Let it be
Después de unos mesecillos, con mayor o menor fortuna, creo que ha llegado el momento de abandonar el blog. Ha sido una experiencia maravillosa.
No sé si os habéis dado cuenta, pero adoro escribir y últimamente ya no disfruto. Y, como uno es limitado, necesito centrar mi creatividad en otro proyecto que bulle en mi cabeza desde hace tiempo, y el blog no me lo permite. Así que ahora, un domingo 31 de julio, casi a traición, os digo adiós con lagrimitas en los ojos.
¿Sabéis? Vengo posteando desde que se inventó el e-mail; mi ansia exhibicionista me obligaba a escribir, semanal, quincenalmente, largos e-mails literarios a toda mi lista de distribución. Cuando sienta la necesidad de escribir, lo haré así, así que, todo aquel que, por alguna extraña y masoquista razón, quiera seguir recibiendo escritos míos, que me mande un e-mail, si es que no lo ha hecho ya, y pasará a engrosar la lista de las víctimas de, como un ser querido las llama, “las peroratas de Jorge”. Basta, también, con que escribáis vuestra dirección e-mail en la casilla reservada a tal efecto ("a tal efecto" suena a lenguaje administrativo) cuando váis a comentar; pues recibo copia por e-mail de todos vuestros comentarios.
Por mi parte, me declaro encantado de haberos conocido a muchos de vosotros (permitidme no dar nombres) y enamorado de las palabras y la inteligencia de algunos de vosotros; he conocido gente realmente magnífica.
A todo el que ha pasado alguna vez por aquí, gracias.
A todos los que se han molestado en escribir, aunque sólo sea un saludo, mi gratitud y mis palmaditas.
Y a ese grupo de incondicionales que habéis venido una y otra vez, comentando, elogiando, animando, a veces, criticando, y dándome motivos para pensar que en realidad la raza humana aún tiene esperanza, espero seguir contando con vuestra amistad.
Ha sido, de verdad, todo un placer.
Pero ahora, es el momento de dejarlo estar.
Hasta siempre.
… y Celia volvió a cumplir.
La noche era perfecta. Le dije a Jeremy, el chófer, que apagara el climatizador y que abriera las ventanas del coche, para que el fragor de las madreselvas inundara mi napia, enorme y aristocrática, y el frescor del atardecer refrescara mis sienes. Mas el empeño fue en vano, y lo que entró por la ventanilla fue el agüilla sucia de un camión frigorífico que transportaba pescado, y cuyo olor era, podéis creerme, repulsivo.
Jeremy, visto desde atrás, es tentador. Tiene una colleja despejada y amplia, y un corte de pelo muy de chófer (ínfimo por los lados y por detrás), que deja al aire dos hermosas orejas de soplillo. Además. Conduce muy tieso y es difícil hacer un viaje con Jeremy sin propinarle, al menos, media docena de tobas y un par de pescozones liftados, suerte ésta, la del pescozón liftado, que me produce gran placer. Anoche, yo tenía buena muñeca, así que Jeremy llegó a la residencia Rivas Gómez con el pescuezo colorado y deseando reunirse con la gente para poder criticarme a gusto. Jeremy es que no tiene sentido del humor, el tío.
Me gusta llegar temparno a los fiestuquis: pillas a las chicas sin arreglar, que es como están más guapas. Luego se pintan y se ponen… diferentes, pero a mí me gusta pillarlas por sorpresa. Mi chica, rápidamente, encontró algo que hacer, algo en lo que ayudar; siempre lo hace, llega a donde sea, y se pringa, se pone del lado de los que curran; yo, sin embargo, tengo una rara habilidad para ofrecer mis servicios allí donde no son necesarios, de modo que en seguida estaba junto al grifo, tirando una cerveza fresquita y cremosa. Bueno, en realidad, ese don mío para no dar ni golpe se extiende hasta para estas cosas, así que fue Juan Carlos, el gallego, el que me sirvió la cerveza. Y lo hizo muy bien, todo hay que decirlo.
Así que anochecía, fue llegando todo el mundo y tuve que ponerme en la puerta para impedir el paso a ciertos indeseables que pretendían colarse: Camilo Sesto, por ejemplo, blandiendo una invitación falsa y con un foulard malva absolutamente inadecuado, intentó colarse. Se lo impedí, naturalmente. También quedaron sin entrada Llamazares, Hillary Clinton y Berlusconi, de mundo de la, llamésmole así, política; Boris Izaguirre, Ana Rosa Quintana e Isabel Preisler del mundo intelectual también quisieron colarse. Cuando me cansé de hacer de gorila de discoteca, me metí entre la gente y me serví 35 cocktails de champán, que fui derramando por los 35 escotes femeninos más atrevidos de la fiesta: a todas las afectadas les hizo tanta ilusión que me llevé 35 pares de bofetadas de distintas intensidades, estilos y consecuencias y una fuerte patada en el trasero (sospecho que de Jeremy).
Jarrison For, me vino con la queja de siempre: se han colado los piriodistas, así que le dije, piensa en esto: ¿cuántos huevos puedes comer un hombre adulto con el estómago vacío? Y se quedó pensando, con esa cara tan suya que las mujeres encuentran tan interesante, pero que yo sé que es la expresión viva del cenutrio que es.
Son Coneri, estaba borracho como una cuba y se dedicaba a acercarse por detrás a la peña, ponerle las manazas en la jeta y decir: ¿quién soy?
