Mal llora mal.
Tengo una amiga que se llama Alicia. Es muy, muy amiga, desde hace muchos años. Es de esas pocas personas que hacen que veas las cosas tal como son, sin adornos.
Vale, yo también hago estupideces, entre otras, cambiarle el nombre a todo el que aprecio. Si me gustas un poco, te cambiaré el nombre, puedes estar seguro.
Con Alicia, que me gusta mucho, su nombre cambió. Ella, en mi agenda, es Mal. Alicia tiene una absoluta carencia de malos sentimientos. Siempre me recordó el título de esa peli de Pollack, Ausencia de malicia. Y bueno, Alicia, malicia... soy memo, lo sé, ella acabó siendo Malicia y, para acortar, Mal. Es curioso que a la persona más genuinamente buena que conozco la llame Mal. Pero es así.
Solía ver a Mal casi todas las semanas, porque es una mujer breve y reconfortante. Miras su rostro de mandarina (pequeño, brillante, hermoso) y sus manos mágicas (es la reina del Shiatsu), hablas y escuchas su voz, ligeramente arenosa y tranquilizadora y... eres otra persona.
Desde hace un par de años, nuestras citas se fueron espaciando más y más. Tenía que estar con su padre, víctima del Alzheimer. Pero cada vez que la veía, no podía evitar preguntarle por su padre: si la hubiérais escuchado...
Hablaba con tal ternura de su padre, que te hacía pasar, dento de lo siniestro de todo el asunto, un rato agradabilísimo. Mal es de esa clase de personas que saben ver el lado bueno bueno, divertido, tierno, de absolutamente todo.
Ayer, el padre de Mal murió. O terminó de morir. Porque llevaba dos años muriendo poco a poco. Expiró con tranquilidad, sin espasmos, con ternura. Y es que estaba Mal a su lado, tomándole de la mano. Según ella misma me ha dicho, cerró los ojos, empezó a respirar cada vez más bajito... hasta que dejó de respirar.
El día que yo muera, me gustaría que ella tomara mi mano también. Pero esto es un comentario egoísta que no pega ni con cola aquí.
Hoy Mal, mientras escribía estas líneas, me ha llamado. La descripción del último aliento de su padre de unas líneas más arriba es suya. Asombroso.
Estaba entera. Yo creo que no ha visto aún la grieta. Porque sé que su corazón está roto. Y sólo hay una cosa que mi amiga Mal no sepa hacer bien. Con todo lo que quiero a mi amiga Mal, o precisamente por eso, me atrevo a decirlo:
Mal llora mal.
Qué le vamos a hacer.
Un beso enorme, Mal.
Vale, yo también hago estupideces, entre otras, cambiarle el nombre a todo el que aprecio. Si me gustas un poco, te cambiaré el nombre, puedes estar seguro.
Con Alicia, que me gusta mucho, su nombre cambió. Ella, en mi agenda, es Mal. Alicia tiene una absoluta carencia de malos sentimientos. Siempre me recordó el título de esa peli de Pollack, Ausencia de malicia. Y bueno, Alicia, malicia... soy memo, lo sé, ella acabó siendo Malicia y, para acortar, Mal. Es curioso que a la persona más genuinamente buena que conozco la llame Mal. Pero es así.
Solía ver a Mal casi todas las semanas, porque es una mujer breve y reconfortante. Miras su rostro de mandarina (pequeño, brillante, hermoso) y sus manos mágicas (es la reina del Shiatsu), hablas y escuchas su voz, ligeramente arenosa y tranquilizadora y... eres otra persona.
Desde hace un par de años, nuestras citas se fueron espaciando más y más. Tenía que estar con su padre, víctima del Alzheimer. Pero cada vez que la veía, no podía evitar preguntarle por su padre: si la hubiérais escuchado...
Hablaba con tal ternura de su padre, que te hacía pasar, dento de lo siniestro de todo el asunto, un rato agradabilísimo. Mal es de esa clase de personas que saben ver el lado bueno bueno, divertido, tierno, de absolutamente todo.
Ayer, el padre de Mal murió. O terminó de morir. Porque llevaba dos años muriendo poco a poco. Expiró con tranquilidad, sin espasmos, con ternura. Y es que estaba Mal a su lado, tomándole de la mano. Según ella misma me ha dicho, cerró los ojos, empezó a respirar cada vez más bajito... hasta que dejó de respirar.
El día que yo muera, me gustaría que ella tomara mi mano también. Pero esto es un comentario egoísta que no pega ni con cola aquí.
Hoy Mal, mientras escribía estas líneas, me ha llamado. La descripción del último aliento de su padre de unas líneas más arriba es suya. Asombroso.
Estaba entera. Yo creo que no ha visto aún la grieta. Porque sé que su corazón está roto. Y sólo hay una cosa que mi amiga Mal no sepa hacer bien. Con todo lo que quiero a mi amiga Mal, o precisamente por eso, me atrevo a decirlo:
Mal llora mal.
Qué le vamos a hacer.
Un beso enorme, Mal.
Dame un respiro
Queridos todos:
necesito unos días para `poner en orden unas cuantas cosas.
Volveré el lunes para responder, visitar y comentar.
Hasta entonces,
que ustedeh vozotroh lo pazéi bien.
Bye!
necesito unos días para `poner en orden unas cuantas cosas.
Volveré el lunes para responder, visitar y comentar.
Hasta entonces,
que ustedeh vozotroh lo pazéi bien.
Bye!
Mirando a Marilyn.
Para el mirador avezado, Marilyn riza en rubio platino la realidad. Permanecerá en nuestras retinas, acaso desenfocada, sin detalles, esa imagen peligrosa y amable a partes iguales, de mujer de alto voltaje, chispeante, excitante y divertida, mientras asaltan la memoria los, sórdidos y seguramente ciertos, lugares comunes de su infancia difícil, su perrito muerto, su juventud atormentada y descolocada, su torpe contumacia en los casamientos y su eterno trip barbitúrico en primera clase.
Pero vamos a mirarla.

Marilyn es, probablemente, el mayor icono sexual de nuestro tiempo. Una presencia apabullante en la pantalla, un polo de atracción inesquivable que oscurece todo cuanto está a su alrededor. ¡Si fue capaz de hacer desaparecer del plano al mismísimo Sir Lawrence Olivier! O a Clark Gable. O… a ella misma. Sí, porque sólo Marilyn pudo eclipsar a la Monroe.
Para mí, sin ninguna duda, el rasgo definitivo de Marilyn es su mirada.
Una mirada más curvada que sus caderas, más rotunda que sus pechos, más acariciable que sus piernas, más pornográfica que su boca. Detente. Mira cómo baja los párpados –cortinas silenciosas- de sus ojos. ¿No tienes la impresión de estar oculto, mirando cómo se cambia una vecina que ha olvidado bajar del todo la persiana?
Hay algo clandestino, morboso, en la mirada de Norma Jean. Tómatelo con calma, parece decirte, mientras se oculta detrás del biombo y no puede evitar una sorda carcajada por la paradoja que supone el saber que lo que a ti te vuelve loco, a ella le mortifica: un ligerísimo estrabismo y una miopía que no le deja ver claro nada de lo que suceda a más de diez centímetros de su nariz. Su hermosa nariz.
Ríe Marilyn.
Pero vamos a mirarla.

Marilyn es, probablemente, el mayor icono sexual de nuestro tiempo. Una presencia apabullante en la pantalla, un polo de atracción inesquivable que oscurece todo cuanto está a su alrededor. ¡Si fue capaz de hacer desaparecer del plano al mismísimo Sir Lawrence Olivier! O a Clark Gable. O… a ella misma. Sí, porque sólo Marilyn pudo eclipsar a la Monroe.
Para mí, sin ninguna duda, el rasgo definitivo de Marilyn es su mirada.
Una mirada más curvada que sus caderas, más rotunda que sus pechos, más acariciable que sus piernas, más pornográfica que su boca. Detente. Mira cómo baja los párpados –cortinas silenciosas- de sus ojos. ¿No tienes la impresión de estar oculto, mirando cómo se cambia una vecina que ha olvidado bajar del todo la persiana?
Hay algo clandestino, morboso, en la mirada de Norma Jean. Tómatelo con calma, parece decirte, mientras se oculta detrás del biombo y no puede evitar una sorda carcajada por la paradoja que supone el saber que lo que a ti te vuelve loco, a ella le mortifica: un ligerísimo estrabismo y una miopía que no le deja ver claro nada de lo que suceda a más de diez centímetros de su nariz. Su hermosa nariz.
Ríe Marilyn.
Aticus Finch es un bombón
Es muy común, entre hombres, evitar el referirnos a congéneres nuestros, hombres, en términos de belleza. Es decir, resultaría “sospechoso” que dijéramos de un hombre que es atractivo, sexy, tremendamente guapo o que tiene un cuerpazo. Esto es así, en general, y aunque la tolerancia va ganando terreno poco a poco, es muy difícil encontrar a un hombre, que no sea homosexual, reconociendo abiertamente que otro hombre está buenísimo.
El hecho es que los hay. Y yo propongo un ejercicio de sinceridad. Os contaré los hombres que han parecido guapos, sexys o, más a las claras, que están como un queso.
