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Rinconeras y retales de la memoria
Acerca de
Desde un lugar de la Mancha... Entre manos El Juego del Ángel de Carlos Ruiz Zafón
Sindicación
 
El pozo

Perdura engalanado de exuberantes macetas, vivificadas con su propia agua, coronado por la verde pámpana de una parra que discretamente sobrevive en un rincón, y cuyos largos brazos sarmentosos se deslizan con sigilo por la pared, hasta llegar hasta él, hasta el pozo, el que le da la vida, a ella también, y por eso lo abraza, y se enreda como si fuese hiedra, -otra que tal baila, la muy coqueta-, cuando sabe que dentro de nada será una rama membranosa y seca, y habrá perdido su verdor. Respaldado por colores y cortinas de La Mancha, que lo separan, a modo de biombo, de la fealdad de un depósito de gasóleo, para que se siga sintiendo como en casa, para no alterar su entorno: el eterno.

Es un pozo sin noria, tan sólo tiene un carrillo, ya en desuso, porque la modernidad también ha llegado a él y ahora aloja en sus entrañas una bomba de agua, que mi padre dirá lo que quiera, pero yo creo que contamina y lo desentraña. Ahora huele a petroleo, a cueva ultrajada, le han arrebatado su aroma a interiores de montañas anegándose en sus aguas. Ni en las peores sequías dejó de manar su preciado tesoro.

Ese pozo guarda un sonido bullicioso, bullicio de niños jugando en un patio de luces, el que él preside; entrando, saliendo entre atropellos, saltando entre los charcos del riego de una calle de verano, que emana flama mientras embebe el agua por carencia, desesperadamente, como se besa una boca deseada o se ama a un cuerpo ansiado; salpicando a las vecinas, quejicosas del jaleo.

Ese pozo guarda un lamento, el de una niña de ojos negros que lloraba a su compañero de juegos, junto al brocal, y el de una madre que la tomaba de la mano, tragándose sus lágrimas y dándole su consuelo, junto al brocal.

Ese pozo escucha un rezo, a veces un rosario, a veces un Ave Maria y algún Padre Nuestro, es el rezo de una madre por sus hijos que se fueron y por los que están. Reza para que no les pase nada en la carretera, joer, que siempre están puestos en medio. Se sienta a su abrigo, a la luz de dos lunas, las de Mayo y Julio...

Este pozo esboza risas, las de dos niñas de ojos negros, que quieren saber porqué tenemos un pozo en esta casa, si es que lo construyó el abuelo o si ha existido desde siempre, si en el pozo habitan duendes, hadas o demonios, si su agua se puede beber o si sólo sirve para que la abuela riegue la calle y los geranios en el verano. Si se queda con el eco o lo devuelve.

Este pozo tiene misterio, el misterio de toda una vida manando agua, dando abrigo, siendo escondite, siendo testigo, siendo confidente, siendo espejo.

Tengo un limonero en un patio empedrado. Tengo un pozo en un patio encementado.
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Comentario:
Con el cubo de hierro, del pilón a donde las fresas y cuarenta bocas o más sedientas refrescaban en días de verano. ¿ Y a quien le toca limpiar la pila ahora que está tan sucia? Al de siempre. Cuidao estos crios que aunque lo vean...Si no les dices las cosas.
La cuerda hecha a mano soportaba arriba y abajo tantas veces como mis brazos no podían y al final parecía que me iba a ir tras ella al centro mismo de la tierra a buscar algún que otro cubo, un juguete o un sencillo zapato. Otras veces era tan generoso que ni cuerda hacía falta y con solo agacharte podías tocar con la mano su preciado tesoro.
 
Comentario:
Precioso,no puedo expresar todo lo que siento leyendo tu blog.Tu patio,tu limonero,tu pozo,son casi mios.Me gusta imaginar a mis hijos jugando allí y a su padre contándoles sus aventuras infantiles,imagino tantas cosas... BESOS
 
Comentario:
...Y es que un pozo era un tesoro antes en las casas, cuando no había agua corriente y se acarreaba de la fuente...¡muy bonito!
 
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Como siempre, excelente.
Un saludo.
No