Y Celia aguantaba sonriendo.

Se acercó Tarzán de los Monos, y los piriodistas, intentando llamar su atención, le decían, ¡Greistok, Greistok! Y él los miraba como diciendo… tantos años labrándome una reputación y estos cretinos se creyeron la peli del Lambert.
Por allí estaba Napoleón Bonaparte, rascándose un pezoncillo y con cara de malhuele; también Mikey Rourke, con la expresión de haber sido él, el que provocaba la cara de malhuele de Bonaparte, pero diciendo, a su vez: el que primero lo huele, debajo lo tiene, macho.
Y Celia seguía sonriendo a todos…
La fiesta se animó y empezaron a pasar cosas extraordinarias: Jeremy, por ejemplo, empezó a bailar, y no lo hacía nada mal; uno que dice que es sevillano hizo un chiste y tuvo gracia; un piriodista deportivo contó una anécdota interesante sobre un deporte que no era fútbol; una nube pidió permiso para llover sobre la piscina, lo obtuvo y procedió, pero con tan mala puntería (era una nube beoda), que nos empapó a todsos los que nos habíamos alejado de la piscina; yo estuve simpático… en fin, una serie de cosas extraordinarias que sólo pueden darse en casa de Celia.
Porque Celia es su casa. Por eso su casa es la casa más grande del mundo, sin que esto tenga nada que ver con el tamaño. En casa de Celia cabemos todos. A todos se nos recibe, a todos se nos quiere y a todos nos encanta visitarla.
La casa de Celia es su corazón: grande, confortable, acogedor y original. Ayer celebraba su cumpleaños y ayer, de nuevo, volvió a cumplir (aunque no me dejaron acercarme a la bbq).
Felicidades, Celia.
Dando la brasa (givin’ the brass)
(brown suggar)
Ha terminado mi aportación como parrillero mayor en As Festas da Canhada; mi actuación en las brasas ha debido de ser tan penosa que mi patrona, la simpar Celia, no ha tenido otra que prescindir de mis servicios hoy lunes, último día de los festejos.
No digo yo que sea una decisión injusta, no, pero seguro que algunos parroquianos van a echar de menos la hercúlea figura que desafiaba las altas temperaturas de la barbacoa armado, tan sólo, con unas pinzas y un secador de pelo para animar las brasas. Era la mía la imagen del macho español, rudo, renegrío, sudoroso y viril, si no fuera por ese penoso delantal negro que, unido a mi manía de ir a currar con pantalón corto, daba la impresión de ser un vestido con mucho vuelo, por cuya parte inferior asomaban dos piernas peludas y macizas.
(sangre española)
El viernes vino el alcalde; se acercó a la barbacoa en plan simpático, en plan cercano, ya sabéis: patético, me recordó a Jordi Pujol en plena campaña electoral, en un mercadillo de un barrio de emigrantes pidiendo un disco de Maita Vende Ca.
- ¿Me haría unas chuletas? – me dice. Si no fuera porque había una lista de precios más grande que él que especificaba qué es lo que se vendía en esa barbacoa (Churrasco, panceta, morcilla, pinchos morunos, chorizos criollos y chorizos de toa la vida), si no fuera por eso, no me habría molestado la pregunta.
- ¿Quiere que le haga chuletas…? ¿De muslo o de lomo?– le digo yo.
- Sí… chuletitas… me da igual…
(seda y hierro)
De pronto, con más velocidad de la que el ojo humano puede apreciar, le arranqué la pierna derecha de un certero cuchillazo liftado; se quedó tan sorprendido que ni siquiera gritó; con la pierna recién amputada, eso sí, no se encontraba muy bien (le costaba mantener el equilibrio, supongo), así que se disculpó y se fue a que le cosieran. Un puto muermo, es lo que es, el típico pelmazo que no sabe divertirse.
Separé lo que es el pie y el resto del miembro amputado (muslo y pantorrilla) fue convenientemente chuleteado, siguiendo los deseos del alcalde. No tenía una pinta demasiado buena, la verdad, y pensé que les colaría esas chuletas a los clientes que me cayeran mal.
(Smithers Jones)
Vino Acebes, el ex ministro, en plan campechanito también, disfrazado de persona, con un polo rojo de los buenos y ¡unos vaqueros planchados a raya!. Se acerca a la barra y me pregunta, acodándose en plan chulangas:
- ¿De qué tenéis montados?
- Chorizo, chorizo criollo, morcilla y panceta.
- Muy bien… dame uno de lomo.
A eso me refería con caerme mal. Gente que no escucha, que te pregunta sólo para que le mires y para asegurarse de que vas a escuchar lo que él, quieras o no, venga a cuento o no, te quiere decir. Así que, en vez de darle chuletas de su compañero de partido y alcalde despernado (esto es un chascarrillo culto para investigadores), apuré la carne y los cartílagos del pinrel que fue del alcalde y le preparé una hamburguesa; las uñas de los pies, bien tostadas, adquieren una textura sorprendentemente parecida a la de los boca-bits, así que se las puse como guarnición.
