logotipo

img_google
Rinconeras y retales de la memoria
Acerca de
Desde un lugar de la Mancha... Entre manos El Juego del Ángel de Carlos Ruiz Zafón
Sindicación
 
Sueños de cine (continuación)
Hoy, en la comida, (día de guardia) le preguntaba a mi compañero cuál era para él la escena más erótica del cine. Tengo que decir que es un cinéfilo empedernido, amante, sobretodo, del cine en blanco y negro. No ha podido reprimir una carcajada... "¿No me sacarás en alguna tontería de esa cosa que escribes?" Esa cosa que escribo es este blog y esa tontería es un post... "Pues sí, pero aparte de eso, tengo curiosidad", le digo. Para él, la salida de Halle Berry del agua, al más puro, e intencionado, estilo de Ursula Andres decadas atrás, es de lo más erótico que ha visto últimamente, y lo remata con la extirpación del grano de Torrente en el cutre espejo de un cutre cuarto de baño de un cutre apartamento, acompañandose de una sinfonía de aerofagias y meteorismos. "¡Joder!, que estamos comiendo, no me recuerdes a tan escatológico personaje y encima me lo presentes como objeto de deseo... Sabía yo que tenías que acabar con alguna marranada". Ha seguido riéndose a carcajadas al ver que ya me costaba trabajo comer las natillas del postre, el muy...

No, no se me ha entendido bien. No hubo sexo en el sueño con Bardem, sólo erotismo, que no es lo mismo. Cuando me desperté y se lo dije a mi marido, puso tal cara de desconcierto que no me quedó otra que negarle la naturaleza del sueño..."No, hombre, no, erótico no... como están jodiendo en la tele con tanto premio en los últimos días, he soñado que una Pe tan divina como vulgar, -que es lo original que tiene esta chica-, gritaba desde el escenario: ¡Jaaaaaaaviiiiii!, y ahí estaba él, subiendo las escalerillas alfombradas, sin pausa pero sin prisa, a recoger su estatuilla, dándole un morreo de cine a su chica, mientras le tapaba su escote palabra de honor que dejaba al descubierto sus encantos por los saltos de emoción". "Ah, por eso, porque tener un sueño erótico con ese tío..." sólo le faltó añadir el teniéndome a mí... Pues claro, cielo, pues claro, ¡menuda desfachatez la del subconsciente!

Acabo de despertarme de la siesta. No podía quitarme a Santiago Segura, -y su erótica extirpación de forúnculo-, de la cabeza, así es que comencé a dinamitarlo con Pierce Brosnan y René Russo en ese baile entre luces de sala de fiesta, con un vestido negro transparente y la impresionante René enfundada en él, en El secreto de Thomas Crown, sofisticado y exquisito ladrón de cuadros. Pongo de manifiesto, una vez más, mi debilidad por semejante especimen (Pierce, se entiende). He retado al subconsiente y, antes de que él soñara con alguna carencia de afectos o de afanes de reconocimiento y notoriedad, le he dado el tema pensado; he empezado a soñar despierta con el Brosnan en una paradisiaca isla del Pacífico en donde poder descubrirle sus más íntimos secretos, para que al caer en el inevitable sopor por la disminución de riego sanguíneo en la cabeza después de comer, mi subconsciente siguiese con el tema onírico previamente seleccionado... Decepcionante, este kafkiano subconsciente me la ha vuelto a jugar: ¡pues no he aparecido con Moratinos en África hablando congoleño! ¡Me caguen la...!
Hasta a Freud se le acaban los argumentos para analizar semejante cosa.
Pero no le voy a dar más vueltas, como decía el sabio Calderón: Los sueños, sueños son.

Etiquetas:      
 
Sueños de cine
El sábado por la noche soñé con Javier Bardem. Quiero creer que el análisis freudiano de semejante sueño concluiría en que la incursión del susodicho se debía a que unas horas antes le vi recogiendo otro de sus inumerables premios por su papel en No es país para viejos, película que creo que no veré, ni siquiera para hacerme un juicio de valor en caso de ser oscarizado, porque cuando la sangre desborda la pantalla al más puro estilo Tarantino yo me pongo muy nerviosa y me dan ganas de vomitar... ¡seré imbecil!

El caso... y que no se entere nadie... es que fue un sueño erótico, y aquí es donde toma un matiz de lo más Kafkiano... ¡yo teniendo un sueño erótico con el que para mí es la antítesis del erotismo! Aún hoy sigo con el sueño en la cabeza y estoy empezando a preocuparme. Tal es el caso que he retomado las teorías de Freud sobre los sueños y su interpretación, y esa frase de que "los sueños son realizaciones disfrazadas de deseos reprimidos" me produce una enorme zozobra.

Analizando mis carencias, he llegado a una conclusión: a mi vida le falta erotismo.

Hoy, en la siesta, he vuelto a soñar. Esta vez era Meryl Streep. He soñado con ella porque esta mañana leía un post en el que se hacía alusión a ella en Los puentes de Madison. Meryl Streep es la protagonista de la escena erótica más bella del cine, a mi entender: ese lavado de melena en medio de la sabana africana de manos de un maravilloso Robert Redford, en la ya mítica Memorias de África. Ahí estaba yo, en mi sueño -que para algo es mi sueño-, protagonizando la misma escena. No sé de quién eran las manos, me he despertado sin saberlo... Y ya van dos... el erotismo y el cine.
La agradable sensación se ha disipado pateando la ciudad en zapatillas y chandal, en esta soleada tarde que Enero le está robando a Marzo.

Definitivamente estos sueños son toques de atención, luz roja en el cerebro... Todo esto tiene que tener una explicación, freudiana o no, y yo, triste de mí, no tengo tiempo ni de pararme a meditarlo.

Y aquí sigo, contemplando mi lago.


 
No sin antes...
"Y sin embargo, aun cuando indudablemente la luz de la tarde es hermosa, hay algo que todavía llega a ser más hermoso que la luz de la tarde y es, para ser precisos, cuando por incompresibles juegos de corrientes, bromas de los vientos, rarezas del cielo, descortesías recíprocas entre nubes defectuosas y decenas de circunstancias fortuitas, una verdadera colección de casos -y de absurdos- cuando, en esa luz irrepetible que es la luz de la tarde, inopinadamente, llueve. Luce el sol, el sol de la tarde y llueve. Eso es lo máximo. Y no hay hombre, por muy limado por el dolor o acabado por la angustia que esté, que frente a un absurdo semejante no sienta despertársele en alguna parte de sí mismo unas irrefrenables ganas de reír."
Alexandro Baricco. (Tierras de cristal)


Y yo añadiría algo más:
Aun cuando la luz de la tarde es hermosa e, inopinadamente, llueve y eso lo convierte en lo máximo, y no hay hombre que no sienta unas irrefrenables ganas de reír, hay algo aún más hermoso y es cuando la luz de la tarde es hermosa e, inopinadamente, llueve, y al contemplarlo dan ganas de reír, y casualmente, por aquello de los azares y los atinos, un furtivo rayo de sol atraviesa una insignificante gota de agua, haciendo que estallen sus entrañas de diminutos cristales en un, lo dije, hermosísimo haz de luces de colores... ¿Hay algo más hermoso?... Pues lo hay, y es cuando ante una hermosa tarde de luz, inopinadamente, llueve y no hay hombre que no sienta ganas de reír, y en medio de lo hermoso un furtivo rayo de sol atraviesa una gota de agua insignificante y hace estallar sus entrañas en un haz de luces de colores y, de nuevo, al contemplarlo, todo ello sobrecoge y, entonces, no dan ganas de reír sino de llorar, porque ahora el espectáculo es sublime.

Y eso ha sido tu ventana: una hermosa tarde de luz en donde, inopinadamente, llueve... un sublime espectáculo, y a mí, que pasaba por allí, no me quedó otra que sentarme a contemplarlo.

Bien, yonki de la escritura, maestro del folio en blanco, no pensarías que con lo que yo me explayo en un papel te ibas a ir de rositas con un simple "hasta pronto, un besito, cuídate", rien de rien.
Te dije en una ocasión que eras el único yonki por el que no movería un dedo para sacarle de su adicción. Y sigo en mis trece.

Ahí te quedas, en medio de esa soledad tan necesaria: la del guerrero después de la batalla.

Tal vez no lo leas, posiblemente por tu inconstancia y tu haraganería, o simplemente porque no te sale de la... gana. Pero aquí queda eso: por escrito te lo dejo.

Ahora sí: hasta luego, hasta pronto, hasta que el mono te haga reincidir.
Etiquetas:  
 
Ya no hay caballeros con ni sin sombrero
No he leído ninguna obra de Perez Reverte. No dudo de que cualquier pedacito de la Historia es capaz de convertirlo en una joya literaria. En su época de reportero de guerra despertaba mi admiración, como lo hacia Couso, o Jon Sistiaga. Últimamente leo sus artículos, algunos de gran controversia, como muchas de sus declaraciones... Parece haberle declarado la guerra a todo el mundo con arrebatos de misantropía.
Saltando entre esto y aquello, me encuentro con este artículo. Un auténtico desatino o una mala noche del rey Arturo, cuya pluma cual implacable espada Excálibur, o escopeta recortada del siglo XXI, cercena, o abate a tiros, a jovencitas con poco estilo... ¡Ole tus cojones! ¡Viva la libertad!, no sólo de expresión, que en este país, aunque lleno de imbéciles, unos más y otros menos, también existe la de ir cómo a una le salga de su vulva, y de su bulbo -por aquello de que también salga de alguna parte del cerebro- ir vestida, mire usted. Y yo sí le llamo de usted, porque de tú sólo llamo a los amigos.

Hay quien pueda pensar que ya está aquí otra feminista, haciendo una montaña de un granito de arena, que el mencionado artículo tan sólo pretendía poner de manifisesto el desagrado con las nuevas tendencias o estilos en el vestir, y el anhelo y la nostalgia de aquellos otros más glamurosos, de cinturas de avispa, de pechos puntiagudos, de faldas de tubo a lo Doris Day que convertían los andares femeninos en un espectáculo de curvas contoneándose con elegancia y coquetería. Pues no, ni mucho menos, no soy feminista, porque reclamar mi derecho a ser igual es aceptar que no lo soy por el hecho de ser hembra. Y, verdaderamente, no somos iguales; nosotras no vamos abatiendo a tiros, ni literal ni metafóricamente, a los decrépitos señores que merodean por los bares babeando detrás de las jovencitas con andares de jaca percherona -y mira que algunos se lo merecen-, ni a los jovencitos que arrastran braguetas en las rodillas, ni a esos otros que no tienen un sitio libre donde darles un beso de tanto metal como llevan en la cara, ni a los rapados, ni a los melenudos, ni a los de los vaqueros llenos de agujeros que antes mi madre se empeñaba en echarles un remiendo... cada uno que vaya como le salga mientras se viva y se deje vivir.

No quiero ser igual, ¡por Dios, igual a un hombre! Quiero tener los mismos Derechos, eso sí.
No quiero Ley de Paridad, que se la metan por el culo sus creadores, las migajas "pa" los perros: quiero acceder a los mismos cargos políticos o empresariales en igualdad de condiciones, sin necesidad de tener que acostarme con el primer hijo de puta que me ponga trabas en mi camino.

Verdaderamente leer semejante párrafo, el de abatir a tiros (¡qué fuerte, como dirían los imbéciles del tomate y muchos otros imbéciles que no saben otra expresión!), no sólo escuece como mujer, sino como ciudadana que creía vivir en un país en donde el respeto entre unos y otros debe ser una máxima de convivencia. Leerlo de la pluma de un insigne miembro de la Real Academía de la Lengua, que vierte gratuitamente semejante desprecio para, a fin de cuentas, decir que a él le pone el estilo de la Loren y la Mangano - muy respetable, sobre gustos de machos no voy a ser yo la que opine- es detestable.

Este artículo merece esa exclamación que hacemos toda mujer cuando un tío no es capaz de poner una lavadora, ni encuentra nunca nada en un armario, ni tiene ni puta idea de cómo funciona una plancha, ni de qué producto se usa en el parquet, ni sabe explicar qué le pasa a su hijo cuando le toca llevarlo al pediatra porque su mujer no puede faltar a su trabajo mal remunerado por el hecho de ser mujer, cuando beben y comen como cerdos y aullan como perros en celo ante una caja cuadrada viendo a otros tíos jugar con un balón, cuando con cincuenta se creen con derecho a tirarse a una de veinte y si es al contrario nos abaten a tiros, cuando es tu jefe de sección -a dedo- sabiendo que es un incompetente y un pusilánime, porque tú no te dejaste sobar por el director en la última cena de trabajo ¡cabronazos!... Y para colmo, ya no te ceden ni la puerta, ni el asiento en el autobús o en el metro -aunque te vean preñada hasta la boca-, ni te ayudan a ponerte el abrigo, y si me apuran, para rematar su dechado de virtudes, algunos no saben ni follar, que es para lo único que medio sirven... ¿Y se van a permitir el lujo de criticar ombligos al aire, camisetas sudadas o lorzas indiscretas?, ¡vamos, no me jodas! Todo cuanto el ilustre -sin resentimientos- académico relata sólo merece la exclamación de ¡HOMBRES!

Yo no voy a decir que no hay hombres como los de antes, es evidente que sí; siguen siendo igual de cavernícolas y de asquerosamente petulantes y machistas, lo que ya no hay son caballeros, ni con ni sin sombrero.

 
Al estilo de...
SABINA Y SU POEMA EN INTERVIU

Y comienza la carrera,
pistoletazo de salida de las rebajas
a la caza de votantes a buen precio,
desde el viejo al inmigrante.

Tropezón de Gallardón,
y EX-ENDESA va el segundo;
golpe de gracia del gallego sin gracia,
sonrisita de monalisa de la pimpinela
Esperancita.

Vaya meses nos esperan,
ellos siguen su carrera,
rebuscando en diccionarios patrias,
himnos y banderas.

Y los demás aquí,
con hipotecas por corbatas,
añorando la peseta,
con nostalgia en la maleta
y, ¡qué leches!, envidiando la bragueta
a Sarkozy.


(Perdón al maestro de las letras por esta humilde y torpe incursión en su particular estilo)

... Y si mi querida GLORIA FUERTES pudiese decir, diría

¡Ay, qué puñeta!
no es la España de pandereta,
es la España de rabietas,
por eso yo me como una galleta
y me siento en el sofá,
a ver cómo acaba la telenovela.

Niño, niño, hermoso, deja de llorar
No vas segundo, ni tercero... y qué más da
vete al patio de recreo,
deja que corran los demás.
Lee cuentos y pinta con colores,
y sueña por las noches.

Qué dolor de cabeza,
ya estamos con los viejos y las viejas
y las subidas de pensiones.
Súbanme las emociones
y las ganas de soñar,
¡no te jode!... uy, una palabrota,
como hasta ahora ser patriota.

Dame churros con chocolate,
no me gusta este tomate,
¡qué tomate!
y qué churro sin chocolate.

Pues ya está,
que nos dejen de monsergas
que les crece la nariz,
y Pinocho está que trina...
y las naranjas: mandarinas,
de la China, de la China mandarina.

(A su memoria, por los momentos entretenidos que sus retozones versos le ofrecieron a mi niñez)

El 19/01/2008 añado este enlace de uno que no tiene pelos en la lengua.
Etiquetas:    
 
Abandonos
Hace un mes que no hago mi hora de ejercicio diario. Y no me importa.
Hace tres o cuatro meses que no escribo nada, salvo los posts en este blog. Y tampoco me importa.

