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Rinconeras y retales de la memoria
Acerca de
Desde un lugar de la Mancha... Entre manos El Juego del Ángel de Carlos Ruiz Zafón
Sindicación
 
Olores
Me declaro amante de la cocina, es una de mis mejores terapias antiestrés. Durante estos últimos quince días de interminables vacaciones, he podido disfrutar cada mañana de este placer, del que empieza a ser considerado un nuevo arte, como dice Ferrán Adriá, y de esa extraña sensación de libertad que me produce una encimera perfectamente organizada, con todos los ingredientes para la elaboración de la obra, un espacio vital sólo para mí: el de la cocina, un CD sonando según el estado de ánimo y la imaginación y su prima la memoria, yendo y viniendo a su antojo, elucubrando, o perdiéndose en pasados o recientes acontecimientos.

Sí, la cocina es un arte porque evoca, sugiere, provoca, crea... no deja indiferente ni en colores, ni en sabores, ni en olores.
Su principal ingrediente: la imaginación.

En Navidad, me convierto, por decisión propia, en especialista en canapés. Y es que no hay mayor estímulo para mi cerebro, gastronómicamente hablando, que una mesa repleta de tostas, minitostas, nidos de hojaldre, mantequilla, huevas de pez, huevos de codorniz, anchoas, salmón ahumado y otros ahumados, tomatitos cherries, cogollos de lechuga, endivias, quesos de diversas texturas, sabores y olores, pates de diferentes hígados y especias... Todo eso y algunas cosas más, mi imaginación y un conejillo de indias, que puede tratarse de la primera sobrina despistada que caiga por allí antes de la hora de la cena de Fín de Año.
El resultado es una barriga llena, la del conejillo de indias, y tres o cuatro bandejas repletas de colores, ¡colores que se comen!, en perfecta armonía, una armonía tal que nadie se atrave a romperla, a profanarla. Ahí está la primera impresión: la que genera la vista... ¡Oh, qué bonito! ¿De verdad hay que comérselos? ¡qué pena!... La segunda impresión es la que produce su degustación: sabores dulces, salados, salados y dulces... suaves, compactos, que se funden en la lengua nada más aprisionarlos el paladar... ¡Ummm, riquísimo!...éste no me gusta tanto... ¡joder, ¿cómo se te ha ocurido mezclar paté con membrillo?, qué rico!... pues yo me voy a los clásicos de siempre que los inventos no me gustan ...(No se puede pretender que todo el mundo sepa apreciar el arte). Más impresiones: la que posiblemete esté grabando nuestro cerebro sin pretenderlo... sabores, colores y olores a familia; a tíos, a primos, a abuelos, a hijos, a padres, a cuñados, a hermanos, a sobrinos, a nietos, a Noche de Fin de Año, a chistes, a doce campanadas, a uvas previamente peladas, a tapones de corcho estallando, a brindis, al llanto de la tía Ufe porque no le dio tiempo a comerselas todas, y porque bebió más Dehesa del Carrizal de la cuenta en la cena, sin que nadie se percatara...

No necesariamente la cocina debe ser todo delicatessen.
El pisto de mi madre huele a tardes de verano.
La manzana huele a salida del colegio.
La comida de hospital huele a internado; las del María Inmaculada, colegio menor para estudiantes, olían igual. Debe de ser que cuando se cocina para muchos, a los que ni se ve ni se conoce, falta uno de los principales ingredientes: el afecto, por eso todas ellas huelen igual de amorfas, ya sea carne o pescado, sean sopas o purés... el olor por los pasillos es el mismo: igual de insípido, igual de indiferente.

Sí, definitivamente, la cocina es un arte.
 
Diálogos de dos locas bajitas
- A ver, Conchita, deja que vea como ha quedado el cartel...

proivida la entrada
a mayorez de 9 añoz.

¡Vaya mierda de cartel! Lo primero: prohibido lleva hache intercalada y ce ezcribe con "be" alta, no con "be" baja, bonita. Lo cegundo: ¿no dijimoz que era a mayorez de 6 añoz?

- Qué más da, Carolina, si en casa cualquiera, menoz nosotras, es mayor de nueve añoz, ademáz, monina, ez un ceíz que mira boca abajo. Y lo de las faltaz... una distracción la tiene cualquieda.

