El pretendiente
Felipe, vida mía, tengo que contarte un desasosiego que no me deja tranquila.
¿Tú recuerdas a Jacinto, el estanquero de la esquina? pues verás... no sé como decírtelo sin que te lo tomes a mal. El caso es que desde hace unas semanas, cada vez que bajaba a por el pan, me lo encontraba en la puerta de la panadería, o bien entrando o bien saliendo. Bien sabe Dios que yo lo tomaba siempre como algo casual, ya sabes que los viejos somos de costumbres y tenemos nuestras horas fijas para todo, esas rutinas que no nos cansamos de ejecutar repetitivamente y que nos alejan de lo novedoso...pues eso. Quién me iba a decir a mi que de casualidad nada de nada, que ,en realidad, se hacía el encontradizo. A esos buenos días, que me daba siempre con una sonrisa tonta de oreja a oreja, le siguieron los piropos. Entre tú y yo, Felipe, ¿a que tú siempre habías pensado que Jacinto era... pues eso, que a Jacinto no le iban las señoras?... yo también... no sé, nunca se le ha concido novia, ni ha paseado por el barrio con ninguna mujer... y esos viajecitos que hacía a Francia allá por los setenta... se comentaba que era porque allí se desataba y daba rienda suelta a sus pasiones... ¡Qué mala es la gente!, cuando al pobre nunca se le vió ninguna muestra ni de lo uno ni de lo otro, la verdad. Entre las mozas de mi tiempo tenía fama de alelao, de paraillo, de sosaina...Si sabré yo que la realidad que cada uno esconde es muy diferente a lo que los demás creen ver.
Pues el sosaina ha salido un tirao palante que ni te cuento. El primer día me dió por reir y seguirle el juego, pero después, ¡ay, Felipe!, cada vez que lo veía haciendo cocos en la puerta de la panadería, me entraba un sofoco y un nerviosismo. Me hacía la remolona para ver si se cansaba y se iba, pero hijo, ¡qué perseverancia!... nada, allí como un clavo, y de nuevo otro piropo..." Buenos días, Doña Leonor, tiene usted unos andares de jaca jerezana que me roban el sentio"... " pero Jacinto, ¿desde cuándo tiene usted esa gracia andaluza?... " Desde que la he descubierto a usted, reina mora"...
¡Reina mora! ¡Jaca jerezana!... ¿lo de mora no será por el pelirrojo?. Es que creo que tiene cataratas. Dime, Felipe, ¿me está tirando los tejos o no me está tirando los tejos? Y hoy... hoy me ha venido con una rosa y una invitación para ir al cine... Dice que no acepta un no por respuesta. " Pero Jacinto, si la última vez que yo fuí al cine fué al estreno de El acorazado Potemkin, fíjese si ha llovido desde entonces. No, perdóneme, pero esta noche vienen mis hijas a cenar". " " Pues se conserva usted muy bien, señora mia, porque desde el acorazado sí que ha llovido, pero yo le propongo emociones más fuertes". ¡Emociones más fuertes! este señor es un salido... "Mire, Jacinto, yo se lo agredezco a usted mucho pero..." "De tú, llamamé de tú, Leonor, que esto es el comienzo de una bonita amistad".
¡Joder con el lelo, a la vejez viruelas! Me ha dejado la rosa y se ha despedido con un guiño de lo más picarón.
Esta rosa, que ahora da color a la mesa del salón, rememora aquella otra que me enviaste un día desde Alemania, ¿recuerdas?. Tiempos duros aquellos, ¿verdad Felipe? de ausencia, de soledad... He escudriñado entre las cientos de cartas que tantas veces releí, que tantas lágrimas de anhelo me hicieron derramar, que mantuvieron vivo el deseo de volver a estar juntos, que te hacían tan presente en el alma y tan ausente en nuestra cama y en mi día a día... y aquí la tengo, acariciándola entre mis manos, recordándote... una vez más, recordándote... y en el reverso una fecha, el nombre de una ciudad y un verso : " A nadie te pareces desde que yo te amo". Munich, 18 de Mayo de 1962.
En fín, Felipe, que me ha salido un pretendiente, qué le voy a hacer, peor es un grano en el culo o no sé yo qué decirte, pero que no, que yo soy sólo tuya, para siempre... para la eternidad.
¿Tú recuerdas a Jacinto, el estanquero de la esquina? pues verás... no sé como decírtelo sin que te lo tomes a mal. El caso es que desde hace unas semanas, cada vez que bajaba a por el pan, me lo encontraba en la puerta de la panadería, o bien entrando o bien saliendo. Bien sabe Dios que yo lo tomaba siempre como algo casual, ya sabes que los viejos somos de costumbres y tenemos nuestras horas fijas para todo, esas rutinas que no nos cansamos de ejecutar repetitivamente y que nos alejan de lo novedoso...pues eso. Quién me iba a decir a mi que de casualidad nada de nada, que ,en realidad, se hacía el encontradizo. A esos buenos días, que me daba siempre con una sonrisa tonta de oreja a oreja, le siguieron los piropos. Entre tú y yo, Felipe, ¿a que tú siempre habías pensado que Jacinto era... pues eso, que a Jacinto no le iban las señoras?... yo también... no sé, nunca se le ha concido novia, ni ha paseado por el barrio con ninguna mujer... y esos viajecitos que hacía a Francia allá por los setenta... se comentaba que era porque allí se desataba y daba rienda suelta a sus pasiones... ¡Qué mala es la gente!, cuando al pobre nunca se le vió ninguna muestra ni de lo uno ni de lo otro, la verdad. Entre las mozas de mi tiempo tenía fama de alelao, de paraillo, de sosaina...Si sabré yo que la realidad que cada uno esconde es muy diferente a lo que los demás creen ver.
Pues el sosaina ha salido un tirao palante que ni te cuento. El primer día me dió por reir y seguirle el juego, pero después, ¡ay, Felipe!, cada vez que lo veía haciendo cocos en la puerta de la panadería, me entraba un sofoco y un nerviosismo. Me hacía la remolona para ver si se cansaba y se iba, pero hijo, ¡qué perseverancia!... nada, allí como un clavo, y de nuevo otro piropo..." Buenos días, Doña Leonor, tiene usted unos andares de jaca jerezana que me roban el sentio"... " pero Jacinto, ¿desde cuándo tiene usted esa gracia andaluza?... " Desde que la he descubierto a usted, reina mora"...
¡Reina mora! ¡Jaca jerezana!... ¿lo de mora no será por el pelirrojo?. Es que creo que tiene cataratas. Dime, Felipe, ¿me está tirando los tejos o no me está tirando los tejos? Y hoy... hoy me ha venido con una rosa y una invitación para ir al cine... Dice que no acepta un no por respuesta. " Pero Jacinto, si la última vez que yo fuí al cine fué al estreno de El acorazado Potemkin, fíjese si ha llovido desde entonces. No, perdóneme, pero esta noche vienen mis hijas a cenar". " " Pues se conserva usted muy bien, señora mia, porque desde el acorazado sí que ha llovido, pero yo le propongo emociones más fuertes". ¡Emociones más fuertes! este señor es un salido... "Mire, Jacinto, yo se lo agredezco a usted mucho pero..." "De tú, llamamé de tú, Leonor, que esto es el comienzo de una bonita amistad".
¡Joder con el lelo, a la vejez viruelas! Me ha dejado la rosa y se ha despedido con un guiño de lo más picarón.
Esta rosa, que ahora da color a la mesa del salón, rememora aquella otra que me enviaste un día desde Alemania, ¿recuerdas?. Tiempos duros aquellos, ¿verdad Felipe? de ausencia, de soledad... He escudriñado entre las cientos de cartas que tantas veces releí, que tantas lágrimas de anhelo me hicieron derramar, que mantuvieron vivo el deseo de volver a estar juntos, que te hacían tan presente en el alma y tan ausente en nuestra cama y en mi día a día... y aquí la tengo, acariciándola entre mis manos, recordándote... una vez más, recordándote... y en el reverso una fecha, el nombre de una ciudad y un verso : " A nadie te pareces desde que yo te amo". Munich, 18 de Mayo de 1962.
En fín, Felipe, que me ha salido un pretendiente, qué le voy a hacer, peor es un grano en el culo o no sé yo qué decirte, pero que no, que yo soy sólo tuya, para siempre... para la eternidad.
Cursillo de relajación
Ay, Felipe, vida mía, hoy me duele hasta la higadilla, vamos, que ni cuando iba a la vendimia, allá por mis tiempos mozos, tenía el descujaringue que tengo hoy. Y es que no sabes que ayer se presentaron tus hijas con lo que, según ellas, es un regalo; me dijeron que qué prefería, si un curso de relajación o de bailes de salón. ¿Me habrán visto a mí cara de chachachá?, además, a mí no me ciñe el talle nadie que no seas tú. Esas manos, Felipe, y esos brazos que me acercaban hasta ti con un poderio y una hombría... Quita, quita, ni hablar, que a mí no me baila otro señor que no seas tú. Y de agobiá, ¿tengo yo pinta de agobiá?. Te leo la inscripción, mira, dice... ¡ay, qué puñeta, espera, que no encuentro las gafas!... ya... dice: cur-so de re-la-ja-ci-ón o-rien-tal. Tec-ni-cas an-ti-es-trés pa-ra la ter-ce-ra e-dad.
Yo, por no llevarles la contraria y no levantar sospechas,- porque se empeñan en decir que aún no he tomado contacto con la realidad y por eso no estoy deprimida, que mi alegría es un mecanismo de defensa pasajero, para evitar el dolor de tu ausencia... Si es que en eso han salido a ti, siempre anticipándose a la tragedia... Leonor, ese rabo de la sartén; Leonor, no dejes el cubo puesto en medio; niñas, no corrais que os vais a caer... pues si se caen que se caigan, los niños de antes siempre llevábamos las rodillas señalás-... pues eso, que no pude decir que no. Hoy ha sido el primer día, Felipe, ¡y vaya día!
