Canalla.
El día se desvanecía, estaba cansada y abrí las ventanas de aquella habitación, me senté justo en frente y me dediqué a observar a las personas que cruzaban por la calle, las luces que empezaban a encenderse, la noche que tomaba su relevo para acariciar nuestros sueños. Sabía que faltaba poco para que él llegase, sentía miedo de aquella locura, pero desde aquel día que me confesó lo que sus manos querían hacer conmigo, no podía dejar de desear que se hiciera realidad.
Días antes me había avisado que esa semana tenía que desplazarse a mi ciudad por motivos de trabajo. Después de hacer la reserva en el hotel que yo le recomendé, me indicó la habitación para que pudiera llegar con antelación. En cada uno de mis pasos temía encontrarlo, sorprenderme con su presencia, en cualquier instante ser atrapada en esa espera íntima. Momentos antes en el baño mientras acariciaba mi cuerpo, cerraba mis ojos, lo sentía observando, deleitándose con cada movimiento de mis manos, de mis caderas, con el cambio imperceptible del color rosado de la piel de un cuerpo que se excita. Con la transformación de la aureola en pezones turgentes y duros, con la acumulación de vida en cada poro que cobra vida y color mientras la mente va creando escenas, va haciéndote despertar de lo cotidiano para sumergirte en placeres constantes.
Su forma de escribir melancólica me llevó a desearlo, aquella tristeza que acumulaban sus palabras, aquella incomprensión del mundo que lo rodeaba y que hacía de su vida un infierno fue lo que me hizo sentirlo diferente. Supongo que también tuvo mucho que ver el saber que se follaba a su psicóloga en la propia consulta, saber que aquella psicóloga que iba de liberal y que le tenía prohibido que escribiera como parte de la terapia, se estaba enamorando de él y él estaba pensando en buscarse otra. Con el tiempo me llegó a regalar el único libro que había publicado y sus letras me envenenaron hasta el punto de estar moribunda, necesitada de un antídoto que lo sacara de mi mente.

Mis manos volvían a posarse en mi cuerpo, extendían aquel aceite con aroma a jazmín que todas las noches me ponía, sin embargo hoy el olor me hacía disfrutar, jugaba a hacerme volar por los rincones de aquella habitación, jugaba a volverme salvaje con aquella sensación canalla de quien se deja llevar por las órdenes de quien hace tiempo se adueñó de su alma.
Seguía sentada mientras sus pasos me traían su perfume, aquel que un día le dije que me gustaba, higher de Christian Dior, mis ojos entraron en contacto con la seda de un tejido que oscureció la sala, sus brazos me rodearon, desnuda, como estaba y me llevaron a la cama. Otra vez sentí la seda atando mis muñecas al cabecero de madera que se enredaba como un rosal plagado de espinas con mi cuerpo encendido. El calor de sus manos, la humedad de su lengua, la dureza de su verga se fundían con mi cuerpo, que lo recibía abierto, sin trabas, como una flor del desierto que se abre al contacto del agua y florece en segundos y llena sus raíces de fluidos que vierte en la boca del sediento viajero.
Susurraba poesías en mis oídos, aquellas que un día leí en aquel libro, su voz cálida y grave me hacía temblar como una mujer enamorada. Decidió mirarme por primera vez y soltó mis ataduras, me dejó libre frente a él, frente a sus ojos profundos de hombre maduro. Sentí esa necesidad de atarlo a mis deseos, de sentir su sabor mezclarse con mi boca y mi saliva una vez más. Terminamos sentados en aquella silla frente a la luna, yo encima de él, sintiendo entrar su polla en algo más que en mi cuerpo, sintiendo entrar su semen caliente en mi interior, oyendo sus gemidos, oliendo su piel, frenando su mirada con la mia en aquel abrazo que nos hizo estremecer.
Días antes me había avisado que esa semana tenía que desplazarse a mi ciudad por motivos de trabajo. Después de hacer la reserva en el hotel que yo le recomendé, me indicó la habitación para que pudiera llegar con antelación. En cada uno de mis pasos temía encontrarlo, sorprenderme con su presencia, en cualquier instante ser atrapada en esa espera íntima. Momentos antes en el baño mientras acariciaba mi cuerpo, cerraba mis ojos, lo sentía observando, deleitándose con cada movimiento de mis manos, de mis caderas, con el cambio imperceptible del color rosado de la piel de un cuerpo que se excita. Con la transformación de la aureola en pezones turgentes y duros, con la acumulación de vida en cada poro que cobra vida y color mientras la mente va creando escenas, va haciéndote despertar de lo cotidiano para sumergirte en placeres constantes.
