La vida y milagros del niño vampiro VI
Se levantó y se acerco a la playa, hacia un sol espectacular. Su primera reacción fue refugiarse en la sombra más oscura que vio, para desde allí observar a la gente y buscar un poquito de sangre que le reanimara.
Sin embargo, pronto se dio cuanta que el sol ya no le afectaba como antes, notaba el calor penetrándole en la piel de una forma suave y agradable, notaba los rayos del sol por todo su cuerpo sin quemaduras ni descomposiciones, reacciones típicas en él ante la exposición solar sin protección.
Levantó la cabeza, estuvo unos diez minutos dejándose empapar por el sol y la brisa marina mientras oía el ruido de la gente en la playa. Iba vestido con bermudas, unas zapatos de tacón alto rosas y una camisa totalmente sucia estampada con palmeras rojas y verdes. Se puso las gafas de sol que encontró en el bolsillo de la camisa y se dirigió hacia un chiringuito a tomar una cerveza. El hedor a pescado y alcohol era cada vez más penetrante.
Llegó a la barra del chiringuito y por primera vez en su vida se vio reflejado en un espejo, era la primera vez que se veía la cara, se encontró tremendamente feo, más bien tremendamente distinto a lo que se había imaginado. Su estado era bastante lamentable, pero la vida tampoco había sido muy generosa con él.
Se dio cuenta que llevaba unas bragas usadas en la cabeza, se las quitó y las observó detenidamente, en la parte delantera de las mismas había un escrito bordado que decía “Atrápame, que mañana me caso....”, estaban firmadas por una tal Maica con pintalabios rojo chillón.
Se giró y observó la playa, nadie le miraba, la gente se apartaba de él únicamente por el olor, por nada más, se sentía libre y feliz por primera vez en la vida, era su primer instante de felicidad, cuando, de repente notó que alguien la tiraba del pantalón de los bermudas, miró hacia abajo y vio un niño pelirrojo de unos 4 años con un millón de pecas en la cara. Se quitó las gafas y le iba a preguntar que quería. No obstante, al abrir la boca, cayó una mezcla de sangre, mucosidad y bilis sobre la cabeza del niño.
El niño se puso a chillar y a llorar abrazándose a su pierna mientras gritaba “PAPA”. Intentó por todos los medios desprenderse del niño, empezó a apartarlo con las manos, las piernas, las mesas del chiringuito...Sabía lo que era que la gente le observara y le mirara mal, no tenía ganas que eso le volviera a pasar nunca más en toda su nueva vida.
Se fue al lavabo y después de ocho golpes con la tapa del retrete consiguió desprenderse del niño, el cual quedó lleno de mierda y encastado contra la pared del lavabo. Salió corriendo hacia fuera con la intención de cambiar rápidamente de bar. Corría mirando hacia atrás, hacia la puerta del lavabo medio abierta y hacia el niño de las pecas, no entendía nada de lo que le estaba pasando, quien era ese niño?, por que le había vomitado eso? De repente, tropezó con una mujer...
Era morena y alta, tenía unas curvas escondidas pero tremendamente espectaculares, tenía una mirada extremadamente sensual con unos ojos negros enormes que no le dejaban apartar la vista de ellos, sentía como todo él penetraba por esos agujeros negros que eran esos dos ojos, tuvo una erección instantánea.
El niño del lavabo se estaba despertando, le entró el pánico, quería irse corriendo, aunque no quería dejar pasar esa oportunidad, nunca más en su vida conseguiría estar tan cerca de una mujer así, al menos quería oír su voz para poder soñar con ella todas las noches de su vida.
En ese instante la mujer le miró y, sorprendida, le dijo “anda que casualidad, como que te fuiste tan pronto esta mañana y encima, con mis bragas usadas, guarrillo, que eres un guarrillo” quitándole las bragas de las manos y mostrándose tremendamente seductora. A lo que el niño vampiro respondió “he ido a por condones y un paquete de tabaco, chata” no era él quien hablaba, las palabras salían solas.