Resultado del primer abandono: un kilo y medio más y las carnes ligeramente más flojas. Y me sigue importando tres cojones.
En Mayo y Junio también suspendo mi actividad física, la alergia convierte mis bronquios en circuitos semicerrados, y la falta de óxigeno en las células me produce cansancio y dolor de cabeza, y muy mala hostia, dicho sea de paso. Y no es plan ir corriendo e insuflando ventolín.
Mi madre me dice que estoy más guapa, ¡ay, las madres!... "cuando estais tan delgás, tu hermana y tú pareceis galgas ligeras, un par de escuerzos." Y no es que mi madre piense que en la gordura esté la hermosura, pero vela por la salud de sus hijas, como toda madre, y estar más delgada de "su cuenta" es sinónimo de enfermedad, de problemas y/o comeduras de coco.
Mi marido, incitador a la anorexia por antonomasia, considera que se me hace una lorza, ligeramente antiestética, en la cintura del pantalón. Dicho comentario me importa... me remito a unas cuantas lineas más arriba. En fin, menos mal que no me da por ahogar mis penas en salchichas con mayonesa... ¡buaj, qué asco!, me ha venido una arcada sólo de pensarlo.

El resultado del segundo abandono es que ya no sé escribir, no encuentro las palabras y mis ideas y las musas, que tanto me visitaban hace meses en mi fase REM, volaron al país del yermo pensamiento.
Mi paisano, Paco Santos, insiste en que el escritor es perseverancia en la escritura, de lo cual yo deduzco que, según Paco Santos, el escritor se hace, no nace. Y yo que siempre había pensado lo contrario... que todo cuanto somos nos nace. Desde que era un mico, y a pesar de tener todo en mi contra, he tenido la necesidad de escribir en un papel, de jugar a recrear la vida entre palabras... y sin ninguna duda afirmo que, en ciertos momentos de mi vida, ha sido vital para sobrevivir. ¡Qué cosa las palabras! ¡Qué fascinante y qué maravilloso el universo de la escritura, el reto de la escritura! He pensado en abandonar...
A mi madre le gusta lo que escribo, no es que sea mi mejor fan, se entretiene más con las publicaciones de otro paisano, Alejandro Fernández Barrajón, -ya le vale, ten madres y leerán a otros-, pero se siente orgullosa cuando alguien le dice en la carnicería eso de "anda, pero si a tu hija también le dieron un premio, y salió en los periódicos (en los locales, se entiende)", y mi madre sonrie orgullosa, y asiente con la cabeza, y no le da bombo a la cosa porque, no es porque sea mi madre, pero tiene, entre otras muchas, un par de virtudes que yo aprecio muchísimo: la humildad y la discreción.
A mi marido no le gustaría que abandonase porque le embarga el sentimiento de culpa. Ya se sabe, el mito de la soledad del escritor, la bohemia, la necesidad de silencio, el tiempo... "Sólo el que ha estado solo puede ser escritor", enunciando a Baricco decía este otro gran escritor, al que en este momento deseo que el fluir de los días esté siendo su mejor aliado. Creo cumplir este primer axioma según Baricco: he estado más sola que la una frente a mí misma, contemplándome por dentro... Terrible el viaje a las profundidades de uno mismo... el más absoluto de los silencios, la más absoluta de las soledades... Por tanto, cojones, debe de haber alguno más que se requiera...
Me acuerdo de una amiga que asistía a uno de mis conciertos privados en piso de estudiantes, años ha, y en el estribillo de aquella de De alguna manera tendré que olvidarte... me interrumpió y me dijo: " a ver, cabrona, ¿cómo lo haces?, porque el caso es que yo canto en mi cabeza y me sale de puta madre, pero cuando lo intento por la boca siempre la cago". Pues eso...
El caso es que si no escribo languidezco como la efímera luz de una vela, pero últimamente cojo el bolígrafo y no soy capaz ni de cagarlo.