(for you blue)
Vino después Belén Eseban con su hija diciendo, para llamar la atención, que fijate, pues yo tengo frío, así que le arreé un caldito de rodilla de alcalde y una tapita de albóndigas fabricadas con el material que extraje de entre los dedos del alcalde. Como estaba sólo pendiente de que los señores piriodistas vieran lo chacha (perdón, lo guay) que es y lo bien que se lo monta como madre, se lo zampó todo sin protestar. La niña me daba pena. Pero bueno, un día de antropofagia no le hará más mal del que su madre le hace todos los días de su vida. Pobre niña, de verdad.
Lo peor era el olor.
(así no se vive bien)
Os lo juro, Belén Eseban huele fatal. ¿Sabéis cuando una bayeta no se enjuaga demasiado bien? Pues una cosa muy, muy parecida. Como el agua de fregar después de una semana (acto fallido: no debería confesar que, a veces, no cambio el agua de fregar en una semana). Entre ese olor, el olor a pies y a sobaco mal refrigerado que despedían algunos paparazzi y el olor de las chuletas de pantorrilla de alcalde, aquello era bastante insufrible.
(don’t think twice, it’s alright, por peter, paul and mary)
Vino Robert de Niro, un amigo mío de toda la vida que dice que quiere ser actor, a hacerse unas fotos a mi lado (es un lince, el tío, para buscar titulares) y le di unos filetes de muslo de alcalde que me escupió a la cara: no le gustaba nada la pimienta que había echado para disimular el sabor. Así que le di unos sin condimentar y los encontró deliciosos. Este tío, de verdad, lo lleva en la sangre: o es tonto o es actor, valga la redundancia.
(wrapped up in you)
Ronaldo también se acercó con su cara de gilipollas y le mandé a la china de una patada en el culo. A la misma china, colega, que le aguanten allí. Vamos, hombre, me van a venir a mí con tonterías. Ni Ronaldo ni su hermana. Que lo sepas. Y no se habla más de esto.
(gun shy)
También se pasaron por ahí Ronald Reagan, simpatiquísimo, Evita Perón, pesadísima, José María García, piriodista deportivo, Carlos Santillana, el mejor 9 de todos los tiempos, te pongas como te pongas, Charles de Inglaterra y su esposa, Antonia Blair, a la que los amigos llaman Tony, Norma Duval, que iba a dar una conferencia sobre poesía escocesa del siglo pasado, el 20, o mejor escrito, el XX, tiene buen coco la Duval, parece mentira… lo que se dice todo el mundo que tiene algo que decir en estos días, se acercaron a verme manejarme entre las brasas.
(tendré que salir algún día)
El último en pasar por ahí fue el gran Tony Genil, que llevaba bajo el brazo un ejemplar del último número de la revista filosófica Lib. Se lo pedí para echar un ojo a un artículo sobre osteoporosis que me habían comentado que estaba muy bien y las páginas estaban sospechosamente pegadas, así que me limité a eructar y Genil falleció por efecto de la formidable potencia de mi regüeldo.
(wicked game)
Por último, un anuncio:
Parrillero busca curro. Limpio, apañao y muy sociable. Interesados, abstenersus. Sólo buena gente sin interés ulterior.
Ha terminado mi aportación como parrillero mayor en As Festas da Canhada; mi actuación en las brasas ha debido de ser tan penosa que mi patrona, la simpar Celia, no ha tenido otra que prescindir de mis servicios hoy lunes, último día de los festejos.
No digo yo que sea una decisión injusta, no, pero seguro que algunos parroquianos van a echar de menos la hercúlea figura que desafiaba las altas temperaturas de la barbacoa armado, tan sólo, con unas pinzas y un secador de pelo para animar las brasas. Era la mía la imagen del macho español, rudo, renegrío, sudoroso y viril, si no fuera por ese penoso delantal negro que, unido a mi manía de ir a currar con pantalón corto, daba la impresión de ser un vestido con mucho vuelo, por cuya parte inferior asomaban dos piernas peludas y macizas.
(sangre española)
El viernes vino el alcalde; se acercó a la barbacoa en plan simpático, en plan cercano, ya sabéis: patético, me recordó a Jordi Pujol en plena campaña electoral, en un mercadillo de un barrio de emigrantes pidiendo un disco de Maita Vende Ca.
- ¿Me haría unas chuletas? – me dice. Si no fuera porque había una lista de precios más grande que él que especificaba qué es lo que se vendía en esa barbacoa (Churrasco, panceta, morcilla, pinchos morunos, chorizos criollos y chorizos de toa la vida), si no fuera por eso, no me habría molestado la pregunta.
- ¿Quiere que le haga chuletas…? ¿De muslo o de lomo?– le digo yo.
- Sí… chuletitas… me da igual…
(seda y hierro)
De pronto, con más velocidad de la que el ojo humano puede apreciar, le arranqué la pierna derecha de un certero cuchillazo liftado; se quedó tan sorprendido que ni siquiera gritó; con la pierna recién amputada, eso sí, no se encontraba muy bien (le costaba mantener el equilibrio, supongo), así que se disculpó y se fue a que le cosieran. Un puto muermo, es lo que es, el típico pelmazo que no sabe divertirse.
Separé lo que es el pie y el resto del miembro amputado (muslo y pantorrilla) fue convenientemente chuleteado, siguiendo los deseos del alcalde. No tenía una pinta demasiado buena, la verdad, y pensé que les colaría esas chuletas a los clientes que me cayeran mal.
