro gigante. Y hoy, con estos falsetes gabachos en contra -y es que lo de "Curro Jiménez" no nos lo perdonarán en la vida-, que aplaudían a rabiar cada punto del suizo, con la esperanza de que remontara un vuelo que nunca llegó, sobre la tierra batida de París se ha deslizado, como en pista sobre hielo, la magia de un español, sí señor, ¡¡¡con dos cojones!!!
Ahí queda eso, París... Vuestras palmas han ardido, resignadas, para aplaudirle a él, al mejor, al grande entre los grandes, a Rafael Nadal.

Joer, ¡qué a gusto me he quedao...! ¡Cómo no iba a dedicarle un post a mi admiradísimo Rafita y a su gran azaña: su cuarta conquista de París sin más arma que una raqueta! ¡Maravilloso!

 
Comentario:
¿Exagerada?, no, no... me he quedado contar... ¿Nacionalista y grandilocuente?, pues sí, y qué!!!

Un besito.
 
Comentario:
A los franceses, que les den... tila para calmar el disgusto.
Y nosotras, ¡qué gustazo disfrutar de la clara superioridad de nuestro españolillo!
Tu elogio, un tanto nacionalista y grandilocuente (¿no te parece????, exagerá; te pareces a Agustina de Aragón, cañón en mano), pero acertado.

Un beso
No