logotipo

img_google
Cosas que siempre te dije...
... y que nunca quisiste escuchar
Acerca de
Aquí te cuento lo que siempre te dije y no quisiste escuchar. Te cuento mi día a día contigo y sin ti, cuando me amas y me odias, cuando me gritas y enmudeces. Cuando desapareces y vuelves para marcharte otra vez. Te cuento mis caos, mis vacíos, el desastre de vida que he construído sin ti. Aquí os cuento todo lo que se me pasa por la cabeza y el alma, lo que callo porque ya me cansé de gritarlo. Dudas, sugerencias, preguntas y respuestas en: nuukgroen@hotmail.com
Sindicación
 
MI LADO OSCURO

Me siento como el culo.

No, Leo no me la ha vuelto a jugar. Me he jodido yo misma, porque soy idiota.

A veces se me hace una pesadilla salir a la calle con ella. O simplemente trabajar con ella. Otras, sin embargo, me siento la mujer más orgullosa y feliz de la tierra. Pero no tengo término medio, lo mío son los extremos.

Tengo la buena o la mala suerte de tener a mi lado (por decir algo) a una chica increíblemente guapa. Leo es preciosa, imponente, irresistible, deliciosa, muy golosa para el público. Arrasa donde vaya. Enamora en un segundo. Cautiva allá donde pisa, siendo el centro de todas las miradas masculinas (y femeninas). Es simplemente impresionante. Y esta suerte, a veces se convierte para mí en una auténtica desgracia.

Cada vez soporto menos a los babosos que la merodean buscando algo más que una absurda conversación. Me harta aguantar las bromas de mis propios compañeros de trabajo, me jode que delante de mí no se cansen de pedirle insistentemente el número de teléfono, que tonteen a saco con ella, que la miren descaradamente. Me enferma no poder marcar mi territorio, no tener los huevos de gritar “cuidadín chaval, es mi chica”, quedarme con cara de imbécil recogiendo las babas de los demás. Me tortura ir a comprarme unas gafas y tener que aguantar al vendedor de turno intentando ligar con MI novia, encontrarme notas en la luna de mi coche de desconocidos que dejan su teléfono con no sé qué esperanza. Me mata que todo el mundo me la quiera robar, porque, por supuesto, a nadie se le puede pasar por la cabeza que Leo entienda, y menos que sea mi pareja.

Me encanta que admiren su belleza, me siento muy orgullosa, pero, en ocasiones, no puedo soportar que todo el mundo se le eche encima sin tenerme a mí en cuenta. Me vienen los celos, la inseguridad de perderla, la incertidumbre de pensar que algún día se cruzará con la mirada de alguien que le guste más que yo.

Y digo que soy idiota, porque, si algo bueno puedo decir de Leo, es que jamás de los jamases me ha provocado estos celos que yo misma me saco de la nada, que jamás ha presumido de su encanto físico, que siempre se ha currado muy mucho su manera de hacerme creer que sólo me quiere, me desea y me extraña a mí. A mí.

Pero no sé cómo explicarlo. Mi amor propio se siente herido. Nunca había sido la “normalita” de la relación, siempre me había sentido al mismo nivel que mi pareja, jamás me había acomplejado o me había sentido inferior. No soy tan miss mundo como ella, pero joder, siempre he tenido mis encantos y, por mucho que me sienta orgullosa de tener la novia más guapa del mundo, a veces se me hace un suplicio comprobar que sólo reparan en ella, que yo soy la otra, sí, mona y tal, pero no la buenorra, la que pone a mil a los tíos (a los que odio cada día más).

Y mira por dónde, resulta que Leo quiere estar conmigo, que pasa de la humanidad, que sólo tiene palabras bonitas para mí.

Me suena patético contar esta parte tan oscura de mi alma. Pero nunca había tenido esta sensación tan decepcionante.

Y, sensible perdida, mientras vamos en el coche, le voy contando el martirio chino de sentirme pequeñita a su lado hasta que:

Leo: ¡cuidado! ¡El semáforo está en rojo, joder! ¡Casi le atropellas!
Yo: no cariño, no se había puesto en rojo todavía
Leo: ¡estás enferma! ¡Estaba en rojo!
Yo: Leo, te aseguro que estaba en ámbar, y por favor, deja de gritarme
Leo: ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Y me siento más pequeña todavía, más torpe, más idiota, más mierda. Y callo durante todo el camino, y la dejo en la puerta de su casa sin despedirme. Y sólo cuando cierra la puerta del coche y me reencuentro conmigo misma, rompo a llorar desconsoladamente.
Etiquetas:  
 
RESISTIR O DEJAR MORIR

Me dice que no está bien, que lo tenemos todo y no lo aprovechamos, que discutimos por tonterías, que ella quiere reírse y disfrutar, como cualquier pareja normal…

Y puede que tenga razón, que yo no haga más que imaginar fantasmas y creer en lo nuestro con una obsesión desquiciante, porque me creo que nuestro amor es tan inquebrantable que nada puede destrozarnos… pero qué digo, si estamos destrozadísimas, agotadas, desgastadas, desilusionadas, casi muertas.

De nuevo ataca la ansiedad y la imperante necesidad de buscar mi lexatin por la mesa llena de papeles, porque hace tiempo que olvidé cómo calmarme sin la ayuda de la pastilla de las narices, de cómo canalizar los nervios por mí misma.

Otra vez la misma historia, que si no podemos estar así, que si nos estamos machacando, que si nos pasamos el día neuróticas perdidas, que si no nos hacemos felices, que si no encajamos, que si no funcionamos por más que lo intentemos.

