4. EL ETERNO ADOLESCENTE
Estamos ante una figura revolucionaria del siglo XXI. Se dice que gracias a él, niños de entre 8 y 13 años se han aficionado a la lectura. Es un verdadero niño prodigio, un alquimista dirían las malas lenguas, pues ha reportado a su benefactora, J.K. Rowling millones de euros.

P.: ¿Fue un verdadero golpe de suerte descubrir que tus padres eran dos talentos y poder salir de la casa de tu malvado tío?
R.: Podría decirse así. Tengo todo el derecho del mundo, era cuestión de tiempo que pasara. Pero no todo es tan fantástico, tengo que volver a mi casa cada verano.
P.: Bueno, tiene la casa de sus dos inseparables amigos…
R.: Yo no tengo amigos. Hermione es una “chica”, y Ron es un pobre desgraciado. Sólo aparento ser su amigo por exigencias del guión.
P.: ¿Qué le parece la adaptación de su vida al cine?
R.: Se queda corta. No me gusta porqué parezco un miserable que no tiene donde caerse muerto y no es así.
P.: ¿Cómo ha vivido la pérdida de sus progenitores?
R.: Mi madre era algo ligera de cascos y mi padre la dejaba hacer. ¿Qué clase de ejemplo me hubiesen dado?
P.: No lo sé… ¿Cómo vive la adolescencia sin ellos?
R.: Pues supongo que como la viviría con ellos… Tengo todos los problemas de cualquier adolescente, aun siendo un mago.
P.: Hay quien dice que no lo lleva muy bien, ya sabe, los porros, incluso un profesor suyo se atrevió a decir que es un pajillero compulsivo…
R.: A ese profesor le gusta demasiado empinar el codo… No sé que clase de niño de 11 años cree que soy, pero le aseguro que todo son falsas acusaciones. El de la película puede ser eso y mucho más, pero yo soy un buen chico.
P.: Para tener 11 años tiene usted un vocabulario un poco arcaico…
R.: La buena educación se lleva dentro, el lenguaje está degenerando y está en manos de los jóvenes conservar el buen gusto a la hora de hablar.
P.: ¿Cómo se lleva tener 11 años eternamente?
R.: Bueno, veo la película y me doy cuenta de que prefiero tener 11… Claro que hay cosas que nunca descubriré, pero ya lo tengo asumido.
P.: Hay un personaje importante que muere hacia el 5º libro, ¿Qué opina?
R.: Que lo podrían haber eliminado mucho antes. El personaje empezaba a hacerse pesado hacía tiempo y supongo que a la escritora se le hizo difícil dominarlo.
P.: Da la sensación de que odia usted a todo el mundo…
R.: ¡Oh! No me malinterprete… Hay mucha gente a la que adoro y por la que siento un gran aprecio.
P.: Pero parece usted un adolescente antisistema…
R.: No, por favor… Nunca he sido un muchacho rebelde. Al contrario, mientras vivía con mis tíos fui muy obediente.
P.: Por la cuenta que le traía…
R.: No eran tan malos, todo el mundo se enoja si las cosas no son cómo desea.
P.: ¿Está a favor de la esclavitud infantil?
R.: Claro que no, ¿por quien me toma? Pero pienso que nunca viene mal un poco de mano dura.
P.: ¿Lo considera pues una experiencia enriquecedora?
R.: Absolutamente. Aprendí mucho.
P.: ¿Se adaptó a Hogwarts fácilmente?
R.: Me encanta la magia. Imagínese que ahora puedo practicarla todo el día. Puedo hacer que le crezca el pelo si lo desea… Bajo su responsabilidad, claro.
P.: No, gracias. ¿Qué tipo de futuro le espera? ¿Tiene salida profesional?
R.: No creo que deje nunca la escuela de magia, pero de no ser así podría ser profesor, o ser el hechicero de alguna corte europea.
P.: Creo que ya no tienen esos servicios, pero ser profesor parece interesante.
R.: Lo es, poder enseñar a otras personas todo lo que he aprendido sería muy enriquecedor.
P.: Desde luego no debe ser fácil mantener el equilibrio sobre una escoba…
R.: Ésa es la parte más importante, según mi parecer, de la vida de un mago. El aprendizaje de volar. Necesita disciplina, equilibrio y concentración. No se puede ir por la vida actuando como un temerario.
P.: ¿Cuál cree que debería ser la edad mínima para obtener la escoba?
R.: Esa es otra. No deberían dejar que los chicos la usaran hasta cumplir los 15 años, como mínimo, y en esta primera etapa se debería hacer un control exhaustivo del uso de la escoba.
P.: ¿Les dan alguna especie de carné o acreditación para poder usarla?
R.: No es necesario, aunque creo que deberían darlo. Oiga, ¿se está mofando de mí?
P.: ¡Claro que no señor Potter! Me siento intrigado por el apasionante mundo de las escobas.
R.: Pues cuando quiera le llevo a dar una vuelta.
P.: No gracias, tengo vértigo. Podría darme una apoplejía y quedarme en el sitio, o 200 metros más abajo. Y dígame, ¿hay tema con Hermione?
R.: Hermione ya tiene lo suyo con Ron… Con una promiscua en la serie creo que es suficiente.
