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Rinconeras y retales de la memoria
Acerca de
Desde un lugar de la Mancha... Entre manos El Juego del Ángel de Carlos Ruiz Zafón
Sindicación
 
Platos rotos
Hoy es jueves y estoy de guardia, deseosa de que pasen las horas, de que amanezca mañana. Y amaneceré aquí, en el Centro, y pondré la cafetera, como hago todas las mañanas nada más entrar por la puerta, y tomaré mi primer café del día con mi compañero de guardia y con mi otro compañero médico, que regresa de unos breves días de descanso, y después, cuando finalice la mañana, me tocará a mí ese descanso, que lo estoy necesitando como agua de Mayo... Y aunque estando aquí mi mundo son ellos y sus problemas de salud del cuerpo y muchas veces del alma, cuando tomo la última curva que encara la interminable recta hacia mi casa, un mundo se desvanece a mis espaldas y otro se abre a mi paso , entre cielos a veces plomizos a veces azulados, entre montes verdes de jaras en flor o entre marrón hojarasca, entre un pantano que a veces parece un terrible socabón lleno de agua y a veces un inmenso mar en calma, entre una vasta llanura, a tiempos pincelada de maizales, y siempre salpicada de olivos. Mi ya inherente mundo, siempre armonizado por esa música que nunca deja de sonar en el alma. Y si no fuese capaz de hacer desaparecer y aparecer mundos, no podría seguir en esta profesión.

Hace unos minutos he ido a comprar al super de la plaza, lo hago todas las tardes de guardia para estirar un poco las piernas entumecidas de no hacer nada, salvo cambiarse de asiento e ir de vez en cuando a la cocina a no comer nada. Me he encontrado por el camino con "la Conso", así se la conoce aquí. Tiene mi edad, ciento treinta kilos, casi ningún diente en su boca, dos hijos de casi veinte años y una vida cuyo argumento sería digno de protagonizar un miserable culebrón de desdichas e infortunios.
Ya no vive aquí, hace unos meses que se marchó a un pueblo de Toledo, pero hoy está de visita y, casualidades de la vida, yo pasaba por aquí y le he venido al pelo. Se separó de su marido que, según "la Conso", se la estaba pegando con una rumana. Se llevó a su hija de dieciocho años, que padece una enfermedad degenerativa que la ha postrado en una silla de ruedas, pero antes de eso se quedó preñada de un peruano, que, según "la Conso", quiere mucho a su hija pero tiene mucho genio porque, cuando no le gusta la comida, tira el plato al suelo y las harta de putas... Y me lo contó en su día como si eso fuese lo más normal del mundo, de su mundo lleno de platos rotos, de vidas rotas en pedacitos con aristas que no casan. No le reí la gracia, -ni puta gracia tenía aquello-, y con la cara de juez que me caracteriza en estos casos, advertí que tal vez lo próximo que rompiese no sería un plato sino la cara de su hija, preñada hasta la boca y, ya por entonces, casi sin poder andar, cuanto menos defenderse de un salvaje hijo de puta... Pero no, según "la Conso", luego no es nadie (estas palabras las he oído cientos de veces para justificar la violencia verbal... luego no es nadie, no, pero mientras lo es humilla, destroza la autoestima e intimida con sus insultos y sus sucias palabras), y añadía que es muy noble. Y cuando yo oía la palabra nobleza unida a la violencia se me revolvían las tripas. Al final tuvo que echarlo de casa, porque empezó a romper otras cosas y llegaba borracho y con amenazas casi todas las noches. Y cuando nació Andrés, así se llama el nieto-hijo de "la Conso", los apellidos fueron únicamente los de su madre.
Hoy me ha dicho, muy apurada, que Asuntos Sociales anda tras de ella, que no se fian de que el niño esté correctamente vacunado ni que haya pasado sus revisiones, que con la mudanza ha perdido la tarjeta de vacunación y todos los papeles, que si, por favor, le pudiese hacer un duplicado. No le he puesto pegas, le he dicho que se pase en unos minutos... ¡Ah, pero el niño a lo mejor no te sale con los apellidos de antes en el ordenador, ahora lleva los de su padre, es que ya están juntos otra vez! No sé qué cara he debido poner, si respondía a mis tripas ha debido de ser agria hasta la descomposición... Ha seguido justificándose... A ver, es su padre y ella le quiere mucho y necesita un hombre... y yo no puedo tirar de ella y del niño. ¿Y qué podrá esperar esa pobre infeliz de ese hombre?... que siga rompiendo platos, que, casi seguro, rompa vidas en mil pedazos con aristas que no casan.

Y las historias no dejan de repetirse, y la impotencia sigue siendo mi peor síndrome, el que más me hace sufrir en esta profesión que me enseña tanto de la vida. Y mañana, ese mundo de platos rotos, que ahora no dejo de rumiar, se desvanecerá a mis espaldas y me espera ese otro que me ofrece una caricia para poder continuar.

Sonando Desde mi libertad (Ana Belén).
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Comentario:
A veces, la vida nos muestra que la realidad supera la ficción. Conozco tambien alguna historia parecida a esta de "la Conso". Siempre existe como fondo una baja autoestima de la mujer, aparte de bajo nivel cultural. Nunca aprenden de la experiencia ni rectifican su conducta.

¡¡¡Feliz Año Nuevo!!!
No