logotipo

img_google
Cosas que siempre te dije...
... y que nunca quisiste escuchar
Acerca de
Aquí te cuento lo que siempre te dije y no quisiste escuchar. Te cuento mi día a día contigo y sin ti, cuando me amas y me odias, cuando me gritas y enmudeces. Cuando desapareces y vuelves para marcharte otra vez. Te cuento mis caos, mis vacíos, el desastre de vida que he construído sin ti. Aquí os cuento todo lo que se me pasa por la cabeza y el alma, lo que callo porque ya me cansé de gritarlo. Dudas, sugerencias, preguntas y respuestas en: nuukgroen@hotmail.com
Sindicación
 
CARTA A MI PSICÓLOGA

“Hola… Psico:

Espero que me leas antes de verme esta tarde de viernes para no tener que contarte, con un nefasto estado de ánimo, que la tarea de esta semana no ha ido todo lo bien que hubiera querido. Hablábamos de energía positiva, de feedback, de situaciones que me provocaran todo lo contrario a lo que me provoca Leo. Sólo me ha hecho falta un post-it para describirte esos momentos. Ha sido un desastre total y, como consecuencia, siento que he fracasado.

Ha sido una semana complicada. No es que haya vuelto a vivir escenas de terror con Leo, que también las ha habido, pero no sabría explicarte, es como si las fuerzas para hacer cosas hubieran desaparecido de repente. No he pisado la biblioteca ni un día, he rechazado un par de cafés porque no me veía con ganas de salir de casa, he dejado pendientes llamadas sin contestar, el estudio no me ha cundido prácticamente nada, el trabajo me ha agobiado más todavía… me he sentido en una cárcel, sin poder y sin querer salir de mis cuatro paredes. Me he tenido que obligar a pisar la calle, al menos para recordar que hay vida más allá de mi mundo. Me niego a seguir así, pero me pesa hasta el aire que respiro.

Anoche, mientras volvía de clase en el metro, se me escapó sin querer un pensamiento desde lo más dentro y, entonces, fui consciente, creo que por primera vez, de que lo único que me queda de mi relación con Leo son los restos de una fogata que nunca termina de apagarse; que no son más que cenizas que apenas calientan, que pronto desaparecerán, sin más. Y me dio tanta pena, tanta, que me puse a llorar como una cría, porque no lograba entender por qué, si tanto la quiero, no me queda más opción que alejarla de mí. Porque me doy cuenta de que el amor no es suficiente para que dos personas funcionen. Me doy cuenta de que, por más que Leo y yo nos queramos, si es que alguna vez nos hemos querido de verdad, lo imposible es imposible, y no hay que darle más vueltas. Porque no quiero a mi lado una persona con la que sólo me lleve bien cuando se apagan las luces.

Otra vez se ha ido por la puerta y otra vez me ha colgado el teléfono. Pero lo cierto es que apenas me he inmutado, todo lo contrario, debo confesarte que me he quedado sin paciencia y que puede que incluso haya sido yo la que ha provocado las últimas discusiones. Porque estoy agotada, porque no aguanto más, porque todo me molesta, porque me siento tan cansada que no puedo reforzar lo más mínimo esta situación. En resumen, me he rendido, he perdido la ilusión. Ella hace y yo deshago. Y por más empeño que Leo ponga viéndome tan apática, tan fría, no me sale del alma ni media palabra de cariño, ni un gesto que nazca del alma. Es como si me hubieran arrebatado las pocas energías que me quedaban, como si ya no tuviera una razón para seguir luchando. He tocado fondo y me niego a volver a rozar ese infierno. No quiero volver a pensar que darlo todo por alguien se ha quedado en nada.

Y por lo demás, poco que contar. Sólo he conseguido arrancar cierta positividad de cuatro o cinco conversaciones telefónicas con amigos, de los que padecen mi dolor, de los que aguardan con calma mis noticias a pesar de mis ausencias. También he estado pensando en mi familia, en mis padres, los que más me apoyan sin enterarse de mis heridas, los que me quieren incondicionalmente sin preguntas. Me pesa tenerlos lejos, a pesar de nuestra falta de comunicación, me pesa no poder pasar más tiempo con ellos, ahora que se me hacen mayores, me pesa no ver crecer a mi sobrino de un añito, al que no dejo de mirar en fotos sin poder evitar emocionarme. Me angustia mucho la responsabilidad de tener que sacar estas oposiciones. No es excusa, pero es tan asqueroso estar estudiando en estas condiciones…

En fin… te seguiría contando, pero de pronto me han dado las 04:30 de la madrugada y ya va siendo hora de meterme en la cama, que mañana me espera un día complicado, otra vez… Me acuesto un pelín más tranquila, llevo prácticamente toda la noche hablando por teléfono con gente que me llena, así que esto tiene pinta de noche sin pesadillas.