Mi estado emocional es absolutamente caótico. Paso de estar volando entre las nubes a aguantar las llamas del infierno en décimas de segundo. Puede que no nos entendamos, y punto. Pero me niego a creerlo, por eso sigo aquí, hasta que el cuerpo aguante y no pueda resistir más.

Y no sé qué hacer. Ya no sé quién tiene la culpa. Me desespero buscando una solución que nunca llega. Me hundo en la miseria cuando algo vuelve a fallar. Y lo peor, me siento incapaz de retomar el vuelo y seguir adelante.

No sé qué hacer porque cuando estamos bien estamos en un paraíso que no es de este mundo. Nos queremos con locura, nos amamos con todo el alma, nos buscamos constantemente, somos felices. Pero cuando estamos mal nos ponemos al borde de un precipicio y nos empujamos lo suficiente como para caer despeñadas, sin poder apenas resucitar. No existe el término medio. Podemos pasarnos días enteros sin despegarnos y otros tantos días enteros e interminables desaparecidas.

Y ya no sé si es que realmente no funciona o que nos queremos tanto y tenemos tanto pánico a perdernos que saltamos a la mínima, sin darnos cuenta de que lo único que conseguimos es hacernos más daño.

Cuando estamos bien, pienso que Leo es la mujer de mi vida, porque todo es perfecto. Cuando estamos mal pienso que lo mejor es dejar esta historia apartada y volver a empezar. Soy tan feliz como infeliz. La amo tanto como la odio. Y me empeño en pensar que lo bueno compensa lo malo, que la ansiedad de hoy servirá para volver a sonreír mañana. Y así, todos los días.

Me dejo llevar, vivo el momento, no me planteo nada. Quisiera encontrar una solución y llevarla a cabo con todo mi empeño y amor. Quiero evitar la ruptura definitiva por todos los medios porque tengo miedo a precipitarme y equivocarme. Por eso, de momento, prefiero que las cosas caigan por su propio peso y que, si tiene que morir, que muera solo, hasta que mi cuerpo ya no resista, hasta que me dé cuenta de que no está en mi mano.

Casi estoy deseando que llegue ese día para, cobarde de mí, no tener que tomar una decisión con la cabeza, porque en cosas de corazón, aún no he aprendido a ser racional.


Gracias a tod@s por todo vuestro apoyo. Jamás podré agradeceros vuestras palabras de ánimo. Un abrazo enorme.
Etiquetas:   
 
2008

Leo y yo teníamos planeado pasar el fin de año juntas, por lo que rechacé cualquier proposición familiar o amistosa. El caso es que, un día antes, por otra absurda discusión, coge sus maletitas y se va de casa, así, sin más. Otro de sus arrebatos de neurótica a los que ya no puedo hacer frente de puro agotamiento.

El día 31 voy a El Corte Inglés a comprar algo para cenar conmigo misma. Pero cuando llego a casa me da un bajonazo y decido quedarme dormida en el sofá para intentar despertarme de madrugada y no vivir la entrada de año en soledad. Pero, inesperadamente, Leo me llama a las 23:35 para invitarme a su casa a pasar las uvas con ella y su familia. Como una autómata me levanto, me lavo la cara, cojo el coche y me tiro a una solitaria M-30 a 160 por hora. No sé cómo lo he hecho, pero llego diez minutos antes de las uvas, olvido todo lo que ha pasado y vivo ese momento como uno de los más felices de mi vida.

Entré en 2008 con buena pata. Desde entonces no habíamos tenido ni un solo roce. En el trabajo nos tratamos con inmenso amor y fuera de él nos echamos de menos como dos adolescentes que viven su primer amor. Por eso decidimos pasar la noche de Reyes juntas, a pesar de todo. De madrugada, inundamos el salón de regalos y a la mañana siguiente nos besábamos, nos abrazábamos y gritábamos locas de contenta cada vez que abríamos un paquetito.

Y me doy cuenta de cuánto la quiero y de cuánto deseo que salga bien de una vez. La siento completamente mía, no puedo separarme de ella ni un segundo, no puedo dejar de mirarla con ojos de enamorada y con un alma que pide a gritos volver a estar a su lado. Volvíamos a hablar de nosotras, de intentarlo poco a poco, de relajarnos y ser felices.

Nunca me había sentido tan tranquila.

Hasta que hoy, de vuelta al trabajo, Leo ha sufrido otro de sus ataques de nervios. Ha tenido un mal día y los aplaca pisoteándome, insultándome, despreciándome. Toda su mierda mental para mí. He intentado calmarla con palabras y mimos pero sólo he recibido reproches. Así que, ya en mi casa (porque ya no vive conmigo), la he dejado marchar sin retenerla, por primera vez desde que nos conocemos.

Llevo toda la tarde durmiendo para no pensar. No tengo noticias. La llamo y no contesta. La necesito y no está. Habíamos quedado en pedir ayuda para encauzar nuestra relación y la única que ha ido al médico soy yo, no para mejorar lo nuestro, sino para poder respirar más tranquila sin que el corazón me palpite a mil pulsaciones por minuto.

Del cielo al infierno en dos segundos. Y mañana, otra vez, como si nada hubiera pasado. Y mi corazón se va haciendo más débil, mi cabeza cada día más desordenada, mi cuerpo cansado y dormido, mis esperanzas tiradas a la basura, mi ilusión rota en piezas de un puzzle interminable.

¿Qué coño me deparará 2008? - me pregunto muerta de tristeza.

P.D.: FELIZ 2008 A TODOS, DE CORAZÓN
Etiquetas: