Túnez (II): Los aljibes de Kairouan
Kairouan es considerada la cuarta ciudad santa del Islam tras La Meca, Medina y Jerusalén. También es famosa por la abundancia proverbial de agua cristalina y los aljibes que las contienen.
Hoy estos aljibes sólo contienen un agua tan salobre que no se puede usar ni para agricultura. De nuevo la sequía se hace patente en Túnez y la sed empieza a afectar a algo más que un oasis... toda una ciudad santa.

Uno de los aljibes inútiles de Kairouan. Hoy día sólo sirven para contarle al turista el esplendor que emanaba de ellos.
Hoy estos aljibes sólo contienen un agua tan salobre que no se puede usar ni para agricultura. De nuevo la sequía se hace patente en Túnez y la sed empieza a afectar a algo más que un oasis... toda una ciudad santa.
Uno de los aljibes inútiles de Kairouan. Hoy día sólo sirven para contarle al turista el esplendor que emanaba de ellos.
El hielo del Ártico
En mi opinión, el cambio climático es el mayor problema al que nos enfrentamos hoy en día, peor incluso que la amenaza del terrorismo.David A. King Consejero Científico Jefe del gobierno británico.
Estoy seguro de que el señor King dijo estas palabras tras analizar concienzudamente diversas señales de advertencia que nos regala el planeta, como la desaparición progresiva del Polo Ártico.

El hielo ártico en 1979

El hielo ártico en la actualidad
Decir que el hielo permanente estival del Ártico desaparecerá antes de 2100 puede sonar a barbaridad y a exageración. Es una barbaridad porque ha estado ahí desde tiempo inmemoriales y desaparecería en el tiempo de tan solo una o dos vidas humanas. Y es una exageración porque en realidad tardará menos en desvanecerse. La cifra de 2100 proviene de un informe de la NASA:
Según la NASA, la capa de hielo polar se está derritiendo a un alarmante ritmo de 9% por década. El grosor del hielo ártico ha disminuido un 40% desde la década de 1960.
Sin embargo, en este informe no se tiene en cuenta, como se ha puesto de relieve con las últimas observaciones realizadas, que, en general, el cambio climático se está acelerando y retroalimentando y que muy pronto habrá que revisar al alza la cuantía y magnitud de prácticamente todos los efectos meteorológicos anormales previstos para los años venideros. No en vano, Mark Lynas, en su proyecto de libro 6 degrees situaba la desaparición de Nueva Orleans en 2040. El pobre Mark tendrá que escribr rápido si desea que su libro tenga cierta utilidad para el público no especialista en la materia.
Como se desprende de las fotos, el Polo Ártico es un firme candidato a los viajes imposibles de este incierto siglo XXI.
Túnez (I): Los oasis de Nefta
05:00 horas. Douz (Dûz). Llamada también "La Puerta del Desierto". Nos levantamos para continuar nuestro agotador viaje por el sur de Túnez. Mi hotel, sacado de un cuento de "Las Mil y Una Noches", cuenta con todas las comodidades. Piscina de agua dulce (¿o es salobre? Lo cierto es que está saladita y se flota mejor, ¡demasiado, o sea!), piscina de aguas termales, baño completo, buffet libre de comida internacional, etc. Calculo que he consumido entre 300 y 400 litros de agua, escasamente potable para los locales, intragablemente asquerosa para mí, durante mis escasas horas de estancia.
13:00 horas. Nefta (Neftah). Hacemos un alto en nuestro largo viaje para visitar esta ciudad-oasis a caballo entre dos desiertos. La foto muestra un oasis precioso... y una fuente seca. Le pregunto a Bèshir, nuestro guía, que ocurre aquí y su respuesta me sume en la tristeza. Parece que el cambio climático también llega al simpático país de Túnez. Béshir nos explica:

En Nefta, población a las puertas del desierto del Sáhara de unos 20.000 habitantes, se dan circunstancias especiales por las que un cambio climático puede ser nefasto. Nefta posee alrededor de medio millón de palmeras datileras repartidas entre sus oasis. Los dátiles representan, junto con el turismo, la principal fuente de ingresos de los oasis del Sur de Túnez y, por ende, de todo Túnez.

