Empatía
El mejor café de mi vida no vino de manos de un colombiano. Ni siquiera de un italiano. Polaco. Dedos fríos, lejanos del mediterráneo y de la mar caliente y la sangre encendida. Él puso el café bien triturado en el handle, recién sacado del grinder, y apretó con la fuerza necesaria –ni mucho ni poco, la cantidad exacta que sólo un buen barista sabría equilibrar en su cuerpo- contra el stamper para igualar el nivel del grano. Pulsó el botón y el agua caliente hizo el resto del trabajo convirtiendo tierra marrón en magia contra el cansancio. Puro trámite de alquimistas. Una vez ocupado un tercio de la taza con café, vertió un tercio de espuma seguido de un tercio de leche –para que haga pompa- y lo colocó sobre un platito acompañado con una cuchara de metal. “Tu capuchino, José”.
No hay duda de que, tras la experiencia londinense, he cambiado. Hay millones de detalles que me han enseñado a vivir y a mirar la vida de otra manera. Pero, sin duda alguna, mi gran hallazgo es la empatía. La capacidad para sentir lo que otros sienten o han sentido, para hacerlo mío y no verlo como algo lejano, intocable y palpable sólo en fotografías. No es lo mismo ver La Lista de Schindler y llorar por los polacos que fueron humillados y masacrados durante el periplo nazi a ver La Lista de Schindler sabiendo que familiares de la persona que te hizo el mejor café de tu vida lo sintieron en sus carnes. No lloras igual.
Es maravilloso estar sentado aquí, justo aquí, en la misma silla de antes, con los pies apoyados al lado de la tele, con Jano bajo mis pies y saberme distinto. Poder pensar en Brasil, en Italia, en Korea, en Japón o en Polonia como algo mío. Nuestro. Empático.
Con respecto al café, ya no hay capuchinos como los de antes.
Comentario:
´Querría hacerte una pregunta: ¿qué pasa cuando tus ideales se rompen? ¿Cuando la vida te pone en un sitio que no era el que deseabas hace años? ¿qué se hace cuando creces sin remediarlo?
Comentario:
Estaba pensando...
Puede que la rutina sea ahora el mayor de los obstáculos. El pecado capital. La vida "normal", el regreso a lo "habitual"...
Es crudo pensar que la empatía pueda ser vencida por el aburrimiento de lo habitual.
El regreso a la normalidad, a lo que estaba lejos y ahora esta de nuevo cerca y no ha cambiado, es tan fuerte... tan poderoso... capaz de matar lo que queda atrás.
Sólo creo válida una forma de mantener viva esa empatía. Alimentarla con MÁS.
MÁS aventuras.
Puede que no con japoneses, ni con polacos, ni con sicilianos/as,... o si.
La búsqueda de aventuras. Cruzadas en contra del aburrimiento. Ahora que somos valientes y hemos estado al filo de una tabla quebrada sobre un mar de tiburones. Ahora que hemos conocido la empatía, la única forma de hacerla sobrevivir es alimentarla con más aventuras.
Si nuestras aventuras acaban, la empatía se apaga.
Puede que la rutina sea ahora el mayor de los obstáculos. El pecado capital. La vida "normal", el regreso a lo "habitual"...
Es crudo pensar que la empatía pueda ser vencida por el aburrimiento de lo habitual.
El regreso a la normalidad, a lo que estaba lejos y ahora esta de nuevo cerca y no ha cambiado, es tan fuerte... tan poderoso... capaz de matar lo que queda atrás.
Sólo creo válida una forma de mantener viva esa empatía. Alimentarla con MÁS.
MÁS aventuras.
Puede que no con japoneses, ni con polacos, ni con sicilianos/as,... o si.
La búsqueda de aventuras. Cruzadas en contra del aburrimiento. Ahora que somos valientes y hemos estado al filo de una tabla quebrada sobre un mar de tiburones. Ahora que hemos conocido la empatía, la única forma de hacerla sobrevivir es alimentarla con más aventuras.
Si nuestras aventuras acaban, la empatía se apaga.
Comentario:
Y a eso súmale la empatía del tiempo, no sólo la del espacio. Un viejo, un niño, un adolescente, una mujer, un hombre... Eso es mirar desde la Bondad de un Hombre, Amar desde los ojos de un niño y predicar con la serenidad segura de los locos.
Comentario:
www.flickr.com/photos/brunoat
wow
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