Etiquetas:   
 
Pólvora
Cuando un hecho excepcional acontece en la vida y, por un tiempo, nos saca de la rutina, primero experimentamos una agradable sensación de libertad, nos sentimos especiales, deseamos que no se acabe nunca, disfrutamos del momento, nos parece que eso es lo que estábamos esperando durante toda nuestra vida... Y cantamos, y bailamos -en sentido figurado y, otras, literalmente-, y nos acostamos tarde, y nos levantamos flotando en el espacio sideral, entre estrellitas de colores... Y mis ya asentados cuarenta años me han demostrado que, más tarde o más temprano, los destellos terminan desvaneciéndose en mitad del cielo como las efímeras luces de un cohete de feria, el último de la traca final que anuncia que la fiesta expira, que sube, sube y sube y en lo más alto... bum... eclosiona en un mágico haz de luz multicolor que se desintegra y desaparece por completo. Y ahí estamos todos, mirando hacia el cielo, reteniendo los últimos colores en la retina, resistiéndonos a bajar la mirada al suelo, resitiéndonos a dar el primer paso que nos lleve de vuelta a casa, a la rutina, al día a día, a nuestra particular lucha... Y de los sueños, de las luces y de los colores tan sólo queda un leve rastro: el olor de la pólvora en el aire.

¿Decepción? No lo sé, no sé si la vida me decepciona o es que me ilusiona tanto que sus pobres respuestas me dejan así, mirando al cielo, reteniendo los colores en la retina mientras contemplo, ya con resignación, cómo se desvanecen las luces en mitad del cielo, cómo no quedan más destellos que los del alma, infatigable en el empeño de seguir adelante sacándole partido a lo que me ha tocado vivir, y digo tocado porque no todo de lo que disfruto es elegido libremente... el azar, la casualidad, la carambola... llámese como quiera, en definitiva es lo que al destino, en un momento dado, le sale de los cojones brindarme en bandeja o arrebatármelo sin ninguna explicación...

Y aquí estoy, un año más, entre restos de nafraugios de los que guardo lo que el mar nunca pudo tragarse porque no le pertenecía, entre partículas de pólvora en la ropa, en el pelo y en la piel que me evocan momentos de auténtica gloria, entre música que nunca dejará de sonar, entre el deseo de seguir paso a paso, a veces de zancada larga y a veces corta, a veces al trote y con deportivas, a veces bailando con tacón de aguja y altos decibelios, o simplemente siguiendo el ritmo con los pies, inaudible para el resto de los mortales, por debajo de la mesa de mi consulta. Sigo acelerando y desacelerando el cuentakilómetros del salpicadero de mi coche, de mi vida... Y sigo, y sigo, siempre, sin ninguna duda.

Y ahora toca... preparar la comida, y después, iremos a Casa Pepe que para eso es Día de Reyes.
Etiquetas:      
 
Tiempo muerto
Las calles siguen siendo una algarabía de hombres y mujeres que van y vienen, presurosos incluso aquí, en esta pequeña ciudad que cada día se hace más pequeña aún. Los comercios se desbordan, literalmente, por el gentio que ultima regalos, o que aprovecha las primeras rebajas. Y me siento tan ajena que, a veces, me doy miedo.

La primera semana de Enero me gusta tenerla de descanso, es como si tras las doce campanadas necesitase un tiempo de transición en el que sólo me apetece mi familia, mi sofá y las cuatro paredes de mi salón. Sólo deseo silencio, tan necesario después del alboroto, sólo la tranquilidad y un despertador en donde, por unos días, no existen las seis y media de la madrugada... Un tiempo muerto para no hacer nada, para no pensar en nada y dejar que pase el tiempo, simplemente.
Y cuando me quiera dar cuenta será día ocho, día de volver al trabajo, a dos horas de carretera, a visitas a domicilio, a revisiones de pediatría, a tomas de tensiones y glucemias, a dar los consejos de siempre sobre dietas y ejercicio... A ayudar en su tarea del cole a la más pequeña, en preparar cenas a las ocho y media, en asegurar que a las diez menos cuarto se laven los dientes y que a las diez estén en la cama. Cuando me quiera dar cuenta habrá comenzado la cuenta atrás de este recién estrenado bisiesto. Cuando me quiera dar cuenta...
Y no sé si ir al encuentro del mar, o seguir construyéndome lagos y más lagos que llenen mi vida, a veces de aguas cristalinas, a veces cenagosas, a veces tan semejante al mar, a veces como espejismos, a veces como oasis... y siempre, un desierto...
Sabio Baricco, filósofo de los cojones...
¡Valiendo!... un lago. Otro más.


Etiquetas: