Cada noche en mi ventana
Cada noche cierro la luz, y subo la persiana. Me acerco al cristal, oculto entre las cortinas, y noto el frescor del exterior sobre la superficie transparente.
Si respiro muy cerca, el cristal se empaña, dejando sobre la superficie un circulo de vaho, así que aguanto la cortina y me retiro un poco. Y espero.
Espero una hora. Hoy debía de haber una película interesante, porque mañana trabajas temprano, y normalmente te sueles acostar mucho antes. Si duermes menos de ocho horas, te levantas cansada y agobiada, y tus saludos no son tan hermosos como los del resto de los días.
Entras en la habitación. Vas hasta la cama y levantas la almohada. Vas a coger ese pijama de verano de tirantes, que no te tapa casi nada. Te lo pusiste anoche, y no recuerdo que lo pusieras a lavar, así que hoy debe de tener impregnado ese maravillosos olor de tus pechos, de tu entrepierna, de tu espalda.
Seria maravilloso poder robártelo ahora, ponérmelo sobre el rostro y aspirar profundamente, disfrutando con tu olor, con tu aroma.
Te veo sacar el pijama. Si, es el que yo creía. Azul claro, de tirantes, casi transparente. Empiezo a notar mi deseo, y comienzo a desabrocharme el pantalón.

Comienzas a desabrocharte la camisa, y se adivina el sujetador. Negro. El de encaje. Mi polla ya está fuera, dura, sintiéndote. Como en una obra de teatro vista mil veces, se lo que vas a hacer ahora. Te quitas la camisa y la metes en el armario. A pesar de no haber visto nunca el interior, conozco casi cada prenda de las que tienes dentro de el. Las camisas, las blusas, los pantalones. Se en que cajón guardas tu ropa interior y las camisetas de algodón para el invierno. Se donde guardas tu bolsa de maquillaje y tu maleta. E incluso se donde escondes ese vibrador que te regaló el estúpido de tu novio.
Te desabrochas el pantalón, y te lo quitas agachándote. Lástima que no te quites de la misma forma las braguitas. Sería muchísimo mas morboso verte agachada, asomando el vello de tu entrepierna por detrás. No podría resistirme a lamerte, hundiéndome, olfateándote, acariciándote.
Guardas el pantalón en una de las perchas, y te pones la bata. Sales un momento de la habitación, dejándote la puerta abierta. A través de ella, se ve el pasillo del fondo, y un horroroso cuadro (seguro que de una de tus compañeras de piso, quizá la pija de las coletas) de unas flores amarillas espantosas ocupa toda la pared visible. Aprovecho para buscar unos pañuelos de papel . Se que tardaras unos diez minutos en volver, mientras te lavas los dientes, te quitas las cremas y orinas.
Los encuentro. El paquete de diez está casi vacío, y solo quedan dos. Mañana tendré que acordarme de reponer uno nuevo. Cojo uno y vuelvo a la ventana. Lo abro. Me lo cuelgo de la cintura, metiendo una punta por el borde del pantalón, y sigo acariciándome la polla.
Vuelves. Cierras la puerta, te quitas la bata y la cuelgas del perchero. Te quitas el sujetador, y te pones la parte de arriba del pijama. No sirve de nada. Es tan transparente, que tus oscuros pezones se marcan como monedas en la tela. Mi polla esta dura, enhiesta, mientras me la acaricio cada vez con mas fuerza. Si hubiera suerte, ahora irías al cajón del consolador...
...no.
Te quitas las braguitas, y vas al cajón de tu ropa interior. Aumento el movimiento de la mano, masturbándome con furia. Cuando te agachas, veo tu culo, hermoso, con las marcas del bañador claramente marcadas. Así que yo, y tu novio, somos los únicos que vemos ese culo. Me encantaría poder lamerte entera. Cuando noto que me viene el orgasmo, te giras, y te veo el coño.
Me corro. Como un disparo, mancho el cristal de la ventana. Te deseo. Te deseo como nunca he deseado a nadie.
Mientras tu te terminas de poner el pijama, de meterte en la cama y de apagar las luces, limpio como puedo la ventana, el suelo, mis manos y mi polla. Espero, mañana por la mañana, volverte a ver de nuevo.
¿Sabes que? Te quiero.
Si respiro muy cerca, el cristal se empaña, dejando sobre la superficie un circulo de vaho, así que aguanto la cortina y me retiro un poco. Y espero.
Espero una hora. Hoy debía de haber una película interesante, porque mañana trabajas temprano, y normalmente te sueles acostar mucho antes. Si duermes menos de ocho horas, te levantas cansada y agobiada, y tus saludos no son tan hermosos como los del resto de los días.
Entras en la habitación. Vas hasta la cama y levantas la almohada. Vas a coger ese pijama de verano de tirantes, que no te tapa casi nada. Te lo pusiste anoche, y no recuerdo que lo pusieras a lavar, así que hoy debe de tener impregnado ese maravillosos olor de tus pechos, de tu entrepierna, de tu espalda.
Seria maravilloso poder robártelo ahora, ponérmelo sobre el rostro y aspirar profundamente, disfrutando con tu olor, con tu aroma.
Te veo sacar el pijama. Si, es el que yo creía. Azul claro, de tirantes, casi transparente. Empiezo a notar mi deseo, y comienzo a desabrocharme el pantalón.

Comienzas a desabrocharte la camisa, y se adivina el sujetador. Negro. El de encaje. Mi polla ya está fuera, dura, sintiéndote. Como en una obra de teatro vista mil veces, se lo que vas a hacer ahora. Te quitas la camisa y la metes en el armario. A pesar de no haber visto nunca el interior, conozco casi cada prenda de las que tienes dentro de el. Las camisas, las blusas, los pantalones. Se en que cajón guardas tu ropa interior y las camisetas de algodón para el invierno. Se donde guardas tu bolsa de maquillaje y tu maleta. E incluso se donde escondes ese vibrador que te regaló el estúpido de tu novio.
Te desabrochas el pantalón, y te lo quitas agachándote. Lástima que no te quites de la misma forma las braguitas. Sería muchísimo mas morboso verte agachada, asomando el vello de tu entrepierna por detrás. No podría resistirme a lamerte, hundiéndome, olfateándote, acariciándote.
Guardas el pantalón en una de las perchas, y te pones la bata. Sales un momento de la habitación, dejándote la puerta abierta. A través de ella, se ve el pasillo del fondo, y un horroroso cuadro (seguro que de una de tus compañeras de piso, quizá la pija de las coletas) de unas flores amarillas espantosas ocupa toda la pared visible. Aprovecho para buscar unos pañuelos de papel . Se que tardaras unos diez minutos en volver, mientras te lavas los dientes, te quitas las cremas y orinas.
Los encuentro. El paquete de diez está casi vacío, y solo quedan dos. Mañana tendré que acordarme de reponer uno nuevo. Cojo uno y vuelvo a la ventana. Lo abro. Me lo cuelgo de la cintura, metiendo una punta por el borde del pantalón, y sigo acariciándome la polla.
Vuelves. Cierras la puerta, te quitas la bata y la cuelgas del perchero. Te quitas el sujetador, y te pones la parte de arriba del pijama. No sirve de nada. Es tan transparente, que tus oscuros pezones se marcan como monedas en la tela. Mi polla esta dura, enhiesta, mientras me la acaricio cada vez con mas fuerza. Si hubiera suerte, ahora irías al cajón del consolador...
...no.
Te quitas las braguitas, y vas al cajón de tu ropa interior. Aumento el movimiento de la mano, masturbándome con furia. Cuando te agachas, veo tu culo, hermoso, con las marcas del bañador claramente marcadas. Así que yo, y tu novio, somos los únicos que vemos ese culo. Me encantaría poder lamerte entera. Cuando noto que me viene el orgasmo, te giras, y te veo el coño.
Me corro. Como un disparo, mancho el cristal de la ventana. Te deseo. Te deseo como nunca he deseado a nadie.
Mientras tu te terminas de poner el pijama, de meterte en la cama y de apagar las luces, limpio como puedo la ventana, el suelo, mis manos y mi polla. Espero, mañana por la mañana, volverte a ver de nuevo.
¿Sabes que? Te quiero.
Nos seduces:
easas son puras mamadas pon gan puro relato don entren aagarrarle el culo a alguien
Nos seduces:
Bueno... la verdad es que creo que no. Pero parece que por suerte, me equivoco.
Nos seduces:
Yo también te quiero
:P
:P
Nos seduces:
Morbó, contesta por favor que nos tienes en ascuas
Nos seduces:
Y si ella supiera que la miras, crees que se masturbaría para tí?
Nos seduces:
¿Y quien dice que quiera decirselo? :-)
Nos seduces:
Ella sabrá que la miras?
Nos seduces:
puffff!!! Q excitante la sensacion de poder ser observado en tareas intimas
:*
:*
Nos seduces:
Si no se lo dices nunca lo sabrá.