MI RENDICIÓN
Rota, por dentro y por fuera. Agotada. Sin poder levantarme. Rompiendo apuntes de tanta rabia acumulada. Frustrada por no conseguir mis objetivos. Torpe por no avanzar. Cobarde por hacer cualquier cosa menos estudiar. Vaga, por no tener la voluntad de madrugar. Nerviosa, sin poder concentrarme. Con la cabeza a punto de estallar. Mareada por el estrés. Con náuseas, sin poder vomitar todo lo que hay dentro. Histérica, a tres semanas de la oposición. Desmotivada, porque no puedo más.
Demasiado exigente conmigo misma, demasiada presión. Tanta que estoy a punto de tirar la toalla, que me muero por quemar los libros, que lo echaría todo a perder en este instante.
Porque no puedo más. Me pesa la conciencia por no aprovechar el tiempo, por no estar en condiciones de tirar para delante, porque yo nunca me rindo y estoy a un paso de hacerlo.
Sólo quiero dormir y cuando despierte ver que la vida sigue igual, que todo está en su sitio, que no pasa nada si no lo hago bien.
Quiero irme, volar, soñar sin miedo.
Quiero que pasen ya estas tres semanas, saber que no es para tanto, que ya tendré otras oportunidades, que mi vida no está basada en aprobar hoy. Quiero ser consciente de que es una meta a largo plazo, asumir que sólo cuento con el factor suerte, que no saldrá bien.
No puedo seguir.
A dos segundos de entregarme, de dejarlo, de caer al vacío.
Así me encuentro, así me siento.
Demasiado exigente conmigo misma, demasiada presión. Tanta que estoy a punto de tirar la toalla, que me muero por quemar los libros, que lo echaría todo a perder en este instante.
Porque no puedo más. Me pesa la conciencia por no aprovechar el tiempo, por no estar en condiciones de tirar para delante, porque yo nunca me rindo y estoy a un paso de hacerlo.
Sólo quiero dormir y cuando despierte ver que la vida sigue igual, que todo está en su sitio, que no pasa nada si no lo hago bien.
Quiero irme, volar, soñar sin miedo.
Quiero que pasen ya estas tres semanas, saber que no es para tanto, que ya tendré otras oportunidades, que mi vida no está basada en aprobar hoy. Quiero ser consciente de que es una meta a largo plazo, asumir que sólo cuento con el factor suerte, que no saldrá bien.
No puedo seguir.
A dos segundos de entregarme, de dejarlo, de caer al vacío.
Así me encuentro, así me siento.
VIVA
Levantar la vista de los apuntes y toparme con el mar es una de las cosas más bonitas que me ha pasado en los últimos meses.
La simple sensación de saber que estoy en el sur, mi adorada tierra, me emborracha de paz. Esta vez sí, a pesar de los intentos de boicoteo de algún alma madrileña.
Aquí no me llegan los gritos de la capital, aquí sólo alcanzo a oír mi querido acento andaluz y el estremecedor sonido del mar, que tanto me remueven por dentro. Aquí el dolor se cura con el abrazo de un enano que anda como un pato mareado. Aquí sí existe el tiempo, y pasa y no escuece, y pasa y es bonito verlo pasar. Aquí siempre hay vida después del abismo.
Madrid y su infierno me esperan con los brazos cerrados, o tal vez sea yo la que no quiera abrazar su cielo.
Me cuesta horrores dejar esta inyección de vida que es mi tierra y mi gente, casi tanto como desprenderme de lo que me mata una y otra vez.
VETE DE MÍ
Lloraba a escondidas, casi en silencio, refugiada en la oscuridad. Tú, pegada a mi cuerpo, aún bañada en sudor, me preguntabas si me había gustado. Enmudecí y, por primera vez, no supe qué contestarte. Porque mis lágrimas no eran de emoción sino de impotencia, de frustración, de derrota. Lágrimas de perdedora.
En menos de doce horas te has ido de casa dos veces. La primera salí corriendo detrás de ti para retenerte, intentando hacer que entraras en razón, midiendo cada letra para hacerte comprender, acariciando las palabras para lograr entrar en ti sin que pensaras que siempre busco hacerte daño. La segunda te fuiste de verdad, despidiéndote con un “hemos terminado”. Esta vez te dejé marchar, porque sabía que, dijera lo que dijera, hiciera lo que hiciera, no me ibas a escuchar. Te fuiste y me quedé dormida, de puro agotamiento.
Contigo es todo o nada, de cero a diez, de diez a menos diez, del cielo al infierno… por qué me empeño en creer que dos horas bien a tu lado compensan cien mil horas de dolor…
Y es que no sé cómo alejarte de mí, no sé cómo desengancharme de tu maldita droga. Incluso provoco las discusiones para que, como siempre has hecho sin razón, me mandes a la mierda, pero con motivos. Así no tengo que hacerme la fuerte, así no tengo que ser yo la que dé el fatídico paso, así evito ese trago de dejar a la persona que amo… Déjame tú, que yo no puedo. Vete de mí, que yo sólo quiero estar cerca de ti. Deja de buscarme, que siempre querré encontrarte. Bórrame de tu mente, que yo te la llenaré de los mejores recuerdos. Mátame, que resucitaré para darte mi último abrazo.
No me has entendido nunca, no me has respetado, no me has apoyado. Y dices que me amas como nunca lo hiciste… Mírame a los ojos, estoy rota, podrida por dentro, cualquiera lo habría hecho mejor que tú. Has sacado lo peor de mí. Vivo con ansiedad y miedo. Ahora sé lo que es la ira. He perdido el buen humor. He dejado de creer en mí. Me has robado las pocas virtudes que tenía. Me has hecho creer que estoy loca. Has destrozado mi tiempo. Me has reducido a nada. He dejado escapar la vida por estar contigo, por pelear contra un sinsentido.
Seguramente aún te quiera, seguramente seguiré haciendo muchas tonterías por ti, pero te aseguro que no te mereces ni un segundo más de mi tiempo, ni una sola palabra más, ni media oportunidad más.
Ojalá tuviera el valor de marcharme para siempre.
Etiquetas: sos