P.: Su madre, claro. ¿Qué le ha supuesto la falta de esta importante figura?
R.: Tuve la figura de mi tía, que pese a todo sé que en el fondo me quiere.
P.: Todo el mundo tiene un fondo… ¿Echa de menos a sus padres?
R.: Nunca les conocí, pero el hecho de que fuesen tan importantes y de la manera en que fallecieron me crea un enorme estrés. Siento una pesada carga sobre mis hombros…
P.: Debe ser duro, le exigirán mucho en la escuela.
R.: Muchísimo, ni se lo imagina. Creen que la magia es hereditaria, pero yo pienso que se adquiere la habilidad de practicarla. Unos valen y otros no, independientemente de ser hijo de magos o no.
P.: Se ha dicho mucho sobre su opción sexual, ¿Le gustaría aclarar algo al respecto?
R.: No tengo nada que decir.
P.: Puede hablar con franqueza, este periodicucho no lo lee mucha gente… En todo caso lo leerá algún griego.
R.: Bueno, verá, es difícil para mí aceptarlo, pero creo que me gustan los señores mayores…
P.: ¿De verdad?
R.: Sí. Mi tío me ha enseñado todo lo que tengo que saber y dice que no tengo de que avergonzarme.
P.: ¿Su tio le toca?
R.: Uno tiene sus necesidades señor Simitis. ¿Usted no? Además es francamente atractivo.
P.: Sí, pero yo soy etero.
R.: Yo también estoy entero, por eso mismo sufro.
P.: ¿Es un reprimido?
R.: Me aflige reconocerlo, pero sí. ¿De verdad no quiere que le lleve en mi escoba? Le agarraré bien para que no se caiga…
P.: No, de verdad que no. Además el contacto humano me incomoda sobremanera. Ya para terminar, ¿tiene algo que decir a sus miles de fans adolescentes?
R.: Que vengan a visitarme, sobre todo si son chicos. Les espero.
He aquí un adolescente atormentado, víctima de las circunstancias de su vida. La enfermedad mental acecha en cualquier parte.
Nota de Odysseas Simitis: Por enfermedad mental se entiende la degeneración del espíritu, NO la orientación sexual.

P.: ¿Fue un verdadero golpe de suerte descubrir que tus padres eran dos talentos y poder salir de la casa de tu malvado tío?
R.: Podría decirse así. Tengo todo el derecho del mundo, era cuestión de tiempo que pasara. Pero no todo es tan fantástico, tengo que volver a mi casa cada verano.
P.: Bueno, tiene la casa de sus dos inseparables amigos…
R.: Yo no tengo amigos. Hermione es una “chica”, y Ron es un pobre desgraciado. Sólo aparento ser su amigo por exigencias del guión.
P.: ¿Qué le parece la adaptación de su vida al cine?
R.: Se queda corta. No me gusta porqué parezco un miserable que no tiene donde caerse muerto y no es así.
P.: ¿Cómo ha vivido la pérdida de sus progenitores?
R.: Mi madre era algo ligera de cascos y mi padre la dejaba hacer. ¿Qué clase de ejemplo me hubiesen dado?
P.: No lo sé… ¿Cómo vive la adolescencia sin ellos?
R.: Pues supongo que como la viviría con ellos… Tengo todos los problemas de cualquier adolescente, aun siendo un mago.
P.: Hay quien dice que no lo lleva muy bien, ya sabe, los porros, incluso un profesor suyo se atrevió a decir que es un pajillero compulsivo…
R.: A ese profesor le gusta demasiado empinar el codo… No sé que clase de niño de 11 años cree que soy, pero le aseguro que todo son falsas acusaciones. El de la película puede ser eso y mucho más, pero yo soy un buen chico.
P.: Para tener 11 años tiene usted un vocabulario un poco arcaico…
R.: La buena educación se lleva dentro, el lenguaje está degenerando y está en manos de los jóvenes conservar el buen gusto a la hora de hablar.
P.: ¿Cómo se lleva tener 11 años eternamente?
R.: Bueno, veo la película y me doy cuenta de que prefiero tener 11… Claro que hay cosas que nunca descubriré, pero ya lo tengo asumido.
P.: Hay un personaje importante que muere hacia el 5º libro, ¿Qué opina?
R.: Que lo podrían haber eliminado mucho antes. El personaje empezaba a hacerse pesado hacía tiempo y supongo que a la escritora se le hizo difícil dominarlo.
P.: Da la sensación de que odia usted a todo el mundo…
R.: ¡Oh! No me malinterprete… Hay mucha gente a la que adoro y por la que siento un gran aprecio.
P.: Pero parece usted un adolescente antisistema…
R.: No, por favor… Nunca he sido un muchacho rebelde. Al contrario, mientras vivía con mis tíos fui muy obediente.
P.: Por la cuenta que le traía…
R.: No eran tan malos, todo el mundo se enoja si las cosas no son cómo desea.
P.: ¿Está a favor de la esclavitud infantil?
R.: Claro que no, ¿por quien me toma? Pero pienso que nunca viene mal un poco de mano dura.
P.: ¿Lo considera pues una experiencia enriquecedora?
R.: Absolutamente. Aprendí mucho.
P.: ¿Se adaptó a Hogwarts fácilmente?