Recuerdo que mi primera alarma fue en la adolescencia. En el colegio. Teníamos esa costumbre tan graciosa de llamarnos por el apellido, como si fuera una cosa adulta. Y había un tipo en mi colegio, digamos que se llamaba Alcolea, que tenía algo especial: un peinado que te cagas. Tenía un pelo que no era normal. Abundantísimo, como rubio oscuro, siempre brillante y siempre perfectamente colocado; no sé si era cabello o estaba hecho de algún material rebuscado, fibra de vidrio o algo así… el caso es que cuando Alcolea andaba por ahí, no podía mirar otra cosa que no fuera su pelo.
Mirad, ahí fuera, en el jardín, a Ben Quick, el Paul Newman de “El largo y cálido verano”, cortando troncos y sudando de mala manera… ¡uff..!
O al falso George Kaplan, Cary Grant en “Con la muerte en los talones”, entrando en la habitación y sonriendo con suficiencia y diciéndole a Eva Marie Saint: “Pertenece usted a esa clase de mujeres que matarían a un hombre casi sin proponérselo, así que… ¿por qué no deja de proponérselo?” O en el aparcamiento, mirad. Ahí está Brad Pitt con sombrero vaquero y vacilando a Thelma y Louise. ¿Quién puede negar que Paul Newman es guapísimo, Cary Grant, el hombre más atractivo sobre la tierra y que Brad Pitt está como un queso? Yo, desde luego, no.
Pero para mí, si tengo que elegir a un tío que realmente me seduzca y me deje medio tonto, no lo dudo ni un instante: Aticus Finch, el prota de “Muerte de un ruiseñor”, encarnado por el inmortal Gregory Peck. A mí me parece el colmo del atractivo masculino. El tío, con sus gafitas y todo, es todo un bombón.
Si se me permite decirlo.
Y a ti, ¿quién te mola?
El hecho es que los hay. Y yo propongo un ejercicio de sinceridad. Os contaré los hombres que han parecido guapos, sexys o, más a las claras, que están como un queso.
Recuerdo que mi primera alarma fue en la adolescencia. En el colegio. Teníamos esa costumbre tan graciosa de llamarnos por el apellido, como si fuera una cosa adulta. Y había un tipo en mi colegio, digamos que se llamaba Alcolea, que tenía algo especial: un peinado que te cagas. Tenía un pelo que no era normal. Abundantísimo, como rubio oscuro, siempre brillante y siempre perfectamente colocado; no sé si era cabello o estaba hecho de algún material rebuscado, fibra de vidrio o algo así… el caso es que cuando Alcolea andaba por ahí, no podía mirar otra cosa que no fuera su pelo.
Mirad, ahí fuera, en el jardín, a Ben Quick, el Paul Newman de “El largo y cálido verano”, cortando troncos y sudando de mala manera… ¡uff..!
O al falso George Kaplan, Cary Grant en “Con la muerte en los talones”, entrando en la habitación y sonriendo con suficiencia y diciéndole a Eva Marie Saint: “Pertenece usted a esa clase de mujeres que matarían a un hombre casi sin proponérselo, así que… ¿por qué no deja de proponérselo?” O en el aparcamiento, mirad. Ahí está Brad Pitt con sombrero vaquero y vacilando a Thelma y Louise. ¿Quién puede negar que Paul Newman es guapísimo, Cary Grant, el hombre más atractivo sobre la tierra y que Brad Pitt está como un queso? Yo, desde luego, no.
Pero para mí, si tengo que elegir a un tío que realmente me seduzca y me deje medio tonto, no lo dudo ni un instante: Aticus Finch, el prota de “Muerte de un ruiseñor”, encarnado por el inmortal Gregory Peck. A mí me parece el colmo del atractivo masculino. El tío, con sus gafitas y todo, es todo un bombón.
Si se me permite decirlo.
Y a ti, ¿quién te mola?
Elogio de la pantorrilla

(1. Oda.)
¡Oh pantorrilla, femenina, llena de vida y de pelos cuando no te depilas! ¡Oh, pantorrilla, masculina, tan lejos y tan cerca! (¡¡¡¿¿¿de qué???!!!) ¡Oh, tus curvas peligrosas y tus venas y tus tendones y tus huesos y tus músculos! ¿Qué sería yo sin ti, mi anhelada pantorrilla? (sería unos 50 centímetros más bajo) Es la pantorrilla un sindios, un vivir al filo de la rodilla y un sentirse sujeto.
(2. Meollo histórico.)
La pantorrilla ha sido, históricamente, ninguneada por los grandes pensadores de la humanidad. Incluso hoy día, los intelectuales más solventes, pasan de largo por la pantorrilla sin prestarle la atención que merece. Los informativos hablan de guerras, de bancos, de políticos y hasta de ¡médicos!, pero... ¿y la pantorrilla? ¿A qué viene este injusto desinterés?
Todos lo sospechamos pero, por fin, hoy, yo lo voy a decir en voz alta. Hay miedo a la pantorrilla. Un miedo agazapado en lo más recóndito de nuestros corazones que nos impide pensar con claridad. ¿Acaso Napoleón no tenía pantorrillas? ¿Y Julio César? ¿Kennedy, el doctor López Albornoz, Chenoa? La pantorrilla, sal de la vida, ha sujetado a través de los siglos las mentes más preclaras de la humanidad. Con su firmeza y su tenacidad, la pantorrilla ha pasado inexplicablemente inadvertida en los más sesudos tratados no sin rendir un servicio incuestionable a la humanidad. La pantorrilla, crisol de buenaventuras, rompeolas de las Españas, nos da una lección de humildad con sus curvas descendentes.
(3. Situación social)
Socialmente, la pantorrilla tiene, sin embargo, una consideración considerable. Considerando esto, habremos de colegir que la pantorrilla, junto con las puestas de sol en primavera y una caldereta bien trabada son los pilares de la civilización occidental, tal y como la entendemos en occidente. Pantorrilla, pantorrilla de mis desvelos, cuánto te estimo, pantorrilla, que decía el poeta. Y tenía razón. ¿Somos carne, sangre, potencia, espíritu o pantorrilla? He aquí la pregunta. Somos muchos, he aquí la respuesta. Muchos los que luchamos por la pantorrilla, muchos los que sabemos de su fe, muchos los que, ladeando la testa con gesto inquieto, en noches largas e insomnes, hemos dedicado a la pantorrilla pensamientos puros y desinteresados. Una gran legión de pantorrillleros que, firmes, optimistas y con deudas, avanzamos hacia el futuro mirándolo de frente, sin pestañear y con los bolsillos llenos de pelotillas de pelusa. He aquí la pantorrilla, abierta, enjuta y sincera, haciendo de nuestros días los días más felices. Mira cómo corre esa pantorrilla, alegre y juvenil. Mírala pararse y pedir una caña y una aceituna con gesto altivo. Pantorrilla, ¿es que no me ves? Dame un poco de ti. Y yo te daré dos hostias sin casi pensarlo.
Oh, pantorrilla, ¿Dónde estás?
(y 4. Poema con rima)
Oh, pantorrilla,
Con nombre de mujercilla,
Oh, maravilla
Siempre... pantorrilla.
Venturoso fin de semana, a todos los amigos de la pantorrilla.
Hoy seré viento. Mañana, no sé...
Algo me dice que si me asomo a la ventana, te voy a encontrar a ti.
Y que si subo en mi moderno reactor, de cuatro motores, oyes, y escribo en el cielo palabras de nube, es posible que las leas tú.
Algo me dice que el mismo sol que veo yo, aquí, en el culo del mundo, lo estás viendo tú allí. Que el mismo sol que pudre un cadáver da la vida al más hermoso rosal.
Hoy seré viento y soplaré para ti.
Para que cuando vayas en el autobús y éste pare y abra sus puertas, desordene yo las hojas del libro que intentas leer.
Para que navegues con todo el velamen desplegado por el mar de tus sueños.
Hoy seré el caballero que vigila en tu puerta.
El soldado bajito al que nadie ve en los desfiles.
El futbolista honrado de tercera división.
Hoy seré el camarero que, sonriendo, te tira el café en la mirada perdida, ésta deja de estarlo y se encuentra con una mirada distraída. Chocan, se enamoran, viven un tórrido romance de tres minutos, se casan, se divorcian amistosamente, publican su experiencia en Cosmopolitan, se reconcilian, echan un casquete, comprueban que ya no miran como miraban antes, se critican ante sus amistades y se separan con rencor.
Y todo porque hoy me has pillado con el paso cambiado.
Hoy seré viento; mañana, yo qué sé...
(Augustito, no seas pesado, hijo...)
Y que si subo en mi moderno reactor, de cuatro motores, oyes, y escribo en el cielo palabras de nube, es posible que las leas tú.
Algo me dice que el mismo sol que veo yo, aquí, en el culo del mundo, lo estás viendo tú allí. Que el mismo sol que pudre un cadáver da la vida al más hermoso rosal.
Hoy seré viento y soplaré para ti.
Para que cuando vayas en el autobús y éste pare y abra sus puertas, desordene yo las hojas del libro que intentas leer.
Para que navegues con todo el velamen desplegado por el mar de tus sueños.
Hoy seré el caballero que vigila en tu puerta.
El soldado bajito al que nadie ve en los desfiles.
El futbolista honrado de tercera división.
Hoy seré el camarero que, sonriendo, te tira el café en la mirada perdida, ésta deja de estarlo y se encuentra con una mirada distraída. Chocan, se enamoran, viven un tórrido romance de tres minutos, se casan, se divorcian amistosamente, publican su experiencia en Cosmopolitan, se reconcilian, echan un casquete, comprueban que ya no miran como miraban antes, se critican ante sus amistades y se separan con rencor.
Y todo porque hoy me has pillado con el paso cambiado.
Hoy seré viento; mañana, yo qué sé...
(Augustito, no seas pesado, hijo...)
Cualquier cosa, excepto "no comment"
El horror del (0) junto a la palabra Comentarios.
Somos muchos, más de los que, abiertamente, lo admitimos, los que escribimos en sitios como este para ser leídos. Puede que sea vanidad, no lo descarto, pero yo diría que es necesidad. De escribir, sí, pero también de que nos lean. Muchos dicen que escriben para vaciarse, no para que los lean, pero, en ese caso, no haría falta publicarlo.
No soy un experto, es verdad, soy más bien un novato, un capullo, como decíamos en mi colegio a los nuevos, pero hay cosas que cazas en cuanto te paseas un poco por ahí. Pero no es tan sencillo.
El sexo es un reclamo, es verdad, pero no todos, ni todas, los que escriben, eventualmente, sobre sexo, tienen los niveles de respuesta que tiene, por ejemplo, mi querida Gata Mesmerizante. Hace falta, también, que junto al olorcillo a ingle, haya talento, inteligencia o, al menos, gracia. Ayer leí un post de una que trabajaba "dirigiendo" un departamento -indeterminado- de "una multinacional", que había contratado a un "secretario". El texto era lo más inverosímil y disparatado que he leído en décadas y venía a contar que ella, que a sus 32 años , no está "nada mal" sedujo a su secretario que, naturalmente, era un semental "muy bien dotado", idiota hasta la médula, pero un follador incansable, capaz de 35 sin sacarla o algo así. No tenía, naturalmente, nigún comentario. Pero yo comenté, sobre todo poorque no puedo estarme quietecito.
Y, porque a mí, me gustan los comentarios. Porque me encanta discutir. Discusión en el sentido clásico, griego, de la palabra: contraste de pareceres, de opiniones, discutir por el placer de polemizar. Combate de intelectos. Me gusta decir lo que me ha gustado, es verdad, pero también señalo, a veces, lo que no me ha gustado. Y eso, a veces molesta. Y no es eso.
Decía mi entrenador de boxeo que para ser un campeón es tan importante saber golpear como saber encajar. Después de diez combates recibiendo hostias me dijo que parecía que ya había asimilado lo de encajar, que qué tal si empezaba a soltar un mamporrillo de vez en cuando. Tardó otros diez combates en darse cuenta de que lo que fallaba de su filosofía no era el aserto ("es tan importante saber golpear como saber encajar"), sino la primera parte de la frase ("para ser un campeón"). Su tardanza en darse cuenta de mi ineptitud para el boxeo es la responsable de mi ineptitud en general para la vida. Acabé sonado.
Pero, hablemos de combates: ¿Qué tal si nadie gana y empatamos todo el rato? Comentemos, coño, aunque sea para decir, hoy no has tenido tu mejor día, y dejemos a los entrenadores de boxeo la filosofía. Por mi parte, gracias a todos los que tienen el detalle de leer y comentar, os estáis ganando el cielo.
Bye!
Somos muchos, más de los que, abiertamente, lo admitimos, los que escribimos en sitios como este para ser leídos. Puede que sea vanidad, no lo descarto, pero yo diría que es necesidad. De escribir, sí, pero también de que nos lean. Muchos dicen que escriben para vaciarse, no para que los lean, pero, en ese caso, no haría falta publicarlo.
No soy un experto, es verdad, soy más bien un novato, un capullo, como decíamos en mi colegio a los nuevos, pero hay cosas que cazas en cuanto te paseas un poco por ahí. Pero no es tan sencillo.
El sexo es un reclamo, es verdad, pero no todos, ni todas, los que escriben, eventualmente, sobre sexo, tienen los niveles de respuesta que tiene, por ejemplo, mi querida Gata Mesmerizante. Hace falta, también, que junto al olorcillo a ingle, haya talento, inteligencia o, al menos, gracia. Ayer leí un post de una que trabajaba "dirigiendo" un departamento -indeterminado- de "una multinacional", que había contratado a un "secretario". El texto era lo más inverosímil y disparatado que he leído en décadas y venía a contar que ella, que a sus 32 años , no está "nada mal" sedujo a su secretario que, naturalmente, era un semental "muy bien dotado", idiota hasta la médula, pero un follador incansable, capaz de 35 sin sacarla o algo así. No tenía, naturalmente, nigún comentario. Pero yo comenté, sobre todo poorque no puedo estarme quietecito.
Y, porque a mí, me gustan los comentarios. Porque me encanta discutir. Discusión en el sentido clásico, griego, de la palabra: contraste de pareceres, de opiniones, discutir por el placer de polemizar. Combate de intelectos. Me gusta decir lo que me ha gustado, es verdad, pero también señalo, a veces, lo que no me ha gustado. Y eso, a veces molesta. Y no es eso.
Decía mi entrenador de boxeo que para ser un campeón es tan importante saber golpear como saber encajar. Después de diez combates recibiendo hostias me dijo que parecía que ya había asimilado lo de encajar, que qué tal si empezaba a soltar un mamporrillo de vez en cuando. Tardó otros diez combates en darse cuenta de que lo que fallaba de su filosofía no era el aserto ("es tan importante saber golpear como saber encajar"), sino la primera parte de la frase ("para ser un campeón"). Su tardanza en darse cuenta de mi ineptitud para el boxeo es la responsable de mi ineptitud en general para la vida. Acabé sonado.
Pero, hablemos de combates: ¿Qué tal si nadie gana y empatamos todo el rato? Comentemos, coño, aunque sea para decir, hoy no has tenido tu mejor día, y dejemos a los entrenadores de boxeo la filosofía. Por mi parte, gracias a todos los que tienen el detalle de leer y comentar, os estáis ganando el cielo.
Bye!
Pe Cas Cor en mi memoria (¡y en mi librería!)
Hace años me topé, por pura casualidad, como casi siempre ocurren estas cosas, con el último poema de un libro de Pedro Casariego Córdoba.
El poema, mínimo, decía así:
Mi angustia
es el eco
de la risa de Dios
Nunca antes me había sentido así. En la pequeñez de ese texto había tanta grandeza, que me rompió el cerebro en mil pedazos.
Buceé por el Madrid de los últimos ochenta para encontrar más obra suya, referencias a su poesía y su obra.
Durante años seguí sus escuetas publicaciones en revistas como EL Paseante o Revista de Occidente...
En enero de 1993 me enteré de su muerte. Se dejó arrollar por un tren en Aravaca. Su trágico final sirvió para que su figura fuera reivindicada por el mundillo literario. Leí muchísimas referencias a su obra literaria y pictórica. Una llamó mi atención. Un tal Armillo. Escribió, en ABC, un texto lleno de mala baba y envidia en el que defendía que Pedro Casariego era un poeta vulgar. Cualquiera que haya leïdo a Pedro, podrá encontrar miles de calificativos, pero jamás el de vulgar. Así que espoleado por un sentimiento que no sabría definir, escribí un artículo, una necrológica, titulada "Cuando muere el poeta" que el periódico publicó con amabilidad.
Su familia, en muestra de agradecimiento, me hizo llegar un ejemplar del libro más delicioso que he leído en mi vida: "La vida puede ser una lata" ; un libro de textos ilustrados, construido, a partes iguales, de humor, poesía e inteligencia. El libro, era un edición absolutamente maravillosa, con distintos papeles, recortes de cartulinas, colores... algo con un extraordinario valor: literario, por los textos, pictórico, por las ilustraciones a línea, y bibliográfico, por su cuidadísima y original edición. Era un libro, ya entonces, inencontrable, al menos en esa edición original. Trabajo en publicidad, así que dejé el libro en mi despacho y petardeaba y presumía de él ante colegas igualmente presumidos y petardos. El resultado fue que a los tres meses, me habían robado el libro.
Busqué en vano en todos sitios el libro y sólo encontré una segunda edición, mucho más nromalita. No obstante, dado el alto valor del contenido, podía seguir presumiendo de joya literaria... hasta que me lo robaron por segunda vez.
Me resigné a no tener el libro.
Hasta que hace unos meses, leyendo la reseña de "Nieve al sol" la última novela de Martín Casariego (su hermano, un novelista y guionista cinematográfico altísimamente recomendable), me animé, visité su web, y, sin demasiadas esperanzas, le conté mi historia de amor imposible con el libro de su hermano Pedro.
A las pocas semanas me contestó un cariñosísimo e-mail y ayer recibí el libro.
