CIERRE TEMPORAL... O NO
Comencé a escribir este blog como válvula de escape, buscando aliviar, mediante gritos al aire, el dolor inhumano que todos hemos sentido alguna vez por culpa del amor y el desamor.
Eva ha sido la protagonista de mi historia, posiblemente la persona que más daño me ha hecho y a la que más he querido. No me haría falta tenerla delante para darme cuenta de que mis sentimientos volaron, no tanto como el tiempo, y que, por fin, me siento absolutamente libre. Ya no corro, ni huyo, ni rompo a llorar de repente, ni me doy cabezazos contra la pared. Creo que estoy en paz. Tengo la conciencia tranquila, he hecho todo lo que he podido, he luchado contra lo imposible y nunca di nada por perdido. Ahora entiendo que una relación son dos y no uno, que pelear contra un ejército de fantasmas es una batalla perdida, que retirarse a tiempo es una victoria si no quieres morir acribillado a tiros. Yo, que soy de las que nunca se rinden aunque esté agonizando… Y descubro que, al final, las cosas caen por su propio peso, que mueren porque tienen que morir, que desembocan en la nada.
Dentro de lo malo, ha sido el final menos doloroso. El final de los vencedores y los valientes que dieron la vida a cambio de sufrir, de crecer, de seguir soñando y capear temporales sin miedo.
De repente un día me levanto y no me acuerdo de ella, y ya no duelen las ausencias ni los desprecios. De repente me manda un sms al que ni me molesto en contestar. De repente me entero que se casa y me quedo impasible, como si me hablaran del desagradable calor que hace en Madrid. De repente ni siento ni padezco.
De repente el amor se va, sin más, y ya no hay preguntas sin respuesta, ni noches en vela ni taquicardias. Mi amor por Eva se ha esfumado para siempre, y esta vez no pienso hacer nada por retenerlo, dormirlo por un tiempo o esperarlo. Ya no.
Quizás por todo eso, este blog ya no tenga sentido. Porque ya no tengo la necesidad de dirigirme a ella, de contarle cómo me siento, de gritarle porque no me escucha, de suplicarle y ponerme de rodillas.
Puede que apague la luz, cierre la puerta y me marche por la puerta grande, como los campeones.
Necesito unas jornadas de reflexión antes de votar por mi propia clausura.
Porque puede que vuelva… o no.





