Volver
¿Sabes, Felipe?, todas las calles principales de la ciudad ya tienen los colgajos de Navidad. ¡Qué manera de precipitar el tiempo!, con la carencia que sufrimos de él. Hace ya dos semanas que la Paloma y la Toledo están disfrazadas de estrellitas y medias lunas de color anaranjado. ¡Qué poco gusto tienen los concejales de festejos! -porque, ¿estos menesteres son cosa del concejal de festejos o de la ministra de fomento?, bueno, y a mí qué me importa -, si a la Navidad no hace falta ponerle color, ya lo tiene, tiene el color del cristal, de toda la vida de Dios, en fin... En la plaza Mayor han puesto crespones y más crespones de muérdago y lazos rojos, y unas cosas que no se sabe lo que son, pero que digo yo que cuando lo enciendan será espectacular, aunque visto así, sin la gracia, parece un amasijo de cables y bombillitas diminutas totalmente amorfo.
¡Ay, Felipe!, la Navidad ya no es lo que era... Fíjate, nuestras hijas se van a la playa. ¡A la playa en Navidad! Una ha alquilado una semana de hotel en San Fernando de Cádiz, y la otra se va para Santander. Y digo yo que qué misterio tendrán eso de recibir el año nuevo en el salón de un hotel, atestado de extraños, deseándose los unos a los otros Feliz Año, con la cabeza llena de confeti y de serpentinas, o dándote algún imbécil con el matasuegras en la nariz. Por supuesto, han insistido en que me vaya con la una y con la otra. Yo, para no reñir, les he dicho, abogando al sabio Salomón, que no me puedo partir por la mitad, por tanto me voy al pueblo.
Vuelvo con la frente marchita, como cantaba Gardel, bueno, con la frente y con todo lo demás... Con la frente marchita y el recuerdo intacto. Vuelvo a las calles desiertas de invierno, al calor de la leña quemada en una estufa al rojo vivo, al olor a tomillos de las hogueras de Santa Lucía... a nuestra casa... Y a las doce campanadas frente al televisor, o las catorce si está Carmen Sevilla, aunque este año no va a estar Ramón García... ¡qué disgusto!, con lo que me gustaba a mí su capa, parecía un caballero de los de antaño. ¡Qué mala idea tienes!, tú sí que pareces un drácula, ¡fantasmón!
Ni que decir tiene que nuestras hijas se han enfadado mucho, me han reprochado que las tendré en vilo pensando que estoy allí sola, recibiendo el año nuevo sin su compañía, ni la de nuestros nietos. Me han llamado cabezona... ¡cabezona yo! Estas hijas nuestras no entienden que, a ciertas edades, una no tenga ganas de celebrar la Navidad de otra manera que no sea la de siempre... bueno, la de siempre siempre no podrá ser nunca nunca, pero la querencia es la querencia...
De todas formas, Felipe, ¿a ti no te parece que los españoles nos estamos volviendo muy americanos? Dicen que to se pega menos lo hermoso, y qué razón tiene ese refrán. Le hemos dado una patada en el culo a los Reyes Magos, hemos dejado de creer en estrellas de Oriente y nos creemos que un señor gordísimo, de larga barba blanca, con un ridículo gorro y vestido de rojo, que además se ríe como un bronquítico crónico, es capaz de subir por los tejados y colarse por una chimenea cargado de regalos. ¿Y qué me dices de La inmaculada y su esplendoroso ocho de Diciembre?, ahora sólo sirve para hacer puente con la Constitución, y como se empeñen los catalanes y los vascos, ni eso, a la mierda la constitución, lo veo venir... Un poco más y la disfrazan como Ivonne de Carlo haciendo de Lily Monster y la llevan a la fiesta del "jalogüen" ese, que qué coño será eso que todos los escaparates se llenan de alpiparrios, y se destripa a las calabazas para meterles velas dentro. ¡Antes se iba a desperdiciar una calabaza para semejante tontería! ni na, ni na, las calabazas se guardaban como oro en paño hasta San Martín, para las matanzas y las morcillitas de cebolla, ¡riquísimas!
No me entristece verme sola, ya se sabe, los hijos tienen sus planes y no voy a ser yo quien los descomponga, pero quiero que también respeten mis deseos. Si tuviese cuarenta años, a lo mejor planeaba una Noche Vieja en Paris, que me ha dicho Juliet que Paris en Navidad es lo más de los más, pero a mis años y sola, ¿dónde voy yo si tú no estás? Deseo estar allí, en el pueblo, en nuestro pueblo. .
