Platos rotos
Hoy es jueves y estoy de guardia, deseosa de que pasen las horas, de que amanezca mañana. Y amaneceré aquí, en el Centro, y pondré la cafetera, como hago todas las mañanas nada más entrar por la puerta, y tomaré mi primer café del día con mi compañero de guardia y con mi otro compañero médico, que regresa de unos breves días de descanso, y después, cuando finalice la mañana, me tocará a mí ese descanso, que lo estoy necesitando como agua de Mayo... Y aunque estando aquí mi mundo son ellos y sus problemas de salud del cuerpo y muchas veces del alma, cuando tomo la última curva que encara la interminable recta hacia mi casa, un mundo se desvanece a mis espaldas y otro se abre a mi paso , entre cielos a veces plomizos a veces azulados, entre montes verdes de jaras en flor o entre marrón hojarasca, entre un pantano que a veces parece un terrible socabón lleno de agua y a veces un inmenso mar en calma, entre una vasta llanura, a tiempos pincelada de maizales, y siempre salpicada de olivos. Mi ya inherente mundo, siempre armonizado por esa música que nunca deja de sonar en el alma. Y si no fuese capaz de hacer desaparecer y aparecer mundos, no podría seguir en esta profesión.
Hace unos minutos he ido a comprar al super de la plaza, lo hago todas las tardes de guardia para estirar un poco las piernas entumecidas de no hacer nada, salvo cambiarse de asiento e ir de vez en cuando a la cocina a no comer nada. Me he encontrado por el camino con "la Conso", así se la conoce aquí. Tiene mi edad, ciento treinta kilos, casi ningún diente en su boca, dos hijos de casi veinte años y una vida cuyo argumento sería digno de protagonizar un miserable culebrón de desdichas e infortunios.
Ya no vive aquí, hace unos meses que se marchó a un pueblo de Toledo, pero hoy está de visita y, casualidades de la vida, yo pasaba por aquí y le he venido al pelo. Se separó de su marido que, según "la Conso", se la estaba pegando con una rumana. Se llevó a su hija de dieciocho años, que padece una enfermedad degenerativa que la ha postrado en una silla de ruedas, pero antes de eso se quedó preñada de un peruano, que, según "la Conso", quiere mucho a su hija pero tiene mucho genio porque, cuando no le gusta la comida, tira el plato al suelo y las harta de putas... Y me lo contó en su día como si eso fuese lo más normal del mundo, de su mundo lleno de platos rotos, de vidas rotas en pedacitos con aristas que no casan. No le reí la gracia, -ni puta gracia tenía aquello-, y con la cara de juez que me caracteriza en estos casos, advertí que tal vez lo próximo que rompiese no sería un plato sino la cara de su hija, preñada hasta la boca y, ya por entonces, casi sin poder andar, cuanto menos defenderse de un salvaje hijo de puta... Pero no, según "la Conso", luego no es nadie (estas palabras las he oído cientos de veces para justificar la violencia verbal... luego no es nadie, no, pero mientras lo es humilla, destroza la autoestima e intimida con sus insultos y sus sucias palabras), y añadía que es muy noble. Y cuando yo oía la palabra nobleza unida a la violencia se me revolvían las tripas. Al final tuvo que echarlo de casa, porque empezó a romper otras cosas y llegaba borracho y con amenazas casi todas las noches. Y cuando nació Andrés, así se llama el nieto-hijo de "la Conso", los apellidos fueron únicamente los de su madre.
Hoy me ha dicho, muy apurada, que Asuntos Sociales anda tras de ella, que no se fian de que el niño esté correctamente vacunado ni que haya pasado sus revisiones, que con la mudanza ha perdido la tarjeta de vacunación y todos los papeles, que si, por favor, le pudiese hacer un duplicado. No le he puesto pegas, le he dicho que se pase en unos minutos... ¡Ah, pero el niño a lo mejor no te sale con los apellidos de antes en el ordenador, ahora lleva los de su padre, es que ya están juntos otra vez! No sé qué cara he debido poner, si respondía a mis tripas ha debido de ser agria hasta la descomposición... Ha seguido justificándose... A ver, es su padre y ella le quiere mucho y necesita un hombre... y yo no puedo tirar de ella y del niño. ¿Y qué podrá esperar esa pobre infeliz de ese hombre?... que siga rompiendo platos, que, casi seguro, rompa vidas en mil pedazos con aristas que no casan.
Y las historias no dejan de repetirse, y la impotencia sigue siendo mi peor síndrome, el que más me hace sufrir en esta profesión que me enseña tanto de la vida. Y mañana, ese mundo de platos rotos, que ahora no dejo de rumiar, se desvanecerá a mis espaldas y me espera ese otro que me ofrece una caricia para poder continuar.
Sonando Desde mi libertad (Ana Belén).
Hace unos minutos he ido a comprar al super de la plaza, lo hago todas las tardes de guardia para estirar un poco las piernas entumecidas de no hacer nada, salvo cambiarse de asiento e ir de vez en cuando a la cocina a no comer nada. Me he encontrado por el camino con "la Conso", así se la conoce aquí. Tiene mi edad, ciento treinta kilos, casi ningún diente en su boca, dos hijos de casi veinte años y una vida cuyo argumento sería digno de protagonizar un miserable culebrón de desdichas e infortunios.
Ya no vive aquí, hace unos meses que se marchó a un pueblo de Toledo, pero hoy está de visita y, casualidades de la vida, yo pasaba por aquí y le he venido al pelo. Se separó de su marido que, según "la Conso", se la estaba pegando con una rumana. Se llevó a su hija de dieciocho años, que padece una enfermedad degenerativa que la ha postrado en una silla de ruedas, pero antes de eso se quedó preñada de un peruano, que, según "la Conso", quiere mucho a su hija pero tiene mucho genio porque, cuando no le gusta la comida, tira el plato al suelo y las harta de putas... Y me lo contó en su día como si eso fuese lo más normal del mundo, de su mundo lleno de platos rotos, de vidas rotas en pedacitos con aristas que no casan. No le reí la gracia, -ni puta gracia tenía aquello-, y con la cara de juez que me caracteriza en estos casos, advertí que tal vez lo próximo que rompiese no sería un plato sino la cara de su hija, preñada hasta la boca y, ya por entonces, casi sin poder andar, cuanto menos defenderse de un salvaje hijo de puta... Pero no, según "la Conso", luego no es nadie (estas palabras las he oído cientos de veces para justificar la violencia verbal... luego no es nadie, no, pero mientras lo es humilla, destroza la autoestima e intimida con sus insultos y sus sucias palabras), y añadía que es muy noble. Y cuando yo oía la palabra nobleza unida a la violencia se me revolvían las tripas. Al final tuvo que echarlo de casa, porque empezó a romper otras cosas y llegaba borracho y con amenazas casi todas las noches. Y cuando nació Andrés, así se llama el nieto-hijo de "la Conso", los apellidos fueron únicamente los de su madre.
