Cine, cine...
Ayer me harté de ver a Bardem en todos los telediarios de todas las cadenas de televisión. Hacía zapping, una y otra vez, buscando la imagen aquí y allá. La noticia era la esperada y lo que yo deseaba ver era a Bardem en movimiento, subiendo las escaleras y dirigiéndose a su público, al que estaba allí y al que no estaba pero estaba.
Me encantó su sonrisa de golfo, su atropellado discurso que fue un apunten, disparen: fuego... directo al corazón del Cómico Español, de los actores y actrices españoles. Sí, señor, "porque vosotros, los cómicos, habeis engrandecido este oficio". Me encantó ese cigarrito que se encendió con esa chulería propia de los triunfadores y que remató con ese desprecio a la chispa de la vida por un trago de cerveza... Chulo y estravagante, coño, como merecía la ocasión.
Y no fue la saltarina "Pe", que estuvo comedida -o contenida- y radiante -como no, con ese vestido hecho exclusivamente para ella y para la ocasión, que le habrá costado un dineral (no puedo evitarlo, soy mujer)- aunque el peinado era de lo más cateto (no puedo evitarlo, soy mujer), sino una Jennifer Hudson, muy bien peinada... ¿Cómo?¿nadie se fijó en su peinado?, ¿pues en qué se fijaron entonces?, exuberante... ¡qué barbaridad, unas tanto y otras tan poco!...decía, la que, tarjeta en mano, anunció el nacimiento de una nueva estrella... manida y odiosa frase, por otra parte... La estrella, el astro mejor dicho, ya brillaba con luz propia desde hacía mucho, como tantos otros, ¿es tan necesario que sean los americanos quienes nos lo recuerden? En fin, que me pierdo y éste es otro tema.
Cuando vi a Bardem allí arriba me acordé de que yo, con ocho años, quería bailar claqué como Ginger Rogers, que lo hacía fenomenal junto a Fred Aster en aquellas películas de Sesión de tarde de los sábados, aunque fuese en blanco y negro. Me acordé de lo mucho que me hicieron reír el Gordo y el Flaco, y de lo triste que me resultaba la cara de Buster Keaton, y de lo mucho que me gustaban los ojos chispeantes, la garrota y el bombín de Charlie Chaplin y sus andares de vacilón. Recordé a Harold LLoyd, péndulo de aquel reloj, o de cualquier cosa que le dejase colgando en el vacío, pero ahí estaba él, el único y verdadero hombre araña de la historia del cine, encaramándose por la alturas y saltando sin red. Y los de Matrix, ¿qué se habrán creído los de Matrix?, si ya Harold LLoyd levitaba sin necesidad de efectos especiales. Recordé que Leonor ha querido ser Hilda y desenfundar guantes en más de una ocasión -para eso se ha vuelto pelirroja- o heroína de comedia romántica, al estilo de la Hepburn en Historias de Filadelfia...
Y al dedicar su hombrecillo dorado a los cómicos españoles, recordé a Amparo Rivelles en La calle sin sol, a Carlos Larrañaga en El extraño viaje, de Fernando Fernán Gómez, a José Suárez en Calle Mayor, a Alberto Closas en Muerte de un ciclista, estas últimas de José Antonio Bardem... Y me estoy dando cuenta que nuestro cine y nuestros actores son una Gran Familia en la que ya no todo queda en casa, transgrede fronteras y demuestra que aquí hay, además de mucho trabajo bien hecho, mucho talento... Recordaba a tantos y tantos que amenizaron mis tardes de los sábados, o largas noches de invierno, cuando las chicas salíamos a las cinco de la tarde y nos recogíamos a las ocho de la noche. Todos ellos grandes en la pantalla y, muchos de ellos, colosos sobre un escenario de teatro... nostalgia y anhelos de Estudio 1.
Por todas estas cosas que me hacen soñar, más cine, por favor, que todo en la vida es cine y los sueños, cine son.
Canta Aute: Cine, cine
Me encantó su sonrisa de golfo, su atropellado discurso que fue un apunten, disparen: fuego... directo al corazón del Cómico Español, de los actores y actrices españoles. Sí, señor, "porque vosotros, los cómicos, habeis engrandecido este oficio". Me encantó ese cigarrito que se encendió con esa chulería propia de los triunfadores y que remató con ese desprecio a la chispa de la vida por un trago de cerveza... Chulo y estravagante, coño, como merecía la ocasión.