R.: Me encanta la magia. Imagínese que ahora puedo practicarla todo el día. Puedo hacer que le crezca el pelo si lo desea… Bajo su responsabilidad, claro.
P.: No, gracias. ¿Qué tipo de futuro le espera? ¿Tiene salida profesional?
R.: No creo que deje nunca la escuela de magia, pero de no ser así podría ser profesor, o ser el hechicero de alguna corte europea.
P.: Creo que ya no tienen esos servicios, pero ser profesor parece interesante.
R.: Lo es, poder enseñar a otras personas todo lo que he aprendido sería muy enriquecedor.
P.: Desde luego no debe ser fácil mantener el equilibrio sobre una escoba…
R.: Ésa es la parte más importante, según mi parecer, de la vida de un mago. El aprendizaje de volar. Necesita disciplina, equilibrio y concentración. No se puede ir por la vida actuando como un temerario.
P.: ¿Cuál cree que debería ser la edad mínima para obtener la escoba?
R.: Esa es otra. No deberían dejar que los chicos la usaran hasta cumplir los 15 años, como mínimo, y en esta primera etapa se debería hacer un control exhaustivo del uso de la escoba.
P.: ¿Les dan alguna especie de carné o acreditación para poder usarla?
R.: No es necesario, aunque creo que deberían darlo. Oiga, ¿se está mofando de mí?
P.: ¡Claro que no señor Potter! Me siento intrigado por el apasionante mundo de las escobas.
R.: Pues cuando quiera le llevo a dar una vuelta.
P.: No gracias, tengo vértigo. Podría darme una apoplejía y quedarme en el sitio, o 200 metros más abajo. Y dígame, ¿hay tema con Hermione?
R.: Hermione ya tiene lo suyo con Ron… Con una promiscua en la serie creo que es suficiente.
P.: Su madre, claro. ¿Qué le ha supuesto la falta de esta importante figura?
R.: Tuve la figura de mi tía, que pese a todo sé que en el fondo me quiere.
P.: Todo el mundo tiene un fondo… ¿Echa de menos a sus padres?
R.: Nunca les conocí, pero el hecho de que fuesen tan importantes y de la manera en que fallecieron me crea un enorme estrés. Siento una pesada carga sobre mis hombros…
P.: Debe ser duro, le exigirán mucho en la escuela.
R.: Muchísimo, ni se lo imagina. Creen que la magia es hereditaria, pero yo pienso que se adquiere la habilidad de practicarla. Unos valen y otros no, independientemente de ser hijo de magos o no.
P.: Se ha dicho mucho sobre su opción sexual, ¿Le gustaría aclarar algo al respecto?
R.: No tengo nada que decir.
P.: Puede hablar con franqueza, este periodicucho no lo lee mucha gente… En todo caso lo leerá algún griego.
R.: Bueno, verá, es difícil para mí aceptarlo, pero creo que me gustan los señores mayores…
P.: ¿De verdad?
R.: Sí. Mi tío me ha enseñado todo lo que tengo que saber y dice que no tengo de que avergonzarme.
P.: ¿Su tio le toca?
R.: Uno tiene sus necesidades señor Simitis. ¿Usted no? Además es francamente atractivo.
P.: Sí, pero yo soy etero.
R.: Yo también estoy entero, por eso mismo sufro.
P.: ¿Es un reprimido?
R.: Me aflige reconocerlo, pero sí. ¿De verdad no quiere que le lleve en mi escoba? Le agarraré bien para que no se caiga…
P.: No, de verdad que no. Además el contacto humano me incomoda sobremanera. Ya para terminar, ¿tiene algo que decir a sus miles de fans adolescentes?
R.: Que vengan a visitarme, sobre todo si son chicos. Les espero.
He aquí un adolescente atormentado, víctima de las circunstancias de su vida. La enfermedad mental acecha en cualquier parte.
Nota de Odysseas Simitis: Por enfermedad mental se entiende la degeneración del espíritu, NO la orientación sexual.
3. EL ZAPATO DE CRISTAL
Nos encontramos en la ciudad china de Yexian, en la Península china de Shadong, con la auténtica Cenicienta. No es la Cenicienta de Charles Perrault, el cuál la introdujo en su corte Francesa de 1690, es la verdadera. Es una mujer madura, de unos 70 años, bajita y de ojos pequeños. Nos hemos trasladado a su ciudad de origen para conocer su versión de la historia, y de paso su opinión.

P.: Afirma que es la verdadera Cenicienta, ¿que opina del papel que la francesa aportó a la película de Walt Disney?
R.: Sin duda podrían haber encontrado una actriz mucho más creíble. Pienso que sobreactuaba demasiado, quizás no sea culpa suya, pero creo que la Cenicienta de la película, y remitámonos de paso a la de Perrault, es una persona que no sabe enfrentarse a sus problemas.
P.: Pero la otra Cenicienta es una víctima…
R.: En cierto modo. Piense que todos somos víctimas de algo, ella prefirió depender de un hombre para escapar de su desgraciada existencia cuando los demás nos enfrentamos a nuestros fantasmas para vencerlos por nosotros mismos.
P.: Es una película para niños, evidentemente tenía que ser así, ¿no?