En la edición original.
Pero éste ya no está en mi despacho.
Esta en casa y bajo llave.
El libro más hermoso del mundo.
El cuadro que aparece en el post es "¿Para qué tener amigos?¿Para odiarlos?". Pedro Casariego, Acrílico sobre lienzo, 146 x 114 cm
.
El poema, mínimo, decía así:
Mi angustia
es el eco
de la risa de Dios
Nunca antes me había sentido así. En la pequeñez de ese texto había tanta grandeza, que me rompió el cerebro en mil pedazos.
Buceé por el Madrid de los últimos ochenta para encontrar más obra suya, referencias a su poesía y su obra.
Durante años seguí sus escuetas publicaciones en revistas como EL Paseante o Revista de Occidente...En enero de 1993 me enteré de su muerte. Se dejó arrollar por un tren en Aravaca. Su trágico final sirvió para que su figura fuera reivindicada por el mundillo literario. Leí muchísimas referencias a su obra literaria y pictórica. Una llamó mi atención. Un tal Armillo. Escribió, en ABC, un texto lleno de mala baba y envidia en el que defendía que Pedro Casariego era un poeta vulgar. Cualquiera que haya leïdo a Pedro, podrá encontrar miles de calificativos, pero jamás el de vulgar. Así que espoleado por un sentimiento que no sabría definir, escribí un artículo, una necrológica, titulada "Cuando muere el poeta" que el periódico publicó con amabilidad.
Su familia, en muestra de agradecimiento, me hizo llegar un ejemplar del libro más delicioso que he leído en mi vida: "La vida puede ser una lata" ; un libro de textos ilustrados, construido, a partes iguales, de humor, poesía e inteligencia. El libro, era un edición absolutamente maravillosa, con distintos papeles, recortes de cartulinas, colores... algo con un extraordinario valor: literario, por los textos, pictórico, por las ilustraciones a línea, y bibliográfico, por su cuidadísima y original edición. Era un libro, ya entonces, inencontrable, al menos en esa edición original. Trabajo en publicidad, así que dejé el libro en mi despacho y petardeaba y presumía de él ante colegas igualmente presumidos y petardos. El resultado fue que a los tres meses, me habían robado el libro.
Busqué en vano en todos sitios el libro y sólo encontré una segunda edición, mucho más nromalita. No obstante, dado el alto valor del contenido, podía seguir presumiendo de joya literaria... hasta que me lo robaron por segunda vez.
Me resigné a no tener el libro.
Hasta que hace unos meses, leyendo la reseña de "Nieve al sol" la última novela de Martín Casariego (su hermano, un novelista y guionista cinematográfico altísimamente recomendable), me animé, visité su web, y, sin demasiadas esperanzas, le conté mi historia de amor imposible con el libro de su hermano Pedro.
A las pocas semanas me contestó un cariñosísimo e-mail y ayer recibí el libro.
En la edición original.
Pero éste ya no está en mi despacho.
Esta en casa y bajo llave.
El libro más hermoso del mundo.
El cuadro que aparece en el post es "¿Para qué tener amigos?¿Para odiarlos?". Pedro Casariego, Acrílico sobre lienzo, 146 x 114 cm
.
Mitos, mujeres, galgos y ciudades...
¿Quién se acuerda de esa? Así empezaba El Eterno Femenino, una de las canciones más maravillosas de la distorsionada década de los 80, escrita por el inolvidable Fernando Márquez, El Zurdo, para su grupo La Mode. Es una de las canciones de mi vida. Era una enumeración de cosas hermosas, como las del título (y musas, videos, relojes y japonesas, electrodomésticos y cajas de ritmo...) y el estribillo decía:
Tienen ese algo misterioso
que daba miedo a Leonardo y a Amiel
que sólo las minorías entienden
que hizo a Warhol esposo de su cassette...
Yo qué sé, una pasada de tema. Con unos cuantos gramos de coco. Esto es el mito.
..............................
Sólo de verla, me daba el patatús. En La Costilla de Adán, en La Mujer del Año, en La Fiera de mi Niña, Historias de Filadelfia... para mí, no ha habido mujer más hermosa que Katherine Hepburn. Y, por lo tanto, el hombre al que más he envidiado en el mundo es al genial Spencer Tracy, por su talento (enorme, no me jodáis) y por haber compartido su vida tantos años con Kath, mi dulce Kath, la de la mandíbula aristocrática y fuerte, la de los hombros huesudos y magníficos, la de la bocaza de metro y medio, la de los pies planos, la mujer con la vis cómica más cómica que recuerdo, mi amor eterno, con permiso de mi chica (por cierto Er Grabié, qué coño es una "godada"?)
Esto es la mujer.
.............................
Esto, precisamente esto, enfrentarse al papel blanco sin saber con qué lo vas a ensuciar... ¿os acordáis?
Para mí, la mayor manifestación del terror, el terror absoluto era cuando, en el cole, me ponían el papel blanco, ese folio Galgo semitransparente. Era terrorífico porque, el 90 por ciento de las veces, no había estudiado. Y más de una vez, mi examen consistió en repasar la tenue marca de agua del galgo del folio y su tipografía inglesa. Eran folios, no A4, nadie decía A4. Si era grande era folio, y si era un poco más pequeño, holandesa y el A5 de ahora, cuartilla. Pero lo terrorífico de aquello era el dibujo.
Estos son los galgos.
...................................
Mi ciudad es Harmshore, en la costa occidental de Inglaterra. Allí pasé gran parte de mi infancia, de los 4 a los 13 años. Harmshore es una pequeñísima ciudad situada un poco al sur de Liverpool, ciudad con quien mantienen una gran rivalidad ridícula, porque en Liverpool les ignoran. Harmshore es un pueblo pesquero. Si conocéis sitios como Ondarroa o Fuenterrabía, os haréis una idea de cómo es. Pero más gris. Recuerdo grises sus calles, sus casas, sus gentes... y su mar. Un mar gris plomo y siempre amenazante. Harmshore huele a sardinas casi constantemente, las toman y preparan de mil cien maneras diferentes. Mi padre pescó muchas de las sardinas que comí y formaron mi corpachón, y ayudé a mi madre muchas veces a coser las redes. Os lo juro: Harmshore, si existiera, sería, a pesar de su gris, la ciudad más hermosa del mundo.
Y esta es mi ciudad.
¡Buen fin de semana!
Tienen ese algo misterioso
que daba miedo a Leonardo y a Amiel
que sólo las minorías entienden
que hizo a Warhol esposo de su cassette...
Yo qué sé, una pasada de tema. Con unos cuantos gramos de coco. Esto es el mito.
..............................
Sólo de verla, me daba el patatús. En La Costilla de Adán, en La Mujer del Año, en La Fiera de mi Niña, Historias de Filadelfia... para mí, no ha habido mujer más hermosa que Katherine Hepburn. Y, por lo tanto, el hombre al que más he envidiado en el mundo es al genial Spencer Tracy, por su talento (enorme, no me jodáis) y por haber compartido su vida tantos años con Kath, mi dulce Kath, la de la mandíbula aristocrática y fuerte, la de los hombros huesudos y magníficos, la de la bocaza de metro y medio, la de los pies planos, la mujer con la vis cómica más cómica que recuerdo, mi amor eterno, con permiso de mi chica (por cierto Er Grabié, qué coño es una "godada"?)
Esto es la mujer.
.............................
Esto, precisamente esto, enfrentarse al papel blanco sin saber con qué lo vas a ensuciar... ¿os acordáis?
Para mí, la mayor manifestación del terror, el terror absoluto era cuando, en el cole, me ponían el papel blanco, ese folio Galgo semitransparente. Era terrorífico porque, el 90 por ciento de las veces, no había estudiado. Y más de una vez, mi examen consistió en repasar la tenue marca de agua del galgo del folio y su tipografía inglesa. Eran folios, no A4, nadie decía A4. Si era grande era folio, y si era un poco más pequeño, holandesa y el A5 de ahora, cuartilla. Pero lo terrorífico de aquello era el dibujo.
Estos son los galgos.
...................................
Mi ciudad es Harmshore, en la costa occidental de Inglaterra. Allí pasé gran parte de mi infancia, de los 4 a los 13 años. Harmshore es una pequeñísima ciudad situada un poco al sur de Liverpool, ciudad con quien mantienen una gran rivalidad ridícula, porque en Liverpool les ignoran. Harmshore es un pueblo pesquero. Si conocéis sitios como Ondarroa o Fuenterrabía, os haréis una idea de cómo es. Pero más gris. Recuerdo grises sus calles, sus casas, sus gentes... y su mar. Un mar gris plomo y siempre amenazante. Harmshore huele a sardinas casi constantemente, las toman y preparan de mil cien maneras diferentes. Mi padre pescó muchas de las sardinas que comí y formaron mi corpachón, y ayudé a mi madre muchas veces a coser las redes. Os lo juro: Harmshore, si existiera, sería, a pesar de su gris, la ciudad más hermosa del mundo.
Y esta es mi ciudad.
¡Buen fin de semana!
Rodeado.
Delante de mí, aparte del ordenador:
La taza de café con la inscripción "GIRAFFE" y un dibujo, malillo, de una jirafa que me regaló MA.