Hoy me ha dicho, muy apurada, que Asuntos Sociales anda tras de ella, que no se fian de que el niño esté correctamente vacunado ni que haya pasado sus revisiones, que con la mudanza ha perdido la tarjeta de vacunación y todos los papeles, que si, por favor, le pudiese hacer un duplicado. No le he puesto pegas, le he dicho que se pase en unos minutos... ¡Ah, pero el niño a lo mejor no te sale con los apellidos de antes en el ordenador, ahora lleva los de su padre, es que ya están juntos otra vez! No sé qué cara he debido poner, si respondía a mis tripas ha debido de ser agria hasta la descomposición... Ha seguido justificándose... A ver, es su padre y ella le quiere mucho y necesita un hombre... y yo no puedo tirar de ella y del niño. ¿Y qué podrá esperar esa pobre infeliz de ese hombre?... que siga rompiendo platos, que, casi seguro, rompa vidas en mil pedazos con aristas que no casan.
Y las historias no dejan de repetirse, y la impotencia sigue siendo mi peor síndrome, el que más me hace sufrir en esta profesión que me enseña tanto de la vida. Y mañana, ese mundo de platos rotos, que ahora no dejo de rumiar, se desvanecerá a mis espaldas y me espera ese otro que me ofrece una caricia para poder continuar.
Sonando Desde mi libertad (Ana Belén).
Etiquetas: vidasrotas
Carta a Papá Noel
Querido Papá Noel:
no sé si llegará a tiempo mi carta porque como mamá nos amenazaba diciendo que este año no vendrías por casa por lo mal que nos estamos portando, la he escrito muy tarde, aunque se la daré a mi madre para que la eche en el buzón de correos del pueblo donde trabaja, que está más cerca del Polo Norte que Ciudad Real.
Este año me he portado regulín regulan y no sé si me podrás traer lo que te pido, bueno, ya sé que sabes cómo me he portado, ¿cómo no lo vas a saber?, si nos vigilan tus duendes y luego te chivan cómo nos portamos cada niño, lo tienes que saber.
A mi madre tráele el perfume que mejor huela del mundo entero, a mi padre un libro que sea su novela favorita, y a mi hermana, aunque sabes que se ha portado peor que regulín regulán, tienes que perdonarla porque dice mi madre que madura más despacio que otros niños de su edad y por eso va a su bola, así es que tráele, por favor, lo que te pide, sólo son dos cosas: una pizarra de esas que se dibuja y luego se borra con magia, y ropa para sus bebés Pablo y Paula, la ropa es muy importante, porque los tiene siempre desnudos.
Me gustaría que a los niños pobres les llevases mucha comida y agua, porque en la tele salen siempre en aldeas donde no hay ni un sólo grifo y comiendo unas papillas que tienen pinta de estar asquerosas. Esos niños no te escriben cartas porque nadie les ha dicho que existes, si no, te escribirían pidiéndote también sus regalos que seguro que serían comida y agua y algún muñeco.
Yo te pido al mono Talura, ese que sale en la Princesa de los animales, que es una peli de la Barbie, y el disco nuevo de Chenoa, no me acuerdo cómo se titula, algo de Cenicienta, averígualo tú que lo sabes todo, y, por favor, un libro nuevo para leer que tenga mil hojas, porque ya estoy harta de leerme ochenta veces la colección del Barco de vapor que me regalaron en mi primera comunión, ¡me los sé todos de memoria!, el que más me gusta es Fray Perico y su borrico, te ries un montón. Otros los saco de la biblioteca, pero duran igual de poco, como El pirata Garrapata, que lo leí en un pinpán (pispás).
Bueno, Papá Noel, yo no sé cómo te las apañas para llevarle a los niños de tantos países todo lo que te piden, debes conocerte todos los regalos del mundo entero, pero es mucho más difícil saber dónde vivimos cada uno.
Adios.
(Corregidos algunos puntos y algunas comas y faltas de ortografía, aquí queda plasmada la inocencia de los diez años de mi loca bajita mayor). Adorable, ¡ójala la vida no la cambie!
no sé si llegará a tiempo mi carta porque como mamá nos amenazaba diciendo que este año no vendrías por casa por lo mal que nos estamos portando, la he escrito muy tarde, aunque se la daré a mi madre para que la eche en el buzón de correos del pueblo donde trabaja, que está más cerca del Polo Norte que Ciudad Real.
Este año me he portado regulín regulan y no sé si me podrás traer lo que te pido, bueno, ya sé que sabes cómo me he portado, ¿cómo no lo vas a saber?, si nos vigilan tus duendes y luego te chivan cómo nos portamos cada niño, lo tienes que saber.
A mi madre tráele el perfume que mejor huela del mundo entero, a mi padre un libro que sea su novela favorita, y a mi hermana, aunque sabes que se ha portado peor que regulín regulán, tienes que perdonarla porque dice mi madre que madura más despacio que otros niños de su edad y por eso va a su bola, así es que tráele, por favor, lo que te pide, sólo son dos cosas: una pizarra de esas que se dibuja y luego se borra con magia, y ropa para sus bebés Pablo y Paula, la ropa es muy importante, porque los tiene siempre desnudos.
Me gustaría que a los niños pobres les llevases mucha comida y agua, porque en la tele salen siempre en aldeas donde no hay ni un sólo grifo y comiendo unas papillas que tienen pinta de estar asquerosas. Esos niños no te escriben cartas porque nadie les ha dicho que existes, si no, te escribirían pidiéndote también sus regalos que seguro que serían comida y agua y algún muñeco.
Yo te pido al mono Talura, ese que sale en la Princesa de los animales, que es una peli de la Barbie, y el disco nuevo de Chenoa, no me acuerdo cómo se titula, algo de Cenicienta, averígualo tú que lo sabes todo, y, por favor, un libro nuevo para leer que tenga mil hojas, porque ya estoy harta de leerme ochenta veces la colección del Barco de vapor que me regalaron en mi primera comunión, ¡me los sé todos de memoria!, el que más me gusta es Fray Perico y su borrico, te ries un montón. Otros los saco de la biblioteca, pero duran igual de poco, como El pirata Garrapata, que lo leí en un pinpán (pispás).
Bueno, Papá Noel, yo no sé cómo te las apañas para llevarle a los niños de tantos países todo lo que te piden, debes conocerte todos los regalos del mundo entero, pero es mucho más difícil saber dónde vivimos cada uno.
Adios.
(Corregidos algunos puntos y algunas comas y faltas de ortografía, aquí queda plasmada la inocencia de los diez años de mi loca bajita mayor). Adorable, ¡ójala la vida no la cambie!
Ana y unas Palabras para Julia
Hoy cumple cuarenta y dos. Podría decirse que la conozco desde siempre, como una premonición, desde aquel día en el que una alocada adolescente se me acercara, camino de la escuela, y señalándola con el dedo me dijera: mira, ésa es tu cuñada. Tengo que decir que aquella revelación me sorprendió, primero porque a mis doce años la palabra cuñada no existía en mi vocabulario, y segundo porque... si no era de la plantilla del Atlético de Madrid, dudaba que nada pudiese despertar el interés de mi hermano, además, si la timidez tuviese forma humana sería él en persona... pero, mira, mira, qué calladito se lo tenía... el tímido. Remiré con curiosidad a aquella adolescente de chispeantes ojos rasgados y piernas largas, larguísimas, cuyas revolucionadas hormonas le habían jugado la mala pasada de ponerle la cara colorada ante la osadía de su amiga, y ella me devolvió una tímida mirada mientras reprendía a ésa de la pandilla que, a esas edades, siempre nos ponen en evidencia...
La Tierra gira y gira y no deja de estar siempre en el mismo sitio... estaba escrito: ocho años después se casaba con mi hermano en un lluvioso día de mes de Abril.
Y no sé si estaba escrito, pero sucedió: cuatro meses después, con la noticia reciente de la llegada de un hijo, sábanas de seda recién estrenadas, un cielo lleno de estrellas, y un mundo de ensueño plagado de ilusiones, mi hermano moría en un accidente de trabajo... Y nos dejaba solos, tambaleándonos... Y la dejaba tremendamente sola, sin tambalearse... petrificada, convertida en una enorme sombra negra, alargada, de ojos hinchados y mirada vacía. Una sombra enlutada con un enorme estallido de esperanza en sus entrañas.
Pero este post no pretende rememorar lo inolvidable, pretende ser una felicitación... más... pretende ser un homenaje, aunque sé que será inevitable arrancar lágrimas... no importa, ¿verdad, mi querida Ana?, la vida nos ha enseñado a no reprimirlas, la vida nos ha enseñado a derramarlas y enjugarlas con la entereza del que sabe convivir con la muerte cuando se queda a vivir en casa sin que nadie la haya invitado. Ahí reside nuestra fuerza...
Y aquí estás, por decisión propia y desde tiempo inmemorial, desde la escuela, ¿recuerdas?, desde siempre, ocupando tu lugar en la familia; el de nuera, el de cuñada, el de tía (¡joder!, pues no tiene galones ni na la tita Ana, tantos o más que la tía Conchi o el tío Uge, a la par que el tío Ciri, otro tito favorito... que se lo pregunten a las locas bajitas), el de madre de la esperanza, que llegó un dieciocho de Enero con forma de varón... un pedazo esperanza que creció lo imaginable por su envergadura nada más nacer ( hoy uno noventa y tantos), y lo inimaginable porque devolvió sonrisas y arrancó carcajadas con su pueril desparpajo, ése que devolvió la ilusión de vivir y que día a día nos revive su mirada, sus andares, su nobleza, su timidez y su cabezonería... eso también... la genética, mujer, la genética, algún defectillo tenía que tener. Y tú... un pedazo madraza. Tú...una abierta ventana, por donde va tenebrosa y tímida la vida, un rayo de luz en una eterna lucha que siempre deja a la sombra vencida...
Gracias por ser parte de nosotros, es un lujo, gracias por ese hijo que siempre ha sido tan nuestro como tuyo, un lujazo, gracias por seguir estando...
Mis más sinceras felicitaciones por tus cuarenta y dos tacos...
Por cierto, se me olvidaba, a ver si llegamos un poquito antes a la cenita de Navidad, que los canapés dan mucho trabajo... Y no me vengas con que te tocó el turno de tarde y llegarás raspando, que cada día te pareces más al tito Uge... Besos.
Para ti: Palabras para Julia.
La Tierra gira y gira y no deja de estar siempre en el mismo sitio... estaba escrito: ocho años después se casaba con mi hermano en un lluvioso día de mes de Abril.
Y no sé si estaba escrito, pero sucedió: cuatro meses después, con la noticia reciente de la llegada de un hijo, sábanas de seda recién estrenadas, un cielo lleno de estrellas, y un mundo de ensueño plagado de ilusiones, mi hermano moría en un accidente de trabajo... Y nos dejaba solos, tambaleándonos... Y la dejaba tremendamente sola, sin tambalearse... petrificada, convertida en una enorme sombra negra, alargada, de ojos hinchados y mirada vacía. Una sombra enlutada con un enorme estallido de esperanza en sus entrañas.
Pero este post no pretende rememorar lo inolvidable, pretende ser una felicitación... más... pretende ser un homenaje, aunque sé que será inevitable arrancar lágrimas... no importa, ¿verdad, mi querida Ana?, la vida nos ha enseñado a no reprimirlas, la vida nos ha enseñado a derramarlas y enjugarlas con la entereza del que sabe convivir con la muerte cuando se queda a vivir en casa sin que nadie la haya invitado. Ahí reside nuestra fuerza...
Y aquí estás, por decisión propia y desde tiempo inmemorial, desde la escuela, ¿recuerdas?, desde siempre, ocupando tu lugar en la familia; el de nuera, el de cuñada, el de tía (¡joder!, pues no tiene galones ni na la tita Ana, tantos o más que la tía Conchi o el tío Uge, a la par que el tío Ciri, otro tito favorito... que se lo pregunten a las locas bajitas), el de madre de la esperanza, que llegó un dieciocho de Enero con forma de varón... un pedazo esperanza que creció lo imaginable por su envergadura nada más nacer ( hoy uno noventa y tantos), y lo inimaginable porque devolvió sonrisas y arrancó carcajadas con su pueril desparpajo, ése que devolvió la ilusión de vivir y que día a día nos revive su mirada, sus andares, su nobleza, su timidez y su cabezonería... eso también... la genética, mujer, la genética, algún defectillo tenía que tener. Y tú... un pedazo madraza. Tú...una abierta ventana, por donde va tenebrosa y tímida la vida, un rayo de luz en una eterna lucha que siempre deja a la sombra vencida...
Gracias por ser parte de nosotros, es un lujo, gracias por ese hijo que siempre ha sido tan nuestro como tuyo, un lujazo, gracias por seguir estando...
Mis más sinceras felicitaciones por tus cuarenta y dos tacos...
Por cierto, se me olvidaba, a ver si llegamos un poquito antes a la cenita de Navidad, que los canapés dan mucho trabajo... Y no me vengas con que te tocó el turno de tarde y llegarás raspando, que cada día te pareces más al tito Uge... Besos.
Para ti: Palabras para Julia.
Etiquetas: ana
Propósitos, sugerencias e intenciones
¡Ya me cansé! Después de un año de pérdidas, cambios, decisiones, indecisiones y crisis propias y ajenas que me ha sumido en un largo periodo de alarmante melancolía, desidia, apatía, astenia e incluso estulticia, retomo las riendas de mi persona para recibir 2008 como se merece: con una sonrisa de oreja a oreja (de la que seguro tendrá parte de culpa un buen cabernet sauvignon Dehesa del Carrizal), y moviendo el cuerpo al compás de la música; la vida tiene multitud de ritmos... (da igual salsa, rumba, disco, un estruendoso rock o una dulce melodia... me atrevo con lo que me echen).
Aviso a amigos, compañeros de trabajo y familiares que dejen de mandar a mi correo pasteleros mensajes de Navidad con consabidos deseos de Paz y Amor, y ,encima, con la coletilla de que se lo envie (además en tiempo récord, por ejemplo: en los próximos dos minutos... ¡serán cabrones!...) a otros 15, para que se cumplan mis anhelos, o para que tras ello, ¡es alucinante!, pulse F5 y salga el nombre del hombre de mis sueños... vamos, cojones, que ya tenemos cuarenta años para creer en semejantes gilipolleces... además, no conozco a ningun Daniel. Yo os quiero mucho y os deseo todo lo mejor, y sé que el sentimiento es mutuo. Absteneos de enviar ninguna felicitación navideña que no sea un crisma de Pierce Brosnan o Eduardo Noriega sin más atuendo que un gorrito de Papa Noel... en la cabeza. Lo de los calendarios de bomberos o policias también está muy visto.
Ahora, vayamos a los regalos. A mi marido le pediría que no pierda el tiempo en buscarme cremitas para la cara, ni perfumes de Christian Dior (además de no acertar nunca en el tipo de piel, en cuanto al perfume, prefiero a Adolfo Domínguez o a Victorio y Lucchino). El regalo que yo deseo para 2008 es otro: un hijo que nos convierta en familia numerosa. Ahora que está de moda ser madre a los cuarenta, o después, yo quiero unirme al glamuroso club... (Esta noche está de cena de empresa, y leerá el post un poco resacoso... Pasará de la resaca al infarto, directamente. Si hace como que no lo ha leído, aunque lo del disimulo de le da fatal, ya me encargaré yo de decírselo cuando lo tenga embebido entre mis... ojos).
Vale, vale, que no cunda el pánico... lo del hijo es una broma... Leonor ya está muy mayor, y eso de volver a los pañales, a las malas noches, a pedir excencia en el trabajo por cuidado de hijo, ¡con lo que ha encarecido la vida el euro! Mejor pido otro regalo... Eres el mejor regalo, no busques más.
No hago declaración de intenciones de dejar ningún vicio, no me da la gana. No pienso iniciar ninguna dieta a principios de año, ni pienso perder ni un sólo gramo porque no me dejarían desfilar en Cibeles... yo, al igual que la Princesa de Asturias, reivindico mi derecho a ser delgada, y a que no me suban el tallaje de los pantalones, ¡joder!, que voy a terminar comprándome la ropa en la sección infantil de Benetton. No voy a prometer ser mejor porque soy como soy, no sabría ser de otra manera. No pido que me toque la lotería, aunque pienso que el dinero contribuye, si no a la felicidad, sí a la despreocupación. Creo a pies juntillas que el tabaco mata, pero un cigarrillo fumado a deseo da un inmenso placer (como todo lo que se pilla a deseo), y que el olor y el sabor del café y su destilado licor me crean una dependencia sin la que no sabría vivir.
Espero que no me falte el ánimo y las ganas de seguir, para mimar mi patio como se merece, empezando por unos canapés en estas noches de cenas familiares, con los que os chupareis los dedos y con los que os garantizo un orgasmo... metafísico en vuestros paladares, el físico... apañaos como podais. Seguiré leyendo a mis enseres, y espero que me sigais acompañando, si no es así ¡qué os den!... mucha Felicidad allá donde esteis.
Y ahora me voy a comer un Mon Chéri... o dos... y me voy a dormir que es tardísimo...

PD: Tal que así, pero si es posible que haya salido completamente de la ducha, mejor. Gracias.
Aviso a amigos, compañeros de trabajo y familiares que dejen de mandar a mi correo pasteleros mensajes de Navidad con consabidos deseos de Paz y Amor, y ,encima, con la coletilla de que se lo envie (además en tiempo récord, por ejemplo: en los próximos dos minutos... ¡serán cabrones!...) a otros 15, para que se cumplan mis anhelos, o para que tras ello, ¡es alucinante!, pulse F5 y salga el nombre del hombre de mis sueños... vamos, cojones, que ya tenemos cuarenta años para creer en semejantes gilipolleces... además, no conozco a ningun Daniel. Yo os quiero mucho y os deseo todo lo mejor, y sé que el sentimiento es mutuo. Absteneos de enviar ninguna felicitación navideña que no sea un crisma de Pierce Brosnan o Eduardo Noriega sin más atuendo que un gorrito de Papa Noel... en la cabeza. Lo de los calendarios de bomberos o policias también está muy visto.
Ahora, vayamos a los regalos. A mi marido le pediría que no pierda el tiempo en buscarme cremitas para la cara, ni perfumes de Christian Dior (además de no acertar nunca en el tipo de piel, en cuanto al perfume, prefiero a Adolfo Domínguez o a Victorio y Lucchino). El regalo que yo deseo para 2008 es otro: un hijo que nos convierta en familia numerosa. Ahora que está de moda ser madre a los cuarenta, o después, yo quiero unirme al glamuroso club... (Esta noche está de cena de empresa, y leerá el post un poco resacoso... Pasará de la resaca al infarto, directamente. Si hace como que no lo ha leído, aunque lo del disimulo de le da fatal, ya me encargaré yo de decírselo cuando lo tenga embebido entre mis... ojos).
Vale, vale, que no cunda el pánico... lo del hijo es una broma... Leonor ya está muy mayor, y eso de volver a los pañales, a las malas noches, a pedir excencia en el trabajo por cuidado de hijo, ¡con lo que ha encarecido la vida el euro! Mejor pido otro regalo... Eres el mejor regalo, no busques más.
No hago declaración de intenciones de dejar ningún vicio, no me da la gana. No pienso iniciar ninguna dieta a principios de año, ni pienso perder ni un sólo gramo porque no me dejarían desfilar en Cibeles... yo, al igual que la Princesa de Asturias, reivindico mi derecho a ser delgada, y a que no me suban el tallaje de los pantalones, ¡joder!, que voy a terminar comprándome la ropa en la sección infantil de Benetton. No voy a prometer ser mejor porque soy como soy, no sabría ser de otra manera. No pido que me toque la lotería, aunque pienso que el dinero contribuye, si no a la felicidad, sí a la despreocupación. Creo a pies juntillas que el tabaco mata, pero un cigarrillo fumado a deseo da un inmenso placer (como todo lo que se pilla a deseo), y que el olor y el sabor del café y su destilado licor me crean una dependencia sin la que no sabría vivir.
Espero que no me falte el ánimo y las ganas de seguir, para mimar mi patio como se merece, empezando por unos canapés en estas noches de cenas familiares, con los que os chupareis los dedos y con los que os garantizo un orgasmo... metafísico en vuestros paladares, el físico... apañaos como podais. Seguiré leyendo a mis enseres, y espero que me sigais acompañando, si no es así ¡qué os den!... mucha Felicidad allá donde esteis.
Y ahora me voy a comer un Mon Chéri... o dos... y me voy a dormir que es tardísimo...

PD: Tal que así, pero si es posible que haya salido completamente de la ducha, mejor. Gracias.
Darse un tiempo
Este año comenzaba con el anuncio de una separación: una de nuestras parejas amigas, de cañas de viernes y cenas de sábados invernales en una u otra casa, ponía fin a catorce años de vida en común. Nosotros éramos el entorno, ése que también se ve afectado cuando suceden estas cosas. A la noticia, que llegó a nuestros oídos por terceros amigos, le seguieron días de conmoción y espera; conmoción porque, ante estos acontecimientos, juro que inesperados, una se da cuenta de que cualquier presunción sobre las vidas ajenas es sólo eso, una presunción. Conmoción porque es inevitable mirar hacia dentro, y es inevitable la reflexión sobre tu propia vida de pareja: porqué seguimos juntos, qué nos une, qué nos mantiene, qué nos falta... piensas si serás tú la próxima, como si las rupturas de las parejas se eligieran al azar, o como si de una enfermedad infectocontagiosa se tratara, de la que formas parte de su grupo de riesgo. Y es inevitable que el fantasma de la inseguridad planee a sus anchas, al menos durante un tiempo, sobre la cabeza mientras intentas ahuyentarlo como si se tratara de una mosca cojonera que no te deja tranquila.
Recordaba que tan sólo unas semanas antes, en la Noche Buena, ella llamaba mi atención sobre su marido y me decía si no me había dado cuenta de lo guapísimo que estaba... en fin... me pareció igual de guapo, o de feo, que siempre. Aquella noche la vi especialmente acaramelada con su pareja, todo el tiempo abrazada a él y dedicándole toda su atención. Y él... él tenía la misma actitud que si llevase colgado un bolso que, aunque estorba, lo necesitas para llevar el tabaco, y el lápiz de labios, y los clines, y el monedero, y la compresa o el tampón, etc,etc..., otras te preguntas que para qué coño lo has cogido si te puedes arreglar con el bolsillo de tu cazadora, y otras piensas que no te conjunta nada con lo que llevas puesto... Pero a aquella pasiva actitud no le di mayor importancia... Hay días en los que uno u otro se muestra poco receptivo ante las caricias... Nunca hubiese imaginado que aquello era un intento desesperado de achicar agua en una barca que zozobraba, irremediablemente, en el inconmensurable mar de los fracasos. Uno más.
Esperé un tiempo prudencial una llamada de teléfono que no se producía. Entonces fui yo la que decidió dar el primer sorbo del amargo trago, al menos para mí lo era. Hice esa llamada sin saber muy bien qué decir ni cómo empezar la conversación, así es que con las tripas revueltas y el estómago encogido saludé a mi amiga con un simple hola A., ¿cómo estás?... y una respuesta que no se hizo esperar. Al otro lado del teléfono me contestó una voz abatida, triste, a veces quebrada, como si le faltara nada para romperse en llanto, pero carraspeaba y remontaba en su ánimo herido para seguir diciéndome que simplemente le había dicho que ya no la quería como antes, que quería seguir su vida sin ella. Ante mi insinuación de que, tal vez, necesitaba un tiempo (el tiempo de muchos hombres lo determina su éxito con la antena parabólica de su entrepierna) y que seguro volvería, ella dictó sentencia: no va a volver, lo tiene claro. Yo dictaminé la mía: valiente cabronazo, sincero y consecuente, pero cabronazo.
Desde entonces ha pasado casi un año, y seguimos tomándonos juntos las cañas de los viernes, incluso hemos cenado, como siempre, en alguna terraza de verano. Es curiosa la manera de sobrevivir de unos y de otros ante el nuevo estatus... digno de estudio... A ojos ajenos no parece que sus vidas hayan cambiado. Desmuestran al mundo que son una pareja de lo más civilizado, o tal vez no, ya no quiero presuponer nada. Para mí son un claro ejemplo de lo que yo no haría jamás de los jamases: tomarme cervecitas con mi ex, como mucho compartiría días de cumpleaños de las niñas y porque no me quede más remedio. Los ex con derecho a roce nunca me han convencido.
Ella sigue hablando de él con terceras personas como su marido, cuando se da cuenta se ríe y dice que no se acostumbra al -ex. Él vive su retomada soltería como si el mundo se fuese a acabar mañana (y el día menos pensado va a ser verdad como siga con ese tren de vida... la hipertensión, el hígado... en fin, ya se sabe, la ansiada libertad conlleva excesos de todo tipo, algunos poco saludables).
Luego, cuando la puerta se cierra -se me antoja pensar en lo que yo viviría- queda la noche, la oscura, la del rotundo silencio, la de la cama vacía, aunque esté llena de un cuerpo casi siempre sin nombre, la de las sábanas frías y los sueños solitarios, con o sin sentido... o lo que es peor: la ausencia de sueños.
Ella sigue a la espera, no lo dice, pero no hay más que verla... espera su caída en picado, espera a que se estrelle contra el suelo para recogerlo y curarle su pupita... Ella sí le está dando su tiempo, porque ella le sigue guardando un espacio en sus sueños. Y sigo conjeturando vidas, adivinando intenciones y pensamientos, y seguramente me equivoque... tiempo al tiempo.
Sonando Alberto Cortez: " Como el primer día"

Recordaba que tan sólo unas semanas antes, en la Noche Buena, ella llamaba mi atención sobre su marido y me decía si no me había dado cuenta de lo guapísimo que estaba... en fin... me pareció igual de guapo, o de feo, que siempre. Aquella noche la vi especialmente acaramelada con su pareja, todo el tiempo abrazada a él y dedicándole toda su atención. Y él... él tenía la misma actitud que si llevase colgado un bolso que, aunque estorba, lo necesitas para llevar el tabaco, y el lápiz de labios, y los clines, y el monedero, y la compresa o el tampón, etc,etc..., otras te preguntas que para qué coño lo has cogido si te puedes arreglar con el bolsillo de tu cazadora, y otras piensas que no te conjunta nada con lo que llevas puesto... Pero a aquella pasiva actitud no le di mayor importancia... Hay días en los que uno u otro se muestra poco receptivo ante las caricias... Nunca hubiese imaginado que aquello era un intento desesperado de achicar agua en una barca que zozobraba, irremediablemente, en el inconmensurable mar de los fracasos. Uno más.
Esperé un tiempo prudencial una llamada de teléfono que no se producía. Entonces fui yo la que decidió dar el primer sorbo del amargo trago, al menos para mí lo era. Hice esa llamada sin saber muy bien qué decir ni cómo empezar la conversación, así es que con las tripas revueltas y el estómago encogido saludé a mi amiga con un simple hola A., ¿cómo estás?... y una respuesta que no se hizo esperar. Al otro lado del teléfono me contestó una voz abatida, triste, a veces quebrada, como si le faltara nada para romperse en llanto, pero carraspeaba y remontaba en su ánimo herido para seguir diciéndome que simplemente le había dicho que ya no la quería como antes, que quería seguir su vida sin ella. Ante mi insinuación de que, tal vez, necesitaba un tiempo (el tiempo de muchos hombres lo determina su éxito con la antena parabólica de su entrepierna) y que seguro volvería, ella dictó sentencia: no va a volver, lo tiene claro. Yo dictaminé la mía: valiente cabronazo, sincero y consecuente, pero cabronazo.
Desde entonces ha pasado casi un año, y seguimos tomándonos juntos las cañas de los viernes, incluso hemos cenado, como siempre, en alguna terraza de verano. Es curiosa la manera de sobrevivir de unos y de otros ante el nuevo estatus... digno de estudio... A ojos ajenos no parece que sus vidas hayan cambiado. Desmuestran al mundo que son una pareja de lo más civilizado, o tal vez no, ya no quiero presuponer nada. Para mí son un claro ejemplo de lo que yo no haría jamás de los jamases: tomarme cervecitas con mi ex, como mucho compartiría días de cumpleaños de las niñas y porque no me quede más remedio. Los ex con derecho a roce nunca me han convencido.
Ella sigue hablando de él con terceras personas como su marido, cuando se da cuenta se ríe y dice que no se acostumbra al -ex. Él vive su retomada soltería como si el mundo se fuese a acabar mañana (y el día menos pensado va a ser verdad como siga con ese tren de vida... la hipertensión, el hígado... en fin, ya se sabe, la ansiada libertad conlleva excesos de todo tipo, algunos poco saludables).
Luego, cuando la puerta se cierra -se me antoja pensar en lo que yo viviría- queda la noche, la oscura, la del rotundo silencio, la de la cama vacía, aunque esté llena de un cuerpo casi siempre sin nombre, la de las sábanas frías y los sueños solitarios, con o sin sentido... o lo que es peor: la ausencia de sueños.
Ella sigue a la espera, no lo dice, pero no hay más que verla... espera su caída en picado, espera a que se estrelle contra el suelo para recogerlo y curarle su pupita... Ella sí le está dando su tiempo, porque ella le sigue guardando un espacio en sus sueños. Y sigo conjeturando vidas, adivinando intenciones y pensamientos, y seguramente me equivoque... tiempo al tiempo.
Sonando Alberto Cortez: " Como el primer día"

Una caja de cartón
Busco mi particular escalera: una vieja trona de madera pintada de color caramelo. Trepo por ella hasta llegar al asiento, pero la corta estatura de mis ocho años es insuficiente para alcanzar mi objetivo. Tomo una teneraria decisión: poner mis diminutos pies en los reposabrazos, y juego a ser la mejor equilibrista en mi particular circo de fantasía. Un cuerpo menudo se desenvuelve hacia arriba, a la vez que unos brazos se estiran cuanto pueden, seguros de su victoria tras la arriesgada subida del último peldaño, con la certeza de que los dedos hallarán a tientas el trofeo.
He vencido la distancia que separa mi niñez de una caja de cartón que espera, año tras años, en lo alto de un viejo armario de cocina, de madera de roble reseca y agrietada. Una caja de cartón que cada año, al ser descubierta, desata sus particulares truenos: los de la ilusión, la fantasia y la imaginación.
Dentro de ella, revueltos, en evidente estado de caos, un S. José de nariz rota se mezcla con una piara de cerdos, a cual más diminuto. Una mula, sin oreja derecha, descansa tripa arriba entre unos pavos y unas ocas. Hay una pastora de brazos en jarras y cubo en la cabeza, como la mismísima protagonista del cuento de la lechera, que mantiene en perfecto equilibrio, sin derramar una gota, a pesar de estar tumbada encima de uno de los camellos. Los Reyes Magos, de desconchadas túnicas y desaparecidas coronas, se desperdigan por tres de las esquinas, en la cuarta se encuentra una Virgen de cabellos de oro y manto azul agrietado, con olor a pegamento. Tres pajes, uno de ellos de color del chocolate al que dan ganas de morderlo, parecen buscar el calor de los corderos y de un buey con cara de malas pulgas.
Y el Niño, ¿dónde está el Niño? Mi mano impaciente agita a todos de un lado para otro, los revuelve, los coge a puñados, los levanta... Mi mirada requiere la presencia del que falta y hace un escrutinio del fondo casi vacío de la caja, y no ve... no encuentra... Las manos sueltan a sus presas y ahora los aparta, uno por uno... ¡Por fin!, aquí estás... el Niño perdido y hallado en el templo de cartón.
Mi madre se encarga de crear el escenario donde cobrarán vida los inquilinos de esta caja, bajo la atenta e impaciente mirada de grandes ojos redondos, seis u ocho por lo menos. Lo hará como sólo ella sabe hacerlo, con esmero y con ingenio. Irá dándole su lugar, uno por uno, en medio de un paisaje cubierto de musgo con olor a escarcha, a hogueras de ramón y a mañanas de aceituna. En medio de un riachuelo de papel de aluminio que serpenteará entre pastores con sus rebaños. En medio de un tronco viejo de olivo, hueco por la carcoma, que dará cobijo a una mula sin oreja, a una Virgen con olor a pegamento, a un S. José sin nariz, a un buey con cara de pocos amigos y a un Niño perdido. En medio de un paisaje nevado con un fino manto de espolvoreada harina. Todo ello al abrigo, no de un pino, sino de una frondosa rama de encina, engalanada de espumillones de colores y salpicada de mágicas bolas de cristal.
Esa trona aún existe. Ya no hay caja de cartón, ni estáticos escenarios que cobren vida en mi imaginación. Aún quedan en algún cajón de un viejo mueble de cocina algún cerdito cojo o un ganso olvidado, alguna oveja descarriada o sin amo. Todo lo demás quedó flotando en el recuerdo, en la nostalgia y en el anhelo de volver a ser los que éramos.
He crecido demasiado, tanto como para que la vieja trona ya no aguante mi peso, y ahora la madre soy yo, pero yo no recreo escenarios... yo pinto colores en un árbol.

He vencido la distancia que separa mi niñez de una caja de cartón que espera, año tras años, en lo alto de un viejo armario de cocina, de madera de roble reseca y agrietada. Una caja de cartón que cada año, al ser descubierta, desata sus particulares truenos: los de la ilusión, la fantasia y la imaginación.
Dentro de ella, revueltos, en evidente estado de caos, un S. José de nariz rota se mezcla con una piara de cerdos, a cual más diminuto. Una mula, sin oreja derecha, descansa tripa arriba entre unos pavos y unas ocas. Hay una pastora de brazos en jarras y cubo en la cabeza, como la mismísima protagonista del cuento de la lechera, que mantiene en perfecto equilibrio, sin derramar una gota, a pesar de estar tumbada encima de uno de los camellos. Los Reyes Magos, de desconchadas túnicas y desaparecidas coronas, se desperdigan por tres de las esquinas, en la cuarta se encuentra una Virgen de cabellos de oro y manto azul agrietado, con olor a pegamento. Tres pajes, uno de ellos de color del chocolate al que dan ganas de morderlo, parecen buscar el calor de los corderos y de un buey con cara de malas pulgas.
Y el Niño, ¿dónde está el Niño? Mi mano impaciente agita a todos de un lado para otro, los revuelve, los coge a puñados, los levanta... Mi mirada requiere la presencia del que falta y hace un escrutinio del fondo casi vacío de la caja, y no ve... no encuentra... Las manos sueltan a sus presas y ahora los aparta, uno por uno... ¡Por fin!, aquí estás... el Niño perdido y hallado en el templo de cartón.
Mi madre se encarga de crear el escenario donde cobrarán vida los inquilinos de esta caja, bajo la atenta e impaciente mirada de grandes ojos redondos, seis u ocho por lo menos. Lo hará como sólo ella sabe hacerlo, con esmero y con ingenio. Irá dándole su lugar, uno por uno, en medio de un paisaje cubierto de musgo con olor a escarcha, a hogueras de ramón y a mañanas de aceituna. En medio de un riachuelo de papel de aluminio que serpenteará entre pastores con sus rebaños. En medio de un tronco viejo de olivo, hueco por la carcoma, que dará cobijo a una mula sin oreja, a una Virgen con olor a pegamento, a un S. José sin nariz, a un buey con cara de pocos amigos y a un Niño perdido. En medio de un paisaje nevado con un fino manto de espolvoreada harina. Todo ello al abrigo, no de un pino, sino de una frondosa rama de encina, engalanada de espumillones de colores y salpicada de mágicas bolas de cristal.
Esa trona aún existe. Ya no hay caja de cartón, ni estáticos escenarios que cobren vida en mi imaginación. Aún quedan en algún cajón de un viejo mueble de cocina algún cerdito cojo o un ganso olvidado, alguna oveja descarriada o sin amo. Todo lo demás quedó flotando en el recuerdo, en la nostalgia y en el anhelo de volver a ser los que éramos.
He crecido demasiado, tanto como para que la vieja trona ya no aguante mi peso, y ahora la madre soy yo, pero yo no recreo escenarios... yo pinto colores en un árbol.

Y sigo con el talante
Ni el vaporizador de Agua de Rosas de Adolfo Domínguez ha podido disfrazar el agrio talante con el que hoy me levanto.
Las 24 rosas de Diana Navarro es infumable y las cambio por Maná y su Amar es combatir... que hoy estoy guerrera.
En estos días de mal talante, además, parecen sumarse todas las poderosas, por ejemplo: una hora de espesa niebla en la que el viaje simula un eterno encuentro en la tercera fase en medio de ese blanco y húmedo escenario por el que, de un momento a otro, puedan surgir de la abrumadora nada unas luces de colores dando vueltecitas en un diminuto platillo volante. ¡Joer!, hoy tengo que adivinar mentalmente las lineas blancas de la carretera. El cuentakilómetros y el reloj me dicen más o menos por dónde me ando, mientras la mirada se clava, atenta, en ese reducido espacio visual que la bruma se presta a regalar por delante de las narices, y por el que, inútilmente, se abren paso las anuladas antiniebla del coche. Paciencia, al menos el espeso y húmedo frío no entra en mi habitáculo móvil.
Y entro por la puerta del centro como si viniese de un campo de batalla, con la soledad del guerrero a mis espaldas... y siete horas por delante. Intercambio impresiones con mi compañero, me enfundo en la bata blanca, conecto el ordenador e inicio sesión con mi clave de acceso, y de nuevo otra clave de usuario para poder abrir mi agenda, ******, ya está... y siguen sumándose poderosas: en la lista de citados de hoy: Pepita Perez, o da igual el nombre, pero hoy no la aguanto, en otras ocasiones la sufro, pero hoy no sé yo... Siempre con el mismo rollo paranoico y sin tomar aliento desde el momento que pone el culo en el sillón de confidente: lo mal que le van a ella los genéricos, ¡con todo lo que ha pagado ella a la Seguridad Social! (que la Seguridad Social se lo devolvió todico, vía oral, el primer año que pasó a ser pensionista, y desde entonces, hasta el día de hoy, se lo damos gratis el resto de contribuyentes, pero de eso su paranoia no es consciente) para que ahora le den veneno y no lo que ella quiere tomar, porque el Omeprazol y la Nucleosina no son lo mismo, que se lo ha dicho a ella el especialista de Digestivo de Ciudad Real, con lo mal que ella tiene su hernia de hiato. Además, el médico de Navas es de lo peor, la trata como si no existiese y no le hace ni caso, (¡quién fuera en este momento el médico de Navas!)... y bla, bla, bla, bla... ¡Basta!, tomo aliento, para no quedarme sin él mientras disparo: Vamos a ver, Pepita Perez, cambie usted el disco que éste ya está muy rallado, además, hoy llevo prisa, hay mucha gente esperando. Ala, aquí tiene usted su próxima cita, para finales de Enero. Su tensión está estupendamente, coma y mastique usted más despacio y no devore la comida como una loba, ¡ah!, y deje de comer chorizo y de pringar el tocino del cocido, y de comer mantecados a deshora, su hernia se lo agradecerá. Y salga a pasear, que se pasa la vida tirada en el sillón. En cuanto a sus medicamentos, esto es lo que hay, presente usted una queja al mismísimo Gerente de Area. Adios, muy buenas, diga usted a Fulanito que pase, que le toca... Y la dejo con la palabra en la boca... Nada, nada, que hoy no es día de talante, que soy humana... Hoy que no me roce ni la ropa, que muerdo, como la del chiste:
- Oye, tú...
- ¡Pues anda que tú...!
Pues eso, esta tarde yoga... pero ahora, que pase el siguiente...
Las 24 rosas de Diana Navarro es infumable y las cambio por Maná y su Amar es combatir... que hoy estoy guerrera.
En estos días de mal talante, además, parecen sumarse todas las poderosas, por ejemplo: una hora de espesa niebla en la que el viaje simula un eterno encuentro en la tercera fase en medio de ese blanco y húmedo escenario por el que, de un momento a otro, puedan surgir de la abrumadora nada unas luces de colores dando vueltecitas en un diminuto platillo volante. ¡Joer!, hoy tengo que adivinar mentalmente las lineas blancas de la carretera. El cuentakilómetros y el reloj me dicen más o menos por dónde me ando, mientras la mirada se clava, atenta, en ese reducido espacio visual que la bruma se presta a regalar por delante de las narices, y por el que, inútilmente, se abren paso las anuladas antiniebla del coche. Paciencia, al menos el espeso y húmedo frío no entra en mi habitáculo móvil.
Y entro por la puerta del centro como si viniese de un campo de batalla, con la soledad del guerrero a mis espaldas... y siete horas por delante. Intercambio impresiones con mi compañero, me enfundo en la bata blanca, conecto el ordenador e inicio sesión con mi clave de acceso, y de nuevo otra clave de usuario para poder abrir mi agenda, ******, ya está... y siguen sumándose poderosas: en la lista de citados de hoy: Pepita Perez, o da igual el nombre, pero hoy no la aguanto, en otras ocasiones la sufro, pero hoy no sé yo... Siempre con el mismo rollo paranoico y sin tomar aliento desde el momento que pone el culo en el sillón de confidente: lo mal que le van a ella los genéricos, ¡con todo lo que ha pagado ella a la Seguridad Social! (que la Seguridad Social se lo devolvió todico, vía oral, el primer año que pasó a ser pensionista, y desde entonces, hasta el día de hoy, se lo damos gratis el resto de contribuyentes, pero de eso su paranoia no es consciente) para que ahora le den veneno y no lo que ella quiere tomar, porque el Omeprazol y la Nucleosina no son lo mismo, que se lo ha dicho a ella el especialista de Digestivo de Ciudad Real, con lo mal que ella tiene su hernia de hiato. Además, el médico de Navas es de lo peor, la trata como si no existiese y no le hace ni caso, (¡quién fuera en este momento el médico de Navas!)... y bla, bla, bla, bla... ¡Basta!, tomo aliento, para no quedarme sin él mientras disparo: Vamos a ver, Pepita Perez, cambie usted el disco que éste ya está muy rallado, además, hoy llevo prisa, hay mucha gente esperando. Ala, aquí tiene usted su próxima cita, para finales de Enero. Su tensión está estupendamente, coma y mastique usted más despacio y no devore la comida como una loba, ¡ah!, y deje de comer chorizo y de pringar el tocino del cocido, y de comer mantecados a deshora, su hernia se lo agradecerá. Y salga a pasear, que se pasa la vida tirada en el sillón. En cuanto a sus medicamentos, esto es lo que hay, presente usted una queja al mismísimo Gerente de Area. Adios, muy buenas, diga usted a Fulanito que pase, que le toca... Y la dejo con la palabra en la boca... Nada, nada, que hoy no es día de talante, que soy humana... Hoy que no me roce ni la ropa, que muerdo, como la del chiste:
- Oye, tú...
- ¡Pues anda que tú...!