R.: ¿Porqué? ¿Que les enseñan los occidentales a sus hijas? A ser la víctima de sus verdugos hasta que llegue el príncipe azul para rescatarlas.
P.: Visto así, parece que la enseñanza no es muy acertada. Quizás no era lo que Perrault quería mostrar…
R.: Por supuesto que quería mostrar eso. Es un cuento machista que no hace más que reafirmar la superioridad del hombre y la dependencia de la mujer a sus fantasías románticas para evadirse de su trágica existencia mientras espera que alguien la salve. Y ese alguien siempre será un hombre.
P.: Pero no podemos lapidar al pobre escritor. Quizás este cuento fue una revolución en su época…
R.: Mire, yo creo que Freud tendría mucho que opinar sobre este señor.
P.: ¿Le gusta Freud?
R.: No es el caso, pero no todas sus teorías deben estar equivocadas…
P.: ¿Qué análisis cree que haría del señor Perrault?
R.: El que hacía de todo el mundo… Que todo viene de un problema de su infancia, yo no puedo decir cuál porqué no conozco los detalles de sus primeros años de vida.
P.: ¿Cuántos años cree que tiene la Cenicienta de la película?
R.: En primer lugar, creo que no es en absoluto una película para niños, es imposible que una niña de 8 o 9 años sueñe con su príncipe azul… Creo que en su momento fue una película para apaciguar a las mujeres, sueñan con su príncipe hasta que lo encuentran y se dan cuenta de que no es tan maravilloso cuando ya es demasiado tarde.
P.: Entonces tendría unos 20…
R.: Ni de lejos, ¡tenía 30 como mínimo! Piense que lleva toda su vida cuidando de sus hermanastras y su madrastra, es una niña atrapada en el cuerpo de una mujer.
P.: ¿Cree que ha sufrido un estancamiento quizás desde la época en que murió su padre?
R.: Por supuesto, y me atrevería a decir más: creo que por la brusca desaparición de la figura paterna nunca llegará a ser feliz. No por la desaparición en sí, si no porqué no la supera. El príncipe nunca podrá darle lo que le falta. Se volcará en el alcohol o las drogas…
P.: ¿Para llenar el vacío?
R.: Sí, pero este no se llenará. Así que no podrá ser feliz nunca.
P.: ¿Habría que ver la segunda parte de la película para averiguarlo, no?
R.: Por favor, a mi desde luego no me hace falta. Si usted es así de ingenuo. ¿De verdad cree que la Disney no es capaz de inventar algo más bonito que una Cenicienta alcohólica?
P.: No creo que puedan hacer una película de ese tipo para niños. Spielberg quizás sí… Hablando del tema, tengo entendido que ha rechazado en numerosas ocasiones realizar la auténtica película de su vida, ¿cuál es el motivo?
R.: A nadie le interesa querido. Se lo digo yo que la he vivido… Quieren finales felices.
P.: ¿No encontró a su príncipe?
R.: Ése es el problema, yo no necesito un príncipe para ser feliz.
P.: Pero usted insinúa que su historia no tiene un final feliz…
R.: Para los estúpidos occidentales y las productoras quizás no, pero le aseguro que yo no he terminado como lo hará la Cenicienta del cuento…
P.: Entonces, ¿se enfrentó a sus verdugos?
R.: Indirectamente sí.
P.: ¿Se marchó de casa?
R.: No, siempre he vivido en esta casa desde que mi querido padre la construyó. Lo hicieron ellos, con los pies por delante (Risas).
P.: ¿Podría contarme la historia?
R.: No hay mucho que contar… Perdí a mi madre al nacer yo. Me sentí culpable un tiempo pero mi padre me enseñó que uno sólo es culpable de los actos que comete, entonces me di cuenta de que yo no la había matado. Después mi padre se volvió a casar al cabo de unos 8 años, con una mujer horrible que traía un hijo (Kung Lao) y una hija (Wei). Eran más o menos de mi edad. El niño era tonto y gordo porqué comía como un cerdo. La niña era mala sin remedio.
P.: ¿Le hicieron la vida imposible?
R.: Para nada, no dejé que me afectara. Al final se cansaron. Después mi pobre padre murió de un ataque al corazón. Entonces me quedé sola en el mundo, pero la vida sigue…
P.: Pero en cierto modo su madrastra era como su madre, tengo entendido que en su cultura les tienen un gran respeto a sus mayores y les cuidan durante su vejez…
R.: Si tus mayores no te respetan, que se cuiden solos hijito… Me tuvo de criada hasta que cumplí los 16 años.
P.: ¿Qué pasó luego? ¿Llegó el príncipe?
R.: No hay tal príncipe… Quiso venderme a un señor mayor, que le ofreció mucho dinero por mí. Porqué aunque usted no lo crea, una vez fui joven y hermosa aunque ahora tenga la cara como un higo chumbo (Risas). Yo me negué pero fue inútil, así que cómo no tenía voz ni voto en el asunto y no podía remediarlo la envenené y murió. Como legalmente ahora la casa era mía, eché a sus dos hijos de una patada en el culo.
P.: ¿Nadie sospechó nada?
R.: Mi madrastra era una gran aficionada al sake, algún día tenía que pasar… Era inevitable.
P.: Y entonces ya no tuvo que casarse.
R.: Pues no, y no, nunca me he casado y soy plenamente feliz. Mejor sola que mal acompañada…
P.: ¿Y que hay del gato horrible que tenía la madrastra de la película?
R.: Era un perro, y como sabrá en mi país los perros se comen. Lo cociné cuando ella aún vivía, para celebrar el inicio del año de la rata. Siempre creyó que se había escapado. Ella le tenía mucho cariño pero nunca fue un animal muy espabilado…
P.: ¿Lo hizo por venganza?
R.: Y porqué me estorbaba todo el día.
P.: ¿Qué fue de sus hermanastros? ¿Por qué no les envenenó?
R.: No tenían la culpa de tener esa madre… Mi hermano se casó con una muchacha de Pingdu, al sur. Volvió a verme muchos años después para pedirme perdón por todo lo que me hizo su hermana. Todavía vive, y nos reunimos muy a menudo. Sorprendentemente sabía que yo había envenenado a su madre, y hasta me dio las gracias.
P.: ¿Y la hermanastra?
R.: Kung Lao me contó que acabó en Shangai, tuvo que prostituirse para sobrevivir. Es lo más triste de todo. Fue muy mala conmigo, pero era una niña… Quise ayudarla pero desapareció sin dejar rastro. Espero que tuviese un final feliz.
P.: Es realmente triste. Pero su historia da para una buena película, es mucho más interesante que la de Perrault…
R.: Puede ser, pero es agua pasada.
P.: Ya para terminar, ¿está en paz consigo misma?
R.: Sí, y le puedo decir que soy plenamente feliz. Pero no se engañe, la felicidad absoluta no existe…

P.: Afirma que es la verdadera Cenicienta, ¿que opina del papel que la francesa aportó a la película de Walt Disney?
R.: Sin duda podrían haber encontrado una actriz mucho más creíble. Pienso que sobreactuaba demasiado, quizás no sea culpa suya, pero creo que la Cenicienta de la película, y remitámonos de paso a la de Perrault, es una persona que no sabe enfrentarse a sus problemas.
P.: Pero la otra Cenicienta es una víctima…
R.: En cierto modo. Piense que todos somos víctimas de algo, ella prefirió depender de un hombre para escapar de su desgraciada existencia cuando los demás nos enfrentamos a nuestros fantasmas para vencerlos por nosotros mismos.
P.: Es una película para niños, evidentemente tenía que ser así, ¿no?
R.: ¿Porqué? ¿Que les enseñan los occidentales a sus hijas? A ser la víctima de sus verdugos hasta que llegue el príncipe azul para rescatarlas.
P.: Visto así, parece que la enseñanza no es muy acertada. Quizás no era lo que Perrault quería mostrar…
R.: Por supuesto que quería mostrar eso. Es un cuento machista que no hace más que reafirmar la superioridad del hombre y la dependencia de la mujer a sus fantasías románticas para evadirse de su trágica existencia mientras espera que alguien la salve. Y ese alguien siempre será un hombre.
P.: Pero no podemos lapidar al pobre escritor. Quizás este cuento fue una revolución en su época…
R.: Mire, yo creo que Freud tendría mucho que opinar sobre este señor.
P.: ¿Le gusta Freud?
R.: No es el caso, pero no todas sus teorías deben estar equivocadas…
P.: ¿Qué análisis cree que haría del señor Perrault?
R.: El que hacía de todo el mundo… Que todo viene de un problema de su infancia, yo no puedo decir cuál porqué no conozco los detalles de sus primeros años de vida.
P.: ¿Cuántos años cree que tiene la Cenicienta de la película?
R.: En primer lugar, creo que no es en absoluto una película para niños, es imposible que una niña de 8 o 9 años sueñe con su príncipe azul… Creo que en su momento fue una película para apaciguar a las mujeres, sueñan con su príncipe hasta que lo encuentran y se dan cuenta de que no es tan maravilloso cuando ya es demasiado tarde.
P.: Entonces tendría unos 20…
R.: Ni de lejos, ¡tenía 30 como mínimo! Piense que lleva toda su vida cuidando de sus hermanastras y su madrastra, es una niña atrapada en el cuerpo de una mujer.
P.: ¿Cree que ha sufrido un estancamiento quizás desde la época en que murió su padre?
R.: Por supuesto, y me atrevería a decir más: creo que por la brusca desaparición de la figura paterna nunca llegará a ser feliz. No por la desaparición en sí, si no porqué no la supera. El príncipe nunca podrá darle lo que le falta. Se volcará en el alcohol o las drogas…
P.: ¿Para llenar el vacío?
R.: Sí, pero este no se llenará. Así que no podrá ser feliz nunca.
P.: ¿Habría que ver la segunda parte de la película para averiguarlo, no?
R.: Por favor, a mi desde luego no me hace falta. Si usted es así de ingenuo. ¿De verdad cree que la Disney no es capaz de inventar algo más bonito que una Cenicienta alcohólica?
P.: No creo que puedan hacer una película de ese tipo para niños. Spielberg quizás sí… Hablando del tema, tengo entendido que ha rechazado en numerosas ocasiones realizar la auténtica película de su vida, ¿cuál es el motivo?
R.: A nadie le interesa querido. Se lo digo yo que la he vivido… Quieren finales felices.
P.: ¿No encontró a su príncipe?