Estoy muy mayor para cambiar de costumbres. No hay peor cosa que cambiarle a un viejo su asiento... nunca sabe cómo sentar bien el culo en uno nuevo. Además, Felipe, tú lo sabes, yo por navidad, además de ser como El Almendro, siempre busco el calor de los recuerdos... nuestros recuerdos. Curiosamente, este año estoy deseando volver.

¡Ay, Felipe!, la Navidad ya no es lo que era... Fíjate, nuestras hijas se van a la playa. ¡A la playa en Navidad! Una ha alquilado una semana de hotel en San Fernando de Cádiz, y la otra se va para Santander. Y digo yo que qué misterio tendrán eso de recibir el año nuevo en el salón de un hotel, atestado de extraños, deseándose los unos a los otros Feliz Año, con la cabeza llena de confeti y de serpentinas, o dándote algún imbécil con el matasuegras en la nariz. Por supuesto, han insistido en que me vaya con la una y con la otra. Yo, para no reñir, les he dicho, abogando al sabio Salomón, que no me puedo partir por la mitad, por tanto me voy al pueblo.
Vuelvo con la frente marchita, como cantaba Gardel, bueno, con la frente y con todo lo demás... Con la frente marchita y el recuerdo intacto. Vuelvo a las calles desiertas de invierno, al calor de la leña quemada en una estufa al rojo vivo, al olor a tomillos de las hogueras de Santa Lucía... a nuestra casa... Y a las doce campanadas frente al televisor, o las catorce si está Carmen Sevilla, aunque este año no va a estar Ramón García... ¡qué disgusto!, con lo que me gustaba a mí su capa, parecía un caballero de los de antaño. ¡Qué mala idea tienes!, tú sí que pareces un drácula, ¡fantasmón!
Ni que decir tiene que nuestras hijas se han enfadado mucho, me han reprochado que las tendré en vilo pensando que estoy allí sola, recibiendo el año nuevo sin su compañía, ni la de nuestros nietos. Me han llamado cabezona... ¡cabezona yo! Estas hijas nuestras no entienden que, a ciertas edades, una no tenga ganas de celebrar la Navidad de otra manera que no sea la de siempre... bueno, la de siempre siempre no podrá ser nunca nunca, pero la querencia es la querencia...
De todas formas, Felipe, ¿a ti no te parece que los españoles nos estamos volviendo muy americanos? Dicen que to se pega menos lo hermoso, y qué razón tiene ese refrán. Le hemos dado una patada en el culo a los Reyes Magos, hemos dejado de creer en estrellas de Oriente y nos creemos que un señor gordísimo, de larga barba blanca, con un ridículo gorro y vestido de rojo, que además se ríe como un bronquítico crónico, es capaz de subir por los tejados y colarse por una chimenea cargado de regalos. ¿Y qué me dices de La inmaculada y su esplendoroso ocho de Diciembre?, ahora sólo sirve para hacer puente con la Constitución, y como se empeñen los catalanes y los vascos, ni eso, a la mierda la constitución, lo veo venir... Un poco más y la disfrazan como Ivonne de Carlo haciendo de Lily Monster y la llevan a la fiesta del "jalogüen" ese, que qué coño será eso que todos los escaparates se llenan de alpiparrios, y se destripa a las calabazas para meterles velas dentro. ¡Antes se iba a desperdiciar una calabaza para semejante tontería! ni na, ni na, las calabazas se guardaban como oro en paño hasta San Martín, para las matanzas y las morcillitas de cebolla, ¡riquísimas!
No me entristece verme sola, ya se sabe, los hijos tienen sus planes y no voy a ser yo quien los descomponga, pero quiero que también respeten mis deseos. Si tuviese cuarenta años, a lo mejor planeaba una Noche Vieja en Paris, que me ha dicho Juliet que Paris en Navidad es lo más de los más, pero a mis años y sola, ¿dónde voy yo si tú no estás? Deseo estar allí, en el pueblo, en nuestro pueblo. .
Estoy muy mayor para cambiar de costumbres. No hay peor cosa que cambiarle a un viejo su asiento... nunca sabe cómo sentar bien el culo en uno nuevo. Además, Felipe, tú lo sabes, yo por navidad, además de ser como El Almendro, siempre busco el calor de los recuerdos... nuestros recuerdos. Curiosamente, este año estoy deseando volver.






