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Rinconeras y retales de la memoria
Acerca de
Desde un lugar de la Mancha... Entre manos El Juego del Ángel de Carlos Ruiz Zafón
Sindicación
 
Eligiendo los colores
Voy a pintar un nuevo cuadro. Pintaré rincones, atraparé lugares, perfilaré rostros, matizaré curvas, cientos de trazos sobre un lienzo inmaculado, pincelada tras pincelada hasta rematar la obra que me defina, esa que cuando la contemple terminada pueda tirarle mi paleta y decirle ¡vamos, habla!... Prepararé la tela y seleccionaré la mejor materia, porque de la calidad de ésta - y de mis manos-dependerá el resultado de los colores y el trazado de los paisajes y las figuras. Todo este trabajo será similar a la entrega y la paciencia de un chef en la elaboración de su plato estrella, con ese toque final que hace de la presentación todo un espectáculo y de su degustación un éxito.

Abandono un lienzo emborronado de errores, en donde ya no se perciben las figuras de tanto borrar y pincelar encima, en donde se han desvirtuado los colores y se ha perdido el efecto de la luz. En el que ya no se muestra lo que yo quería mostrar, ni significa lo que yo quiero que signifique. Aturde a su creadora y principal espectadora: a mí.

Mi pulso se muestra tembloroso, no por inseguro, sino temeroso - sé qué tal canto pero no sé qué tal pinto -. Todo lo nuevo me produce inquietud, a la vez que impaciencia, y no sé si las manos sabrán hablar como la boca, si sabré mezclar bien los colores, si sabré difuminar o no será necesario, si alargaré demasiado las sombras y apagaré la luz sin pretenderlo. La eterna zozobra de la duda.

No quiero el negro tenebroso ni de noche cerrada, sólo el azabache de unos ojos y de noches lunadas.
No quiero amarillo chillón, ése sólo atrae a los insectos, quiero el amarillo del sol, el dorado del trigo del verano.
Quiero un verde olivo y el verde de los verdes salpicados de amapolas, verdes de mi niñez, campos de la tierra que vió nacer.
Quiero marrones y ocres de tierra recién arada. No quiero ocres de hojas secas ni marrones de ciénagas.
Quiero el rojo de unos labios y el rojo de rosas rojas. No quiero rojos sobre el asfalto, ni el rojo de ojos rojos.
Quiero un azul diáfano, de cielos despejados, de ojos de mar en calma.
Quiero el blanco de sábanas limpias, recién planchadas, con olor a jabón de hacer en casa.
No quiero más gris si no es el de las nubes vertiéndose en cortinas de agua, esa que limpia el aire de polución, llena los pantanos y los ríos y riega la tierra sedienta y agrietada. No quiero grises de tormentas, ni aguaceros que emborronen mis colores y llenen de fango mi obra.
Y la luz quiero que sea la del Maestro de las luces, que deslumbre en los espejos, que penetre por rendijas e ilumine recovecos. Difícil, una osadia la mía, ¿y qué? sólo los cobardes y los pusilánimes huyen o se quedan en el intento.

Esto es sólo el primer esbozo.
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Comentario:
¡Qué bonito, qué bonito, qué boniiiiito!
Hija, te superas. Me deslumbras. Me siento entre orgullosa y fascinada. Me siento feliz cuando leo los cuadros que quieres pintar a tu alrededor de VIDA NUEVA.
¡A ver cuándo llega ese libro, que voy a ser tu primera lectora! ¡Y no se te ocurra dárselo a nadie antes que a mí!
Leerte es todo un privilegio.

Por cierto, estrella, siento decirte que "no lo has pillao". Que no, que no, que "mi patio" no pinta cuadros con lienzo y paleta. Pinta cuadros hermosos en la vida. En la literatura existen las metáforas, ¿sabes?
 
Comentario:
Ignoraba esta facultad tuya de pintora. Creo que lo que tienes que hacer es dejarte llevar por la intuición y el sentimiento que tengas en ese momento. Me gustan los paisajes alegres y primaverales, aunque los otoñales tambien tienen su romanticismo.
No