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Rinconeras y retales de la memoria
Acerca de
Desde un lugar de la Mancha... Entre manos El Juego del Ángel de Carlos Ruiz Zafón
Sindicación
 
Ya no hay caballeros con ni sin sombrero
No he leído ninguna obra de Perez Reverte. No dudo de que cualquier pedacito de la Historia es capaz de convertirlo en una joya literaria. En su época de reportero de guerra despertaba mi admiración, como lo hacia Couso, o Jon Sistiaga. Últimamente leo sus artículos, algunos de gran controversia, como muchas de sus declaraciones... Parece haberle declarado la guerra a todo el mundo con arrebatos de misantropía.
Saltando entre esto y aquello, me encuentro con este artículo. Un auténtico desatino o una mala noche del rey Arturo, cuya pluma cual implacable espada Excálibur, o escopeta recortada del siglo XXI, cercena, o abate a tiros, a jovencitas con poco estilo... ¡Ole tus cojones! ¡Viva la libertad!, no sólo de expresión, que en este país, aunque lleno de imbéciles, unos más y otros menos, también existe la de ir cómo a una le salga de su vulva, y de su bulbo -por aquello de que también salga de alguna parte del cerebro- ir vestida, mire usted. Y yo sí le llamo de usted, porque de tú sólo llamo a los amigos.

Hay quien pueda pensar que ya está aquí otra feminista, haciendo una montaña de un granito de arena, que el mencionado artículo tan sólo pretendía poner de manifisesto el desagrado con las nuevas tendencias o estilos en el vestir, y el anhelo y la nostalgia de aquellos otros más glamurosos, de cinturas de avispa, de pechos puntiagudos, de faldas de tubo a lo Doris Day que convertían los andares femeninos en un espectáculo de curvas contoneándose con elegancia y coquetería. Pues no, ni mucho menos, no soy feminista, porque reclamar mi derecho a ser igual es aceptar que no lo soy por el hecho de ser hembra. Y, verdaderamente, no somos iguales; nosotras no vamos abatiendo a tiros, ni literal ni metafóricamente, a los decrépitos señores que merodean por los bares babeando detrás de las jovencitas con andares de jaca percherona -y mira que algunos se lo merecen-, ni a los jovencitos que arrastran braguetas en las rodillas, ni a esos otros que no tienen un sitio libre donde darles un beso de tanto metal como llevan en la cara, ni a los rapados, ni a los melenudos, ni a los de los vaqueros llenos de agujeros que antes mi madre se empeñaba en echarles un remiendo... cada uno que vaya como le salga mientras se viva y se deje vivir.

No quiero ser igual, ¡por Dios, igual a un hombre! Quiero tener los mismos Derechos, eso sí.
No quiero Ley de Paridad, que se la metan por el culo sus creadores, las migajas "pa" los perros: quiero acceder a los mismos cargos políticos o empresariales en igualdad de condiciones, sin necesidad de tener que acostarme con el primer hijo de puta que me ponga trabas en mi camino.

Verdaderamente leer semejante párrafo, el de abatir a tiros (¡qué fuerte, como dirían los imbéciles del tomate y muchos otros imbéciles que no saben otra expresión!), no sólo escuece como mujer, sino como ciudadana que creía vivir en un país en donde el respeto entre unos y otros debe ser una máxima de convivencia. Leerlo de la pluma de un insigne miembro de la Real Academía de la Lengua, que vierte gratuitamente semejante desprecio para, a fin de cuentas, decir que a él le pone el estilo de la Loren y la Mangano - muy respetable, sobre gustos de machos no voy a ser yo la que opine- es detestable.

Este artículo merece esa exclamación que hacemos toda mujer cuando un tío no es capaz de poner una lavadora, ni encuentra nunca nada en un armario, ni tiene ni puta idea de cómo funciona una plancha, ni de qué producto se usa en el parquet, ni sabe explicar qué le pasa a su hijo cuando le toca llevarlo al pediatra porque su mujer no puede faltar a su trabajo mal remunerado por el hecho de ser mujer, cuando beben y comen como cerdos y aullan como perros en celo ante una caja cuadrada viendo a otros tíos jugar con un balón, cuando con cincuenta se creen con derecho a tirarse a una de veinte y si es al contrario nos abaten a tiros, cuando es tu jefe de sección -a dedo- sabiendo que es un incompetente y un pusilánime, porque tú no te dejaste sobar por el director en la última cena de trabajo ¡cabronazos!... Y para colmo, ya no te ceden ni la puerta, ni el asiento en el autobús o en el metro -aunque te vean preñada hasta la boca-, ni te ayudan a ponerte el abrigo, y si me apuran, para rematar su dechado de virtudes, algunos no saben ni follar, que es para lo único que medio sirven... ¿Y se van a permitir el lujo de criticar ombligos al aire, camisetas sudadas o lorzas indiscretas?, ¡vamos, no me jodas! Todo cuanto el ilustre -sin resentimientos- académico relata sólo merece la exclamación de ¡HOMBRES!

Yo no voy a decir que no hay hombres como los de antes, es evidente que sí; siguen siendo igual de cavernícolas y de asquerosamente petulantes y machistas, lo que ya no hay son caballeros, ni con ni sin sombrero.

 
Comentario:
Dios me libre de las aguas mansas, que de las turbias yo me libraré. Jeje
Recuerda....
 
Comentario:
hola buenas:
Excelente, excelente y excelente!!!!
Este señor que mejor no nombrar por las nauseas que me provoca, no ha hecho mas que repetir su misoginia una vez mas.
Como corresponsal de guerra debería saber que no hay que confundir una oportunidad con el oportunismo. Ël es precisamente eso, un oportunista de tres al cuarto, lleno de prepotencia y vacío de contenido.
Arturito, hijo, que te den dos duros.

Estoy enccantado de explorar aqui en tu patio.
Te voy a linkear en menos de lo que tardas en decir "zarzaparrilla".
Un abrazo Jimmy
No