logotipo

img_google
No lo tengo claro
Acerca de
Acerca de Lee, el escapista, hay poco que contar, cuando sepa algo os lo cuento
Enlaces
Resultado de la Búsqueda
Sindicación
 
La vida y milagros del niño vampiro VIII
Entró a través de un agujero en la pared, nunca se había fijado que existiera un pasillo detrás de la misma, creía haber bajado ocho pisos, y avanzaba por puro desdén, empezó a oír murmullos, no parecían de mendigos y a esta profundidad nunca había encontrado a nadie, vio luz y se acercó.

Entró en una estancia decorada con un estilo barroco clásico, había alfombras rojas y estanterías llenas de libros, la luz provenía de una chimenea donde ardían unos trozos de madera, sonaba música clásica y todo tenía un aire de tranquilidad. Había cinco niños extremadamente gordos y pálidos atados a una mesa redonda, la mesa estaba llena de todo tipo de comida y bebida. De los brazos de los niños salían unos tubos que estaban conectados a un maquina, la cual les succionaba la sangre, llenando potes y potes con su sangre.

Los niños estaban jugando al parchís mientras seguían comiendo y proporcionando sangre a la maquina

Había un sillón de piel frente a la chimenea, de él salió un viejo con millones de arrugas por todas partes, se le acercó y le dijo “por fin, te estábamos esperando, esperó que la sangre catalana no te haya corrompido demasiado”

El viejo se le presentó como el Auxiliar, le contó que era el ayudante de el Principal, ambos vampiros de unos 400 años cada uno, edad anormal hasta para los vampiros, vivían en estas catacumbas alimentándose exclusivamente de la sangre de esos 5 niños, de vez en cuando tenían que cambiar alguno ya que la falta de ejercicio oxidaba la sangre, pero aquí no les molestaba nadie.

Le contó que no había sido una borrachera o un sueño, que en realidad, había sido abducido por las pollas negras, mote con el que denominaban a las "Forces especials per a la prevenció de l’identitat del poble de Catalunya".

El mote se lo había puesto el Principal, ya que a él en lugar de enanas se le aparecieron doce negros vestidos de guardia civil con unas porras con forma de pollas enormes, lo que le hicieron con las porras no se lo contaron y si el Principal disfrutó con ello lo dio por sentado.

Le explicó que durante la abducción le habían inyectado sangre para hacerle perder sus orígenes vampiricos, que le habían quitado la mayoría de sus aptitudes y que si no les hubiera encontrado, habría acabado hablando una lengua extraña, cuidando cabras, subiendo a torres humanas absurdas y siendo un jodido usurero hasta el fin de sus días.

Le sentaron en un sofá, le enchufaron un tubo que salía de una de las maquinas, y le dieron algo de comer. Le comentaron que le enchufaban al tubo de Mireia, una niña de 6 años de Amposta, la cual se puso muy contenta, le saludó y le deseo que disfrutara de su sangre. El niño vampiro no podía creer lo que estaba viendo.

Vampiro VII

No