Nos vemos dentro de unas horas, puede que con ojeras, puede que con los deberes sin hacer, pero te aseguro, con ganas de seguir peleando.

Gracias por todo, como siempre.

Un abrazo”.
 
DÍAS DE LLUVIA Y DOLORES DE CABEZA

Me he pasado dos horas en la cama pensando en Eva antes de levantarme. Cualquier pensamiento es bueno si no tiene nada que ver con Leo.

Hace tres semanas Eva y yo nos reencontramos después de casi dos años sin vernos. No sabría definir esas 48 horas a su lado (y al de su pareja, diossss, cómo cambian las cosas). Lo cierto es que hacía mucho tiempo que no me sentía tan relajada, tan contenta. Un chute de alegría y paz en toda regla.

Ahora, con el paso de los días, analizo mis reacciones y sensaciones. Y no quiero llegar a la conclusión, porque no me da la gana, porque en mi cabeza hay pájaros de todos los colores menos de los del tono de sus ojos, de que… de que… ¿aún la quiero?

Me lía, me habla de señales, de que la vida me lo está poniendo por delante, de que nuestros caminos volverán a cruzarse, de que piensa en mí constantemente, de que tendremos que afrontar esa cuenta pendiente… y yo me cago de miedo y de rabia por dentro y, por fuera, le sigo la gracia. Que por más que quiera acariciar mi coraza inquebrantable, me hago la fuerte, la más fuerte del mundo… pero qué narices, si es Eva, no tengo más remedio que caer rendida a sus pies. Chica mala.

No sé si es una ventaja o un (grandísimo) inconveniente que Eva y yo nos sintamos tan cerca en los últimos tiempos. Otro encuentro y a la porra la estabilidad. A mí, en cierto modo, me da igual, porque más desequilibrada no se puede estar, pero ella… no sé si sería capaz de robarle su tranquilidad. No quiero alterar lo más mínimo su calma, su vida medio encauzada. No quiero romper su paz. No quiero hacer daño a nadie. Y no pienso dar un paso en falso hasta que descubra si aún es capaz de removerme el alma, a pesar de los años, a pesar de todo lo que ha pasado. Qué poco pesa el dolor que me hizo padecer, cuánto me gusta verla bien, risueña, aprendiendo a ser feliz.

Vaya dos… ¿cagonas?

¿Y dónde anda Leo en medio de toda esta historia? Puedo pasarme días enteros sin querer saber nada de ella. Es como si tuviera la necesidad de respirar, y sé que a su lado nunca aspiraré aire fresco. Lo sé y, sin embargo, caigo a sus pies, una y otra vez, una y otra vez. Porque puedo ponerme muy dura y al segundo siguiente enamorarme otra vez. Porque puedo llegar a despreciarla en soledad y después, a su lado, derretirme por completo.

No sé lo que siento. No le paso ni media, a la mínima salto, me siento con la libertad y la fuerza para reñirle, para no callarme, para imponerme, para que no me tome el pelo. Sí, soy fuerte, sólida como una roca, pero cuando me caigo… me caigo del todo, desaparecen todas esas energías, la firmeza se desmorona y, al final, termino sintiéndome, como siempre, vulnerable.

Gracias a Dios trabajo menos y estudio más, así tengo más tiempo para mis prioridades y menos tiempo para Leo. Sin ninguna duda, prefiero el agotamiento físico al psicológico, que se hace hasta dulce, sobre todo cuando caigo en la cama y duermo como un bebé. Procuro, aunque a veces me cueste la vida, no caer en la tentación de ir corriendo a buscarla. Mantenemos las distancias y mantenemos las discusiones cuando estamos juntas. Es una situación insostenible, insoportable, insufrible, casi tanto como ella.

Yo tampoco sé por qué estoy tan enganchada, si tuviera una razón para seguir queriéndola estaría dispuesta a darlo todo otra vez. Pero aun sin tener un solo motivo, sigo ahí, seguimos en el círculo vicioso de te quiero-te odio-te jodo-te quiero otra vez.

Y así, entre Leo, Eva y apuntes pasan estos días de lluvia. Nada más y nada menos. Y mi cabeza a punto de explotar porque ya no sabe para dónde tirar.