R.: Ése es el problema, yo no necesito un príncipe para ser feliz.
P.: Pero usted insinúa que su historia no tiene un final feliz…
R.: Para los estúpidos occidentales y las productoras quizás no, pero le aseguro que yo no he terminado como lo hará la Cenicienta del cuento…
P.: Entonces, ¿se enfrentó a sus verdugos?
R.: Indirectamente sí.
P.: ¿Se marchó de casa?
R.: No, siempre he vivido en esta casa desde que mi querido padre la construyó. Lo hicieron ellos, con los pies por delante (Risas).
P.: ¿Podría contarme la historia?
R.: No hay mucho que contar… Perdí a mi madre al nacer yo. Me sentí culpable un tiempo pero mi padre me enseñó que uno sólo es culpable de los actos que comete, entonces me di cuenta de que yo no la había matado. Después mi padre se volvió a casar al cabo de unos 8 años, con una mujer horrible que traía un hijo (Kung Lao) y una hija (Wei). Eran más o menos de mi edad. El niño era tonto y gordo porqué comía como un cerdo. La niña era mala sin remedio.
P.: ¿Le hicieron la vida imposible?
R.: Para nada, no dejé que me afectara. Al final se cansaron. Después mi pobre padre murió de un ataque al corazón. Entonces me quedé sola en el mundo, pero la vida sigue…
P.: Pero en cierto modo su madrastra era como su madre, tengo entendido que en su cultura les tienen un gran respeto a sus mayores y les cuidan durante su vejez…
R.: Si tus mayores no te respetan, que se cuiden solos hijito… Me tuvo de criada hasta que cumplí los 16 años.
P.: ¿Qué pasó luego? ¿Llegó el príncipe?
R.: No hay tal príncipe… Quiso venderme a un señor mayor, que le ofreció mucho dinero por mí. Porqué aunque usted no lo crea, una vez fui joven y hermosa aunque ahora tenga la cara como un higo chumbo (Risas). Yo me negué pero fue inútil, así que cómo no tenía voz ni voto en el asunto y no podía remediarlo la envenené y murió. Como legalmente ahora la casa era mía, eché a sus dos hijos de una patada en el culo.
P.: ¿Nadie sospechó nada?
R.: Mi madrastra era una gran aficionada al sake, algún día tenía que pasar… Era inevitable.
P.: Y entonces ya no tuvo que casarse.
R.: Pues no, y no, nunca me he casado y soy plenamente feliz. Mejor sola que mal acompañada…
P.: ¿Y que hay del gato horrible que tenía la madrastra de la película?
R.: Era un perro, y como sabrá en mi país los perros se comen. Lo cociné cuando ella aún vivía, para celebrar el inicio del año de la rata. Siempre creyó que se había escapado. Ella le tenía mucho cariño pero nunca fue un animal muy espabilado…
P.: ¿Lo hizo por venganza?
R.: Y porqué me estorbaba todo el día.
P.: ¿Qué fue de sus hermanastros? ¿Por qué no les envenenó?
R.: No tenían la culpa de tener esa madre… Mi hermano se casó con una muchacha de Pingdu, al sur. Volvió a verme muchos años después para pedirme perdón por todo lo que me hizo su hermana. Todavía vive, y nos reunimos muy a menudo. Sorprendentemente sabía que yo había envenenado a su madre, y hasta me dio las gracias.
P.: ¿Y la hermanastra?
R.: Kung Lao me contó que acabó en Shangai, tuvo que prostituirse para sobrevivir. Es lo más triste de todo. Fue muy mala conmigo, pero era una niña… Quise ayudarla pero desapareció sin dejar rastro. Espero que tuviese un final feliz.
P.: Es realmente triste. Pero su historia da para una buena película, es mucho más interesante que la de Perrault…
R.: Puede ser, pero es agua pasada.
P.: Ya para terminar, ¿está en paz consigo misma?
R.: Sí, y le puedo decir que soy plenamente feliz. Pero no se engañe, la felicidad absoluta no existe…
2. EL LIBRO MÁS VENDIDO DEL MUNDO
Me encuentro frente a un mito, un hombre admirado por muchos y odiado por otros pero que siempre ha sabido mantenerse fiel a sus principios: Jesús de Nazareth. Nos hemos trasladado hasta su ciudad natal para acercar el mito al hombre.

P.: ¿Cómo se lleva ser el protagonista del libro más vendido de todos los tiempos?
R.: Todo sea por hacer llegar al prójimo la palabra del señor, hermano.
P.: Puede dejar de fingir cuando quiera, este periodicucho no lo lee mucha gente…
R.: Entonces he de decir que estoy muy enfadado, moriré y resucitaré al tercer día, así que según mis cálculos matemáticos inequívocos, moriré a los 33 años… Me parece terriblemente injusto.
P.: Pero coincidirá conmigo en que si uno no es Harry Potter no obtiene mucha fama en vida…
R.: Otro espabilado… ¿Qué ha hecho ese por la humanidad? Responderé yo mismo: NADA.
P.: También tiene razón… Bueno, creo que salvó al mundo un par de veces y que la criptonita le sienta muy mal pero ya está.
R.: Además de eso, ni siquiera es de este planeta.