- No zabía yo que a la ignorancia ce le llamaba distracción. Ademáz, haz ezas letraz más grandez, que si no el miope de papá no ce va a dar ni cuenta.

- No zabes más que poner pegas, a ver ahoda...

PROHI... ¿"be" alta, dices?

- ¡Ciiiiiiii!

- PROHIBIDA LA ENTRADA
A MAYODEZ DE CEIZ AÑOZ
.

- No ce yo ci un cartel va a cervir para que mamá no entre en la habitación y vea que de las vacaciones Zantillana no hemoz hecho nada de nada. Que noz hemoz pazado el vedano tocándonoz las naricez.

- No ce, Carolina, pero mientraz hace cazo y no al cartel, que cerá por poco tiempo, ganamoz tiempo para ir penzando en algo creíble.

- Pues ya puedez darle vueltaz, tú que eres la imaginativa, porque a mí no ce me ocurre... no ce me ocurre nada creíble, digo.

- Ezpera, voy a añadir al cartel otra frace:

BAJO MULTA DE 1 €

- Conchita, desde que lees El padrino ce te ocurre cada coza...

- Ece libro no me guzta, no aparecen los novioz por ninguna parte... ce lo devolveré a papá antez de que ce de cuenta de que ce lo he quitado. Ahora voy a leer el Evangelio.

- ¡No!!!, por favor, acuérdate que la ceño de religión tuvo que darse de baja porque con tus concluciones y tuz deduccionez la puciste al borde de una cricis eccistencial...

- Tontedías, sólo porque yo diga que ceguro que Jezuz no andaba sobre el agua sino sobre una tabla de surf que llevaba bajo la zotana... Y porque diga que Lázaro no recucitó, que en realidad no eztaba muerto, sino que zufría catalepsia - me lo ha dicho mamá. Hay gente que sufre de eztoz ataquez y parece que eztán muertaz, pero en realidad no lo eztán-, y entoncez, cuando oyó la profunda voz de Jezúz, que debía tenerla tan profunda como un mar, diciéndole ezo de ¡Lázaro, levántate y anda!, puez no le quedó máz remedio que rezucitar... No ez para ponerce tan nervioza como ce pone...

- Ci, y qué me dices de ece día que preguntó que qué dijo Jezúz cuando eztaba en la cruz y todos dijeron, al unízono "Padre, perdónalos porque no zaben lo que hacen" , y a ti ce te oyó por encima de todos decir aquello de "¡Mira, Pedro, desde aquí ce ve tu casa!" y quedó todo el mundo en cilencio y la ceño en eztado de shok y tu frace resonando... ce ve tu casa... ce ve tu casa... casa... Ahí fue cuando ce puzo enferma del todo, ce fue a un balneario, fíjate tú...

- Pues no es para tanto, a la Fe también hay que echarle imaginación, si no, cería un poco aburrido, como a laz matemáticas y a Cono... a mí ciempre me zalen los problemas de mate mal, porque nunca recorro los metros en el mismo tiempo de los demás... Un niño recorre 50 metros en dos minutoz, ¿cuántos minutoz tarda en recorrer 100? Puez... depende, ¿y ci ce encuentra con alguien? ¿Y ci entre medias hay una tienda de chuches y entra a comprar?... Todo no va a ser doz y doz zon cuatro, hay que cer un poquito fleccibles, ¿o no?

- Ci tú lo dices... pero luego cero va cero viene, y tu tutoda queriendo hablar ciempre con mamá... Conchita, tu imaginación zólo te trae problemas.

- Puez graciaz a ella igual te libraz de una regañina de mamá, monina.

- Bueno, déjate de dollos y pienza.

- Ezo hago, bonita, ezo hago.

 
De las carreras a las caricias
Aún no me he repuesto de la persecución de cadáveres en estado de putrefacción, llenos de artilugios de ortopedia, detrás mío, a través de túneles de metro abandonados (ahora sí que ni loca vuelvo a bajar a los abismos), y de inmundas alcantarillas de ciudad. Ruiz Zafón es un excelente narrador, no suele dejar vivo ni al apuntador, porque al que no mata el pasado lo mata la enfermedad y el olvido, pero tengo que reconocer que su manera de hilar y narrar me parece impecable.