El cenicero vacío, que me recuerda que llevo un mes sin fumar.
Recortes de los carteles de las películas "Sangre Fácil" (tipográfico) y "Paseando a Miss Daisy" (fotográfico).
3 felicitaciones de Navidad.
3 bandejas llenas de papeles que sirven, más que nada, de atrezzo, porque no miro esos papeles desde hace milenios, ni ganas, oyes.
Los diccionarios de la RAE, María Moliner, Oxford y Sinónimos y Antónimos. Mi preferido y la única fuente de autoridad, para mí, es el de María Moliner.
Una mano que debería servir para dejar reposar el móvil pero que lo que sostiene es una graciosa teta antistress que me regaló mi chica. La teta está sospechosamente sucia y yo no la toco. Sospecho de Redajo, que tiene pinta de pajillero (granos enormes de gordas cabezuelas de pus, sin afeitar pero en plan guarro, no en plan modernillo, calvicie inminente, gafas sucias, pies grandes...>)
Dos botes de bolis, rotuladores, lápices, etc., que comparten espacio con un tenedor de plástico, una servilleta de KFC, algunas tarjetas de visita ignotas y papelillos variados.
Detrás de mí está la mesa de corte, donde mis chicos montan sus maquetitas y bocetos.
Mis chicos son dos.
Eduardo, hispano-argentino, circunspecto, con aspecto de mosquetero (melena, perilla, callada dignidad) y un talento infinito.
Redajo, jovenzuelo desagradable, que hace pública exhibición de sus achaques, dando a la concurrencia innecesarios e impúdicos detalles de sus mocos, diarreas, problemas genitales...
Comparte espacio con nosotros, cuando no está con la furgo, Gus, que además de llevar y traer cosas es el irresponsable de que en la nevera no haya Pepsi-Max.
Tenéis que probar la PepsiMax. Un escándalo, oyes.
Esto no le importa a nadie, pero lo escribo para posicionarme.
Que lo sepas...
La taza de café con la inscripción "GIRAFFE" y un dibujo, malillo, de una jirafa que me regaló MA.
El cenicero vacío, que me recuerda que llevo un mes sin fumar.
Recortes de los carteles de las películas "Sangre Fácil" (tipográfico) y "Paseando a Miss Daisy" (fotográfico).
3 felicitaciones de Navidad.
3 bandejas llenas de papeles que sirven, más que nada, de atrezzo, porque no miro esos papeles desde hace milenios, ni ganas, oyes.
Los diccionarios de la RAE, María Moliner, Oxford y Sinónimos y Antónimos. Mi preferido y la única fuente de autoridad, para mí, es el de María Moliner.
Una mano que debería servir para dejar reposar el móvil pero que lo que sostiene es una graciosa teta antistress que me regaló mi chica. La teta está sospechosamente sucia y yo no la toco. Sospecho de Redajo, que tiene pinta de pajillero (granos enormes de gordas cabezuelas de pus, sin afeitar pero en plan guarro, no en plan modernillo, calvicie inminente, gafas sucias, pies grandes...>)
Dos botes de bolis, rotuladores, lápices, etc., que comparten espacio con un tenedor de plástico, una servilleta de KFC, algunas tarjetas de visita ignotas y papelillos variados.
Detrás de mí está la mesa de corte, donde mis chicos montan sus maquetitas y bocetos.
Mis chicos son dos.
Eduardo, hispano-argentino, circunspecto, con aspecto de mosquetero (melena, perilla, callada dignidad) y un talento infinito.
Redajo, jovenzuelo desagradable, que hace pública exhibición de sus achaques, dando a la concurrencia innecesarios e impúdicos detalles de sus mocos, diarreas, problemas genitales...
Comparte espacio con nosotros, cuando no está con la furgo, Gus, que además de llevar y traer cosas es el irresponsable de que en la nevera no haya Pepsi-Max.
Tenéis que probar la PepsiMax. Un escándalo, oyes.
Esto no le importa a nadie, pero lo escribo para posicionarme.
Que lo sepas...
Constitución Alternativa Abierta de piernas
Artículo 1
Ya no se va a decir más Europeo; se dirá Europedo (al referirse a algo concreto) o Eurofagia (cuando queramos filosofar en plan genérico), que es mucho más fino.
Artículo 2
Los ciudadanos Europedos, por el hecho de serlo, tenemos derecho a ser razonablemente simpáticos, buena gente y con buen apetito, para que crezcamos sanos y sin más arrugas que las provocadas por la sonrisa.
Artículo 3
El queso, los guisantes y las alubias ya no serán considerados alimentos aceptables para una Dieta Genial Europeda, siendo sustituidos por la chistorra navarra, los pepinillos en vinagre y las lentejas estofadas.
Artículo 4
El nuevo himno de la Unión será "Faldas cortas, piernas largas" de los Sírex, aunque, si la ocasión lo requiere, podrá optarse por "Las flechas del Amor" de Karina.
Artículo 5
La bandera, también cambia, señores. Nada de un fondo azul con una estrellita por país, que es, además de una cursilada, una cosa poquísimo progresista; ahora, como fondo, una oscura manta zamorana, como diciendo que protege y todo eso; y como representaciçón de los países, no una mierda de estrellita por cada país, sino una hermosa y aceitosa Tortilla de Patatas, como representación de que todos estamos juntos y revueltos y no cada uno a su bola con su estrellita.
Artículo 6
Por este artículo se declara al autor de este blog como EMD (Europedo Más Deseable), y se autoriza a todas las Europedas a entregarse sexualmente a tan insigne personaje.
Ahora, como esta es una Consti Abierta, espero tu contribución en forma de Comentario/Artículo Constitucional. Al fin y al cabo, la Constitución Europeda debemos hacerla entre todos los Europedos, y no encargársela al Yircardestén.
Eso.
Ánimo
Ya no se va a decir más Europeo; se dirá Europedo (al referirse a algo concreto) o Eurofagia (cuando queramos filosofar en plan genérico), que es mucho más fino.
Artículo 2
Los ciudadanos Europedos, por el hecho de serlo, tenemos derecho a ser razonablemente simpáticos, buena gente y con buen apetito, para que crezcamos sanos y sin más arrugas que las provocadas por la sonrisa.
Artículo 3
El queso, los guisantes y las alubias ya no serán considerados alimentos aceptables para una Dieta Genial Europeda, siendo sustituidos por la chistorra navarra, los pepinillos en vinagre y las lentejas estofadas.
Artículo 4
El nuevo himno de la Unión será "Faldas cortas, piernas largas" de los Sírex, aunque, si la ocasión lo requiere, podrá optarse por "Las flechas del Amor" de Karina.
Artículo 5
La bandera, también cambia, señores. Nada de un fondo azul con una estrellita por país, que es, además de una cursilada, una cosa poquísimo progresista; ahora, como fondo, una oscura manta zamorana, como diciendo que protege y todo eso; y como representaciçón de los países, no una mierda de estrellita por cada país, sino una hermosa y aceitosa Tortilla de Patatas, como representación de que todos estamos juntos y revueltos y no cada uno a su bola con su estrellita.
Artículo 6
Por este artículo se declara al autor de este blog como EMD (Europedo Más Deseable), y se autoriza a todas las Europedas a entregarse sexualmente a tan insigne personaje.
Ahora, como esta es una Consti Abierta, espero tu contribución en forma de Comentario/Artículo Constitucional. Al fin y al cabo, la Constitución Europeda debemos hacerla entre todos los Europedos, y no encargársela al Yircardestén.
Eso.
Ánimo
Como un señor.
Ea. Sábado de febrero. Las 9 y pico de la mañana. Desayuno sencillo (las lentejas y el pollo que sobró de ayer, que no hay tiempo de cocinar), cafelito y, después de una breve reunión en el baño, me pongo el chándal del Real Madrid, pillo el monovolumen y… ¡al carrefour!
En el camino, insulto a dos o tres conductores cuyos coches son claramente más potentes que el mío; a uno de ellos, incluso, le amenazo de gesto y de palabra (de obra no, que es muy cansao) porque además de llevar un coche más potente, demuestra más habilidad que yo al volante y me la pega en una rotonda. Qué gran invento la rotonda, ¿eh?
Llego a las diez menos cinco al parquin del carrefú y, como me lo sé de primera, voy directamente al sector 35 impares que es donde se aparca bien, cerca de la puerta, cerca de los carritos… soy un hacha, colegas.
No me pasa lo que a los pringaos, que llegan y no tienen la moneda para el carrito, qué va. Mi llavero es de esos de carrefú que llevan la moneda incluida… es práctico y, porqué no decirlo, bastante elegante, en símil plata.