Imagínate a veinte setentones y un octogenario tirados por el suelo, en un tatami, a algunas se les notaba el Tena lady, porque se lo han tomado tan a pecho que en vez de chándal llevaban maillot , y claro, estos cuerpos ya no están para esas prendas... En fin, que tras varios ejercicios de inspirar, espirar... inspirar, espirar... palma de las manos juntas, a modo de rezo, ojos cerrados y cara de enigma... a mí eso de cerrar los ojos ya sabes tú que me pone de un nervioso... lo de las fresas y la nata vale, y lo de la miel, aunque era de un pegajoso que no veas, también, pero eso de no ver nada mientras alguien merodea a mi alrededor, ¿Cuántas veces haríamos lo de la gallinita ciega ?, aquél juego de ojos vendados en el que el invidente se dejaba hacer... Que fuese yo la gallinita bien pocas, ¿verdad?... Pero te sigo contando, la gente se toma muy en serio estas cosas, ¡qué caras de trascendencia, Felipe, qué caras!, ni el mismísimo Buda... Nos ponen también una musiquilla de sonidos de la naturaleza; pajaritos, olas del mar, ¡ay, las olas del mar y esos paseos por la playa de Gandía, al atardecer, sintiendo cómo el agua te roba la arena bajo los pies!, ¿te acuerdas?... Bueno, sigo: gotitas de lluvia... eso estaba bien, mira, un poco más y caigo en estado soporífero. Lo peor vino cuando la señorita que dirigía los ejercicios hizo una cosa que se llama Saludo al sol o algo así, eso lo inventó un tal Pilates o un chino debía ser por el nombre, un tal Tai chí... o algo así creí entender, de ahí lo de oriental, digo yo. El caso es que la chica comienza de una forma muy lenta, elevando los brazos al cielo y arqueándose ligeramente hacia atrás... Hasta ahí, bueno va, aunque dije para mis adentros : " el vértigo, verás el vértigo"... De repente baja, pone las manos en el suelo, estira una pierna, estira la otra, pecho al suelo, culo al cielo, espalda arqueada intentando tocar el suelo, lanza una pierna hacia atrás y arriba, la recoge, lanza la otra, la recoge también, ahora alza el lomo como un gato erizado, lo vuelve a arquear hacia el suelo, cabeza y cuello hacia atrás, de nuevo culo al cielo... todos con la boca abierta, con la intriga de ver cómo terminaba aquello, y yo preguntándome si la señorita dijo al principio que se llamaba Catherine Zeta -Jones y el día de hoy iba a ser una demostración de cómo hizo eso en la Trampa... El caso, Felipe, es que yo, que soy mu tirá p´alante, - ya sabes tú que siempre he pensado que si la vida te da un limón pide sal y pimienta y hazte un tequila -, intenté emular semejante trajín y acabé como me ves, deshecha.
Perdóname si hoy no te hago mucho caso y antes de relajar, - porque tú sí que eres mi relajación -, mi magullado cuerpo en tu confortable espíritu, anda, échale mano al trombocid.

Yo, por no llevarles la contraria y no levantar sospechas,- porque se empeñan en decir que aún no he tomado contacto con la realidad y por eso no estoy deprimida, que mi alegría es un mecanismo de defensa pasajero, para evitar el dolor de tu ausencia... Si es que en eso han salido a ti, siempre anticipándose a la tragedia... Leonor, ese rabo de la sartén; Leonor, no dejes el cubo puesto en medio; niñas, no corrais que os vais a caer... pues si se caen que se caigan, los niños de antes siempre llevábamos las rodillas señalás-... pues eso, que no pude decir que no. Hoy ha sido el primer día, Felipe, ¡y vaya día!
Imagínate a veinte setentones y un octogenario tirados por el suelo, en un tatami, a algunas se les notaba el Tena lady, porque se lo han tomado tan a pecho que en vez de chándal llevaban maillot , y claro, estos cuerpos ya no están para esas prendas... En fin, que tras varios ejercicios de inspirar, espirar... inspirar, espirar... palma de las manos juntas, a modo de rezo, ojos cerrados y cara de enigma... a mí eso de cerrar los ojos ya sabes tú que me pone de un nervioso... lo de las fresas y la nata vale, y lo de la miel, aunque era de un pegajoso que no veas, también, pero eso de no ver nada mientras alguien merodea a mi alrededor, ¿Cuántas veces haríamos lo de la gallinita ciega ?, aquél juego de ojos vendados en el que el invidente se dejaba hacer... Que fuese yo la gallinita bien pocas, ¿verdad?... Pero te sigo contando, la gente se toma muy en serio estas cosas, ¡qué caras de trascendencia, Felipe, qué caras!, ni el mismísimo Buda... Nos ponen también una musiquilla de sonidos de la naturaleza; pajaritos, olas del mar, ¡ay, las olas del mar y esos paseos por la playa de Gandía, al atardecer, sintiendo cómo el agua te roba la arena bajo los pies!, ¿te acuerdas?... Bueno, sigo: gotitas de lluvia... eso estaba bien, mira, un poco más y caigo en estado soporífero. Lo peor vino cuando la señorita que dirigía los ejercicios hizo una cosa que se llama Saludo al sol o algo así, eso lo inventó un tal Pilates o un chino debía ser por el nombre, un tal Tai chí... o algo así creí entender, de ahí lo de oriental, digo yo. El caso es que la chica comienza de una forma muy lenta, elevando los brazos al cielo y arqueándose ligeramente hacia atrás... Hasta ahí, bueno va, aunque dije para mis adentros : " el vértigo, verás el vértigo"... De repente baja, pone las manos en el suelo, estira una pierna, estira la otra, pecho al suelo, culo al cielo, espalda arqueada intentando tocar el suelo, lanza una pierna hacia atrás y arriba, la recoge, lanza la otra, la recoge también, ahora alza el lomo como un gato erizado, lo vuelve a arquear hacia el suelo, cabeza y cuello hacia atrás, de nuevo culo al cielo... todos con la boca abierta, con la intriga de ver cómo terminaba aquello, y yo preguntándome si la señorita dijo al principio que se llamaba Catherine Zeta -Jones y el día de hoy iba a ser una demostración de cómo hizo eso en la Trampa... El caso, Felipe, es que yo, que soy mu tirá p´alante, - ya sabes tú que siempre he pensado que si la vida te da un limón pide sal y pimienta y hazte un tequila -, intenté emular semejante trajín y acabé como me ves, deshecha.
Perdóname si hoy no te hago mucho caso y antes de relajar, - porque tú sí que eres mi relajación -, mi magullado cuerpo en tu confortable espíritu, anda, échale mano al trombocid.

Ejerciendo mi rol de usuaria
Hace unos días me tocó ponerme al otro lado de la mesa, ahora yo ejercía mi rol de usuaria, porque en especializada, de pacientes nada, allí sí que somos un número de historia clínica o un número de habitación y cama, salvo raras excepciones.
Imaginemos una fría sala de hospital, como cantaba Victor Manuel, sin más luz que la tenue que emanaba de la pantalla de un ecógrafo. He superado esos treinta segundos de angustia vital que me genera siempre entrar a un hospital; esa bofetada de calor a medida que recorro los pasillos y ese olor característico, que me produce una caída de tensión en picado, taquicardia, súbita palidez , más aún de la mia habitual, y la sensación de que voy a desplomarme de un momento a otro... pero mis mecanismos de compensación responden de inmediato; varias respiraciones profundas, desacelerar el paso y despojarme de mi cazadora vaquera.
La una y treinta y cinco minutos del medio día. He entrado tan sólo 20 minutos después de mi hora de cita... no está mal. Me atiende una enfermera o auxiliar de clínica, no sé, no lleva tarjeta que la identifique, al menos yo no la veo, ni se presenta... ¡presentarse en especializada!, si te dan los buenos días te puedes dar por contenta. Ella es agradable en el trato, me los da y me invita a que me tumbe en la camilla. Yo puntualizo, -tengo, entre otros muchos, ese defecto, el de ponerle el punto a la "i", es herencia de familia...- " de tirodes, la eco es de tiroides". Yo sé que todos los caminos conducen a Roma, pero mejor ir por el más corto, no vaya a ser que quiera buscar el tiroides vía intravaginal.
Tras acomodarme en la camilla, en la postura que ella me describe y en la que yo ya tengo práctica, tumbada boca arriba, con una almohada bajo los hombros y cuello en hiperextensión, me dice que en unos instantes vendrá el radiólogo. " Vale, gracias" y yo con el cuello en hiperextensión... ella desaparece, habitación en penumbra, voces y bullicio en la lejanía de los pasillos y despachos contiguos... pasan unos cinco minutos... y yo en posición de hiperextensión. Me evado pensando en la tromba de agua que caía mientras me dirigía al hospital. La ronda que circumbala la ciudad estaba anegada de agua y Ciudad Real es caótica cuando caen cuatro gotas. En una cuidad en la que casi todo lo que buscas lo encuentras a la vuelta de la esquina, la gente, en vez de coger el paraguas, coge el coche para recorrer 200 metros. Circular por la zona céntrica es una temeridad y una prueba de templanza para mis nervios. Yo, que estoy acostumbrada a hacer kilómetros y kilómetros sin un sólo semáforo que me detenga hasta llegar a mi destino, hoy he tenido que atravesar la ciudad casi de un extremo a otro, entre una lluvia intensa, atascos , lo peor de mi que se despierta en estas situaciones y algún tontaina, con complejo de Fernando Alonso, que se cruza en mi camino,"¡Payaso, tio tenías que ser!"
Van pasando los minutos y sigo esperando... en hiperextensión, "hoy es viernes y el personal está relajado, paciencia, me jode tragar saliva en esta postura pero qué se le va a hacer, no hay prisa"... y el cuello en hiperextensión... Unos diez minutos después vuelve a entrar la primera individua, como diría mi padre, y al ver que aún seguía allí me pregunta, "anda, ¿pero no ha venido nadie a hacerte la eco?". Sí, ha venido, pero como esta postura es cómoda de cojones, le he dicho que si me deja aquí unos minutitos más... eso me lo trago y respondo educadamente, como buena usuaria que soy : "no, todavía no. Pero, perdona, necesito un justificante para el trabajo" (que veo que se larga y el radiólogo no desarrolla el rol de escribano, les sienta fatal)... "No, eso el administrativo del mostrador del pasillo", responde ella. Y vuelve a hacer mutis por la puerta del fondo. Y yo sigo aquí, como Paulina Rubio, casi en penumbra, entrando en un estado de sopor, inducido por la oscuridad y las voces a lo lejos... en hiperextensión.
Pienso en mi tiroides, que padece de mi misma enfermedad, la de la búsqueda constante del equilibrio, y tan pronto se dispara como se frena. Y más que nunca me alegro de que no sea nada ginecológico, porque si me llegan a tener los quince minutos que llevo aquí con hiperextensión de piernas en vez del cuello me cago en su... Siguen pasando los minutos y por fín aparece él, dios con forma de radiólogo, que se digna a mirar mi historía... le veo invertido, porque aún no ha venido a sentarse al ecógrafo y permanece de pie, al lado de una mesa. Me pregunta varias cosas para orientarse sobre lo que debe buscar en mi glándula y procede a realizarla, tarda tres minutos. ¡ Por fín!... tras treinta y cinco minutos de reloj, tumbada con el cuello en hiperextensión, y veinte de espera, el objeto de mi visita se ha cumplido. Ahora, además de ese quiste latente en mi tiroides, tengo una contractura cervical.
Segundo objetivo: voy en busca del justificante... ¡qué casualidad, el administrativo no está! A las dos y cuarto no creo que esté tomando un café, andará por ahí, de chinchorreo en algún despacho, deseando que lleguen las tres, pensando que su jornada ha concluido porque ya no hay ni un alma por los pasillos de radiología... pero no, aquí estoy yo... Veo salir a una señorita que tiene cara de administrativa, lo digo por la de fastidio que acaba de poner ella al verme... "¿Qué querías?", me dice como si yo tuviese la culpa de que ella trabaje de ocho a tres, le digo, me lo hace de mala gana, me lo da con una falsa sonrisa... lo cojo y le sonrío con otra igual de falsa, le doy las gracias, me voy pitando...
Imaginemos una fría sala de hospital, como cantaba Victor Manuel, sin más luz que la tenue que emanaba de la pantalla de un ecógrafo. He superado esos treinta segundos de angustia vital que me genera siempre entrar a un hospital; esa bofetada de calor a medida que recorro los pasillos y ese olor característico, que me produce una caída de tensión en picado, taquicardia, súbita palidez , más aún de la mia habitual, y la sensación de que voy a desplomarme de un momento a otro... pero mis mecanismos de compensación responden de inmediato; varias respiraciones profundas, desacelerar el paso y despojarme de mi cazadora vaquera.
La una y treinta y cinco minutos del medio día. He entrado tan sólo 20 minutos después de mi hora de cita... no está mal. Me atiende una enfermera o auxiliar de clínica, no sé, no lleva tarjeta que la identifique, al menos yo no la veo, ni se presenta... ¡presentarse en especializada!, si te dan los buenos días te puedes dar por contenta. Ella es agradable en el trato, me los da y me invita a que me tumbe en la camilla. Yo puntualizo, -tengo, entre otros muchos, ese defecto, el de ponerle el punto a la "i", es herencia de familia...- " de tirodes, la eco es de tiroides". Yo sé que todos los caminos conducen a Roma, pero mejor ir por el más corto, no vaya a ser que quiera buscar el tiroides vía intravaginal.
Tras acomodarme en la camilla, en la postura que ella me describe y en la que yo ya tengo práctica, tumbada boca arriba, con una almohada bajo los hombros y cuello en hiperextensión, me dice que en unos instantes vendrá el radiólogo. " Vale, gracias" y yo con el cuello en hiperextensión... ella desaparece, habitación en penumbra, voces y bullicio en la lejanía de los pasillos y despachos contiguos... pasan unos cinco minutos... y yo en posición de hiperextensión. Me evado pensando en la tromba de agua que caía mientras me dirigía al hospital. La ronda que circumbala la ciudad estaba anegada de agua y Ciudad Real es caótica cuando caen cuatro gotas. En una cuidad en la que casi todo lo que buscas lo encuentras a la vuelta de la esquina, la gente, en vez de coger el paraguas, coge el coche para recorrer 200 metros. Circular por la zona céntrica es una temeridad y una prueba de templanza para mis nervios. Yo, que estoy acostumbrada a hacer kilómetros y kilómetros sin un sólo semáforo que me detenga hasta llegar a mi destino, hoy he tenido que atravesar la ciudad casi de un extremo a otro, entre una lluvia intensa, atascos , lo peor de mi que se despierta en estas situaciones y algún tontaina, con complejo de Fernando Alonso, que se cruza en mi camino,"¡Payaso, tio tenías que ser!"
Van pasando los minutos y sigo esperando... en hiperextensión, "hoy es viernes y el personal está relajado, paciencia, me jode tragar saliva en esta postura pero qué se le va a hacer, no hay prisa"... y el cuello en hiperextensión... Unos diez minutos después vuelve a entrar la primera individua, como diría mi padre, y al ver que aún seguía allí me pregunta, "anda, ¿pero no ha venido nadie a hacerte la eco?". Sí, ha venido, pero como esta postura es cómoda de cojones, le he dicho que si me deja aquí unos minutitos más... eso me lo trago y respondo educadamente, como buena usuaria que soy : "no, todavía no. Pero, perdona, necesito un justificante para el trabajo" (que veo que se larga y el radiólogo no desarrolla el rol de escribano, les sienta fatal)... "No, eso el administrativo del mostrador del pasillo", responde ella. Y vuelve a hacer mutis por la puerta del fondo. Y yo sigo aquí, como Paulina Rubio, casi en penumbra, entrando en un estado de sopor, inducido por la oscuridad y las voces a lo lejos... en hiperextensión.
Pienso en mi tiroides, que padece de mi misma enfermedad, la de la búsqueda constante del equilibrio, y tan pronto se dispara como se frena. Y más que nunca me alegro de que no sea nada ginecológico, porque si me llegan a tener los quince minutos que llevo aquí con hiperextensión de piernas en vez del cuello me cago en su... Siguen pasando los minutos y por fín aparece él, dios con forma de radiólogo, que se digna a mirar mi historía... le veo invertido, porque aún no ha venido a sentarse al ecógrafo y permanece de pie, al lado de una mesa. Me pregunta varias cosas para orientarse sobre lo que debe buscar en mi glándula y procede a realizarla, tarda tres minutos. ¡ Por fín!... tras treinta y cinco minutos de reloj, tumbada con el cuello en hiperextensión, y veinte de espera, el objeto de mi visita se ha cumplido. Ahora, además de ese quiste latente en mi tiroides, tengo una contractura cervical.
Segundo objetivo: voy en busca del justificante... ¡qué casualidad, el administrativo no está! A las dos y cuarto no creo que esté tomando un café, andará por ahí, de chinchorreo en algún despacho, deseando que lleguen las tres, pensando que su jornada ha concluido porque ya no hay ni un alma por los pasillos de radiología... pero no, aquí estoy yo... Veo salir a una señorita que tiene cara de administrativa, lo digo por la de fastidio que acaba de poner ella al verme... "¿Qué querías?", me dice como si yo tuviese la culpa de que ella trabaje de ocho a tres, le digo, me lo hace de mala gana, me lo da con una falsa sonrisa... lo cojo y le sonrío con otra igual de falsa, le doy las gracias, me voy pitando...
Si hay que ser Gilda, lo seré
Felipe, a ti, desde que andas por el Reino de los cielos, no te rige bien la cabeza. ¿Cómo se te ocurre semejante cosa? ¡Ponerme yo el pelo pelirrojo...! que no, que no hombre, quita... Pero es que, además, me mosquea tu insistencia. ¿Te ponen las pelirrojas? ¿Y eso, desde cuándo?. Ya sé que la Kidman hacía que se te cayese la baba, pero eso me pasaba a mi con el Keanu Reeves -con la ilusión que me hace cuando le veo en Cuando menos te lo esperas, enamorándose de una señora mayor; tan guapo, tan alto, tan sensible, tan galán... tan... tan...- pero a lo que iba, y nunca quise que te estirases los 15 centímetros que te faltan para ser como él... Ay, ay, que ataque de risa, que ambigüedad acabo de decir... No, cielo mío, de altura, sólo de altura, que de lo demás, doy fe de que no tienes que envidiar a nadie.
¿Ahora me vienes con emociones fuertes? ¿Pero tú me imaginas a mí, a lo Rita Hayworth, haciéndote el numerito en la mesa del salón, desmelenándome mis cuatro pelos, casi octogenarios, e intentándome quitar un guante mientras me contoneo...? El vértigo Felipe, que me va a dar el vértigo y se van a fastidiar las vacaciones por un capricho, que desde que tú eres espíritu se te olvida que yo sigo siendo una vieja artrósica y con unos kilitos de más... los años, Felipe, los años, que aunque una se cuide, la vejez tiene sus inconvenientes.
¡ Ay, si pillara mis cuarenta!, esos en los que mi hermana Eloisa se empeña en decir, cada vez que ve una foto de entonces... ¡lo que ha llovido desde entonces!... que me parecía a la Sarandon... esa también es medio pelirroja, ¿no?... ibas a saber tú lo que es una orgía en una mesa de salón, los dos solos, disfrutando de nuestra intimidad, Felipe, como hemos hecho siempre, en nuestro particular imperio de los sentidos.
Pero, oye, ¿ no será que has visto por ahí a alguna alada pelirroja?, aunque dicen que los ángeles no tienen sexo ¿ o sí?. Nunca me cuentas nada de lo que sucede por allí arriba... si tal cosa supiera iba a haber más de un ángel caído, me tiraba a sus alas y la desplumaba.
Pero no, yo sé que no, que quieres darle emoción a la cosa y el pelirrojo despierta tus instintos... Si te soy sincera, no me importaría, pero ¿cómo salgo luego a la calle con esos pelos?, entonces para qué queremos más, con todo lo que se habla por el vecindario, voy a pasar de ser la viuda alegre a la viuda pelirroja... Porque nadie lo sabe, Felipe, nadie sabe que vienes cada noche, que no me has dejado sola, que no has consentido que el frío silencio que dejó tu repentina ausencia invadiera nuestra casa, ni que esta vieja chocha se siente a esperar la enfermedad del olvido, porque tú siempre estás, vida mía, siempre estás.
Por cierto... el pelirrojo, ¿claro o más bien oscuro?... más bien oscuro,¿ verdad?.

¿Ahora me vienes con emociones fuertes? ¿Pero tú me imaginas a mí, a lo Rita Hayworth, haciéndote el numerito en la mesa del salón, desmelenándome mis cuatro pelos, casi octogenarios, e intentándome quitar un guante mientras me contoneo...? El vértigo Felipe, que me va a dar el vértigo y se van a fastidiar las vacaciones por un capricho, que desde que tú eres espíritu se te olvida que yo sigo siendo una vieja artrósica y con unos kilitos de más... los años, Felipe, los años, que aunque una se cuide, la vejez tiene sus inconvenientes.
¡ Ay, si pillara mis cuarenta!, esos en los que mi hermana Eloisa se empeña en decir, cada vez que ve una foto de entonces... ¡lo que ha llovido desde entonces!... que me parecía a la Sarandon... esa también es medio pelirroja, ¿no?... ibas a saber tú lo que es una orgía en una mesa de salón, los dos solos, disfrutando de nuestra intimidad, Felipe, como hemos hecho siempre, en nuestro particular imperio de los sentidos.
Pero, oye, ¿ no será que has visto por ahí a alguna alada pelirroja?, aunque dicen que los ángeles no tienen sexo ¿ o sí?. Nunca me cuentas nada de lo que sucede por allí arriba... si tal cosa supiera iba a haber más de un ángel caído, me tiraba a sus alas y la desplumaba.
Pero no, yo sé que no, que quieres darle emoción a la cosa y el pelirrojo despierta tus instintos... Si te soy sincera, no me importaría, pero ¿cómo salgo luego a la calle con esos pelos?, entonces para qué queremos más, con todo lo que se habla por el vecindario, voy a pasar de ser la viuda alegre a la viuda pelirroja... Porque nadie lo sabe, Felipe, nadie sabe que vienes cada noche, que no me has dejado sola, que no has consentido que el frío silencio que dejó tu repentina ausencia invadiera nuestra casa, ni que esta vieja chocha se siente a esperar la enfermedad del olvido, porque tú siempre estás, vida mía, siempre estás.
Por cierto... el pelirrojo, ¿claro o más bien oscuro?... más bien oscuro,¿ verdad?.

DESMAQUILLANDO HERIDAS
Anamnesis: mujer de 33 años, casada, un hijo. No antec. personales de HTA, DM ni dislipemias; sin interés.
Exploración: Presenta hematomas en brazos, espalda y cuello. Hematoma con derrame conjuntival en O.I.
Ese sin interés se deja caer como un latigazo en mi conciencia ante lo que veo, ante el horror que descubren mis ojos al ir desnudando el cuerpo, para saber hasta dónde llegan sus heridas.
Dice que resbaló en la bañera..., eso no hay quien se lo crea, pero lo que es evidencia para el resto del mundo, ella lo esconde con vergüenza, eso pienso, aturdida, pero lo pienso. Y pienso en el hijo de puta.
¿Qué habrá sido ahora?, ¿una falda corta?, ¿ un escote indiscreto?, ¿una comida que no ha sido preparada a tiempo?... Cualquier pretesto es bueno para un mal nacido. Hoy casi la mata...mañana le regalará flores para volver de nuevo a matarla...
- Inés, ¿por qué no denuncias?
LLora y mira al suelo.
- Inés, escúchame, esto no puede seguir así, algún día no va a medir fuerzas... Inés, ¿me escuchas?...
El llanto ahora es descontrolado. Sin dejar de mirar al suelo, sin poder levantar la cabeza... doblegado el cuerpo hacia delante, por el dolor físico y del alma, por la humillación de la carne reventada a golpes.
Me siento impotente, me domina la rabia... me desborda la escena. No estoy acostumbrada a ésta, a ésta no. Un pensamiento fugaz cruza por mi mente..." Te doy mis ojos", esa película que me revuelve las tripas cada vez que la veo... sin final ... esa película no tiene final, aunque lo tenga..., al igual que ésta, porque estas historias nunca terminan. Tengo que abandonar la sala de urgencias para tranquilizarme un poco... Salgo a la puerta trasera del Centro... respiro hondo varias veces.
Vuelvo. Su llanto ahora se ha convertido en un soniquete, a cuyo ritmo cansino balancea su cuerpo, como si tratase de acunarse a sí misma, en un repetitivo vaiven.
Le administro un calmante intramuscular... así me lo ordena el médico, que ha tramitado el parte al juzgado y su informe, que le entrega en mano... su dolor se calmará por unas horas... por unas horas...
Un último intento...
- Inés, podemos ayudarte, hay centros de acogida, psicólogos, mujeres como tú que han comenzado de nuevo... Inés, piénsalo.
Ahora ella me mira
- ¿Centros de acogida? ¿Y después qué? ¿qué?...
Hace un esfuerzo por no volver a derrumbarse.
- No sé Inés, no sé... cualquier cosa antes que esto, cualquier cosa antes que estar muerta...
Y se marcha a casa, con su niño y con él, porque estará él...Y tratará de maquillar lo que se ve El alma destrozada no puede verse. Y mañana, desgraciadamente para ella, no será otro día, pero ella no lo sabe, tal vez el día que lo sepa será demasiado tarde.
"... Hoy voy a volverme fuego,
voy a quemar tus puños de acero,
y del morao de mis mejillas
sacar valor para cobrarte mis heridas..."
(BEBE)
"...Un día dejó el corazón,
abandonado en su colchón,
sólo piensa al ver su cuerpo,
ay, del quinto mandamiento...
Maria no tiene color en la sangre,
María se apaga y no lo sabe nadie..."
(PASION VEGA)
http://www.musicalizando.com/catalogo/index_catalogo/poema.php?catalogoII=230&id_cancion=218
Por todas aquellas que ni las instituciones ni las leyes han podido devolverles su Libertad ni preservar su vida que, despiadadamente, les ha sido arrebatada a fuerza de golpes.
Exploración: Presenta hematomas en brazos, espalda y cuello. Hematoma con derrame conjuntival en O.I.
Ese sin interés se deja caer como un latigazo en mi conciencia ante lo que veo, ante el horror que descubren mis ojos al ir desnudando el cuerpo, para saber hasta dónde llegan sus heridas.
Dice que resbaló en la bañera..., eso no hay quien se lo crea, pero lo que es evidencia para el resto del mundo, ella lo esconde con vergüenza, eso pienso, aturdida, pero lo pienso. Y pienso en el hijo de puta.
¿Qué habrá sido ahora?, ¿una falda corta?, ¿ un escote indiscreto?, ¿una comida que no ha sido preparada a tiempo?... Cualquier pretesto es bueno para un mal nacido. Hoy casi la mata...mañana le regalará flores para volver de nuevo a matarla...
- Inés, ¿por qué no denuncias?
LLora y mira al suelo.
- Inés, escúchame, esto no puede seguir así, algún día no va a medir fuerzas... Inés, ¿me escuchas?...
El llanto ahora es descontrolado. Sin dejar de mirar al suelo, sin poder levantar la cabeza... doblegado el cuerpo hacia delante, por el dolor físico y del alma, por la humillación de la carne reventada a golpes.
Me siento impotente, me domina la rabia... me desborda la escena. No estoy acostumbrada a ésta, a ésta no. Un pensamiento fugaz cruza por mi mente..." Te doy mis ojos", esa película que me revuelve las tripas cada vez que la veo... sin final ... esa película no tiene final, aunque lo tenga..., al igual que ésta, porque estas historias nunca terminan. Tengo que abandonar la sala de urgencias para tranquilizarme un poco... Salgo a la puerta trasera del Centro... respiro hondo varias veces.
Vuelvo. Su llanto ahora se ha convertido en un soniquete, a cuyo ritmo cansino balancea su cuerpo, como si tratase de acunarse a sí misma, en un repetitivo vaiven.
Le administro un calmante intramuscular... así me lo ordena el médico, que ha tramitado el parte al juzgado y su informe, que le entrega en mano... su dolor se calmará por unas horas... por unas horas...
Un último intento...
- Inés, podemos ayudarte, hay centros de acogida, psicólogos, mujeres como tú que han comenzado de nuevo... Inés, piénsalo.
Ahora ella me mira
- ¿Centros de acogida? ¿Y después qué? ¿qué?...
Hace un esfuerzo por no volver a derrumbarse.
- No sé Inés, no sé... cualquier cosa antes que esto, cualquier cosa antes que estar muerta...
Y se marcha a casa, con su niño y con él, porque estará él...Y tratará de maquillar lo que se ve El alma destrozada no puede verse. Y mañana, desgraciadamente para ella, no será otro día, pero ella no lo sabe, tal vez el día que lo sepa será demasiado tarde.
"... Hoy voy a volverme fuego,
voy a quemar tus puños de acero,
y del morao de mis mejillas
sacar valor para cobrarte mis heridas..."
(BEBE)
"...Un día dejó el corazón,
abandonado en su colchón,
sólo piensa al ver su cuerpo,
ay, del quinto mandamiento...
Maria no tiene color en la sangre,
María se apaga y no lo sabe nadie..."
(PASION VEGA)
http://www.musicalizando.com/catalogo/index_catalogo/poema.php?catalogoII=230&id_cancion=218
Por todas aquellas que ni las instituciones ni las leyes han podido devolverles su Libertad ni preservar su vida que, despiadadamente, les ha sido arrebatada a fuerza de golpes.
Hoy voy a darme un homenaje
¿ Tú estás segura de que nada ha cambiado con respecto a ayer? A ver, mírate bien al espejo, ¿seguro que no ha aparecido alguna indiscreta arruguita? No, no parece que vea ninguna, ninguna más, se entiende, porque haberlas las hay. Eso sí, observo que mi hemisferio derecho envejece más aprisa que el izquierdo. Las arrugas del lado izquierdo de mi cara se acentuan algo más, no guardan simetría con las del lado derecho, aunque eso, además de ser una evidencia, lo he leido en alguna parte, en alguna de esas revistas como MUY INTERESANTE o similares... nuestro rostro no es simétrico, bueno, mejor dicho, nuestra parte derecha no guarda simetría con la izquierda, pero, curiosamente, en eso radica la perfección de nuestro cuerpo, en que esa pequeña asimetría entre derecha e izquierda forma un total con un equilibrio y un funcionamiento perfecto. A ver si se aplican esto los políticos... pero no me quiero ir del tema, sigo con lo mío, con mi análisis físico de hoy.