Yo que, en su día, tuve que salir de la sala de cine donde se estrenaba Platoon, blanca nacarada (más todavía) y sujetándome el estómago para no vomitarle al acomodador... Yo, que tengo que taparme la cara, porque si me tapo los ojos parece que sigo viendo, cuando aparecen monstruos babosos, con miembros amputados y chorreando sangre por doquier... aguanté el tipo porque tenía que saber qué iba a pasar con la Irinova; morirse, claro está, pero me podía la curiosidad del encuentro con el monstruo...

Para desquitarme de tanto olor a muerto, me he dado un baño de placer, en agua tibia, con una nube blanca de espuma de sales flotando sobre el agua, con olor a lavanda. Así es como me sentí al terminarlo: Seda, de Baricco (gracias Julio). Me queda el no menos sugerente título Tierras de cristal. Está encargado, no lo encontré en ninguna librería de Ciudad Real.
La envergadura de Seda, del libro me refiero, me recordó a El amante, de Margarita Duras. Para mí, que no devoro palabras sino matices, cientos y cientos de ellos, la condensación de este maravilloso relato me ha dejado impresionada. Me he ido recreando en cada linea, en cada punto al que le seguía una simple palabra que describía un universo de sensaciones. Seda es una inacabable caricia que parece no ser nada.
Dice su propio autor que si sólo fuese una historia de amor no habría valido la pena contarla... es una aventura que emprende viaje y retorna por el mismo camino, tan sólo cambia el nombre del lago que atraviesa para llegar a su destino, sólo un último regreso por un camino diferente anuncia el final de la aventura y el principio de la nostalgia. Es deseo. Es anhelo. Es nostalgia, una vez más. Es amor de Hélène. Es amor. Es sabor: agridulce. Es Seda: fragil, bello, sutil, valioso, elaborado.
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Tomando café con AR
Ayer por la tarde salí a dar un paseo, como casi todas las tardes, sólo que el de ayer era más tempranero que de costumbre. Salí sola, era la única manera de tomar un café fumándome un cigarrillo a gusto. Así andamos los drogodependientes de la cafeína y de la nicotina...
Pasé de largo por la Plaza Mayor, en donde aún se oía un pasodoble que amenizaba el vermut, y mis pies me llevaron a la siguiente contigua: la Plaza del Pilar. Antes de decidir en qué cafetería me tomaría mi café y llenaría mis pulmones del humo de un ansiado Marlboro, me acerqué al kiosco y compré La tribuna, por aquello de barrer para casa y que la niña no diga que si por cierto, y una revista. No sabía por cuál decidirme, ya había visto VOGE y el Hola en la peluquería, por la mañana, así es que entre decoración, dietas de adelgazamiento milagrosas, Jara y sedal, labores de ganchillo, salud, etc,etc (en el mundo de la prensa hay de todo) me decanté por AR, de la Quintana.

Fumar sola lo hago con frecuencia, tomar café sola me parece tristísimo, y como no tenía ganas de poner cara de bohemia ni de aburrida, además, yo no sé de más bohemia que la que cantaba Aznavour...

Dans les cafés voisins
nous étions quelques uns
qui attendions la glorie
et bien que miséreux...

... me dispuse a tomar mi café, ya servido por un solícito camarero, y a exhalar humo mientras hojeaba mis dos adquisiciones de prensa escrita. En la Tribuna, Miguel Bosé en Daimiel (este señor, dice mi amiga A, que es una de las Maravillas del mundo, nada de la Alhambra, hay que votar por él. Yo no llego a tanto, pero vamos, reconozco que, aunque no me subyugue en demasía, es un espectáculo en sí mismo), un poco de hípica, algún columnista metiéndose con el sistema educativo y con la educación en general, deportes, el baile del vermut que en su quinto día decae (pues eso no es lo que a mí me ha parecido al cruzar por allí)... Ya está.

En portada de AR: la Quintana con retoques retocadísimos de photoshop, no se le notan ni las pecas. Dentro, 160 hojas que no dicen absolutamente nada y sólo crean frustración. Todas las revistas de este tipo tienen un denominador común; parece que están hechas para los que no miran el euro y viven vidas de ensueño, empezando por su precio: 2.50 €... con eso tengo para media entrada al playa park, para media entrada al cine, para medio cubata... ¡joder, todo está carísimo, con casi 500 pelas de las de antes ya no entro a ningún sitio, ni me tomo mi JB con coca-cola!
Y así, con la vida disparada en el supersónico y encarecedor euro, AR nos invita a comprar bolsos a 350 €, diseñados por Rossi de Palma, sí, la exchica Almodovar, la de rostro cincelado por Picasso... ahora diseña bolsos, como Pe Cruz y su hermana Mo ahora diseñan vestidos (esto de las hermanas Cruz no viene en esta revista, lo he leído en no sé cuál otra). Botines también a 300 € ... como sigamos así nos va salir el atuendo por un ojo de la cara, y se nos ha disparado el presupuesto, vamos que algunos ya no podrían ni comer, mucho menos pagar hipoteca o alquiler, ni salir a tomar una puñetera caña. También nos enseña diversos vestidos de firmas carísimas en el cuerpo nada escultural (vamos, del montón, quiero decir, como el restro de las mortales) de Clara Montes... ¿qué hace Clara Montes paseando modelitos? ¿No se dedicaba a la canción y además lo hacía fenomenal?... En fín...Veinticinco claves para parecer más joven... claro, y ella pasando por la Ruber y el photoshop.Viajar a cuerpo de reyes, en antiguos palacios convertidos en hoteles: Torre del Remei (Girona), el palacio de Los Patos (Granada), Palacio de Soñanes (Santander)... ésta se cree que a todos nos cae mensualmente su nómina. Y el no va más es Las lectoras eligen al hombre del Año, y sin leer más me voy a las fotos: Miguel Bosé (anda, reincidiendo en el plagio, copiando a La Tribuna ¿eh?), Javier Bardem (y se empeñan en decir que este señor es guapo, a mí se me asemeja a un bisonte... existiendo el Noriega y Felix Gomez ... ¡venga ya!), Miguel Barceló ¿?, ¡Jesús Caldera!... a ver, retomo de nuevo el asunto, voy a leer algo más que el titular porque ¡qué coño pinta aquí Jesús Caldera!, nunca falta por ahí alguna masoca a la que le pone cualquier cosa, pero esto no me cuadra... ¡ah, ya!, se trata de hombres solidarios, innovadores, de triunfos profesionales... a ver, a ver ¿dónde me encuadran al Caldera? Dice que el ministro ha hecho mucho por la mujer en este año, entre otras cosas la ayuda de los 2500 € para fomentar la natalidad... Eso a mí ya me llega tarde, pero en vez de este pan para hoy y hambre para mañana, ¿por qué no se crean más guarderías subvencionadas, cerca de los trabajos y acordes a los horarios de trabajo, por ejemplo? ¿Por qué no se aumenta el periodo de baja maternal a nueve meses, por ejemplo? Tengo más sugerencias que hacer con respecto al tema del fomento de la natalidad... más vale tarde que nunca, pero me parece que a la española, ni así la maten. Yo a éste no le voy a votar, me quedo con Miguel Bosé.

En fín, ¡si son ya las seis y media de la tarde...! ¡Ay, contigo AR el tiempo se pasa en un pispás! Pero no creo que me pilles en otra. ¿Que tú tampoco piensa leer mi blog?, pues eso que te pierdes, además, lo mío es para dos o tres allegados y poco más, sin más fin lucrativo que el de pasármelo bien y un rato de encuentro, y encima gratis.
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Pisa morena
Tú sabes, Felipe, que yo no quería ir al pueblo, y mucho menos a la verbena, pero tu hija se pone tan cabezona y se ofende tanto cuando me niego a acompañarla que no me quedó más remedio. Algunas veces no sé cómo la aguanta Jordi, yo creo que no se separa de ella por eso de la pela, tan catalán él, que si no... Mira, Felipe, hoy estás espesito, ¿no has tenido un buen día por allí arriba?... pues claro que estoy de broma, ¿cómo voy a querer que se separe la niña?, tienes cosas de real y medio.

En la verbena sabía yo lo que iba a pasar cuando sonara un pasodoble. Y tú sin dejar de pillizcarme para que saliera a bailar... Vida mía, ¿cuándo vas a entender que sólo te veo yo, que sólo te siento yo?... quién me viese pegar respingos en la silla pensaría vete a saber qué cosa, que tengo hemorroides o algo así.
Con Viva el pasodoble me aguanté, con España cañí tuve que sujetarme a la silla, con Las cintas de mi capa ya me bailaban los pies, pero con el Relicario... si no es porque apareció tu yerno, me tiro yo sola en medio del gentío.
¡Qué atento tu yerno! ¡Y cómo baila el puñetero catalán el pasodoble!... dice la niña que van los dos a bailes de salón... ¿Le oíste?: "Vamos, Leonor, éste por Felipe, que nos estará viendo"... Y tanto, me dieron ganas de decirle.

¿Tú te has dado cuenta, Felipe, de la similitud entre el pasodoble y una faena de toros? El torero es el hombre en el pasodoble, el toro es la mujer... sí, no te rías... él templa al toro, a la bravura, lo jalea, lo va seduciendo, dominando, ahora por verónica, ahora lo engaña por chicuelina, y el toro siempre entrando al trapo, sin saber que en él se esconde lo que terminará dándole muerte... Igual que la mujer alrededor del hombre... No, hombre, ya lo sé que a ella no la mata, no de esa manera, ¡escucha!; se pasea, se contonea, le rodea, le sigue el paso salerosa... Una carga inmensa de erotismo y sensualidad. Y por último, cuando éste termina rendido a su pies, el que domina a la bestia empuña el estoque y ¡zas!, hasta la empuñadura, abriéndose paso por las entrañas... Que esto último del estoque no lo entiendes... vida mía, a veces parece que te has caído de un guindo. Que te lo explique tu yerno, que a juzgar por como miraba a tu hija bailando a Julio Romero de Torres, lo entiende perfectamente.

La gente, en los pueblos, tú ya sabes cómo es. Algunas parece que disfrutan con el dolor ajeno. Si yo ayer salgo sola a bailar, seguro que hubiesen dicho: "la pobre Leonor, desde que se le murió Felipe está trastorná, se pone a bailar como si la agarrara alguien, ¡qué lástima!" Como me vieron disfrutando con tu yerno, el San Benito de la viuda alegre no me lo quita nadie... "anda la Leo, (me rebajan de Leonor a la Leo, con to la mala intención), bien dicen que el muerto al hoyo y el vivo al bollo"... Como si las estuviese oyendo, pero ¿sabes lo que te digo? que me quiten lo bailao, ¡que dicen, que digan!

Anda, acércate al viejo gramófono y hazlo sonar, vamos a bailar ese Pisa morena ahora que estamos solos, y te explico muy bajito, al oído, qué simboliza eso del estoque...

Pisa morena, pisa con garbo
que un relicario, que un relicario
me voy a hacer
con el trocito de mi capote
que haya pisado, que haya pisado
tan lindo pie.

 
RADIO MARÍA
Mi hermana tiene un programa de radio en una humilde emisora de Madrid. Se llama Radio María, nada que ver con la COPE, ni con Jimenez Losantos. El programa es los miércoles, cada quince días, de cinco a seis de la tarde, ¡una hora entera hablando de los antiguos pueblos del Antiguo Testamento, de esclavos, de profetas... tela! No, no lo hace por el amor al arte, lo hace por Amor a Dios, al que un día decidió consagrar su vida, hará de esto ya unos veinte años, tantos como hace que abandonó la mitad de la que era nuestra habitación, tantos como hace que pasó de tener una única hermana a tener cientos y repartidas por todo el mundo. Desde entonces no ha perdido el tiempo, no es porque sea mi hermana, pero como se descuide el Papa, le monta un cisma con un movimiento feminista dentro de las congregaciones religiosas, aunque desgraciadamente no hay quorum, se necesitan muchos despertares todavía. Hizo Teología en la Pontificia, en Madrid, y es una erudita de la Biblia, entre otras muchas materias relacionadas con.