Llego a la puerta de carrefú a las 10 menos 2 minutos y allí estamos los habituales… los enrollaos, podríamos decir; todos tenemos el mismo gesto de mema satisfacción pintado en el rostro, como diciendo: prefiero madrugar un rato, dormir una hora menos, que no encontrarme luego los lineales todos sobados, sin género en buen estado y una cola de diez minutos en la caja. Je, je…
Domino el carrefú como mi segunda casa. He elaborado una lista que es el colmo de la lógica y la practicidad. Los productos que necesito, ordenados de forma que no necesite hacer paseos estériles. Mi recorrido es razonable y voy llenando el carrito con la aplastante lógica del experto: debajo los briks de leche y las latas de cerveza y PepsiMax, el pan de molde y las patatas fritas encima…
Una señora con aspecto de despistada me pregunta por el pan rallado. Seguramente se ha fijado en el impecable aspecto de mi carrito y en el aire de seguridad que desprenden mis pasos firmes, mi mirada abierta y sincera y mis gestos decididos. La buena señora, que tampoco es, digamos, una novata, se siente desorientada por culpa del cambio que ha operado el lineal por mor de “la semana de la repostería”. Con una sonrisa condescendiente le indico no sólo dónde se ubica el pan rallado, sino que, además, gratis, le doy un valioso consejo sobre qué pan rallado elegir “el de la casa”, le advierto, “es un poco más caro, pero los filetes le quedarán de fábula”. Ella, agradecida, seguramente abrumada por mi arrollador espíritu de buen samaritano, intenta esbozar una sonrisa de agradecimiento y en su rostro se dibuja una desafortunada expresión, como de pingüino, de estupidez helada. No la culpéis, amigos. No es que yo conozca el carrefú. Es que conozco su “psicología”, sé de lo que hablo.
Localizo ofertas, promociones, trespordoses, tantosporcientomásgratis, etc., con una sagacidad de gato montés. No me dejo engañar por los grandes packs: muchas veces es más barata la compra al detall… en fin, que controlo.
Cuando he terminado la “compra” propiamente dicha, me acerco a mi paraíso: el pasillo de jardinería. Ahí, entre palos con cosas de hierro que no sé cómo se llaman, abonos, sustratos, césped artificial, alpiste para perros, plantas de interior… me dejo llevar.
Dicen que un hombre enfrentado a su destino es como un pasajero en una estación de tren de un país remoto sin billete de vuelta (esto, en realidad, no lo ha dicho nadie, acabo de inventármelo, pero es un buen comienzo de párrafo); bien, yo me encuentro a mí mismo en este pasillo del carrefú. Frente al saco de 25 kg. de MenúDog, junto a los apliques para mangueras, dejándome seducir por el canto de los rastrillos de palo de bellota, me pregunto: ¿qué coño haces aquí, chaval?
¿En qué estúpido menester estás perdiendo una radiante mañana de sábado? ¿Para qué narices acumulo puntos carrefú? ¿Qué le importaba a la pobre señora de antes tu opinión sobre el pan rallado? ¿No te da vergüenza estar ahí de pie, con ese ridículo chándal, comparando precios de guantes de jardinero? ¿A qué estas jugando? ¿A qué coño estás jugando?
Con lo bien que estaría yo rascándome las pelotas en la cama…
En el camino, insulto a dos o tres conductores cuyos coches son claramente más potentes que el mío; a uno de ellos, incluso, le amenazo de gesto y de palabra (de obra no, que es muy cansao) porque además de llevar un coche más potente, demuestra más habilidad que yo al volante y me la pega en una rotonda. Qué gran invento la rotonda, ¿eh?
Llego a las diez menos cinco al parquin del carrefú y, como me lo sé de primera, voy directamente al sector 35 impares que es donde se aparca bien, cerca de la puerta, cerca de los carritos… soy un hacha, colegas.
No me pasa lo que a los pringaos, que llegan y no tienen la moneda para el carrito, qué va. Mi llavero es de esos de carrefú que llevan la moneda incluida… es práctico y, porqué no decirlo, bastante elegante, en símil plata.
Llego a la puerta de carrefú a las 10 menos 2 minutos y allí estamos los habituales… los enrollaos, podríamos decir; todos tenemos el mismo gesto de mema satisfacción pintado en el rostro, como diciendo: prefiero madrugar un rato, dormir una hora menos, que no encontrarme luego los lineales todos sobados, sin género en buen estado y una cola de diez minutos en la caja. Je, je…
Domino el carrefú como mi segunda casa. He elaborado una lista que es el colmo de la lógica y la practicidad. Los productos que necesito, ordenados de forma que no necesite hacer paseos estériles. Mi recorrido es razonable y voy llenando el carrito con la aplastante lógica del experto: debajo los briks de leche y las latas de cerveza y PepsiMax, el pan de molde y las patatas fritas encima…
Una señora con aspecto de despistada me pregunta por el pan rallado. Seguramente se ha fijado en el impecable aspecto de mi carrito y en el aire de seguridad que desprenden mis pasos firmes, mi mirada abierta y sincera y mis gestos decididos. La buena señora, que tampoco es, digamos, una novata, se siente desorientada por culpa del cambio que ha operado el lineal por mor de “la semana de la repostería”. Con una sonrisa condescendiente le indico no sólo dónde se ubica el pan rallado, sino que, además, gratis, le doy un valioso consejo sobre qué pan rallado elegir “el de la casa”, le advierto, “es un poco más caro, pero los filetes le quedarán de fábula”. Ella, agradecida, seguramente abrumada por mi arrollador espíritu de buen samaritano, intenta esbozar una sonrisa de agradecimiento y en su rostro se dibuja una desafortunada expresión, como de pingüino, de estupidez helada. No la culpéis, amigos. No es que yo conozca el carrefú. Es que conozco su “psicología”, sé de lo que hablo.
Localizo ofertas, promociones, trespordoses, tantosporcientomásgratis, etc., con una sagacidad de gato montés. No me dejo engañar por los grandes packs: muchas veces es más barata la compra al detall… en fin, que controlo.
Cuando he terminado la “compra” propiamente dicha, me acerco a mi paraíso: el pasillo de jardinería. Ahí, entre palos con cosas de hierro que no sé cómo se llaman, abonos, sustratos, césped artificial, alpiste para perros, plantas de interior… me dejo llevar.
Dicen que un hombre enfrentado a su destino es como un pasajero en una estación de tren de un país remoto sin billete de vuelta (esto, en realidad, no lo ha dicho nadie, acabo de inventármelo, pero es un buen comienzo de párrafo); bien, yo me encuentro a mí mismo en este pasillo del carrefú. Frente al saco de 25 kg. de MenúDog, junto a los apliques para mangueras, dejándome seducir por el canto de los rastrillos de palo de bellota, me pregunto: ¿qué coño haces aquí, chaval?
¿En qué estúpido menester estás perdiendo una radiante mañana de sábado? ¿Para qué narices acumulo puntos carrefú? ¿Qué le importaba a la pobre señora de antes tu opinión sobre el pan rallado? ¿No te da vergüenza estar ahí de pie, con ese ridículo chándal, comparando precios de guantes de jardinero? ¿A qué estas jugando? ¿A qué coño estás jugando?
Con lo bien que estaría yo rascándome las pelotas en la cama…
MA is back
Impetuoso fin de semana coronado por una nevada de película. Esta mañana, mi pueblo, Valdemorillo, a 48 km de Madrid y 830m sobre el nivel del mar, ha amanecido fascinantemente nevado, con una gruesa y fría capa de nieve de medio palmo y con ganas de decirme algo que yo, que sólo soy un hombre, no he sabido interpretar. Akira y su prole, sí, pero es que ellos, mis cinco perros, son mucho más listos que yo. Ellos saltaban, corrían y mordían la nieve esta madrugada en una especie de akelarre perruno gélido y bestial.
Es lunes, luego debería estar mal. Sí, debería. Hay un huevo de noticias malas o desesperanzadoras que deberían hacerme cagarme en la raza humana en general, sin demasiados distingos por razones de sexo, edad, confesión o procedencia.
Cosas que enturbian:
1. tengo que acabar de leerme la Constitución Europea, a ver si encuentro algo más que buenas intenciones y redacción infumable y políticamente correcta. Es estilo -y el contenido, no nos engañemos- me recuerdan a las redacciones (petardas, bienintencionadas, pedantes y vacías) de los listillos de la clase de cuando el instituto, 25 años ha.
2. De nuevo, ausencia de café y de leche en la nevera de la cocina, nuevo fallo en la logística de Gus quien, además, nos llega con la noticia de que la furgo sigue estropeada. Joder. Le suelto 10 pavos con el gesto resuelto del que está acostumbrado a tratar con gente intratable y le digo: Café y leche, dos y dos. ¿quién se puede negar? (Nota social: me ha parecido que según se daba la vuelta para ir al super sus hombros se contraían, subiendo y bajando con rapidez, mientras su boca emitía una especie de bufido muy parecido a una risa mal contenida.)
3. Lo que es el mismo lunes, con toda su carga de lunilidad.
4. Hoy voy a ver un cliente que me pone especialmente enfermo. Es clienta, vamos. Lo que me pone enfermo de ella es que es francesa y que, a pesar de las evidentes dificultades que tiene para hacerse entender en español (y sospecho que le ocurre lo mismo en francés), no es que tenga acento, es que es molecularmente incapaz de enlazar más de tres palabras con algún sentido... bueno, a pesar de esto, es la encargada de corregir mis textos. ¡Corregir los textos de Wolffo!, el gran lobo solitario, el redactor más sanguinario de la estepa, el trotón incansble de la metáfora, el símil y el oxímoron, el dulce, letal, arriesgado y siempre brillante Wolffo... el suave tigrezno, el eterno dudoso, yo...
Bueno, pues a pesar de todo eso ( y de más, qué te voy a contar) no consigo estar lunilizado, con el síndrome del lunes.
Y es que MA ha vuelto.
Pobrecita ella.
Y qué bien para todos nosotros. Especialmente para mí.
Bienvenida, MA.
Es lunes, luego debería estar mal. Sí, debería. Hay un huevo de noticias malas o desesperanzadoras que deberían hacerme cagarme en la raza humana en general, sin demasiados distingos por razones de sexo, edad, confesión o procedencia.
Cosas que enturbian:
1. tengo que acabar de leerme la Constitución Europea, a ver si encuentro algo más que buenas intenciones y redacción infumable y políticamente correcta. Es estilo -y el contenido, no nos engañemos- me recuerdan a las redacciones (petardas, bienintencionadas, pedantes y vacías) de los listillos de la clase de cuando el instituto, 25 años ha.
2. De nuevo, ausencia de café y de leche en la nevera de la cocina, nuevo fallo en la logística de Gus quien, además, nos llega con la noticia de que la furgo sigue estropeada. Joder. Le suelto 10 pavos con el gesto resuelto del que está acostumbrado a tratar con gente intratable y le digo: Café y leche, dos y dos. ¿quién se puede negar? (Nota social: me ha parecido que según se daba la vuelta para ir al super sus hombros se contraían, subiendo y bajando con rapidez, mientras su boca emitía una especie de bufido muy parecido a una risa mal contenida.)
3. Lo que es el mismo lunes, con toda su carga de lunilidad.
4. Hoy voy a ver un cliente que me pone especialmente enfermo. Es clienta, vamos. Lo que me pone enfermo de ella es que es francesa y que, a pesar de las evidentes dificultades que tiene para hacerse entender en español (y sospecho que le ocurre lo mismo en francés), no es que tenga acento, es que es molecularmente incapaz de enlazar más de tres palabras con algún sentido... bueno, a pesar de esto, es la encargada de corregir mis textos. ¡Corregir los textos de Wolffo!, el gran lobo solitario, el redactor más sanguinario de la estepa, el trotón incansble de la metáfora, el símil y el oxímoron, el dulce, letal, arriesgado y siempre brillante Wolffo... el suave tigrezno, el eterno dudoso, yo...
Bueno, pues a pesar de todo eso ( y de más, qué te voy a contar) no consigo estar lunilizado, con el síndrome del lunes.
Y es que MA ha vuelto.
Pobrecita ella.
Y qué bien para todos nosotros. Especialmente para mí.
Bienvenida, MA.
El fútbol. Yo contra mí mismo.
Me gusta el fútbol. Me encanta. Me gusta lo que tiene de metáfora de la vida en asuntos como el espíritu de equipo, la superación de las dificultades, el premio al esfuerzo. Me gusta su nobleza.
Odio el fútbol. Lo deploro. Me horroriza lo que tiene de simplificación de la vida, la exaltación del egoísmo, el premio a la mezquindad y el desorbitado tiempo que merece en los informativos. Odio su memez.
La sana alegría desbordada por la victoria, la noble decepción de la derrota, esa identificación de las aficiones con sus equipos.
Las inoportables y molestas juergas de los que ganan. La inconcebible y penosa decepción de los pierden, como si fueran ellos afectados por algo.
Un asunto que mueve, en todo el mundo, a millones de aficionados, que paraliza países enteros, que maneja cifras de vértigo, que apasiona a jóvenes y viejos. ¿Es que somos todos idiotas?
Una mafia monetaria, una red de intereses creados por las multinacionales del deporte (televisiones, fabricantes de artículos deportivos, etc), que idiotiza y narcotiza a los pueblos para que tengan algo intrascendente de qué hablar mientras nos venden su mercancía. ¿Es que somos todos idiotas?
El fútbol enardece nuestras mejores intenciones, y enriquece nuestro caráter. Necesita de habilidades e inteligencia, requiere de compenetración, de lucha y de esfuerzo, de unión en torno a un elevado objetivo común: la victoria.
El fútbol se alimenta de lo peor de nuestros instintos. Premia el engaño, la humillación y la exaltación de los que se creen mejores, utiliza nuestras habilidades e inteligencia para lograr un nefasto objetivo: la derrota del contrario.
El fútbol hace ganadores. Gente sana.
El fútbol fabrica perdedores: gente resentida.
Piénsalo por un momento: ¿Qué mejor manera para que dos pueblos diriman sus diferencias que enfrentarse en un partido de fútbol? ¿Acaso sería mejor una guerra? El fútbol, hombre, hace posible que dos pueblos que se odien, jueguen un partido y, al acabar, se vayan juntos de cañas.
Míralo así: primero habría disputas para ver quién juega y quién no. Luego, si alguien es tan idiota como para dirimir sus diferencias en campo de fútbol, se matarían a patadas. Y me gustaría ver a los que han perdido aceptando la mofa y befa de sus verdugos.
El fútbol es dos hombres abrazándose y besándose sin complejos después de conseguir un gol. Puro progresismo.
El fútbol es un cavernícola escupiendo en la cara a otro que, mezquinamente, se tirará al suelo con el objeto de que el árbitro piense que el rival le ha dado un cabezazo y provocar que le expulsen.
El fúbol es un deporte de hombres: viril, de contacto, noble.
¿Por qué no juegan al fútbol las mujeres?
¿En qué otro deporte puede resultar bonito un partido en el que ninguno de los equipos consiga ni un solo tanto? Nadie pierde, todos contentos.
¿En qué otro deporte puede resultar bonito un partido en el que ninguno de los equipos consiga ni un solo tanto? Nadie gana, ¿para qué han jugado?
En el fútbol son los hombres los que enseñan las piernas. Y nadie protesta.
En el fútbol son los hombres los que enseñan las piernas. ¡Y nadie protesta…!
El deporte.
El espectáculo.
Odio el fútbol. Lo deploro. Me horroriza lo que tiene de simplificación de la vida, la exaltación del egoísmo, el premio a la mezquindad y el desorbitado tiempo que merece en los informativos. Odio su memez.
La sana alegría desbordada por la victoria, la noble decepción de la derrota, esa identificación de las aficiones con sus equipos.
Las inoportables y molestas juergas de los que ganan. La inconcebible y penosa decepción de los pierden, como si fueran ellos afectados por algo.
Un asunto que mueve, en todo el mundo, a millones de aficionados, que paraliza países enteros, que maneja cifras de vértigo, que apasiona a jóvenes y viejos. ¿Es que somos todos idiotas?
Una mafia monetaria, una red de intereses creados por las multinacionales del deporte (televisiones, fabricantes de artículos deportivos, etc), que idiotiza y narcotiza a los pueblos para que tengan algo intrascendente de qué hablar mientras nos venden su mercancía. ¿Es que somos todos idiotas?
El fútbol enardece nuestras mejores intenciones, y enriquece nuestro caráter. Necesita de habilidades e inteligencia, requiere de compenetración, de lucha y de esfuerzo, de unión en torno a un elevado objetivo común: la victoria.
El fútbol se alimenta de lo peor de nuestros instintos. Premia el engaño, la humillación y la exaltación de los que se creen mejores, utiliza nuestras habilidades e inteligencia para lograr un nefasto objetivo: la derrota del contrario.
El fútbol hace ganadores. Gente sana.
El fútbol fabrica perdedores: gente resentida.
Piénsalo por un momento: ¿Qué mejor manera para que dos pueblos diriman sus diferencias que enfrentarse en un partido de fútbol? ¿Acaso sería mejor una guerra? El fútbol, hombre, hace posible que dos pueblos que se odien, jueguen un partido y, al acabar, se vayan juntos de cañas.
Míralo así: primero habría disputas para ver quién juega y quién no. Luego, si alguien es tan idiota como para dirimir sus diferencias en campo de fútbol, se matarían a patadas. Y me gustaría ver a los que han perdido aceptando la mofa y befa de sus verdugos.
El fútbol es dos hombres abrazándose y besándose sin complejos después de conseguir un gol. Puro progresismo.
El fútbol es un cavernícola escupiendo en la cara a otro que, mezquinamente, se tirará al suelo con el objeto de que el árbitro piense que el rival le ha dado un cabezazo y provocar que le expulsen.
El fúbol es un deporte de hombres: viril, de contacto, noble.
¿Por qué no juegan al fútbol las mujeres?
¿En qué otro deporte puede resultar bonito un partido en el que ninguno de los equipos consiga ni un solo tanto? Nadie pierde, todos contentos.
¿En qué otro deporte puede resultar bonito un partido en el que ninguno de los equipos consiga ni un solo tanto? Nadie gana, ¿para qué han jugado?
En el fútbol son los hombres los que enseñan las piernas. Y nadie protesta.
En el fútbol son los hombres los que enseñan las piernas. ¡Y nadie protesta…!
El deporte.
El espectáculo.
El cliente nunca tiene razón
De verdad, nunca la tiene.
Diosss qué depresión.
Diosss qué depresión.
El tigre
He aquí un grito en la red, una desesperada petición de ayuda a aquellas personas sensibles y expertas que lean este blog (Blog: parece la onomatopeya de una vomitona Bloooogggg....!).
En fin, damas y caballos, pido, imploro vuestra ayuda.
Se trata del baño. Del olor que despide cada vez que uno de nosotros entra, periódico bajo el brazo y gesto de angustia, y sale, con un mohín satisfecho y de alivio en el rostro,.
Hemos probado las cerillas, nada.
Las velitas aromáticas, nada.
Los ambientadores de 4 laboratiorios distintos, de spray, de esos que se enchufan, de todas las clases...
Todos nuestros esfuerzos han sido inútiles a la hora de contrarrestrar el hediondo aire que despide el baño.
Ojo, no culpo a nadie, que si hiciéramos una clasificación de aires infectos, el mío estaría , si no a la cabeza, sí disputándosela a Rodajo o a Gus, dos elementos finos, como yo. Y el caso es que sólo me sucede aquí. En casa no ocurre lo mismo. Aquí, en la ofi, es entrar en el baño y declararlo Zona de Exclusión. Debe haber algún elemento químico en el aire que favorezca la propagación del gas metano por doquier. ¡Si hasta un inocente peo tarda media hora en disolverse! Los demás me juran que les pasa lo mismo, que a ellos en casa no les huele igual, pero no sé si creerlos. Rodajo es de los que asegura que cuando hace frío no se ducha. Un día os doy detalles de R, que es un pollo de lo más peculiar.
En fin, si alguien conoce un remedio drástico, eficaz, pido me lo comunique. Porque, por momentos, el ambiente en mi oficina está cada vez más viciado.
En fin, damas y caballos, pido, imploro vuestra ayuda.
Se trata del baño. Del olor que despide cada vez que uno de nosotros entra, periódico bajo el brazo y gesto de angustia, y sale, con un mohín satisfecho y de alivio en el rostro,.
Hemos probado las cerillas, nada.
Las velitas aromáticas, nada.
Los ambientadores de 4 laboratiorios distintos, de spray, de esos que se enchufan, de todas las clases...
Todos nuestros esfuerzos han sido inútiles a la hora de contrarrestrar el hediondo aire que despide el baño.
Ojo, no culpo a nadie, que si hiciéramos una clasificación de aires infectos, el mío estaría , si no a la cabeza, sí disputándosela a Rodajo o a Gus, dos elementos finos, como yo. Y el caso es que sólo me sucede aquí. En casa no ocurre lo mismo. Aquí, en la ofi, es entrar en el baño y declararlo Zona de Exclusión. Debe haber algún elemento químico en el aire que favorezca la propagación del gas metano por doquier. ¡Si hasta un inocente peo tarda media hora en disolverse! Los demás me juran que les pasa lo mismo, que a ellos en casa no les huele igual, pero no sé si creerlos. Rodajo es de los que asegura que cuando hace frío no se ducha. Un día os doy detalles de R, que es un pollo de lo más peculiar.
En fin, si alguien conoce un remedio drástico, eficaz, pido me lo comunique. Porque, por momentos, el ambiente en mi oficina está cada vez más viciado.
Nika, la mala
Nika, la boba, la pérfida, la ruin, la malvada, sólo tiene una cosa de buena: MA la quiere. Es más, yo diría que le debe la vida. Pero es que MA ya sabéis como es...
Nika, la estúpida, la necia, la imbécil, es caprichosa, exigente con los demás y complaciente consigo, es bonita, vale, es glotona, impertinente, cree que toda la oficina está a su servicio y que nuestra labor, más que la publicidad, es estar atentos a sus necesidades, al menos de 9 a 7.
Yo no soy hostil con Nika, la idiota, por no disgustar a MA., pero más de una vez le hubiera dado una patada en su cara de boba, o le hubiera quemado los bigotes con un mechero, o cortado las uñas-garras con un hacha.
Nika, la cretina, la sandia, la mema, es una gata insoportable y, además, molestísima. MA la recogió de la calle y la alimenta, la mima, la achucha y la lleva al veterinario.
Y ella devuelve la cortesía siendo egoísta, cagándose en la oficina, dejando sus deposiciones en lugares poco accesibles, llenándolo todo de pelos y maullando constantemente su insoportable insatisfacción.
¿Qué más quiere?
Un día de estos, un día de estos...
Nika, la estúpida, la necia, la imbécil, es caprichosa, exigente con los demás y complaciente consigo, es bonita, vale, es glotona, impertinente, cree que toda la oficina está a su servicio y que nuestra labor, más que la publicidad, es estar atentos a sus necesidades, al menos de 9 a 7.
Yo no soy hostil con Nika, la idiota, por no disgustar a MA., pero más de una vez le hubiera dado una patada en su cara de boba, o le hubiera quemado los bigotes con un mechero, o cortado las uñas-garras con un hacha.
Nika, la cretina, la sandia, la mema, es una gata insoportable y, además, molestísima. MA la recogió de la calle y la alimenta, la mima, la achucha y la lleva al veterinario.
Y ella devuelve la cortesía siendo egoísta, cagándose en la oficina, dejando sus deposiciones en lugares poco accesibles, llenándolo todo de pelos y maullando constantemente su insoportable insatisfacción.
¿Qué más quiere?
Un día de estos, un día de estos...
MariÁngeles
MA está de vacaciones esta semana. Es increíble lo muchísimo que importa una buena secretaria en una empresa como la nuestra. Lleva dos días de vacaciones y yo ya he tenido que llamarla tres veces, haciéndola trabajar a distancia.
MA es, como su nombre sugiere, más que un ángel, varios ángeles. Es el ángel protector de todos nosotros, y la única persona imprescindible en esta agencia de publicidad.
Coge el teléfono, lleva cuentas, aguanta neuras, hace el café (el 60% de los días, el resto, lo hago yo), se encarga de que este desastre de empresa siga pareciendo una empresa...
Yo adoro a MA y ella lo sabe.
Te echo muchísimo de menos MA.
MA es, como su nombre sugiere, más que un ángel, varios ángeles. Es el ángel protector de todos nosotros, y la única persona imprescindible en esta agencia de publicidad.
Coge el teléfono, lleva cuentas, aguanta neuras, hace el café (el 60% de los días, el resto, lo hago yo), se encarga de que este desastre de empresa siga pareciendo una empresa...
Yo adoro a MA y ella lo sabe.
Te echo muchísimo de menos MA.
Temprano
Hoy he venido tempranito a trabajar. Me gusta mi oficina a primera hora. Todavía no ha llegado nadie para estropearla. Nadie que me recuerde que es un sitio tan triste como cualquier otro.
La verdad es que a uno se le quitan las ganas de todo. Gus, que es quien tiene que velar por el buen estado de la intendencia (que haya café, leche, cocacolas, etc) ha vuelto a fallar. Así que no hay café ni leche. Bueno leche quedaba como para una taza y, como me la he puesto yo con un poquito de nescafé, ya no queda. Que se jodan, con perdón, mis compañeros.
Hoy sí que ha venido la chica que limpia. Y hacía falta, os lo puedo jurar. Dice MariÁngeles, que es la verdadera jefa de este tugurio, que la tipa le dice que ella viene a limpiar para tener dinero para sus gastos, porque en realidad no le hace falta. Dice que su marido gana una pasta enorme. No sé si me parece bien o mal que haga eso. Una cosa sí que tengo clara: me parece mal que lo diga.
Dios mío, no puede ser. Tampoco hay Pepsi-Max. Joder, Gus, tío, ¿en qué estás pensando? Ni café, ni leche ni, lo que sí que es grave, Pepsi-Max, el refresco definitivo.
Bueno, son las nueve menos cinco y en seguida empieza a venir gente, así que cambio y corto, que hay que empezar a producir.
A producir arcadas, se entiende.
Auuggghhh...!
La verdad es que a uno se le quitan las ganas de todo. Gus, que es quien tiene que velar por el buen estado de la intendencia (que haya café, leche, cocacolas, etc) ha vuelto a fallar. Así que no hay café ni leche. Bueno leche quedaba como para una taza y, como me la he puesto yo con un poquito de nescafé, ya no queda. Que se jodan, con perdón, mis compañeros.
Hoy sí que ha venido la chica que limpia. Y hacía falta, os lo puedo jurar. Dice MariÁngeles, que es la verdadera jefa de este tugurio, que la tipa le dice que ella viene a limpiar para tener dinero para sus gastos, porque en realidad no le hace falta. Dice que su marido gana una pasta enorme. No sé si me parece bien o mal que haga eso. Una cosa sí que tengo clara: me parece mal que lo diga.
Dios mío, no puede ser. Tampoco hay Pepsi-Max. Joder, Gus, tío, ¿en qué estás pensando? Ni café, ni leche ni, lo que sí que es grave, Pepsi-Max, el refresco definitivo.
Bueno, son las nueve menos cinco y en seguida empieza a venir gente, así que cambio y corto, que hay que empezar a producir.
A producir arcadas, se entiende.
Auuggghhh...!