Su forma de escribir melancólica me llevó a desearlo, aquella tristeza que acumulaban sus palabras, aquella incomprensión del mundo que lo rodeaba y que hacía de su vida un infierno fue lo que me hizo sentirlo diferente. Supongo que también tuvo mucho que ver el saber que se follaba a su psicóloga en la propia consulta, saber que aquella psicóloga que iba de liberal y que le tenía prohibido que escribiera como parte de la terapia, se estaba enamorando de él y él estaba pensando en buscarse otra. Con el tiempo me llegó a regalar el único libro que había publicado y sus letras me envenenaron hasta el punto de estar moribunda, necesitada de un antídoto que lo sacara de mi mente.

Mis manos volvían a posarse en mi cuerpo, extendían aquel aceite con aroma a jazmín que todas las noches me ponía, sin embargo hoy el olor me hacía disfrutar, jugaba a hacerme volar por los rincones de aquella habitación, jugaba a volverme salvaje con aquella sensación canalla de quien se deja llevar por las órdenes de quien hace tiempo se adueñó de su alma.
Seguía sentada mientras sus pasos me traían su perfume, aquel que un día le dije que me gustaba, higher de Christian Dior, mis ojos entraron en contacto con la seda de un tejido que oscureció la sala, sus brazos me rodearon, desnuda, como estaba y me llevaron a la cama. Otra vez sentí la seda atando mis muñecas al cabecero de madera que se enredaba como un rosal plagado de espinas con mi cuerpo encendido. El calor de sus manos, la humedad de su lengua, la dureza de su verga se fundían con mi cuerpo, que lo recibía abierto, sin trabas, como una flor del desierto que se abre al contacto del agua y florece en segundos y llena sus raíces de fluidos que vierte en la boca del sediento viajero.
Susurraba poesías en mis oídos, aquellas que un día leí en aquel libro, su voz cálida y grave me hacía temblar como una mujer enamorada. Decidió mirarme por primera vez y soltó mis ataduras, me dejó libre frente a él, frente a sus ojos profundos de hombre maduro. Sentí esa necesidad de atarlo a mis deseos, de sentir su sabor mezclarse con mi boca y mi saliva una vez más. Terminamos sentados en aquella silla frente a la luna, yo encima de él, sintiendo entrar su polla en algo más que en mi cuerpo, sintiendo entrar su semen caliente en mi interior, oyendo sus gemidos, oliendo su piel, frenando su mirada con la mia en aquel abrazo que nos hizo estremecer.
Nos seduces:
Guapa, recuerda que algún día el trabajo me llevará a tu ciudad.
Nos seduces:
Y ahora dejando a un lado los sentimientos, los buenos y los malos.
Cuenta mas!
Cuenta mas!
Nos seduces:
He empezado a leer esto en una posición absolutamente sana en mi silla, pero he ido resbalando con cada línea para acabar casi por los suelos intentando adivinar a traves de mi ventana algún resto de aquella luna.
Como siempre, fenomenal...
Como siempre, fenomenal...
Nos seduces:
cuanto se hacen desear los canallas ;-)
Nos seduces:
Muy excitante, sensual, sincero, tranmite deseo y pasión.
Literariamente muy bueno. Transmite sensaciones...
Voy a comprarme colonia, que me voy de viaje...
Literariamente muy bueno. Transmite sensaciones...
Voy a comprarme colonia, que me voy de viaje...
Nos seduces:
Qué canalla el tío y qué canalla la psicóloga no?? jajajaj.
Nos seduces:
Dos corazones hambrientos perdidos el uno dentro del otro. Qué gozoso, que placer, que gusto, que canalla !!!
Nos seduces:
Cuanto sentimiento, cuanto deseo...cuantas ganas, y envidia (un poco, si) pero de la mala!
Besos
Besos
Nos seduces:
Cuanta sensualidad, cuanto amor, cuanto sexo...cuantos olores embriagadores se respiran en esta habitación.
:*
:*





