Se acerca el Invierno
Se acerca el Invierno, y cada página que paso más responsable me siento de las nevadas que acechan España. Es como cuando Bastian, encerrado en el desván del colegio, asoma la cabeza por un tragaluz y grita al cielo “hija de la luna”, el nombre que nos salvara a todos de la nada. Igual que él, últimamente me oculto bajo la luz del flexo día y noche para leer a escondidas.
Leer es un acto humano y, como tal, exige cierta responsabilidad. No todo el mundo es capaz de comprender que los detalles nimios y pequeños de la vida son los que, al final del día, provocan cambios en la humanidad. Cada vez que pasamos la página forzamos la continuación de la historia. Cada vez que pasamos la página damos vida o muerte, esperanza o desequilibrio, valor o cobardía, verano o invierno… Cada vez que cerramos un libro damos eternidad u olvido –según corresponda- a las almas que antes sólo eran palabras.
Es como cuando Harold descubre que es un personaje de la nueva novela de Kay Eiffel en la película “Más extraño que la ficción”, y se siente marioneta en un mundo que domina su autor/lector. Hoy leo “Juego de Tronos, canción de Hielo y Fuego”, el tiempo más allá de mi ventana cambia radicalmente. Donde había Sol hay nubes y, mientras el largo verano termina, empieza el duro invierno. Me siento dueño de un mundo maniqueo, mi lectura se hace real y en las calles veo letras andando.
Hoy, me asomo por el balcón de mi cuarto y lo único que se me ocurre decir es que se acerca el Invierno.
Leer es un acto humano y, como tal, exige cierta responsabilidad. No todo el mundo es capaz de comprender que los detalles nimios y pequeños de la vida son los que, al final del día, provocan cambios en la humanidad. Cada vez que pasamos la página forzamos la continuación de la historia. Cada vez que pasamos la página damos vida o muerte, esperanza o desequilibrio, valor o cobardía, verano o invierno… Cada vez que cerramos un libro damos eternidad u olvido –según corresponda- a las almas que antes sólo eran palabras.
Es como cuando Harold descubre que es un personaje de la nueva novela de Kay Eiffel en la película “Más extraño que la ficción”, y se siente marioneta en un mundo que domina su autor/lector. Hoy leo “Juego de Tronos, canción de Hielo y Fuego”, el tiempo más allá de mi ventana cambia radicalmente. Donde había Sol hay nubes y, mientras el largo verano termina, empieza el duro invierno. Me siento dueño de un mundo maniqueo, mi lectura se hace real y en las calles veo letras andando.
Hoy, me asomo por el balcón de mi cuarto y lo único que se me ocurre decir es que se acerca el Invierno.
Gracias 2006
Gracias a las paredes del 23 de Swaton Road, en el barrio de Bow, por soportar mis innumerables monólogos, mi orden desordenado, la cama mal hecha y –sobretodo- por los puñetazos que, como buena amiga, soportaste cuando el dolor de muelas se hizo insufrible. Gracias al mejor café a ese lado de Milán, el Nero, porque descubrieron rápidamente que durante la primera hora de trabajo no soy capaz de hablar ya que, en el fondo, y por mucha cafeína gratis que pueda tomar, sigo dormido. Laura, Flor, Justine, Vini, Jean y Darek: you´re the best. Gracias a mi fiel compañero de viajes, el pirata Roberts, con el que –entre otras aventuras- surqué los mares de China en el inicio del año del Perro y juntos disfrutamos de manjares salidos de babosas salivosas. Thanks, Oxford, you gave me the english, the pints after class, my germans, japaneses, chineses, koreans, greeks, turkishs, polonians and, of course, italians friends (FRIENDS). Gracias a Covent Garden y su “Road Pub”, que escuchó entre las líneas de una canción de Savage Garden las ambiciones de seis granadinos con aires de grandeza. Gracias a la intervención divina que hizo que ayudara a mis padres a encontrar el Hotel en Bayswater y a los desayunos que me agencie de manera gratuita cada mañana. Gracias a Granada, por dejarme volver. Gracias por aquel curioso y friki viaje a Barcelona, por el tren, por las carcajadas, por la teniente, el comandante, el doctor, el cabo y el capitán…y sí, quema como el primero. Gracias por la aventura de viajar en tren, por las visitas virtuales, por la dieta del sándwich, rebanada y canapé, por Urbino, por tocar el dedo de Dios y del Hombre al mismo tiempo, por la mejor pizza del mundo (gra-gna-nio-la), por lo wáteres con puertas abiertas, por escuchar cienes de veces la leyenda de Ljubljana, por los “romaaaanos” en el Coliseo, por las noches de munchkin, por los peces, por el Queso… Gracias por la sempiterna playa honda y las noches de calidad. Gracias porque casi todos mis amigos son excepcionales y, el resto, son de verdad. Gracias por darnos “Mala Suerte” y hacernos parte de tu historia. Gracias por aquel “perdón” entre bambalinas etílicas de boda. Gracias porque, aunque no te veo, seguimos siendo parte de la misma clase. Gracias por las inmortales partidas de mus –que por cierto, terminásteis el año perdiendo-, por usar un whisky cuando no me quedaban mancatos y seguro que iba a morir, por hechizar al Balrog cuando me ayudaste a matarlo por sólo un tesoro, por lo maravilloso que es escapar de una prisión nazi con la ayuda de Steeve MacQueen, porque se acerca el invierno y superé vivo una vida en el Trono, en definitiva, gracias por ser mucho más que compañeros de juegos. Gracias por dejarme ser tu compañero grupero lero lero, por las efectivas preparaciones, por la imaginación, por la seriedad y por tus ganas de ser siempre mejor. Gracias a las que vinieron desterradas de Badajoz, a las viejas glorias y a las nuevas, por hacernos a todos más completos. Gracias a los veintidós por ser parte de mi vida. Gracias por un cumpleaños tan magnífico con visitas inesperadas de gente que aún pareciendo que no está, nunca dejó de estar. Gracias por las charlas allende el mar. Gracias por un inesperado e intergeneracional fin de año, fue “mú guay”, cojones. Gracias por mirarme a los ojos y contarme tus penas, que ahora son mías, a mucha honra. Gracias por decir siempre aquello de “aquí se separan nuestros caminos”. Gracias por ser de verdad.
Gracias por la Arcadia. Gracias por entender que hay cosas que mi memoria salta, pero no desecha, a la hora de escribir. Gracias por compartir mis Noches de Cierre. Y, por si todavía no ha quedado claro, con todo esto quería decirte que Gracias por estar ahí.