¿Y los pechos ? ¡Pufff, menos mal, aún siguen en su sitio. No se han caido a la cintura! Bueno, a la cintura, por mucho que se quieran caer, no creo que lleguen. Son más bien... ¿discretos?, sí, esa es la palabra, dejémoslo en discretos.
¿Alguna cana indiscreta? No, ninguna, de eso ya se encarga mi peluquero; o estilista, como se le quiera llamar, a mi me gusta más peluquero, del estilo ya me encargo yo, que eso es algo muy personal. Lo de las canas...sinceramente, las canas sólo le quedan bien a Richard Gere.
¿Y el pantalón? ¡Qué alivio, sigo entrando en el mismo pantalón de ayer! Ya sé que una no se levanta de la noche a la mañana convertida en una obesa mórbida, pero como me lo habían puesto tan oscuro en las últimas semanas... yo ya mascaba la tragedia. Algunas amigas son de un envidioso... ¡lo que les jode que, faltándote nada para los cuarenta y habiendo parido varias veces, sigas entrando en la 38! Además, ¡con el trabajo que me cuesta prevenir ese riesgo laboral que, como mujer que soy, me amenaza día tras día, el tan temido "culo de funcionaria"!, bueno, más que trabajo es cuestión de perseverancia y a mí a cabezona sólo me gana mi hermana.
“ Anda que ya te queda poco para cambiar de década ¿eh?” “O sea, que dentro de poco cuarentona, ¿no?” “¡Ya verás cuando cumplas los 40!..." ¡ Hasta el Colegio de Enfermería me envia una felicitación, por si se me había olvidado, menos mal que se limita a un simple Feliz Cumpleaños!... Pues mira tú, tal vez llegar a los cuarenta sea como dejar de ser virgen, que la primera vez duele, pero después es como redescubrir el universo una y otra vez, claro que cuando el universo se ve tan de tarde en tarde o ni se ve, no me extraña que algunas y algunos hagan un drama por llegar a los cuarenta... ¡Qué rencorosas somos las mujeres, no le pasamos ni una a un hombre, pero a una mujer... menos todavía!
Hoy me han caído los cuarenta, sí, ¿qué pasa?. Ni que fuese entrar en la oscura antesala del declive hormonal, ese que nos engorda, nos achica, nos produce insomnio e irritabilidad, nos descalcifica los huesos y nos obliga a ir a la farmacia a comprar Vaginesil, o al médico, a que te recete el Colpotrofin Vaginal, para hacer más llevadera esa cosa innombrable por la dificultad de la palabreja, la dispareunia, que en el más llano y simple castellano significa que te da asquito el sexo puro y duro, y nunca mejor dicho.
Pero no importa, la arruga es bella, y no porque lo diga Adolfo Dominguez, sino porque pocas cosas hay más enigmático y a la vez bello que un rostro devastado por el trascurrir de la vida, que no del tiempo. Eso lo dejó escrito, como sólo ella supo hacerlo, Margarita Duras en El amante.
Por tanto, hoy pienso darme un homenaje, por aquello de que cuando el río suena es que agua lleva...no vaya a ser que mañana o pasado sea verdad que, llegados los cuarenta, se alcanza el punto de inflexión y comienza el ocaso. Por si acaso, en vez de velas, pondré fuegos artificiales, porque hoy, aunque haya empezado a vivir la mitad de mi vida y la mitad de mi muerte, como cantaba Cortez, me siento, una vez más, como volver a mis diecisiete...bueno, vale, dejémoslo en veintisiete...aunque la canción que hoy quiero oir y bailar sea esa de Aute, en la melosa voz de Silvio, " Anda, quitate el vestido, las flores y las trampas, ponte la desnuda violencia que recatas y ven a mis brazos, dejemos los datos, seamos un cuerpo enamorado... Anda, dime lo que sientes no temas si me mata, que yo sólo entiendo tus labios como espadas y ven..."
¿Y los pechos ? ¡Pufff, menos mal, aún siguen en su sitio. No se han caido a la cintura! Bueno, a la cintura, por mucho que se quieran caer, no creo que lleguen. Son más bien... ¿discretos?, sí, esa es la palabra, dejémoslo en discretos.
¿Alguna cana indiscreta? No, ninguna, de eso ya se encarga mi peluquero; o estilista, como se le quiera llamar, a mi me gusta más peluquero, del estilo ya me encargo yo, que eso es algo muy personal. Lo de las canas...sinceramente, las canas sólo le quedan bien a Richard Gere.
¿Y el pantalón? ¡Qué alivio, sigo entrando en el mismo pantalón de ayer! Ya sé que una no se levanta de la noche a la mañana convertida en una obesa mórbida, pero como me lo habían puesto tan oscuro en las últimas semanas... yo ya mascaba la tragedia. Algunas amigas son de un envidioso... ¡lo que les jode que, faltándote nada para los cuarenta y habiendo parido varias veces, sigas entrando en la 38! Además, ¡con el trabajo que me cuesta prevenir ese riesgo laboral que, como mujer que soy, me amenaza día tras día, el tan temido "culo de funcionaria"!, bueno, más que trabajo es cuestión de perseverancia y a mí a cabezona sólo me gana mi hermana.
“ Anda que ya te queda poco para cambiar de década ¿eh?” “O sea, que dentro de poco cuarentona, ¿no?” “¡Ya verás cuando cumplas los 40!..." ¡ Hasta el Colegio de Enfermería me envia una felicitación, por si se me había olvidado, menos mal que se limita a un simple Feliz Cumpleaños!... Pues mira tú, tal vez llegar a los cuarenta sea como dejar de ser virgen, que la primera vez duele, pero después es como redescubrir el universo una y otra vez, claro que cuando el universo se ve tan de tarde en tarde o ni se ve, no me extraña que algunas y algunos hagan un drama por llegar a los cuarenta... ¡Qué rencorosas somos las mujeres, no le pasamos ni una a un hombre, pero a una mujer... menos todavía!
Hoy me han caído los cuarenta, sí, ¿qué pasa?. Ni que fuese entrar en la oscura antesala del declive hormonal, ese que nos engorda, nos achica, nos produce insomnio e irritabilidad, nos descalcifica los huesos y nos obliga a ir a la farmacia a comprar Vaginesil, o al médico, a que te recete el Colpotrofin Vaginal, para hacer más llevadera esa cosa innombrable por la dificultad de la palabreja, la dispareunia, que en el más llano y simple castellano significa que te da asquito el sexo puro y duro, y nunca mejor dicho.
Pero no importa, la arruga es bella, y no porque lo diga Adolfo Dominguez, sino porque pocas cosas hay más enigmático y a la vez bello que un rostro devastado por el trascurrir de la vida, que no del tiempo. Eso lo dejó escrito, como sólo ella supo hacerlo, Margarita Duras en El amante.
Por tanto, hoy pienso darme un homenaje, por aquello de que cuando el río suena es que agua lleva...no vaya a ser que mañana o pasado sea verdad que, llegados los cuarenta, se alcanza el punto de inflexión y comienza el ocaso. Por si acaso, en vez de velas, pondré fuegos artificiales, porque hoy, aunque haya empezado a vivir la mitad de mi vida y la mitad de mi muerte, como cantaba Cortez, me siento, una vez más, como volver a mis diecisiete...bueno, vale, dejémoslo en veintisiete...aunque la canción que hoy quiero oir y bailar sea esa de Aute, en la melosa voz de Silvio, " Anda, quitate el vestido, las flores y las trampas, ponte la desnuda violencia que recatas y ven a mis brazos, dejemos los datos, seamos un cuerpo enamorado... Anda, dime lo que sientes no temas si me mata, que yo sólo entiendo tus labios como espadas y ven..."
The sound of music
Hoy no sólo es fiesta en Madrid, San Isidro se convierte en Baco en las miles de romerias a lo largo y ancho de la geografía española. Este pequeño y recóndito lugar, escondido entre montes y encinas, se une a la juerga, cambiando chotis por pasodoble, primero en la ermita, eso sí, tras la santísima misa en honor del santísimo santo, y después en la plaza del pueblo, los más jóvenes, los menos, seguirán hasta que el cuerpo aguante.
Por consiguiente, hoy no he ido a trabajar. Estoy aquí, en la ciudad, ociosa mientras todos trabajan. Estos días rompen mi rutina y convierten en extraña una semana ordinaria, me desubican y me desorientan temporalmente...mañana pensaré que es lunes.
Ayer tarde confeccioné mentalmente una lista de cosas para hacer. Primero pensé si tenía alguna cuestión bancaria que resolver...no, creo que no...Joder, los bancos tienen unos horarios de trabajo que no hay manera. Además, luego nos quejamos de las listas de espera del SESCAM, pero si vas a una entidad bancaría, prepárate a echar toda la santa mañana, y a nadie se le ocurre, al menos yo no lo he visto, empezar a pegar mangas con el empleado de banca por estar allí desde las nueve hasta las doce, guardando cola...eso sí, cuando te toca turno, siempre te recibe una amplia sonrisa, será por aquello de que el cliente siempre tiene la razón.
Después recordé que las vacaciones de verano están próximas. Nos iremos a finales de Junio, como el año pasado, sin el agobio de las avalanchas humanas de los meses de Julio y Agosto. Recapitulé vestuario de las niñas...sí, tengo que ir de tiendas...algún pantalón, un par de chaquetas para la salida nocturna por el paseo marítimo y un par de bañadores para cada una. El resto, que son las minucias de última hora, lo dejaré a eso, a última hora.
Ahhh, y el conservatorio, que no se me olvide pasar por el conservatorio. Me hace ilusión matricular a mi enana en el conservatorio. Ya me lo pidió el año pasado, pero no quise agobiarla. Soy de las que piensan que la infancia es para vivirla como tal, no como un adultos, estresados y agobiados con tantas clases extraescolares. Lo que me importa es que mis hijas recuerden su infancia como lo que es, una etapa donde el pasado es tan pasado que ya no tiene interés ni se recuerda, el futuro no existe y el presente es eterno.