P.: ¿Qué diría a sus fans para animarles en estos tiempos que parece que el mundo toca a su fin?
R.: Que repasen los diez mandamientos.
P.: ¿Cuál es su libro de cabecera?
R.: Mi editorial no me deja responder a ese tipo de preguntas.
P.: ¿Cree que la mujer es un enigma que nunca llega a desvelarse?
R.: Espiritualmente, creo que no.
P.: ¿Y físicamente? ¿Llegó a desvelar a Maria Magdalena?
R.: Mantenemos una relación muy estrecha, es lo único que le voy a decir.
P.: Ya… La palabra estrecha lo dice todo.
R.: ¿Perdón?
P.: No tiene importancia. Cambiando de tema, ¿usted a quien soltaría, a usted mismo, o a Barrabás?
R.: Si tuviese que salvar ahora a la humanidad: a mí.
P.: ¿Cristiano o Judío?
R.: Judío, le pese a quien le pese. En realidad les pesa a ambos.
P.: ¿Si mira atrás se arrepiente de algo?
R.: Me hago muchas preguntas, quizás sean las equivocadas. Me arrepiento sobre todo de no haber podido evitar el fin del mundo.
P.: Disculpe, pero creo que eso nunca ha ocurrido…
R.: ¿Usted cree? No imagina cuantas veces he muerto y he resucitado… Mi padre es un perfeccionista.
P.: Entonces, ¿ha habido más de un mundo?
R.: No soy yo la persona indicada para responder a esa cuestión.
P.: ¿Cuándo se mira al espejo, que ve?
R.: Veo a un tipo barbudo, ojeroso y cansado. Además tengo la sensación de que una corona de espinas me oprime la cabeza.
P.: ¿Qué opina de la iglesia?
R.: Que nadie les pidió nada, y ellos piden demasiado.
P.: ¿Y de la rivalidad entre religiones?
R.: No tiene porqué haberla. Todas adoran al mismo dios, excepto los herejes politeístas, que se inventan dioses para lo que les conviene. Respecto a los demás, no creo que sean incompatibles.
P.: ¿Entonces Alá y Yahvé son la misma persona?
R.: ¿Quien?
P.: Su padre…
R.: Oh! Disculpe, es que como le he llamado siempre padre ahora no caía (risas). Sí claro, y Buda y muchos otros… Pero eso a las personas no les importa, necesitan algún pretexto para sus guerras sin sentido, excepto ese pequeñín alemán del bigote… Era muy gracioso.
P.: ¿Conoció a Hitler?
R.: Digamos que le convencí demasiado tarde, lo cual no sirvió de nada, entonces creyó que se estaba volviendo loco y se pegó un tiro.
P.: Sí, demasiado tarde… Usted lo ha dicho. ¿Cómo prefiere que le llamen?
R.: Me llamo Jesús…
P.: Pero, ¿hay algún tratamiento específico que le guste? Alteza, Majestad, Deidad…
R.: Soy un humilde mensajero, puede llamarme como le plazca…
P.: ¿Qué opinión le merecen los que le califican de ser un simple profeta más?
R.: Que se pierden lo mejor de la Biblia.
P.: ¿Su vida?
R.: No, las advertencias del Apocalipsis. Los últimos serán los primeros en el reino de los cielos… Y esto se refiere a todos los últimos.
P.: Hay una pregunta que hago a todos mis entrevistados…
R.: Si lleva 2…
P.: Bueno, pero habrá más…
R.: Ya, yo debo ser sincero y usted miente como un bellaco…
P.: Los habrá, en serio…
R.: Lo que usted diga. Pregunte…
P.: ¿Qué opina de la nueva ley antitabaco en España?
R.: La gente seguirá fumando… Lo que no piensan es que el suicidio los lleva sin remedio al infierno, y los que mueren por esa causa es allí donde terminan. Creo que la gente seguirá fumando lo mismo, pero bueno, el cuerpo es sólo un vehiculo, el cielo no estará tan abarrotado.
P.: ¿No hay salvación posible para ellos?
R.: Ninguna en absoluto, San Pedro es muy eficiente… No hay manera de engañarle, es como un CSI con alitas y aureola (en la cabeza pervertido).
P.: Yo no había pensado nada. ¿No siente lástima por la raza humana?
R.: ¡Claro que sí! Pero si soy el ser más compasivo que existe, ¡lloro por cualquier cosa!
P.: ¿Qué fue lo último que le hizo llorar?
R.: La elección de Ratzinger Z. Me lleva a preguntarme que tipo de evolución espera la iglesia…
P.: ¿No le gusta el nuevo Papa?
R.: Entre usted y yo, creo que es un poquito retrógrado…
P.: Una última pregunta, ¿cuál es su lema para la vida?
R.: Akuna Matata, y después ya sabe lo que viene… Recen por mí.

P.: ¿Cómo se lleva ser el protagonista del libro más vendido de todos los tiempos?
R.: Todo sea por hacer llegar al prójimo la palabra del señor, hermano.
P.: Puede dejar de fingir cuando quiera, este periodicucho no lo lee mucha gente…
R.: Entonces he de decir que estoy muy enfadado, moriré y resucitaré al tercer día, así que según mis cálculos matemáticos inequívocos, moriré a los 33 años… Me parece terriblemente injusto.