Pues eso, esta tarde yoga... pero ahora, que pase el siguiente...
Talante
Hay días en los que, inexplicablemente, te levantas con talante indispuesto. Y el talante, el buen talante, es fundamental en mi profesión... y en la de Rodríguez Zapatero, que nos ha hecho olvidar las muletillas más famosas de la política española por esta palabra: Talante... Indiscutible también el talante en el trabajo de Rey de España (para los antimonárquicos afirmo que ser monarca es un puesto de trabajo, como el de Primer Ministro republicano, ¿qué más da?, y muy mal pagado e infravalorado en este país. Sí, sí, me remito a la corona inglesa, a la holandesa, a la belga, al mismísimo emperador japonés y a nuestro vecino Mohammed VI, cuyos derroches convierten a la asignación anual a nuestra Familia Real en peccata minuta)... Y retomando el talante monárquico, se me ocurre el día del famoso ¿por qué no te callas?. Un día que tendrá que tener efeméride, por ser el Día de su primer discurso improvisado, tan breve: una frase farfullada acompañada de un dedo inquisitorial, y otra de cinco palabras entre signos de interrogación, ya no sé si retórica o no; tan conciso: de claro significado; y tan contundente. Un día de un comedido talante en el que su excelsa Magestad se mordió la lengua para no añadir otras tres palabras:... dictador de pacotilla.
Espero que tras la reiterada petición por parte del ubicuo y todopoderoso Chávez de que la Corona Española se baje los pantalones ante su insigne persona, el Rey, como mucho, se afloje un agujero de su cinturón porque le apriete el orgullo, no sólo por el intento (y digo intento porque es obvio que el iluminado no se calla ni debajo del agua) de tarpar la boca a un opresor que alimenta a su pueblo con el opio de la ignorancia, sino porque, ya que hay quienes se empeñan, en un alarde de Amnesia Histórica, en no reconocer su decisivo papel en la Transición y en el mantenimiento de la Democracia en este ingrato país, ya que se agita desde algunos medios y desde determinados partidos políticos a impúberes con suspenso en Historia (y en casi todo) a quemar su magestuosa fotografía, al menos ha dejado pronunciada ante el mundo entero la frase por la que pasará a los anales de la Historia... Y después de eso, ¿para qué queremos a Bono como sucesor de Manuel Marín?, si su graciosa Magestad tuviese a bien ocupar dicho cargo, yo no me perdería ni un sólo debate de sobre el Estado de la Nación.
Pero sigamos con el talante... el de el señor Rajoy y su firme promesa electoral de bajar los impuestos... Y yo venga a echar cuentas: si los ricos no van a pagar ni un duro por el impuesto de sucesiones, que es por donde únicamente se les puede pillar algo, si a los mileuristas les vamos a pagar el alquiler de su vivienda o se las vamos a dar gratis para que sus mil euros los tengan a bien gastar en juergas y viajecitos de fines de semana (¿qué pensará de esto mi padre, que trabajó de sol a sol desde sus veinticinco hasta sus sesenta y cinco, sin trabajo fijo, sin más sueldo que entrase en casa, y con seis de familia?, y ahí está, con tres hijos universitarios, casa propia y todavía le dió para comprar alguna olivilla), si el gasto del SESCAM cada año aumenta en un veinte por ciento, si las prestaciones sociales como ayudas a domicilio, pensines no contributivas, etc, etc, aumentan como la fiesta de la espuma, si vamos a dar una cobertura social sin precedentes en toda Europa... y unos ocho millones, entre mileuristas y ricos, no van a pagar ni un duro... las cuentas sólo salen si despluman a los que quedan en medio, es decir, a mí, convirtiendo mi sueldo, por obra y gracia de las gravaciones fiscales, en unos mil euros (porque por ser una curranta que ni la gripe la hace faltar al trabajo, por pagar religiosamente cada año a Hacienda, por haber dado a este país dos ciudadanas más y contribuir a que nuestros ancianos vivan mejor, etc, etc, el beneficio fiscal es CERO), decía..., en unos mil euros, con los cuales tengo que pagar una hipoteca y sacar a una familia adelante, porque a mí la moda de vivir al día y sin compromisos de ninguna clase me llegó tarde. Y como diría Miguel Bosé: así nos va... y yo añado: y lo que nos quedará por ver.
Malos tiempos se avecinan, a pesar del talante.

Espero que tras la reiterada petición por parte del ubicuo y todopoderoso Chávez de que la Corona Española se baje los pantalones ante su insigne persona, el Rey, como mucho, se afloje un agujero de su cinturón porque le apriete el orgullo, no sólo por el intento (y digo intento porque es obvio que el iluminado no se calla ni debajo del agua) de tarpar la boca a un opresor que alimenta a su pueblo con el opio de la ignorancia, sino porque, ya que hay quienes se empeñan, en un alarde de Amnesia Histórica, en no reconocer su decisivo papel en la Transición y en el mantenimiento de la Democracia en este ingrato país, ya que se agita desde algunos medios y desde determinados partidos políticos a impúberes con suspenso en Historia (y en casi todo) a quemar su magestuosa fotografía, al menos ha dejado pronunciada ante el mundo entero la frase por la que pasará a los anales de la Historia... Y después de eso, ¿para qué queremos a Bono como sucesor de Manuel Marín?, si su graciosa Magestad tuviese a bien ocupar dicho cargo, yo no me perdería ni un sólo debate de sobre el Estado de la Nación.
Pero sigamos con el talante... el de el señor Rajoy y su firme promesa electoral de bajar los impuestos... Y yo venga a echar cuentas: si los ricos no van a pagar ni un duro por el impuesto de sucesiones, que es por donde únicamente se les puede pillar algo, si a los mileuristas les vamos a pagar el alquiler de su vivienda o se las vamos a dar gratis para que sus mil euros los tengan a bien gastar en juergas y viajecitos de fines de semana (¿qué pensará de esto mi padre, que trabajó de sol a sol desde sus veinticinco hasta sus sesenta y cinco, sin trabajo fijo, sin más sueldo que entrase en casa, y con seis de familia?, y ahí está, con tres hijos universitarios, casa propia y todavía le dió para comprar alguna olivilla), si el gasto del SESCAM cada año aumenta en un veinte por ciento, si las prestaciones sociales como ayudas a domicilio, pensines no contributivas, etc, etc, aumentan como la fiesta de la espuma, si vamos a dar una cobertura social sin precedentes en toda Europa... y unos ocho millones, entre mileuristas y ricos, no van a pagar ni un duro... las cuentas sólo salen si despluman a los que quedan en medio, es decir, a mí, convirtiendo mi sueldo, por obra y gracia de las gravaciones fiscales, en unos mil euros (porque por ser una curranta que ni la gripe la hace faltar al trabajo, por pagar religiosamente cada año a Hacienda, por haber dado a este país dos ciudadanas más y contribuir a que nuestros ancianos vivan mejor, etc, etc, el beneficio fiscal es CERO), decía..., en unos mil euros, con los cuales tengo que pagar una hipoteca y sacar a una familia adelante, porque a mí la moda de vivir al día y sin compromisos de ninguna clase me llegó tarde. Y como diría Miguel Bosé: así nos va... y yo añado: y lo que nos quedará por ver.
Malos tiempos se avecinan, a pesar del talante.