Desde hace tiempo se empeña en que la acompañe de colaboradora a uno de sus programas, y tantas veces como ella lo propone, tantas veces como yo me niego... Tengo mis razones. La primera: odio Madrid. Todavía recuerdo sus primeros años allí y mis esporádicas visitas para pasar un par de días juntas. Madrid es estresante y me genera constantes episodios de agorafobia en sus calles y de claustrofobia en el metro... ¿A dónde coño va la gente con tanta prisa? Nos metíamos en la boca de metro y nada más picar el billete todo era correr y correr escaleras abajo, ahora por un pasillo, ahora un giro rápido a otro, en donde cada vez el aire se hacía más irrespirable, porque menos oxígeno, tendrá de todo en su composición... Y en esa carrera tras ella, para no perderle paso, sentía que mis piernas se acortaban, que mi hocico se hacía puntiagudo y con bigotes y me crecía una larga cola gris... Todo el mundo parecía perseguido por alguien. Según mi hermana, si perdíamos ese tren había que esperar al siguiente... ¡pues se espera, joder, vaya prisas!, y si no, haber salido un cuarto de hora antes y no me sometas a esta gincana... y es que perder el primero crea efecto dominó, ya vas arre que es tarde a todas partes todo el día...
En fín , soy chica de provincias, las grandes ciudades no están hechas para mí, o viceversa.
La segunda razón, en la que no sé si ha caído, es que nuestras voces son idénticas, según dicen quienes nos oyen, no se sabría cuando habla una y cuando habla la otra, parecería el monólogo de Lola Herrera y sus Cinco horas con Mario.
Y la tercera y más poderosa: para hablar con convicción sobre algo hay que creérselo, y yo hace mucho que dejé la Fe en un recodo del camino. Aun tengo Esperanza, y Caridad de vez en cuando, no siempre.

No la había oído nunca y este miércoles busqué dicha emisora. Me costó sintonizarla, en Ciudad Real se oye mal, pero moviendo el dial arriba y abajo di con la voz familiar y el programita en cuestión. ¡Genial!, no porque lo diga yo, pero parece locutora de toda la vida; resuelta, dinámica, sin atropellos... en fín, es mi hermana, coño, ¿qué voy a decir? En un mensaje de móvil le envié mi primera crítica constructiva: ¿Tú crees que alguien se entera de algo? Tu colaboradora parece hipotiroidea (por la gracia y el entusiasmo con que intervenía).