(Smithers Jones)
Vino Acebes, el ex ministro, en plan campechanito también, disfrazado de persona, con un polo rojo de los buenos y ¡unos vaqueros planchados a raya!. Se acerca a la barra y me pregunta, acodándose en plan chulangas:
- ¿De qué tenéis montados?
- Chorizo, chorizo criollo, morcilla y panceta.
- Muy bien… dame uno de lomo.
A eso me refería con caerme mal. Gente que no escucha, que te pregunta sólo para que le mires y para asegurarse de que vas a escuchar lo que él, quieras o no, venga a cuento o no, te quiere decir. Así que, en vez de darle chuletas de su compañero de partido y alcalde despernado (esto es un chascarrillo culto para investigadores), apuré la carne y los cartílagos del pinrel que fue del alcalde y le preparé una hamburguesa; las uñas de los pies, bien tostadas, adquieren una textura sorprendentemente parecida a la de los boca-bits, así que se las puse como guarnición.
(for you blue)
Vino después Belén Eseban con su hija diciendo, para llamar la atención, que fijate, pues yo tengo frío, así que le arreé un caldito de rodilla de alcalde y una tapita de albóndigas fabricadas con el material que extraje de entre los dedos del alcalde. Como estaba sólo pendiente de que los señores piriodistas vieran lo chacha (perdón, lo guay) que es y lo bien que se lo monta como madre, se lo zampó todo sin protestar. La niña me daba pena. Pero bueno, un día de antropofagia no le hará más mal del que su madre le hace todos los días de su vida. Pobre niña, de verdad.
Lo peor era el olor.
(así no se vive bien)
Os lo juro, Belén Eseban huele fatal. ¿Sabéis cuando una bayeta no se enjuaga demasiado bien? Pues una cosa muy, muy parecida. Como el agua de fregar después de una semana (acto fallido: no debería confesar que, a veces, no cambio el agua de fregar en una semana). Entre ese olor, el olor a pies y a sobaco mal refrigerado que despedían algunos paparazzi y el olor de las chuletas de pantorrilla de alcalde, aquello era bastante insufrible.
(don’t think twice, it’s alright, por peter, paul and mary)
Vino Robert de Niro, un amigo mío de toda la vida que dice que quiere ser actor, a hacerse unas fotos a mi lado (es un lince, el tío, para buscar titulares) y le di unos filetes de muslo de alcalde que me escupió a la cara: no le gustaba nada la pimienta que había echado para disimular el sabor. Así que le di unos sin condimentar y los encontró deliciosos. Este tío, de verdad, lo lleva en la sangre: o es tonto o es actor, valga la redundancia.
(wrapped up in you)
Ronaldo también se acercó con su cara de gilipollas y le mandé a la china de una patada en el culo. A la misma china, colega, que le aguanten allí. Vamos, hombre, me van a venir a mí con tonterías. Ni Ronaldo ni su hermana. Que lo sepas. Y no se habla más de esto.
(gun shy)
También se pasaron por ahí Ronald Reagan, simpatiquísimo, Evita Perón, pesadísima, José María García, piriodista deportivo, Carlos Santillana, el mejor 9 de todos los tiempos, te pongas como te pongas, Charles de Inglaterra y su esposa, Antonia Blair, a la que los amigos llaman Tony, Norma Duval, que iba a dar una conferencia sobre poesía escocesa del siglo pasado, el 20, o mejor escrito, el XX, tiene buen coco la Duval, parece mentira… lo que se dice todo el mundo que tiene algo que decir en estos días, se acercaron a verme manejarme entre las brasas.
(tendré que salir algún día)
El último en pasar por ahí fue el gran Tony Genil, que llevaba bajo el brazo un ejemplar del último número de la revista filosófica Lib. Se lo pedí para echar un ojo a un artículo sobre osteoporosis que me habían comentado que estaba muy bien y las páginas estaban sospechosamente pegadas, así que me limité a eructar y Genil falleció por efecto de la formidable potencia de mi regüeldo.
(wicked game)
Por último, un anuncio:
Parrillero busca curro. Limpio, apañao y muy sociable. Interesados, abstenersus. Sólo buena gente sin interés ulterior.
El plato fuerte de las fiestas
He estado repasando lo periódicos del día y, sorprendentemente, ninguno de ellos ha sido capaz de publicar lo que, sin duda, va a ser la noticia del fin de semana: las fiestas patronales de Villanueva de la Cañada.
Villanueva de la Cañada (en lo sucesivo Newvillage of the Cagnada) es una localidá cercana al culo del mundo, donde, sin embargo, se arrejuntan tres instituciones igualmente dañinas para la cultura: La Universidad Alfonso X, un supermercado Día y el Aquópolis. No obstante, dentro de este desolador panorama, hay un oasis de esperanza, de empuje cultural, una isla de conocimiento y performances artísticas que sitúan a este pueblecito-almendra a la cabeza de los municipios europeos no nuclearizados y comprometidos: El Plaza Mayor, un bar inquieto, un restaurante divertido, un teatrillo tan adorable como su factótum, Celia, que llena de vida cada rinconcito del local.
En fin, amigos, que Newvillage of the Cagnada celebra sus fiestas patronales 2005 y tiene en su programa de festejos alicientes suficientes para que gente inteligente deje en blanco su mente y se acerque diligente a palpar el ambiente que de forma corriente y moliente se respira y se siente.
Hay teatro en la calle (mejor si no te pilla), excitantes exposiciones (es decir, antiguas posiciones que han dejado de serlo, no sé muy bien porqué, pero ya no lo son, eso seguro), encierros, festejos taurinos, campeonatos de petanca, actuaciones musicales… la clásica basura de todos sitios… si no fuera porque esa isla de arte alternativo y conceptual que es el Plaza Mayor, vuelve a reclutar a Wolffo para amenizar las 5 noches de fiestas.

Pero, como certifica el programa oficial de festejos, el gran Wolffo vuelve al teatro de los sueños no en calidad de cantante, lo cual sería una vulgaridad, sino en calidad de Barbikiú man, de encargado de la barbacoa nocturna de la terraza.
Es célebre, y casi mítica, la habilidad de Wolffo en la BBQ y esta es una oportunidad inigualable de ver en acción a un obeso muchachote sudar la gota gorda en el kiosquillo habilitado para la ocasión.
De lo que allí suceda, quedará en esta bitácora cumplida reseña.
Hasta entonses, hasta luego corazones y disfruten el fin de semana como si seriese el último. Y si tienen tiempo, pásense por el Plaza Mayor, prometo no quemar su parrillada.
¡Ops!
Villanueva de la Cañada (en lo sucesivo Newvillage of the Cagnada) es una localidá cercana al culo del mundo, donde, sin embargo, se arrejuntan tres instituciones igualmente dañinas para la cultura: La Universidad Alfonso X, un supermercado Día y el Aquópolis. No obstante, dentro de este desolador panorama, hay un oasis de esperanza, de empuje cultural, una isla de conocimiento y performances artísticas que sitúan a este pueblecito-almendra a la cabeza de los municipios europeos no nuclearizados y comprometidos: El Plaza Mayor, un bar inquieto, un restaurante divertido, un teatrillo tan adorable como su factótum, Celia, que llena de vida cada rinconcito del local.
En fin, amigos, que Newvillage of the Cagnada celebra sus fiestas patronales 2005 y tiene en su programa de festejos alicientes suficientes para que gente inteligente deje en blanco su mente y se acerque diligente a palpar el ambiente que de forma corriente y moliente se respira y se siente.
Hay teatro en la calle (mejor si no te pilla), excitantes exposiciones (es decir, antiguas posiciones que han dejado de serlo, no sé muy bien porqué, pero ya no lo son, eso seguro), encierros, festejos taurinos, campeonatos de petanca, actuaciones musicales… la clásica basura de todos sitios… si no fuera porque esa isla de arte alternativo y conceptual que es el Plaza Mayor, vuelve a reclutar a Wolffo para amenizar las 5 noches de fiestas.

Pero, como certifica el programa oficial de festejos, el gran Wolffo vuelve al teatro de los sueños no en calidad de cantante, lo cual sería una vulgaridad, sino en calidad de Barbikiú man, de encargado de la barbacoa nocturna de la terraza.
Es célebre, y casi mítica, la habilidad de Wolffo en la BBQ y esta es una oportunidad inigualable de ver en acción a un obeso muchachote sudar la gota gorda en el kiosquillo habilitado para la ocasión.
De lo que allí suceda, quedará en esta bitácora cumplida reseña.
Hasta entonses, hasta luego corazones y disfruten el fin de semana como si seriese el último. Y si tienen tiempo, pásense por el Plaza Mayor, prometo no quemar su parrillada.
¡Ops!
Aclaración, probablemente, innecesaria
El hecho, notorio, es que este blog no se actualiza con la frecuencia que debiera; y el caso es que, así seguirá hasta que, entrado septiembre, el ritmo vital de su autor (usea, menda) vuelva a ser ritmo vital, y no mortal como ahora.
No digo que me despida hasta septiembre, sino que esta bitácora queda como en letargo, como muchos animaillos del desierto, moviéndose lo menos posible para no gastar energías.

(No es el animal que me hubiera gustado poner, pero bueno, ser tortuga no es malo)
Bueno, que, a partir de ahora, mi frecuencia de posteo no podrá llamarse, ni siquiera, marital, como decía mi queridísima Princesa del Gruisante.
Que paséis todos un buen verano y nos seguimos leyendo, aunque sea un poquito menos.
Besos, abrazos y todo lo demás.
No digo que me despida hasta septiembre, sino que esta bitácora queda como en letargo, como muchos animaillos del desierto, moviéndose lo menos posible para no gastar energías.

(No es el animal que me hubiera gustado poner, pero bueno, ser tortuga no es malo)
Bueno, que, a partir de ahora, mi frecuencia de posteo no podrá llamarse, ni siquiera, marital, como decía mi queridísima Princesa del Gruisante.
Que paséis todos un buen verano y nos seguimos leyendo, aunque sea un poquito menos.
Besos, abrazos y todo lo demás.
Rómulo, Mot and me
Rómulo tiene un ojo de cristal. Es negro oscuro, oscuro, el tío, con ese tono azulado que tienen algunos nativos de Sierra Leona. Pero Rómulo es de Algete, una especie de ídolo local allí. Rómulo es hijo de los tiempos. Es Diyei, una persona de esas que le pagan por poner discos y que da, eso ya no lo entiendo conciertos, bueno lo llaman sesiones, pero es algo parecido a la liturgia de una concierto. Su nombre de guerra es un poco humillante, bajo mi punto de vista blanco: Simba D.J., de la Sabana, el Rey. Él lo lleva bien, no parece afectar a su orgullo negro el soportar un nombre tan ridículo. Rómulo redondea sus ganancias como diyei con un empleo a tiempo parcial –sólo mañanas- como repartidor de grandes bultos, para lo que usa su vieja pero peleona furgoneta Renol.