El desierto ha sido horadado con el beneplácito del gobierno por multitud de pozos artesianos para aumentar la superficie datilera y satisfacer la ingente demanda de agua de unos turistas fatigados por el calor del desierto. Turistas como yo que gastan con dos tiradas de la cisterna toda el agua que consume un neftaliano en un día. Estos pozos se alimentan de yacimientos de agua fósil, es decir, se trata de agua difícilmente renovable por las lluvias. Así que, a medida que se extrae agua de los acuíferos, la salinidad aumenta y el agua es cada vez menos apta para el riego, no digamos ya para ser bebida.
Estas circunstancias son fácilmente explicables por la enorme demanda de agua. El cambio climático no debería salir a colación en este problema. Sin ambargo, es precisamente el cambio climático lo que explica que Nefta esté cada vez más cercada por sus desiertos contiguos, uno de arena al norte continuación del Gran Erg Oriental argelino, cuyas dunas se dirigen progresivamente hacia el sur, y otro salado situado al sur, el Chott-el-Djerid. De hecho, aunque en el mapa, algo antiguo, figure el Chott-el-Djerid al este de Nefta, lo cierto es que este desierto salado se encuentra ya envolviendo al oasis tanto por el sur como por el oeste.
Bèshir sentencia:
No quisiera volver a Nefta y encontrarme con palmeras secas, agua salada y desierto en lugar de una preciosa ciudad del desierto, no quisiera. Pero mucho me temo que este oasis es digno merecedor de un viaje imposible a mediados del siglo XXI.
15:00 horas. Tozeur (Tazwar). Estoy reventado, que duro es viajar con aire acondicionado en autobús mientras niños descalzos que no robarían ni para comer te intentan vender "Rosas del Desierto" de todo tamaño ¡jo!. Tras un copioso almuerzo regado con abundante agua mineral pagada a precio de vino tinto me dispongo a dar cuenta de una provechosa siesta. A los cinco minutos de haber adoptado la horizontal comienzo a luchar contra las lágrimas que pugnan por asomar, y es que me he percatado de que he tirado tres veces de la cisterna desde que llegué hace media hora a la habitación. Para acallar mi conciencia y despertar las de otros prometo escribir este artículo mientras Gaia me permite caer rendido.
13:00 horas. Nefta (Neftah). Hacemos un alto en nuestro largo viaje para visitar esta ciudad-oasis a caballo entre dos desiertos. La foto muestra un oasis precioso... y una fuente seca. Le pregunto a Bèshir, nuestro guía, que ocurre aquí y su respuesta me sume en la tristeza. Parece que el cambio climático también llega al simpático país de Túnez. Béshir nos explica:

El patrón de precipitaciones en este país suele ser el siguiente: 3 años húmedos, 2 ó 3 años regulares y 3 años de sequía. Túnez ya lleva 13 años consecutivos de años malos o regulares. Son demasiados años de sequía. Incluso en un entorno tan acostumbrado a la falta de agua como es el desierto, esta anomalía provoca impactos de todo tipo. Por ejemplo, la fuente seca. Hace ya muchos años que no proporciona agua
En Nefta, población a las puertas del desierto del Sáhara de unos 20.000 habitantes, se dan circunstancias especiales por las que un cambio climático puede ser nefasto. Nefta posee alrededor de medio millón de palmeras datileras repartidas entre sus oasis. Los dátiles representan, junto con el turismo, la principal fuente de ingresos de los oasis del Sur de Túnez y, por ende, de todo Túnez.

El desierto ha sido horadado con el beneplácito del gobierno por multitud de pozos artesianos para aumentar la superficie datilera y satisfacer la ingente demanda de agua de unos turistas fatigados por el calor del desierto. Turistas como yo que gastan con dos tiradas de la cisterna toda el agua que consume un neftaliano en un día. Estos pozos se alimentan de yacimientos de agua fósil, es decir, se trata de agua difícilmente renovable por las lluvias. Así que, a medida que se extrae agua de los acuíferos, la salinidad aumenta y el agua es cada vez menos apta para el riego, no digamos ya para ser bebida.
Estas circunstancias son fácilmente explicables por la enorme demanda de agua. El cambio climático no debería salir a colación en este problema. Sin ambargo, es precisamente el cambio climático lo que explica que Nefta esté cada vez más cercada por sus desiertos contiguos, uno de arena al norte continuación del Gran Erg Oriental argelino, cuyas dunas se dirigen progresivamente hacia el sur, y otro salado situado al sur, el Chott-el-Djerid. De hecho, aunque en el mapa, algo antiguo, figure el Chott-el-Djerid al este de Nefta, lo cierto es que este desierto salado se encuentra ya envolviendo al oasis tanto por el sur como por el oeste.
Bèshir sentencia:
Nefta acabará tragada por el desierto con el beneplácito de una prolongada sequía.
No quisiera volver a Nefta y encontrarme con palmeras secas, agua salada y desierto en lugar de una preciosa ciudad del desierto, no quisiera. Pero mucho me temo que este oasis es digno merecedor de un viaje imposible a mediados del siglo XXI.
15:00 horas. Tozeur (Tazwar). Estoy reventado, que duro es viajar con aire acondicionado en autobús mientras niños descalzos que no robarían ni para comer te intentan vender "Rosas del Desierto" de todo tamaño ¡jo!. Tras un copioso almuerzo regado con abundante agua mineral pagada a precio de vino tinto me dispongo a dar cuenta de una provechosa siesta. A los cinco minutos de haber adoptado la horizontal comienzo a luchar contra las lágrimas que pugnan por asomar, y es que me he percatado de que he tirado tres veces de la cisterna desde que llegué hace media hora a la habitación. Para acallar mi conciencia y despertar las de otros prometo escribir este artículo mientras Gaia me permite caer rendido.