Pero disfruta tanto con la música que no me queda más remedio que darle la oportunidad. Además, es en lo único que se me parece...me gusta verme reflejada en esa parte suya. No recuerdo ni un sólo instante de mi vida que no asocie a la música, a la letra de alguna canción, a una melodia...Empezando por " El marinero cantor" de Emilio José, que le cantaba a la tendera de la esquina de mi calle, en mi pueblo natal, cuando aún no llegaba en estatura al mostrador...y es que, a mis seis años, ya se habían corrido las voces por el barrio de que quería ser artista...He cantado de todo, desde Camilo Sesto (cuando aún no desvariaba con el Mola mazo), pasando por el Hoy no me puedo levantar, de Mecano, aunque a estos los he bailado muchas más veces que cantado...hasta un solemne "No llores por mi Argentina"...cada vez que me acuerdo de aquello, no puedo evitar una sonrisa y ponerme colorada, todavía...Era una prueba para entrar en la Coral Universitaría, unos veinte aspirantes, el director de la coral y mi turno...Entré, por supuesto que entré, joder, con las ganas que le puse y la terapia previa, para que los nervios no me traicionasen y no hiciesen temblar mi voz...y llegado el momento, aquello sonó de tal manera que no me lo creía ni yo, porque hasta entonces sólo cantaba para mi, en mi habitación y rara vez en alguna reunión de amigos, cantando a Paco Ibañez , a Nacha Guevara o a Aute o a Serrat, unas veces reivindicando no sabíamos muy bien qué y otras, hundiéndonos más en el dolor de un desengaño amoroso veinteañero, mientras le ponía ganas y corazón a " De alguna manera tendré que olvidarte, por mucho que quiera no es facil, ya sabes...me faltan las fuerzas, ha sido muy tarde...y nada más, y nada más, apenas nada más..."
Aquél día era ante veintitantos, algún curioso y , por primera vez, en un auditorio por el que mi voz alcanzó su grado más superlativo. Fué una bonita experiencia, pero las corales no eran lo mio...Seguí con mi guitarra y cantando de oido, ahora ya menos, no tengo tiempo, y cuando retomo la vieja guitarra para cantar algo que me solicita mi incondicional público, mis niñas, los torpes dedos ya no presionan las cuerdas como deben, ni los registros de mi voz son los que eran...Pero la música sigue acompañándome y definiéndome, como me refleja un verso o un pequeño fragmento de una novela...Ayer eran los " Labios compartidos" de Maná, que acompañan mis largas horas de carretera, que tarareo para mis adentros, mientras el pensamiento permanece abstraido en recuerdos, en impresiones de la mañana, en el paisaje, que mantiene su verdiblanco por el pantano de La Torre y que se va trasformando en amarillo verdoso, a un lado y otro de la interminable recta que trascurre por la, ahora, amplia llanura manchega.
Mañana volverá a ser Aute y sus Dos o tres segundos de ternura, o Freddy Mercury o Vaya con dios...y de nuevo Aute.
Por consiguiente, hoy no he ido a trabajar. Estoy aquí, en la ciudad, ociosa mientras todos trabajan. Estos días rompen mi rutina y convierten en extraña una semana ordinaria, me desubican y me desorientan temporalmente...mañana pensaré que es lunes.
Ayer tarde confeccioné mentalmente una lista de cosas para hacer. Primero pensé si tenía alguna cuestión bancaria que resolver...no, creo que no...Joder, los bancos tienen unos horarios de trabajo que no hay manera. Además, luego nos quejamos de las listas de espera del SESCAM, pero si vas a una entidad bancaría, prepárate a echar toda la santa mañana, y a nadie se le ocurre, al menos yo no lo he visto, empezar a pegar mangas con el empleado de banca por estar allí desde las nueve hasta las doce, guardando cola...eso sí, cuando te toca turno, siempre te recibe una amplia sonrisa, será por aquello de que el cliente siempre tiene la razón.
Después recordé que las vacaciones de verano están próximas. Nos iremos a finales de Junio, como el año pasado, sin el agobio de las avalanchas humanas de los meses de Julio y Agosto. Recapitulé vestuario de las niñas...sí, tengo que ir de tiendas...algún pantalón, un par de chaquetas para la salida nocturna por el paseo marítimo y un par de bañadores para cada una. El resto, que son las minucias de última hora, lo dejaré a eso, a última hora.
Ahhh, y el conservatorio, que no se me olvide pasar por el conservatorio. Me hace ilusión matricular a mi enana en el conservatorio. Ya me lo pidió el año pasado, pero no quise agobiarla. Soy de las que piensan que la infancia es para vivirla como tal, no como un adultos, estresados y agobiados con tantas clases extraescolares. Lo que me importa es que mis hijas recuerden su infancia como lo que es, una etapa donde el pasado es tan pasado que ya no tiene interés ni se recuerda, el futuro no existe y el presente es eterno.
Pero disfruta tanto con la música que no me queda más remedio que darle la oportunidad. Además, es en lo único que se me parece...me gusta verme reflejada en esa parte suya. No recuerdo ni un sólo instante de mi vida que no asocie a la música, a la letra de alguna canción, a una melodia...Empezando por " El marinero cantor" de Emilio José, que le cantaba a la tendera de la esquina de mi calle, en mi pueblo natal, cuando aún no llegaba en estatura al mostrador...y es que, a mis seis años, ya se habían corrido las voces por el barrio de que quería ser artista...He cantado de todo, desde Camilo Sesto (cuando aún no desvariaba con el Mola mazo), pasando por el Hoy no me puedo levantar, de Mecano, aunque a estos los he bailado muchas más veces que cantado...hasta un solemne "No llores por mi Argentina"...cada vez que me acuerdo de aquello, no puedo evitar una sonrisa y ponerme colorada, todavía...Era una prueba para entrar en la Coral Universitaría, unos veinte aspirantes, el director de la coral y mi turno...Entré, por supuesto que entré, joder, con las ganas que le puse y la terapia previa, para que los nervios no me traicionasen y no hiciesen temblar mi voz...y llegado el momento, aquello sonó de tal manera que no me lo creía ni yo, porque hasta entonces sólo cantaba para mi, en mi habitación y rara vez en alguna reunión de amigos, cantando a Paco Ibañez , a Nacha Guevara o a Aute o a Serrat, unas veces reivindicando no sabíamos muy bien qué y otras, hundiéndonos más en el dolor de un desengaño amoroso veinteañero, mientras le ponía ganas y corazón a " De alguna manera tendré que olvidarte, por mucho que quiera no es facil, ya sabes...me faltan las fuerzas, ha sido muy tarde...y nada más, y nada más, apenas nada más..."
Aquél día era ante veintitantos, algún curioso y , por primera vez, en un auditorio por el que mi voz alcanzó su grado más superlativo. Fué una bonita experiencia, pero las corales no eran lo mio...Seguí con mi guitarra y cantando de oido, ahora ya menos, no tengo tiempo, y cuando retomo la vieja guitarra para cantar algo que me solicita mi incondicional público, mis niñas, los torpes dedos ya no presionan las cuerdas como deben, ni los registros de mi voz son los que eran...Pero la música sigue acompañándome y definiéndome, como me refleja un verso o un pequeño fragmento de una novela...Ayer eran los " Labios compartidos" de Maná, que acompañan mis largas horas de carretera, que tarareo para mis adentros, mientras el pensamiento permanece abstraido en recuerdos, en impresiones de la mañana, en el paisaje, que mantiene su verdiblanco por el pantano de La Torre y que se va trasformando en amarillo verdoso, a un lado y otro de la interminable recta que trascurre por la, ahora, amplia llanura manchega.
Mañana volverá a ser Aute y sus Dos o tres segundos de ternura, o Freddy Mercury o Vaya con dios...y de nuevo Aute.
Diálogos de dos locas bajitas III
-¡Carolina! ¡Carolina!
-¡Quéeeeeeee!
-¡Veeeen, que quiero preguntarte una coza!
- A ver, ¿qué coza es eza que no puede espedar?
-¿ Tú zabes lo que es un metrocesual?
-Pues me enteré el otro día…un metrocesual es un ceñor que se echa potingues en la cada y no tiene pelos en el pecho.
- ¡ Ala ya! ¿Y quién te ha dicho a ti ezo?
-No me lo ha dicho nadie, es puda lógica…el día del cumple de papá, mamá le regalò una crema para la cara y papá le preguntó si es que a los 40 quedía que se convirtiese en esa coza, en metrocesual…yo abrí los oídos como platos para enterarme qué eda cemejante palabreja y mamá añadió “ pedo cielito, ci tú ya lo eres, no has tenido pelos en el pecho en tu vida”. Por consiguiente, un metrocesual es un ceñor que ce pone crema en la cada y no tiene pelos en el pecho.
-¿Y ezo es un insulto?
-Que tonta edes, Conchita, metrocesual es una condición como la humana, la femenina y ezas cozas.
-Ahhhh, pero una palabrota no,¿no?.
-No, pezá.
-Entonces no lo entiendo…esta mañana la ceño ha castigado a Carlitos Rodríguez por decirle metrocesual a Luisito Diaz. Le ha mandao al rincón de penzar…
-¿Sólo por ezo? Habrá cido por alguna coza más.
-No ce, el cazo es que esta mañana estábamos jugando al juego “ adivina qué seré de mayor”…
-¿Y tú qué quiedes cer?
-Yo qué ce, ya no me acuerdo…no me intedumpas…¿ por dónde iba? Ah, ya…y Luicito Díaz ha dicho que quedía ser jugador del Real Madrid y padecerse a Beckham, ece chico que está casado con esa espagueti que siempre va con la boca abierta y gafas de sol, pues ese…Entonces Carlitos le ha llamado metrocesual de mierda, y antes de que la ceño pudiera deaccionar, Luicito se ha lanzado a su cada, con las manos abiertas, y casi le saca un ojo de la órbita orbicular. La ceño ha empezado a gritar diciendo “¡que alguien llame al 112, que alguien llame al 112!”, pero la otra ceño de 1ºB, al ir a ponerle un pañuelo para impedir que el ojo colgara, ce ha dado cuenta de que eda un trozo de plastilina doja, de la manualidad que estábamos haciendo. Cuando ce le ha pazado en zofocón, la ceño le ha dicho a Carlitos Rodríguez qué dónde había oído semejante coza y él ha dicho que zu padre lo grita a los merengues,- no se qué tienen que ver los pasteles aquí, la verdad…- como un pocezo en los partidos de fútbol contra el Barcelona. Yo he penzado que zi ce lo había oído a zu padre, segudo segudo, eda una palabrota…
-Qué bruta edes Conchita, la palabrota no es metrocesual, la palabrota es haberlo unido a la mierda, como siempre, la mierda hace que todo huela mal.
-Ahhh, ya entiendo. Y encima, Raquel Cacero ha dicho que ella, de mayor, quedía ser la señora de Luicito Diaz. Entonces, la ceño ha dicho que tenía una jaqueca imprecionante y que nos fuédamos al decreo, todos menos Carlitos y Luicito, que ce quedaban cada uno en un dincón.
-Como decía el sabio Sabina, las niñas ya no quieren cer princesas, ahora sólo quieden cazarse con ricos futbolistas o viejos emprezadios…una pena, una pena.
-No ce quién cerá ece Sabina, pero seguro que no zabe que es que una hada, con muy mala leche, convierte a las princesas en cenicientas después de las doce, así no hay maneda de cer prince…si cuando estás en lo mejor se fastidia el plan…
-Vas a dejar de leer cuentos, Conchita, y vas a hacer el favor de leer cozas de intedes humano, que te veo quediéndo cer la mujer de Froilan de todos los zantos.
-¡Quéeeeeeee!
-¡Veeeen, que quiero preguntarte una coza!
- A ver, ¿qué coza es eza que no puede espedar?
-¿ Tú zabes lo que es un metrocesual?
-Pues me enteré el otro día…un metrocesual es un ceñor que se echa potingues en la cada y no tiene pelos en el pecho.
- ¡ Ala ya! ¿Y quién te ha dicho a ti ezo?
-No me lo ha dicho nadie, es puda lógica…el día del cumple de papá, mamá le regalò una crema para la cara y papá le preguntó si es que a los 40 quedía que se convirtiese en esa coza, en metrocesual…yo abrí los oídos como platos para enterarme qué eda cemejante palabreja y mamá añadió “ pedo cielito, ci tú ya lo eres, no has tenido pelos en el pecho en tu vida”. Por consiguiente, un metrocesual es un ceñor que ce pone crema en la cada y no tiene pelos en el pecho.
-¿Y ezo es un insulto?
-Que tonta edes, Conchita, metrocesual es una condición como la humana, la femenina y ezas cozas.
-Ahhhh, pero una palabrota no,¿no?.
-No, pezá.
-Entonces no lo entiendo…esta mañana la ceño ha castigado a Carlitos Rodríguez por decirle metrocesual a Luisito Diaz. Le ha mandao al rincón de penzar…
-¿Sólo por ezo? Habrá cido por alguna coza más.
-No ce, el cazo es que esta mañana estábamos jugando al juego “ adivina qué seré de mayor”…
-¿Y tú qué quiedes cer?
-Yo qué ce, ya no me acuerdo…no me intedumpas…¿ por dónde iba? Ah, ya…y Luicito Díaz ha dicho que quedía ser jugador del Real Madrid y padecerse a Beckham, ece chico que está casado con esa espagueti que siempre va con la boca abierta y gafas de sol, pues ese…Entonces Carlitos le ha llamado metrocesual de mierda, y antes de que la ceño pudiera deaccionar, Luicito se ha lanzado a su cada, con las manos abiertas, y casi le saca un ojo de la órbita orbicular. La ceño ha empezado a gritar diciendo “¡que alguien llame al 112, que alguien llame al 112!”, pero la otra ceño de 1ºB, al ir a ponerle un pañuelo para impedir que el ojo colgara, ce ha dado cuenta de que eda un trozo de plastilina doja, de la manualidad que estábamos haciendo. Cuando ce le ha pazado en zofocón, la ceño le ha dicho a Carlitos Rodríguez qué dónde había oído semejante coza y él ha dicho que zu padre lo grita a los merengues,- no se qué tienen que ver los pasteles aquí, la verdad…- como un pocezo en los partidos de fútbol contra el Barcelona. Yo he penzado que zi ce lo había oído a zu padre, segudo segudo, eda una palabrota…
-Qué bruta edes Conchita, la palabrota no es metrocesual, la palabrota es haberlo unido a la mierda, como siempre, la mierda hace que todo huela mal.
-Ahhh, ya entiendo. Y encima, Raquel Cacero ha dicho que ella, de mayor, quedía ser la señora de Luicito Diaz. Entonces, la ceño ha dicho que tenía una jaqueca imprecionante y que nos fuédamos al decreo, todos menos Carlitos y Luicito, que ce quedaban cada uno en un dincón.
-Como decía el sabio Sabina, las niñas ya no quieren cer princesas, ahora sólo quieden cazarse con ricos futbolistas o viejos emprezadios…una pena, una pena.
-No ce quién cerá ece Sabina, pero seguro que no zabe que es que una hada, con muy mala leche, convierte a las princesas en cenicientas después de las doce, así no hay maneda de cer prince…si cuando estás en lo mejor se fastidia el plan…
-Vas a dejar de leer cuentos, Conchita, y vas a hacer el favor de leer cozas de intedes humano, que te veo quediéndo cer la mujer de Froilan de todos los zantos.
Algo más...
No fué nada vocacional lo de estudiar enfermería. En aquellos años, hace dieciocho ya, era una de las diplomaturas con mejor espectativa de trabajo. Tanto es así que comencé a trabajar una semana después de finalizar la carrera y, quince años más tarde, sigo en el mismo lugar.
Al principio renegaba de mi profesión. Era un constante si yo hubiese estudiado esto otro, si hubiese seguido con Magisterio, -en el que me matriculé antes que en la enfermería y abandoné para buscar una independencia económica y personal rápida- si hubiese continuado con Derecho, -que comencé en la UNED un año después de empezar a trabajar, para no aburrirme como una ostra y desconectar de esa "atención monjil, servil y ñoña" con la que muchos de los colegas de profesión atienden a sus pacientes- si hubiese, si hubiese... Por decirlo de alguna manera, no terminaba de encontrar ni mi sitio ni mi forma de hacer las cosas.
Con los años me he dado cuenta, tal vez por tener el privilegio de trabajar en una zona pequeña y muy envejecida, de que ser enfermera/ DUE/ practicante/ ATS o cómo se nos quiera llamar, (a veces se nos llama de todo menos cómo se nos tiene que llamar) es algo más que una profesión. Para la inmensa mayoría de nuestros usuarios ( me repatea esa nueva forma de llamar al paciente...usuario) somos su referente, los ojos de muchos, los hombros de otros, el bastón de la inmensa mayoría... pero sobre todo somos SU ENFERMERA, y si no está SU ENFERMERA, lo que traen entre manos puede esperar para mañana, porque " su enfermera le entiende mejor que nadie", " sólo ella se lo explica con palabras que entiende" , y si no saben escribir ni leer " ella les hace un dibujo para que comprendan bien cuándo y cómo deben tomarse tal o cual medicamento"... y aunque el farmaceútico le ha dicho que el genérico que le ha dado son las misma pastillas que tomaba antes para la tensión, " va a enseñárselas a su enfermera para que se lo confirme".
Quince años son muchos años para limitar sólo la profesión a la aplicación de una técnica en una cura o la toma de una tensión o una glucemia. A veces, me veo repitiéndole al mismo paciente los mismos consejos para controlar su diabetes que cuando caí por aquí, con el mismo caso omiso por su parte (eso pasa con más frecuencia de la deseada en nuestra profesión, a esos los llamo yo los insumisos...) En otro tiempo, hubiese puesto en letras grandes en su historia "ESTO ES COMO PREDÍCAME PADRE", o bien algo más duro como " ME HE CANSADO DE ECHARLE FLORES A LOS CERDOS", y aunque le siguiese viendo periódicamente, no hubiese puesto ningún empeño para que su glucemía bajase de los 250 a los que me tiene acostumbrada... Hoy no doy ningún caso por perdido, ni siquiera a los insumisos, que se han convertido en un reto personal, y cada pequeña meta y cada pequeño objetivo es un triunfo compartido.
He aprendido que hacerse viejo no es esperar a que llegue la muerte, sino vivir la vida con serenidad. Que la vejez es un pozo de sabiduría, un libro de la vida comprimido. Y yo tengo, gracias a mi profesión, el privilegio de hacer lectura de tantos y tantos libros, unos muy amenos, otros muy amargos...
De vez en cuando aparece alguien como Pilar, que no me conoce de nada, a la que no conozco de nada. Al principio sólo me cuenta cuatro cosas tan superfluas que no logro entender, creo que ella tantea el terreno... Durante los tres minutos que se tarda en poner un inyectable, capto que además de dolerle su lumbalgia, también le duele el alma y termino por decirle que si algún día necesita charlar se pase a última hora por mi consulta. Mi coordinador médico me dice que terminaré quemándome y que para eso están los curas..."anda, bonito, que tú empatizar lo que se dice empatizar..." Yo tal vez soy un clines para Pilar, no pretendo ser más. Ella a mí me aporta muchísimo...
Tengo la gran suerte de tener una profesión en la que el objeto de mi trabajo es algo más que una historia de papel, o ahora ya de ordenador, con resúmenes de problemas, analíticas y radiografías. Son pedacitos de vida, con pequeñas y grandes cicatrices, con pequeñas y grandes heridas, y yo una eterna aprendiz intentando echar remiendos.
Al principio renegaba de mi profesión. Era un constante si yo hubiese estudiado esto otro, si hubiese seguido con Magisterio, -en el que me matriculé antes que en la enfermería y abandoné para buscar una independencia económica y personal rápida- si hubiese continuado con Derecho, -que comencé en la UNED un año después de empezar a trabajar, para no aburrirme como una ostra y desconectar de esa "atención monjil, servil y ñoña" con la que muchos de los colegas de profesión atienden a sus pacientes- si hubiese, si hubiese... Por decirlo de alguna manera, no terminaba de encontrar ni mi sitio ni mi forma de hacer las cosas.
Con los años me he dado cuenta, tal vez por tener el privilegio de trabajar en una zona pequeña y muy envejecida, de que ser enfermera/ DUE/ practicante/ ATS o cómo se nos quiera llamar, (a veces se nos llama de todo menos cómo se nos tiene que llamar) es algo más que una profesión. Para la inmensa mayoría de nuestros usuarios ( me repatea esa nueva forma de llamar al paciente...usuario) somos su referente, los ojos de muchos, los hombros de otros, el bastón de la inmensa mayoría... pero sobre todo somos SU ENFERMERA, y si no está SU ENFERMERA, lo que traen entre manos puede esperar para mañana, porque " su enfermera le entiende mejor que nadie", " sólo ella se lo explica con palabras que entiende" , y si no saben escribir ni leer " ella les hace un dibujo para que comprendan bien cuándo y cómo deben tomarse tal o cual medicamento"... y aunque el farmaceútico le ha dicho que el genérico que le ha dado son las misma pastillas que tomaba antes para la tensión, " va a enseñárselas a su enfermera para que se lo confirme".
Quince años son muchos años para limitar sólo la profesión a la aplicación de una técnica en una cura o la toma de una tensión o una glucemia. A veces, me veo repitiéndole al mismo paciente los mismos consejos para controlar su diabetes que cuando caí por aquí, con el mismo caso omiso por su parte (eso pasa con más frecuencia de la deseada en nuestra profesión, a esos los llamo yo los insumisos...) En otro tiempo, hubiese puesto en letras grandes en su historia "ESTO ES COMO PREDÍCAME PADRE", o bien algo más duro como " ME HE CANSADO DE ECHARLE FLORES A LOS CERDOS", y aunque le siguiese viendo periódicamente, no hubiese puesto ningún empeño para que su glucemía bajase de los 250 a los que me tiene acostumbrada... Hoy no doy ningún caso por perdido, ni siquiera a los insumisos, que se han convertido en un reto personal, y cada pequeña meta y cada pequeño objetivo es un triunfo compartido.
He aprendido que hacerse viejo no es esperar a que llegue la muerte, sino vivir la vida con serenidad. Que la vejez es un pozo de sabiduría, un libro de la vida comprimido. Y yo tengo, gracias a mi profesión, el privilegio de hacer lectura de tantos y tantos libros, unos muy amenos, otros muy amargos...
De vez en cuando aparece alguien como Pilar, que no me conoce de nada, a la que no conozco de nada. Al principio sólo me cuenta cuatro cosas tan superfluas que no logro entender, creo que ella tantea el terreno... Durante los tres minutos que se tarda en poner un inyectable, capto que además de dolerle su lumbalgia, también le duele el alma y termino por decirle que si algún día necesita charlar se pase a última hora por mi consulta. Mi coordinador médico me dice que terminaré quemándome y que para eso están los curas..."anda, bonito, que tú empatizar lo que se dice empatizar..." Yo tal vez soy un clines para Pilar, no pretendo ser más. Ella a mí me aporta muchísimo...
Tengo la gran suerte de tener una profesión en la que el objeto de mi trabajo es algo más que una historia de papel, o ahora ya de ordenador, con resúmenes de problemas, analíticas y radiografías. Son pedacitos de vida, con pequeñas y grandes cicatrices, con pequeñas y grandes heridas, y yo una eterna aprendiz intentando echar remiendos.
Una canción para Pilar
Pilar nació en Madrid hace 40 años. Sus padres eran desertores de tierras infértiles, de montes secos y escabrosos, en donde el romero exhala su olor penetrante y las jaras pintan de verdiblanco los paisajes de Abril y Mayo. Ellos fueron unos de tantos que buscaron en la ciudad una vida mejor, al menos eso creían, y la esperanza de que sus hijos tuviesen más oportunidades que los hijos de quienes quedaron allá, perdidos en medio de montes y ríos secos.
Los ojos de Pilar obligan a mirarlos, son grandes, vivos, chispeantes, de un verde sobrio que guarda una perfecta armonía con su cara. Son muchas las veces que los he visto llorar, a veces de rabia, a veces de soledad y desamparo, a veces de desesperación...
Hace tres años que regresó al pueblo que sus padres abandonaron, sin más compañía que una perrilla cocker. No sabe muy bien buscando qué... tal vez pertenecer a alguien, a algo... tal vez en busca de sí misma, en el silencio y la tranquilidad, esa que tanto aprecian los que viven en medio de la vorágine de la gran ciudad. La vida la ha tratado mal, a veces fue el cruel destino, otras -ella misma lo dice- fue su propio abandono, un dejarse llevar en medio de la jungla. No supo abrirse caminos, no supo apartar la maleza y no supo, o tal vez no quiso, esquivar la mano que le ofreció la salida más fácil.
Recuerda con nostalgía la frescura de las noches de estio en el pueblo paterno. Allí Pilar era la chica moderna, liberal, divertida, fresca... era la novedad. Ahora es la puta, la yonqui... no sabía que vivía en medio de miserables. Finalizando la universidad -es licenciada en Filología Inglesa- comenzó su pesadilla. Conoció a Carlos, que la convirtió en un despojo humano. Siete años de relación llena de vejaciones, drogas, sectas de ideologías satánicas y abusos sexuales. Dejó de ser cuanto era, dejó de pertenecer a quienes siempre la habían querido, dejó de ser Pilar para perderse en el oscuro mar de la nada. Fue entonces cuando su médico le dijo que era una seropositivo VIH. Fue entonces cuando el silencio se hizo eterno, ese silencio en el que no hay más sonido que el eco de un lamento, en el que no hay más sentimiento que una profunda soledad, en el que el calor de la sangre se convierte en fría escarcha y el miedo a la muerte inunda las venas contraídas.
Pilar es un intento desesperado por dar una oportunidad a la vida. Su madre murió hace tres años, repentinamente. Su padre anda perdido en un piso vacío, en medio de la gran ciudad. A veces viene al pueblo a visitarla, pero los recuerdos le obligan a volver al nido abandonado. Tiene dos hermanas con las que no mantiene buena relación, por aquello del SIDA, que tanto miedo y tanto rechazo provoca. Ella dice que cuando se acerca para besarlas, cree ver ojos de espanto, a veces de asco. Rara vez recibe un abrazo, por si acaso.
A veces no sé qué decirle, a veces no sé cómo darle esperanza, a veces no se me ocurre más que guardar silencio, un respetuoso silencio. Otras, en ese constante devenir con la canción, me acuerdo de Paco Ibañez y su versionado Palabras para Julia, de Goytisolo
Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un ahullido interminable,
interminable...
Te sentirás acorralada,
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido,
no haber nacido...
Pero tú siempre acuerdate
de lo que un día yo escribí
pensando en tí, pensando en ti,
como ahora pienso...
Me he fundido muchas veces con ella en un abrazo, cuando se derrumbaba en medio del desconsuelo. Pilar sabe el valor de un abrazo, el apretón de una mano, un minuto de silencio compartido... pero sobre todo sabe que la vida es demasiado importante para despreciarla... lo sabe.
Los ojos de Pilar obligan a mirarlos, son grandes, vivos, chispeantes, de un verde sobrio que guarda una perfecta armonía con su cara. Son muchas las veces que los he visto llorar, a veces de rabia, a veces de soledad y desamparo, a veces de desesperación...
Hace tres años que regresó al pueblo que sus padres abandonaron, sin más compañía que una perrilla cocker. No sabe muy bien buscando qué... tal vez pertenecer a alguien, a algo... tal vez en busca de sí misma, en el silencio y la tranquilidad, esa que tanto aprecian los que viven en medio de la vorágine de la gran ciudad. La vida la ha tratado mal, a veces fue el cruel destino, otras -ella misma lo dice- fue su propio abandono, un dejarse llevar en medio de la jungla. No supo abrirse caminos, no supo apartar la maleza y no supo, o tal vez no quiso, esquivar la mano que le ofreció la salida más fácil.
Recuerda con nostalgía la frescura de las noches de estio en el pueblo paterno. Allí Pilar era la chica moderna, liberal, divertida, fresca... era la novedad. Ahora es la puta, la yonqui... no sabía que vivía en medio de miserables. Finalizando la universidad -es licenciada en Filología Inglesa- comenzó su pesadilla. Conoció a Carlos, que la convirtió en un despojo humano. Siete años de relación llena de vejaciones, drogas, sectas de ideologías satánicas y abusos sexuales. Dejó de ser cuanto era, dejó de pertenecer a quienes siempre la habían querido, dejó de ser Pilar para perderse en el oscuro mar de la nada. Fue entonces cuando su médico le dijo que era una seropositivo VIH. Fue entonces cuando el silencio se hizo eterno, ese silencio en el que no hay más sonido que el eco de un lamento, en el que no hay más sentimiento que una profunda soledad, en el que el calor de la sangre se convierte en fría escarcha y el miedo a la muerte inunda las venas contraídas.
Pilar es un intento desesperado por dar una oportunidad a la vida. Su madre murió hace tres años, repentinamente. Su padre anda perdido en un piso vacío, en medio de la gran ciudad. A veces viene al pueblo a visitarla, pero los recuerdos le obligan a volver al nido abandonado. Tiene dos hermanas con las que no mantiene buena relación, por aquello del SIDA, que tanto miedo y tanto rechazo provoca. Ella dice que cuando se acerca para besarlas, cree ver ojos de espanto, a veces de asco. Rara vez recibe un abrazo, por si acaso.
A veces no sé qué decirle, a veces no sé cómo darle esperanza, a veces no se me ocurre más que guardar silencio, un respetuoso silencio. Otras, en ese constante devenir con la canción, me acuerdo de Paco Ibañez y su versionado Palabras para Julia, de Goytisolo
Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un ahullido interminable,
interminable...
Te sentirás acorralada,
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido,
no haber nacido...
Pero tú siempre acuerdate
de lo que un día yo escribí
pensando en tí, pensando en ti,
como ahora pienso...
Me he fundido muchas veces con ella en un abrazo, cuando se derrumbaba en medio del desconsuelo. Pilar sabe el valor de un abrazo, el apretón de una mano, un minuto de silencio compartido... pero sobre todo sabe que la vida es demasiado importante para despreciarla... lo sabe.





