logotipo

img_google
rapsoda de un odioso orgulloso
levantar en los demás el más profundo de los desprecios hacia mi persona
Acerca de
Soy un despreciable ser, uno de esos que en las peliculas acabamos adorando de los impertinentes que son y que todos vosotros querriais ser. pero para ser un tio despreciable y con estilo hay que nacer, no pienses capullo que por ir escuchando blues en tu puto coche de mierda y atragantarte bebiendo bourbon barato vas a ser un tipo despreciable, lo unico que serás toda tu puta vida es un gran capullo.
Sindicación
 
el blues del puto autobús
Odio el autobús, si el gran Grenouille, tuviera la oportunidad de subirse a uno, necesitaría cinco maravillosas narices como la suya para poder asimilar el asqueroso elenco de olores que se hacinan dentro de esos infiernos con ruedas, sudor rancio, colonias baratas, fritanga de aceite de girasol refinado dieciocho veces,pies, halitosis eternas, caca de bebé, alcohol, coños mugrientos, calzoncillos enseminados, tabaco cutre, que más da que suba esa maravillosa tia treintaañera oliendo a gloria, no sólo no va a poder compesarlo sino que seguramente se acabará impregnando en esa pestilencia, espero que mi perfume de 120 euros contenido en un frasco más pequeño que la picha del boris, soporte el ataque y entre sus eséncias y mis feromonas consigamos repeler las partículas de mugre que flotan en esa atmósfera cóncava y convexa que forman estos putos autobuses urbanos de mierda.

Sí, mis más fervientes seguidores os asombrareis de como un caballero como yo sube a un puto autobús de mierda, os lo explicaré.

Todo ha venido a través de una apuesta, vosotros cuando apostais apostais unos cuantos euros, una cena, o como mucho un cunnilingus o una fellatio, los hijoputas de mis amig@s, que si, también tengo amigos, saben que si apuesto, tendrá que ser algo por lo que me tenga que sacrificar enormemente, pues bien aposté y raro para para mí, pero perdí, mi contrincante, un auténtico facha se jugaba la asistencia a un congreso de izquierda unida y yo un micofóbico consumado, un viaje en autobús con la línea que hace el recorrido más multitudinario y largo de toda esta puta ciudad.

Una vez dentro de ese ataúd con ruedas, después de que el cabrón hijoputa del chofer no me quisiera cambíar un billete de 20 euros, trás una visión general intenté colocarme cerca de donde deduje que había una fauna más civilizada, atisbé a lo lejos en la última fila a un especimen de no más de cuarenta kilos sobao y mugriento que seguramente acudiría a su cita diaria con la metadona, a su lado con un asiento en el medio vacio, que seguramente solo una viejecita ciega ocuparía una jamona de unos dieciocho años llena de pearcisns o como cojones se escriba, a mi lado un tio con toda la pinta de funcionario del juzgado con sus gafas y todo, pequeño y enjuto más o menos como ese señor que siempre se pega hostias en los capitulos de Mani manitas. Me sorprendía ver que todo el mundo iba agarrado ciñendo fuertemente las manos a esos barrotes impregnados de gérmenes y bacterias, de hongos y algun que otro herpe despistado, yo por mi parte iba suelto, recordando mis tiempos mozos de surfista, puse un pie delante otro detrás para guardar el equilibrio, ya que por nada en el mundo me agarraria a esos agarraderos por el que pasana millones de manos al dia.
Una señora de unos setenta años me miraba con cara de circustancias y cada poco me decía: chavalín, agárrate que vas a caer, yo con gesto complaciente y sonrisa forzada la miraba y le asentia con la cabeza, pero aún así seguía haciendo surf.

El autobús ya iba más o menos por la quinta parada y aquello empezaba a ser claustrofobicamente insoportable, pero la providencia vino a verme y dos maravillosas hembras, una rotunda y otra más bien escualida pero con un tremendo morbo, se instalaron a mi vera, la oronda que era dueña de dos maravillosas ubres me empezó a rozar con ellas, por otro lado la delgadita poseedora a su vez de un rotundisimo culo, instaló este junto a mi paquete y yo, que soy hombre facil sucumbí a sus encantos y noté como mi amigo, no el hijoputa que me ganó la apuesta, si no el que tengo entre las piernas, empezaba a crecer y a ponerse duro, en un ridiculo afán de caballerosidad opté por retirarme un poco hacia atrás pero cual fue la sorpresa cuando la chica del culo, tambíen lo hizo y con aquella maravilla de la natura volvio a rozar mi verga que ya reventaba, me miró de reojo, sonrió y empezó a frotarse sutilmente yo evidentemente actué reciprocamente, llevaba unos gayumbos de esos flojos,así que a través del bolsillo del pantalón la saque con suma habilidad del calzoncillo y ya solo mi pantalón hacia de barrera contra ella, por lo cual el contacto era más intimo, no olvidemos a la señora de las tetas que seguía rozándome con sus pezones interminables, ni a la señora que cada poco iba recordándome que me iba a pegar un hostión si seguía sin agarrárme, no me faltaron ganas de girarme y decirle señora porqué no se agarra usted de esta.
Llegamos a la parada del campus y la maravillosa criatura que venía consolando mi desasosiego se bajó guiñándome un ojo, yo con el rabo como una antena repetidora de tieso, no podía quedarme en esa posición ya que lo que tenía justo en esa coordenada era paisanete de esos que van al paseo marítimo a hacer la ruta del colesterol, así que opté por devolverle el favor a la señora oronda y me giré apuntando con mi miembro hacia el hueco que tenía entre su falda y lo demás. Evidentemente ella hizo lo suyo por su parte y a modo de vaiven iba y venía, creo que esta tenía aún más talento, supongo que experiencia que la estudiante del campus, ya que mi polla se estaba volviendo loca con aquel roce que iba y venía.

Parecía todo maravilloso, ya no olía absolutamente nada pestilente e incluso estaba agradecido de haber perdido la apuesta, pero no olvidemos que yo iba sin agarrar y no olvidemos al hijoputa del chofer que parecía que lo sabía y al llegar a la curva del hospital, como si de Raikonnen o Alonso se tratara, acometió esta practicamente haciendo una tumbada, yo que francamente nunca había sido un surfista consumado, supuso aquella curva para mí lo como un tsunami, que me arrojó al suelo de manera violenta y no menos ridícula, lo único que recuerdo fue a aquella señora que se parecía a la de paseando a Miss Daisy diciendo: ya te lo decía yo y la cara de poquer del hijolagranputa del chofer, mirando a través del espejo.
 
Comentario:
cuando quedemos este més te cuento el final de la historia, ok? oye y tú no eres invitada, ya vives en mí.
 
Comentario:
lo has clavao chavalote! deduzco que odias el transporte publico...? oye y cual era la apuesta... ? pq dices que perdiste y subir subiste al bus no?

Te juro que pensaba que acabarias follandotela en medio del bus!!jajaja

Un beso de chocho caliente
No