-.-
Mot adora The Offspring, especialmente “Why don’t you get a job?”, le parece que es la típica canción cojonuda, para ser claros. Eso de que empiece con el tipo dando alaridos y que su primer alarido sea: “Mi amigo tiene una novia y dice que es una puta” siempre le ha parecido gracioso. Mot es bajista en una Big Band de nuestros tiempos, es decir, pocas trompetas, muchos instrumentos electrónicos, pero de esencia jazzy, por supuesto. Mot, en Algete, no se encuentra demasiado a gusto, pero la Algete Jazz Band es la única banda a la que no pareció importarle su estilo funky de golpear las gruesas cuerdas para acometer el riff de On the Mood. Mot es un gran bajista, pero debía haber sido negro, como Rómulo, y haber nacido unos 20 años antes, y en Nueva Orleans… pero es de Alicante y toca en Algete con la Algete Jazz Band, eso es indiscutible. Para redondear sus casi inexistentes ingresos musicales, Mot reparte pizzas en las urbanizaciones de Algete, y para ese fin empezó usando una moto, pero la vendió y se compró un R12 familiar, amarillo clarito, a toda prueba, por un precio ridículo. Ahora reparte pizzas en coche. Su amiga Gilda le sugirió que cambiase su nombre por el de Coch (Gilda se acuerda con nostalgia de Poch, el anfetamínico cantante de Derribos Arias) pero Mot todavía se lo está pensando.
-.-
A mí ya me conocéis.
Mi nombre es Wolffalo, soy de raza oriental, chinorro, vamos, pero, para sorpresa de la afición, tengo el pelo a lo afro y un mango de 34 centímetros. Mi extraordinaria dotación me tortura, sin embargo. Soy guionista. Llevo desde hace 20 años escribiendo guiones fabulosos que nadie quiere comprar. Bueno, de vez en cuando le coloco un guión a una agencia de publicidad, para un spot o un video corporativo, pero lo guiones que yo quiero hacer, los que me hacen decir orgulloso “soy guionista”, esos nadie los quiere. Para redondear mis ingresos estoy metido en el negocio del cine porno. No salgo yo, no mi cara, pues, al parecer los chinos no somos muy deseables, mi aparición se limita a mi formidable trabuco, que dobla a otros actores en escenas tiernas y en los disparos, que se me dan muy bien también: abundancia y lejanía son características muy apreciadas. Mi talento debe ser escasísimo, pues ni siquiera en esta mierda de negocio quieren mis guiones y eso que “La polla vengadora”, mi obra cumbre en el sector erótico, era bueno de verdad. Los productores de cine porno, que huelen bastante mal, os lo digo por si las moscas, sólo me quieren por mi miembro sin par. Soy esa clase de hombre que, al contrario que el resto del mundo, sólo se impone cuando se baja los pantalones. Vivo a tomar por culo del mundo, pero los estudios New Corrida están en Algete, así que me paso allí media vida.
-.-
El pasado miércoles, o sea, mañana, Rómulo estaba pinchando discos en Capullo’s Place, no en plan sesión, sino poniendo discos viejos de Peter Paul and Mary y de Francisco, una selección ecléctica, al menos, y Mot, que aún no era Coch, se estaba tomando, con aspecto derrotado, un colacao calentito en la barra, mientras entre sus dedos, una barra de regaliz desafiaba a la oscuridad de la noche. Eran las 10 de la mañana, pero la oscuridad era nocturna. Al rato, entro yo con unas bolsas de Carrefour (yo siempre provocando, ya sabes), las dejo encima de la barra y digo:
- Un fanta – y, en plan desafiante, añadí -. De limón. Con dos azucarillos.
El camarero me mira de hito en hito y me dice:
- Oiga, hombre oriental, no queremos problemas en Algete, y menos con forasteros…
La mujer que tocaba el piano (pero, ¿no habíamos quedado en que estaba el negro pinchando discos?, sí, pero la mujer era pianista, no estaba tocando en ese momento, pero su profesión era pianista en un puticlub), la mujer que tocaba el piano, decía, permaneció callada, pues cualquier palabra hubiera significado romper su silencio. Y prefiero que no intervenga más gente en este relato que empieza a escapárseme de las manos.
Rómulo salió entonces en mi defensa.
- Déjale, Cretino Inigualable (era el nombre del barman, no le estaba insultando, que Rómulo es negro, pero correctísimo), sírvele su fanta, no traerá problemas.
Y Cretino Inigualable, tal vez el peor barman de la historia, me sirvió un fanta de limón con sus llelos y su rajita de naranja. Entonces Mot, levantó la cabeza y, jugando amenazadoramente con su revólver, dijo:
- Eh, chino, ¿qué te gusta más: Mot o Coch?
Yo pedí el comodín del cincuenta por ciento (un buen truco que nadie esperaba, porque sólo eran dos las opciones) y desde ese día Mot empezó a llamarse Coch.
-.-
Coch, Rómulo y yo somos hoy inseparables. Hemos pasado juntos triunfos y penalidades, también hemos pasado el sarampión y la viruela, pero eso cuando éramos pequeños y por separado, pero bueno, todo une, ¿no? En la salud y en la enfermedad y todo ese rollo. Y eso que estuvimos a punto de joderlo todo, por actuar unos a espaldas de los otros.
Aprovechando que yo me había ido a poner un pino al baño, Coch le propuso a Rómulo que se casara con él, pero el tema es que en ese momento, Rómulo me estaba enviando un sms proponiéndome un matrimonio súper multicultural, chino y negro, y los dos morsesuales, de puta madre, o sea, y, joer, cuando yo lo recibí, sentado en el trono y con los pantalones en los tobillos, estaba escribiendo en el papel de limpiarse el culo una declaración de amor a Coch, con petición de boda incluída, vale, hay situaciones más románticas, pero yo doy pa eso y ya.
-.-
Nos casamos el pasado viernes, o sea, dentro de tres días en los juzgados de Tres Cantos, y el concejal no paraba de decir “cónyugue” y yo, que no me callo ni debajo del agua, le corregía todo el rato: “cónyuge, idiota”, pro él, a lo suyo, cónyugue por aquí, cónyugue por allá…

-.-
Llevamos casados desde el próximo viernes, o sea tres años, y somos el matrimonio más infeliz del mundo: no somos correspondidos ninguno de nosotros, queremos los tres al otro, pero la declaración conjunta nos sale cojonuda (párrafo dedicado a Doc y a mi chica, que, en estos días, comparten angustia). Y eso, que vale la pena casarse, aunque sea por lo de los impuestos y que luego te sale un post.
O sea.
Londres está bien
Yo no conozco Londres. Pero sé que el día que pueda ir, me va a gustar.
Mi conocimiento de Londres se basa en un batiburrillo de referencias de cantantes, descripciones de autores ingleses (mis novelistas preferidos), experiencias de gente cercana e información de los media (esto de los media queda superpijo). O sea, un conocimiento bastante penoso.
Hay una canción de Ralph McTell, titulada The Streets of London , que es una de esas canciones que te marcan de pequeñito y no dejan de acompañarte el resto de tu vida. Una vez más, no sé hacer como el gran Yambra , así que sólo he sido capaz de poner este enlace , donde podréis escuchar el estribillo de la canción (es la número 1). Es una canción preciosa.
La semana pasada, el día después de ser designada como sede de los JJOO, Londres sufrió, en el nombre de Alá, un brutal ataque terrorista. Una aportación de los islamistas radicales al diálogo y a la alianza de civilizaciones. Repito que no conozco Londres, que jamás he estado allí, pero sufro ese ataque como en mi casa. Porque el ataque, el asesinato masivo e indiscriminado no es contra Londres, per sé, es contra el bikini; es contra el hecho de que la mujer sea igual en derechos que el hombre; es contra el estado que no sigue los dictados del corán; es contra la democracia, contra la libertad.
Todo el mundo coincide en señalar a Londres como la ciudad más cosmopolita del mundo; el sitio del planeta donde más gente de distintas procedencias convive. Entonces, seguro que es la medicina perfecta contra la creciente plaga de estupidez que nos golpea bajo el nombre de nacionalismo. Yo soltaría a Carod, Maragall, Ibarreche y Quintana en Londres y les diría: ¡Hala, majetes, a buscaros la vida un par de años! Igual se curaban y todo.
Londres me cae simpática; como, sin saber muy bien porqué, me caen simpáticas Pamplona, Sydney, Lima y Chicago; o Hamburgo, San Petersburgo y Pekín; también me molan Johannesburgo, Montevideo y Osaka; ciudades que no he visitado jamás, pero que me tienen ganado el corazón.

Quizá sea el hecho de que en Londres desarrollaron sus carreras los tres dioses de mi olimpo musical (Beatles, Who y Kinks); o tal vez sea porque Londres no se enfada conmigo porque diga Londres y no London, cuando hablo en español, algo que podrían aprender Lérida o Gerona, por citar dos intolerantes ejemplos; a lo mejor porque me encantan las novelas intrascendentes ambientadas y callejeadas en Londres, que escriben novelistas londinenses menores. La verdad es que no sé porqué, pero Londres me cae bien.
Ahora Londres va a organizar los JJOO de 2012; no es que me queje, no, pero, a pesar de todo, hubieran sido unos juegos mucho mejores si se celebran en Madrid.
Y es que Londres está bien.
Pero Madrid, hubiera estado mejor (sobre todo para mí).
Un abrazo, Londres.
Y Londres, se me escapó...
Tempus fugit; reseña de un concierto con cierto sentido
Y el tiempo se larga. Y no se alarga, cada día es más corto. Cada año tiene menos días; los meses se suceden a trompicones... los años buenos se fueron y no volverán.
El pasado jueves empecé atacando Don’t dream, it’s over, de Crowded House, y bueno, hubo quien se lo creyó. La guitarra sonaba hermosa y reverberada, brillante, y mi voz, todavía, algo tímida, al menos hasta la primera subida del estribillo, hey now, hey now, don’t dreeeeeeam, it’s over... una vez que has atacado ese agudo, empiezas a sentirte más a gusto.
Tímidos aplausos. La gente, ya sabes, un poco en su papel: han ido no a escuchar a un pavo berrear, sino a tomarse su copita tranquilamente. Y allí me encuentran a mí, Wolffo, el Ciclón de Valdemorillo, con mi querida Bluessy, mi guitarra coreana, correctamente afinada y torpemente tañida, intentando crear un clima.