Vampiro V
Sin embargo, pronto se dio cuanta que el sol ya no le afectaba como antes, notaba el calor penetrándole en la piel de una forma suave y agradable, notaba los rayos del sol por todo su cuerpo sin quemaduras ni descomposiciones, reacciones típicas en él ante la exposición solar sin protección.
Levantó la cabeza, estuvo unos diez minutos dejándose empapar por el sol y la brisa marina mientras oía el ruido de la gente en la playa. Iba vestido con bermudas, unas zapatos de tacón alto rosas y una camisa totalmente sucia estampada con palmeras rojas y verdes. Se puso las gafas de sol que encontró en el bolsillo de la camisa y se dirigió hacia un chiringuito a tomar una cerveza. El hedor a pescado y alcohol era cada vez más penetrante.
Llegó a la barra del chiringuito y por primera vez en su vida se vio reflejado en un espejo, era la primera vez que se veía la cara, se encontró tremendamente feo, más bien tremendamente distinto a lo que se había imaginado. Su estado era bastante lamentable, pero la vida tampoco había sido muy generosa con él.
Se dio cuenta que llevaba unas bragas usadas en la cabeza, se las quitó y las observó detenidamente, en la parte delantera de las mismas había un escrito bordado que decía “Atrápame, que mañana me caso....”, estaban firmadas por una tal Maica con pintalabios rojo chillón.
Se giró y observó la playa, nadie le miraba, la gente se apartaba de él únicamente por el olor, por nada más, se sentía libre y feliz por primera vez en la vida, era su primer instante de felicidad, cuando, de repente notó que alguien la tiraba del pantalón de los bermudas, miró hacia abajo y vio un niño pelirrojo de unos 4 años con un millón de pecas en la cara. Se quitó las gafas y le iba a preguntar que quería. No obstante, al abrir la boca, cayó una mezcla de sangre, mucosidad y bilis sobre la cabeza del niño.
El niño se puso a chillar y a llorar abrazándose a su pierna mientras gritaba “PAPA”. Intentó por todos los medios desprenderse del niño, empezó a apartarlo con las manos, las piernas, las mesas del chiringuito...Sabía lo que era que la gente le observara y le mirara mal, no tenía ganas que eso le volviera a pasar nunca más en toda su nueva vida.
Se fue al lavabo y después de ocho golpes con la tapa del retrete consiguió desprenderse del niño, el cual quedó lleno de mierda y encastado contra la pared del lavabo. Salió corriendo hacia fuera con la intención de cambiar rápidamente de bar. Corría mirando hacia atrás, hacia la puerta del lavabo medio abierta y hacia el niño de las pecas, no entendía nada de lo que le estaba pasando, quien era ese niño?, por que le había vomitado eso? De repente, tropezó con una mujer...
Era morena y alta, tenía unas curvas escondidas pero tremendamente espectaculares, tenía una mirada extremadamente sensual con unos ojos negros enormes que no le dejaban apartar la vista de ellos, sentía como todo él penetraba por esos agujeros negros que eran esos dos ojos, tuvo una erección instantánea.
El niño del lavabo se estaba despertando, le entró el pánico, quería irse corriendo, aunque no quería dejar pasar esa oportunidad, nunca más en su vida conseguiría estar tan cerca de una mujer así, al menos quería oír su voz para poder soñar con ella todas las noches de su vida.
En ese instante la mujer le miró y, sorprendida, le dijo “anda que casualidad, como que te fuiste tan pronto esta mañana y encima, con mis bragas usadas, guarrillo, que eres un guarrillo” quitándole las bragas de las manos y mostrándose tremendamente seductora. A lo que el niño vampiro respondió “he ido a por condones y un paquete de tabaco, chata” no era él quien hablaba, las palabras salían solas.
Vampiro V





