El buen Bardo
Su voz calma. Es sanadora. Tiene la capacidad de leer en tu mirada, de distinguir entre lo que piensas, deseas y temes. De un solo vistazo sabe exactamente lo que tiene que decir, lo que necesitas escuchar. Puede hacerte reír, llorar, amar, odiar. Es el poder de la palabra –en todos sus sentidos-.
Sus manos guían. Mueven el aire que les rodea, interrumpen tu mundo. Mientras habla ningún movimiento es en vano. Abrir, golpear, rozar, chocar, señalar…cerrar. Como un mago haría para distraer tu mirada, el buen bardo usa sus gestos para adentrarte en un mundo alternativo –pero real- en el que los problemas que te atormentaban empiezan a ser brisa fresca.
El alma, el alma les sale por todas partes. Casi la puedes ver. Casi tocar. El buen bardo canta, baila, brinca, corre, juega, disfruta, carcajea… pero también sufre, lamenta, acompaña, derrama y se atormenta por ti.
Y, ante todo, por encima de cualquier virtud, el buen Bardo es Feliz siendo el buen Bardo.
¿Quién eres tú?
Comentario:
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Puede que una simple estrella. Una más de tantas. Lejana, alta, contemplativa a pesar de brillar y brillar... ¡Pero llena de ilusión!
Comentario:
Pero como molannnnnnnn las foootoossss!!
Comentario:
Aunque a veces... lo que hace falta no son piratas ni bardos. Hacen falta héroes.
Comentario:
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Cara sonriente, mirada inquieta, palabra sincera, tajante; corazón decidido y reflexivo; aplastante lógica y cabezonería enorme. Pena rápida y fugaz. Alma alborotada y felicidad fácil.
¿Y quién dices que soy yo?
¿Y quién dices que soy yo?