La cosa sigue con Sunny Afternoon, de los Kinks, una delicia irresistible, Wonderwall, de Oasis, a petición de una mesa cercana, y Todo a Pulmón, una maravilla escrita por Alejandro Lerner, músico argentino, que en España popularizó Miguel Ríos, pero que, en realidad, no alcanza todo su significado hasta que la canto yo, porque soy un genio incontestable de este siglo.
La gente, tema tras tema, va entrando.
Ataco Have you ever seen the rain? de Creedence Clearwater Revival, Don’t look back in anger, de Oasis, y Qué te pasa, de Manolo Tena y el ambiente se caldea. Mi garganta empieza a alcanzar su puntito de no retorno y las chicas de las primeras filas, empiezan a desnudarse y a mirarme con ojitos. El servicio de seguridad empieza a tomar posiciones.
Digo, “vamos a dejarnos de tonterías” y empiezo a cantar: “A long, long, time ago... I can still remember how that music used to make me smile...” y, por primera vez se hace el silencio en el bar. La razón: un inmenso, inconmensurable acople que, con un pitido letal, perfora los oídos del respetable y calla a todo quisque. Aprovecho el silencio para empezar de nuevo el tema, American Pie y la gente se calla, escucha y algunos, los que se la saben, cantan conmigo. Esta canción nunca falla. Siguen Insurrección, de El Último de la Fila, Thinking of you, de The Colourfield (buscar esta que es preciosa) y Man on the moon de REM, echando de menos a 5 o 6 personas para los juegos de voces finales. Ataco Dream a Little Dream of Me, de Mamas and the Papas, que es una provocación a mi chica: sé que no se resistirá y saldrá a cantarla. No es Mama Cash, pero es deliciosa cuando canta. La amo, ya sabes. Y la gente también: la aplauden a rabiar. Acaba el primer pase con una sorpresa: ¡el Ciclón de Valdemorillo va a soplar!
Aviso al respetable de que me compré la armónica hace tres meses y de que lo lamento por sus oídos, pero que voy a soplarla un poco. Two, three, four... Y empiezo a darle a Like a Rolling Stone, del gran Dylan, canción maravillosa que nadie, repito nadie, canta como el gran Wolffo, un punto y aparte que te cagas. O sea que por eso te digo. Grandes aplausos y doce intentos de violación (diez femeninos) mientras me dirijo a la barra a pidil una copa renovada.
Se acerca Jesús Polanco y me dice que me invita a una copa y yo le digo, no guapa, estoy casado y él cree que es un chiste y se ríe y le comenta a Juancar que qué gracia tiene el jodío y el Juancar se me acerca y me dice “la música es un antídoto contra aquellos que practican la intolerancia” y yo le digo, ¿le importaría sacarse la patata de la boca para hablar, majestá? y evribodi s’escojona y el rey el primero, que es un tío mu salao, por lo visto, y Lorena Berdún que no sé si es con be o con uve intenta meter baza pero no le hace caso ni dios, y eso que dios es bueno, pero no tan idiota como para hacer caso a esa elementa.
La segunda tanda empieza con armónica también, Piano Man mediante, y esa triunfa siempre. La parte de Na, nana, nananaina... tiene la virtud de aunar a todos los borrachos que en el mundo han sido. Aplausos apabullantes. Luego le canto a mi chica una casi en pornográfico privado, Te quiero, en una canción, que es una adaptación al español que he hecho de esa maravillosa canción (maravillosa te pongas como te pongas) de Jim Croce que es I’ll have to say you I love you, in a song. Merece la pena buscarla si no la tienes en tu colección.
Siguen While my guitar gently weeps, de los Beatles, Behind Blue Eyes, de los Who, Maggie May, de Rod Stewart y Lucha de Gigantes, de Nacha Pop. La gente vuelve a meterse en el tema. Desmayos, orgasmos espontáneos, peticiones peregrinas (porque, visto el repertorio, ¿no es peregrino pedir una de Estopa?).
Le doy a Brilliant Disguise, del Boss Springsteen, Strangers in the night (una versión beatnik del arreglo de Sinatra que desconcierta a la gente) y llega el plato bestia:
Ataco, seguidas: Basket Case, de Greenday, Video Killed the Radio Star (versión punkosa de The Presidents of the USA), Message in a Bottle, de Police y Horas, de Jorge Drexler. Es el momentazo de la noche. La gente berrea y canta conmigo y nos lo pasamos de putísima madre.
Termino pidiendo al público que haga ruidito con las mesas, los vasos, y se consigue un ritmillo bastante pasable para cantar Semilla Negra, de Radio Futura, que pone el final al concierto.
Parece mentira, pero la gente quiere un poco más. Los bises son Hace calor de los Rodríguez (que creo que no se llama así, sino “Mucho mejor”) que es coreada y berreada por todo cristo y termina la fiesta con Rock and roll en la plaza del pueblo de Tequila, que es una especie de himno privado, y que todo el mundo canta, baila y da palmas con locura y poco compás.
Esto, salvo alguna exageración, sucedió el jueves pasado, entre las 0:00 y las 2:00 de la mañana (o sea, técnicamente el viernes). Fue divertidísimo.
Una de esas noches que uno difícilmente olvida.
