El olor del café
Y tiré la cafetera sobre la encimera. El café se extendió rápidamente por cajones y suelo. Cogí el papel de cocina y lo empapé una y otra vez hasta que no quedó gota. Acerqué las manos hasta mi nariz y, como en uno de esos flasbacks perdidos, viajé a un pasado cercano, a la vida que llevaba antes de que el avión me devolviera a la realidad… el olor del café.
En Café Nero la jornada empezaba muy temprano, a las 5.30 de la mañana. Cuando te tocaba abrir la tienda madrugar adoptaba un nuevo significado (los despertadores deberían tener prohibido sonar tan pronto). Por otro lado, ver amanecer en Londres es algo precioso ya que, en una ciudad donde hay movimiento constante, las calles vacías y los primeros y escasos rayos de luz te hacen sentir especial. Lo primero era colocar la bollería en los estantes, arrancar la máquina y comprobar que la temperatura y el sabor del café se correspondiesen con los cánones de “el mejor café a este lado de Milán”. Una vez terminados los preparativos, bajabas a la oficina y te ponías el disfraz: pantalones negros, delantal negro y camiseta negra (para los suspicaces, Nero = negro). Volvías arriba y esperabas a la hora de apertura con Laura o Flor –las jefas- mientras te tomabas un café y charlabas de las tonterías típicas que le dan a uno por pensar a las 5.50 de la mañana. A las 6 en punto el primer puto inglés entraba por la puerta y ya era un no parar. Luego, hicieras lo que hicieras, las manos apestaban a café y todos nos quejábamos de nuestro eterno hedor.
Cuando derramé el café por la cocina le dije a mi madre sonriendo: “hacía tiempo que mis manos no olían así…que gusto”
En Café Nero la jornada empezaba muy temprano, a las 5.30 de la mañana. Cuando te tocaba abrir la tienda madrugar adoptaba un nuevo significado (los despertadores deberían tener prohibido sonar tan pronto). Por otro lado, ver amanecer en Londres es algo precioso ya que, en una ciudad donde hay movimiento constante, las calles vacías y los primeros y escasos rayos de luz te hacen sentir especial. Lo primero era colocar la bollería en los estantes, arrancar la máquina y comprobar que la temperatura y el sabor del café se correspondiesen con los cánones de “el mejor café a este lado de Milán”. Una vez terminados los preparativos, bajabas a la oficina y te ponías el disfraz: pantalones negros, delantal negro y camiseta negra (para los suspicaces, Nero = negro). Volvías arriba y esperabas a la hora de apertura con Laura o Flor –las jefas- mientras te tomabas un café y charlabas de las tonterías típicas que le dan a uno por pensar a las 5.50 de la mañana. A las 6 en punto el primer puto inglés entraba por la puerta y ya era un no parar. Luego, hicieras lo que hicieras, las manos apestaban a café y todos nos quejábamos de nuestro eterno hedor.
Cuando derramé el café por la cocina le dije a mi madre sonriendo: “hacía tiempo que mis manos no olían así…que gusto”
Comentario:
Me resulta curioso que hayas tenido este flashback sobre el café, pq precisamente yo he tenido otro ... estaba en madrid y pasé por un Starbucks (o como se escriba) y de repente senti la necesidad bien por apetencia bien por añoranza de entrar a pedirme un café con caramelo. Lo cierto es que mientras que me lo tomaba no dejaba de recordar aquel fin de semana y ... si otra vez mas me quemé la lengua con el dichoso café de caramelo XD
Comentario:
Pero qué simple y cobarde me siento. No sé hacer "proezas", no soy valiente... ¿Estaré perdiendo sensibilidad? ¡Por favor, que alguien me rescate entonces! Es más fácil admirar la vida de los demás que la propia.
¡Abrazos!
¡Abrazos!
Comentario:
El viento loco soplando en mil direcciones, el pelo irremediablemente en la cara, olor a mar revuelto...recuerdos de épocas no demasiado lejanas...
Comentario:
Aunque soy un defensor a ultranza del Colacao matutino, he de reconocer que ese aroma matutino de cafetería, cuando empieza la actividad de diaria es bastante acogedor.
Un abrazo desde Madrid!
P.D.: pon en el enlace "teoríaS", que si no, no sale la página, ejejejjeeejje!!!
Un abrazo desde Madrid!
P.D.: pon en el enlace "teoríaS", que si no, no sale la página, ejejejjeeejje!!!
Comentario:
Es curioso lo que nos pasa con el café. A casi nadie le gusta al principio, como pasa con la cerveza o el vino; son sabores a los que te acostumbras. Luego no podemos vivir sin él (al menos yo).