Pero hay que ver de lo que se entera una: resulta que Abrahán y Saray (después Sara, porque Dios le cambió el nombre, pero eso es otra parte de la historia) no podían tener hijos, no se sabe por culpa de quién, se supone que de ella, como siempre en aquella sociedad machista y opresora del sexo femenino, no muy distante de la nuestra, aunque cueste creerlo. El caso es que Sara, sintiéndose culpable y sintiendo un gran amor por Abrahán, le ofrece a su esclava Ágar para que conciba un hijo que sería criado por Sara como propio, primer hecho escrito que se conoce acerca de los vientres de alquiler y creemos que somos pioneros en algo... y una mierda... Y por cierto, Ágar fue una esclava parecida a Espartaco, pero la Historia siempre ha preferido los héroes a las heroínas, a las que terminaba quemando como a Juana de Arco, o bien eran la causa de los males y de las catástrofes, con Helena de Troya... Pero retomo, que me pierdo... Tal era el deseo de tener descendencia que Dios, que hablaba a menudo con los que creían en Él, ya fuera desde una nube, desde un rayo de sol, desde un arbusto ardiendo o como fuere, y con Abrahán más, que para eso era su profeta, les prometió descendencia... a los cien añitos de Abrahán y a los noventa de Sara, así es que a Sara le dió un ataque de risa, Dios también se reía diciendo verás como sí, y Sara reía más todavía sabiendo que aquel vientre hacía ya tiempo que era como el desierto del Sinaí, y Él seguía riendo diciendo que sí... así es como nació Isaac, que significa Dios se ha reído, o algo por el estilo. Y aquí es donde Saray toma el nombre de Sara, que significa reina de estirpe de reyes. Todo nombre tiene un significado, no como ahora, que se ponen al tuntun, vamos que no hay un niño con el nombre de Doraemon porque es un gato cósmico, si fuese un niño cósmico fijo que alguna se lo había plantificado al suyo, sin saber ni de dónde viene ni a dónde va, sólo porque sale en la tele. En eso el pueblo de Israel es consecuente, como Dios manda.
Por allí andaban también los de Sodoma y Gomorra, viviendo todos los días en pecado, haciendo lo que les venía en gana, sodomizando y violando... Creo que el Marqués de Sade se fue de este mundo sin saber que antes le habían tomado otros la delantera, por activa y por pasiva... Y Dios se cansó y mandó destruir ambas ciudades. El caso es que en Sodoma vivía un sobrino de Abrahán, y como lo del enchufismo tampoco es nuevo, Abrahan pidió al Señor que le salvara y el Señor, que es misericordioso y sabía que el sobrino no había andado en el desmadre y la mala vida de los demás, avisó a él y a su familia de que huyeran antes de destruir la ciudad, pero con una condición,,, y es que el Señor no regala las cosas así como así... debían partir sin volver la vista atrás so pena de convertirse en sal... yo debería ser ya una montaña gigantesca de cloruro sódico, con esa manía que tengo de volver constantemente la vista atrás... En fín, que la pobre sobrina política de Abrahán, por echar un último vistazo, ¡zas! quedó convertida en sal, y es que a una mujer no se le puede prohibir ciertas cosas... que si no comas de la manzana prohibida, que si no mires atrás, ¡con la de cosas que pueden estar pasando...! Nosotras somos curiosas y desobedientes por naturaleza.

Sinceramente, porque quien tuvo retuvo y todavía soy capaz de situarme un poco por estos pueblos de Dios y estos tejemanejes bíblicos... de esto no hay cristiano que se entere... Aunque mi hermana malo es que se empeñe, a cabezona no la gana nadie y ella sigue y sigue, erre que erre, contando como si fuese Una Gran Historia Jamás Contada, los secretos y no tan secretos de la Biblia, sondeando desde su particular punto de vista, desde su personal manera de trasmitir sus convicciones y su Fe.
 
El sonido de las cigarras
Mi intención no era estar aquí. LLegué movida por el impulso, en su cualidad de incontrolable, por un empujón del corazón que irrumpe en horas muertas, en horas de siesta, de calles desiertas y de puertas cerradas, dilatadas por el sol.

Afuera hace calor. Dentro del coche, el aire acondicionado golpea mis hombros y mi frente. Disminuyo su intensidad y apago la música; Automatic for the people, de REM. Sólo oigo su voz, la del impulso: "vamos, tira, dale un capricho a la memoria, dale un bocado al recuerdo... date un baño de nostalgia".

El pueblo va quedando kilómetros atrás, lo veo arder entre la flama por el retrovisor. Me adentro por el primer camino de la izquierda, entre cientos y cientos de olivos, en su estallido de verde aceituna. Espero que la memoria no me juegue una mala pasada, son casi treinta años, tal vez más, los que han pasado desde la última vez que transité este lugar. Pero no, ésta aún guarda intactos los recovecos del camino, llegando con acierto al paraíso escondido.

Y estoy aquí, bajo una higuera deshojada, abandonada a la merced del tiempo, como todo cuanto la rodea, a los antojos del clima, en espera de que, tal vez, un rayo la parta en dos... eso antes que morir seca, en el olvido. Nadie recoge ya sus frutos, preciados bocados de miel antaño, hoy escasos y desperdigados por el suelo.
Nadie se desliza sigilosamente por su tronco. Nadie se encarama ya a sus ramas, a hurtadillas, ni se sienta a descansar en su horquilla, contemplando el paisaje desde arriba, sintiéndose inmensamente grande por la azaña conseguida, merced a su destreza y a unos cuantos arañazos en los brazos, en las piernas y en la barriga, pero eso nada importa. Nadie duerme la siesta a su sombra, mientras escucha en su regazo el sonido del verano, el sonido de las cigarras cantando.