Y no fue la saltarina "Pe", que estuvo comedida -o contenida- y radiante -como no, con ese vestido hecho exclusivamente para ella y para la ocasión, que le habrá costado un dineral (no puedo evitarlo, soy mujer)- aunque el peinado era de lo más cateto (no puedo evitarlo, soy mujer), sino una Jennifer Hudson, muy bien peinada... ¿Cómo?¿nadie se fijó en su peinado?, ¿pues en qué se fijaron entonces?, exuberante... ¡qué barbaridad, unas tanto y otras tan poco!...decía, la que, tarjeta en mano, anunció el nacimiento de una nueva estrella... manida y odiosa frase, por otra parte... La estrella, el astro mejor dicho, ya brillaba con luz propia desde hacía mucho, como tantos otros, ¿es tan necesario que sean los americanos quienes nos lo recuerden? En fin, que me pierdo y éste es otro tema.
Cuando vi a Bardem allí arriba me acordé de que yo, con ocho años, quería bailar claqué como Ginger Rogers, que lo hacía fenomenal junto a Fred Aster en aquellas películas de Sesión de tarde de los sábados, aunque fuese en blanco y negro. Me acordé de lo mucho que me hicieron reír el Gordo y el Flaco, y de lo triste que me resultaba la cara de Buster Keaton, y de lo mucho que me gustaban los ojos chispeantes, la garrota y el bombín de Charlie Chaplin y sus andares de vacilón. Recordé a Harold LLoyd, péndulo de aquel reloj, o de cualquier cosa que le dejase colgando en el vacío, pero ahí estaba él, el único y verdadero hombre araña de la historia del cine, encaramándose por la alturas y saltando sin red. Y los de Matrix, ¿qué se habrán creído los de Matrix?, si ya Harold LLoyd levitaba sin necesidad de efectos especiales. Recordé que Leonor ha querido ser Hilda y desenfundar guantes en más de una ocasión -para eso se ha vuelto pelirroja- o heroína de comedia romántica, al estilo de la Hepburn en Historias de Filadelfia...
Y al dedicar su hombrecillo dorado a los cómicos españoles, recordé a Amparo Rivelles en La calle sin sol, a Carlos Larrañaga en El extraño viaje, de Fernando Fernán Gómez, a José Suárez en Calle Mayor, a Alberto Closas en Muerte de un ciclista, estas últimas de José Antonio Bardem... Y me estoy dando cuenta que nuestro cine y nuestros actores son una Gran Familia en la que ya no todo queda en casa, transgrede fronteras y demuestra que aquí hay, además de mucho trabajo bien hecho, mucho talento... Recordaba a tantos y tantos que amenizaron mis tardes de los sábados, o largas noches de invierno, cuando las chicas salíamos a las cinco de la tarde y nos recogíamos a las ocho de la noche. Todos ellos grandes en la pantalla y, muchos de ellos, colosos sobre un escenario de teatro... nostalgia y anhelos de Estudio 1.
Por todas estas cosas que me hacen soñar, más cine, por favor, que todo en la vida es cine y los sueños, cine son.
Canta Aute: Cine, cine
Comentario:
Como dijo Bardem.....se lo dedico a nuestro pais.
Estoy muy orgullosa de tener un gran actor y que nos represente de esa manera.
Estoy muy orgullosa de tener un gran actor y que nos represente de esa manera.
Comentario:
¡Tiempos aquellos!, me encanta. Me acuerdo que entre programa y programa cuando no había tanto anuncio salía un rótulo que ponía algo así como LES OFRECEMOS UNOS MINUTOS DE CINE MUDO. Era estupendo, no necesitábamos ir a las filmotecas. Además de a los grandes que citas yo recuerdo otras caras, esas caras tan expresivas porque no tenían voz.
Me ha encantado tu post, sabe a la nostalgia de cuando se veía buen cine en televisión. Ahora con series chorras y telenovelas lo arreglan todo.
Besazo.
P.D: echo de menos tus post intimistas, enfermera.
Me ha encantado tu post, sabe a la nostalgia de cuando se veía buen cine en televisión. Ahora con series chorras y telenovelas lo arreglan todo.
Besazo.
P.D: echo de menos tus post intimistas, enfermera.