P.: Pero coincidirá conmigo en que si uno no es Harry Potter no obtiene mucha fama en vida…
R.: Otro espabilado… ¿Qué ha hecho ese por la humanidad? Responderé yo mismo: NADA.
P.: También tiene razón… Bueno, creo que salvó al mundo un par de veces y que la criptonita le sienta muy mal pero ya está.
R.: Además de eso, ni siquiera es de este planeta.
P.: ¿Qué diría a sus fans para animarles en estos tiempos que parece que el mundo toca a su fin?
R.: Que repasen los diez mandamientos.
P.: ¿Cuál es su libro de cabecera?
R.: Mi editorial no me deja responder a ese tipo de preguntas.
P.: ¿Cree que la mujer es un enigma que nunca llega a desvelarse?
R.: Espiritualmente, creo que no.
P.: ¿Y físicamente? ¿Llegó a desvelar a Maria Magdalena?
R.: Mantenemos una relación muy estrecha, es lo único que le voy a decir.
P.: Ya… La palabra estrecha lo dice todo.
R.: ¿Perdón?
P.: No tiene importancia. Cambiando de tema, ¿usted a quien soltaría, a usted mismo, o a Barrabás?
R.: Si tuviese que salvar ahora a la humanidad: a mí.
P.: ¿Cristiano o Judío?
R.: Judío, le pese a quien le pese. En realidad les pesa a ambos.
P.: ¿Si mira atrás se arrepiente de algo?
R.: Me hago muchas preguntas, quizás sean las equivocadas. Me arrepiento sobre todo de no haber podido evitar el fin del mundo.
P.: Disculpe, pero creo que eso nunca ha ocurrido…
R.: ¿Usted cree? No imagina cuantas veces he muerto y he resucitado… Mi padre es un perfeccionista.
P.: Entonces, ¿ha habido más de un mundo?
R.: No soy yo la persona indicada para responder a esa cuestión.
P.: ¿Cuándo se mira al espejo, que ve?
R.: Veo a un tipo barbudo, ojeroso y cansado. Además tengo la sensación de que una corona de espinas me oprime la cabeza.
P.: ¿Qué opina de la iglesia?
R.: Que nadie les pidió nada, y ellos piden demasiado.
P.: ¿Y de la rivalidad entre religiones?
R.: No tiene porqué haberla. Todas adoran al mismo dios, excepto los herejes politeístas, que se inventan dioses para lo que les conviene. Respecto a los demás, no creo que sean incompatibles.
P.: ¿Entonces Alá y Yahvé son la misma persona?
R.: ¿Quien?
P.: Su padre…
R.: Oh! Disculpe, es que como le he llamado siempre padre ahora no caía (risas). Sí claro, y Buda y muchos otros… Pero eso a las personas no les importa, necesitan algún pretexto para sus guerras sin sentido, excepto ese pequeñín alemán del bigote… Era muy gracioso.
P.: ¿Conoció a Hitler?
R.: Digamos que le convencí demasiado tarde, lo cual no sirvió de nada, entonces creyó que se estaba volviendo loco y se pegó un tiro.
P.: Sí, demasiado tarde… Usted lo ha dicho. ¿Cómo prefiere que le llamen?
R.: Me llamo Jesús…
P.: Pero, ¿hay algún tratamiento específico que le guste? Alteza, Majestad, Deidad…
R.: Soy un humilde mensajero, puede llamarme como le plazca…
P.: ¿Qué opinión le merecen los que le califican de ser un simple profeta más?
R.: Que se pierden lo mejor de la Biblia.
P.: ¿Su vida?
R.: No, las advertencias del Apocalipsis. Los últimos serán los primeros en el reino de los cielos… Y esto se refiere a todos los últimos.
P.: Hay una pregunta que hago a todos mis entrevistados…
R.: Si lleva 2…
P.: Bueno, pero habrá más…
R.: Ya, yo debo ser sincero y usted miente como un bellaco…
P.: Los habrá, en serio…
R.: Lo que usted diga. Pregunte…
P.: ¿Qué opina de la nueva ley antitabaco en España?
R.: La gente seguirá fumando… Lo que no piensan es que el suicidio los lleva sin remedio al infierno, y los que mueren por esa causa es allí donde terminan. Creo que la gente seguirá fumando lo mismo, pero bueno, el cuerpo es sólo un vehiculo, el cielo no estará tan abarrotado.
P.: ¿No hay salvación posible para ellos?
R.: Ninguna en absoluto, San Pedro es muy eficiente… No hay manera de engañarle, es como un CSI con alitas y aureola (en la cabeza pervertido).
P.: Yo no había pensado nada. ¿No siente lástima por la raza humana?
R.: ¡Claro que sí! Pero si soy el ser más compasivo que existe, ¡lloro por cualquier cosa!
P.: ¿Qué fue lo último que le hizo llorar?
R.: La elección de Ratzinger Z. Me lleva a preguntarme que tipo de evolución espera la iglesia…
P.: ¿No le gusta el nuevo Papa?
R.: Entre usted y yo, creo que es un poquito retrógrado…
P.: Una última pregunta, ¿cuál es su lema para la vida?
R.: Akuna Matata, y después ya sabe lo que viene… Recen por mí.