Cierro los ojos, abro los pulmones, abro los oídos, y, de par en par, la puerta del desván de los recuerdos.

El sol se clava en mis pupilas como un alfiler incandescente, pero rehuso ponerme las gafas oscuras. No quiero matar los colores, ni apagar la intensidad de la luz que aviva la memoria en este preciso instante. LLevo al límite de la percepción mis cinco sentidos.

Avanzo hacia la noria oxidada, anquilosada en su último giro, péndula en el aire, sobre un pozo cenagoso y casi vacío. Sólo la memoria es capaz de reproducir el sonido del agua rebosando, derramándose en cada cubo. Sólo la memoria rescata el olor a verano, a fresco, a verde, a agua sobre tierra ya mojada. Sólo la memoria escucha como fluye el líquido transparente, bullicioso y ágil, por la estrechez de las acequias, dejándose morir en los surcos de la tierra.

Recorro la angosta y empinada cuesta, cubierta de hojarasca, que me lleva hasta la alberca, ese fuerte amurallado que no guarda ciudadela, ahora vacía, desquebrajada. Entonces me parecía tan inmensa como una plaza de toros, ahora me doy cuenta de que la atravesaría de tres brazadas... Oigo risas, chapoteo de agua, griterío de niños refrescándose dentro, enfados y llantos por ahogadillas, y la eterna amenaza de mi tía con sacarnos del agua y quitarse la zapatilla... ¿Habrá amenaza más absurda?. Mi tía no se ha sumergido nunca en más cantidad de agua que la que cabe en una bañera.

El viejo viñedo agoniza, ahogado por sus propios sarmientos que se retuercen sin poda, sin cuidado. Sus cepas centenarias han perdido su tronío, su porte, su señorío. Sus racimos verde opaco, inmaduros, se mezclan con abrojos, cizaña y demás maleza, que campan a sus anchas por tierras donde, antaño, la mano del hombre las tenía desterradas.

Las hojas secas crujen a mi paso y el polvo se levanta, soterrando casi mis pies medio desnudos, desprotegidos en veraniegas sandalias... fue un impulso... el que hoy me devuelve a mi infancia, una vez más.

El caserío, de diminutos ventanales enrejados, de cristales rotos en peligrosos vértices afilados, como avisando a una intrusa como yo de que no ose allanar su morada. Dos puertas de madera carcomida, cerradas a cal y canto, como si guardasen un tesoro eternamente olvidado entre paredes, entre candados.
El sol ya no deslumbra en el blanco de sus paredes enjalbegadas, enfermas de lepra, cayéndose a cachos, mancilladas por renglones ocres de arcilla y adobe deshecho por el efecto de la lluvia, que parece cebarse en lo abandonado para hacerlo más abandonado, filtrándose entre las tejas descolocadas o rotas, humedeciendo las entrañas, debilitando los muros, hasta que un golpe de viento termine derribándolos.

Vuelvo a la higuera, envuelta en el mismo sonido que me recibió al bajar del coche, en el mismo que ha permanecido mientras la memoria hacia su incursión en un rincón del alma; el sonido de las cigarras.
Me pongo las gafas de sol, echo un último vistazo de color marrón. Desando el camino andado hacia el coche y regreso a mi pueblo, a las calles desiertas, al sonido de la siesta, para no volver al paraíso abandonado.
 
Oda a la cama
¡Qué haría sin ti

oh inmenso placer terrenal!

Refugio de mi cuerpo extenuado,

sagrado templo de mi espíritu enamorado.

¿Quién se resiste a tu encanto,

quién a tu llamada,

quién a tu porte algodonado,

quién a los secretos que escondes,

quién a no escudriñar tus rincones,

quién a tus noches de blanco satén?

¿Quién no ha suspirado sobre ti,

quién no ha gemido,

quién no ha soñado,

quién no ha llorado alguna vez

tu lecho abandonado?

¿Quién no te ha mojado,

quién no te ha deshecho recien hecha,

quién no se ha estremecido

de miedo o de placer?

¿Quién?

¿Quién no ha tenido sobre ti

un dulce despertar acompañado?

¿Quién no ha muerto y ha resucitado,

quién no ha nacido para luego morir en ti?

¡Dime quién!



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