Tu pasado
¿Habéis pensado alguna vez en viajar al pasado? Quiero decir, en si fuera posible. Sería genial, ¿verdad?
Podrías volver y no pasar el mal rato que pasaste con aquella chica a la que le dijiste que te gustaba y se rió en tu cara. O quizás podrías declararte a tu amor platónico de octavo, al que nunca conseguiste olvidar. Podrías obligarte a hacer más deporte y comer menos. Te dirías las preguntas de los exámenes que suspendiste y los secretos para ser un buen aprendiz. Quién es tu amigo y quién no. Evitarías los momentos en los que tanto lloraste. No verías películas que terminaste aborreciendo. Ahorrarías el dinero que gastaste en tonterías a las que no diste ningún uso. Sabrías lo que quieres estudiar desde párvulos, ahorrándote las dudas y desesperaciones. Todos los errores serían aciertos.
Menudo montón de mierda, ¿no?
Gracias a aquel mal rato aprendiste a elegir mejor a la chica. El no declararte hizo que te prometieses a ti mismo que nunca más dejarías escapar una oportunidad. No aprenderías lo importante que es cuidarse a uno mismo para sentirse bien. Si no hubieras suspendido lengua no hubieras descubierto lo maravilloso que se esconde tras las palabras. Si no estimas una lágrima no sabes valorar una sonrisa. No apreciarías tanto la amistad ni el buen cine ni tus aficiones. No tendrías convicciones. Nunca, nunca, nunca averiguarías que los errores siempre terminan siendo aciertos.
Nuestra historia es irrepetible, somos lo que somos gracias a lo que fuimos. Y, lo que es más importante, seremos lo que seremos gracias a lo que hoy queremos ser.
“Nos caemos para aprender a levantarnos”, amigo.
Podrías volver y no pasar el mal rato que pasaste con aquella chica a la que le dijiste que te gustaba y se rió en tu cara. O quizás podrías declararte a tu amor platónico de octavo, al que nunca conseguiste olvidar. Podrías obligarte a hacer más deporte y comer menos. Te dirías las preguntas de los exámenes que suspendiste y los secretos para ser un buen aprendiz. Quién es tu amigo y quién no. Evitarías los momentos en los que tanto lloraste. No verías películas que terminaste aborreciendo. Ahorrarías el dinero que gastaste en tonterías a las que no diste ningún uso. Sabrías lo que quieres estudiar desde párvulos, ahorrándote las dudas y desesperaciones. Todos los errores serían aciertos.
Menudo montón de mierda, ¿no?
Gracias a aquel mal rato aprendiste a elegir mejor a la chica. El no declararte hizo que te prometieses a ti mismo que nunca más dejarías escapar una oportunidad. No aprenderías lo importante que es cuidarse a uno mismo para sentirse bien. Si no hubieras suspendido lengua no hubieras descubierto lo maravilloso que se esconde tras las palabras. Si no estimas una lágrima no sabes valorar una sonrisa. No apreciarías tanto la amistad ni el buen cine ni tus aficiones. No tendrías convicciones. Nunca, nunca, nunca averiguarías que los errores siempre terminan siendo aciertos.
Nuestra historia es irrepetible, somos lo que somos gracias a lo que fuimos. Y, lo que es más importante, seremos lo que seremos gracias a lo que hoy queremos ser.
“Nos caemos para aprender a levantarnos”, amigo.
Seres intempestivos
Seres intempestivos
Cada día, cuando saco a Jano, paso miedo. Miedo. Hay unos seres intempestivos –agrias personas en su mayoría con más arrugas que años, calvos de infancia y llenos de ideas sin verbigracia, dotados de mucho tiempo y verborrea diarréica que te sorprenden contra todo pronóstico, haciendo lo previsible improbable y provocando una tempestad que impide y tapona toda opción de un paseo tranquilo y pacífico con tu perro-. Y me asustan. Hay dos especialmente aterradores: “la de la manzana” y “el hipnotizador”.
La de la manzana aparece por sorpresa, siempre a tus espaldas. Cuando menos te lo esperas una voz quejumbrosa, temblorosa, agrietada como bruja de cuento, irrumpe en tu cogote: “¡Qué buenos paseos te da tu amo!” Y sí, cuando hay signos de exclamación es porque grita. Grita mucho y bien. Cada vez que escucho eso voz temo darme la vuelta. Mi primer impulso es seguir andando y tirar de la correa fuertemente, para que Jano no se debilite y termine dándose la vuelta. “¡¿No me oyes o qué?!” El tono de su voz se hace más profundo, como si fuera un emperador enfadado ante un oscuro súbdito que se rebela. Jano no puede evitarlo y se da la vuelta. La ancianita siempre va con una pequeña, blanca y lanuda perrita de exposición que se pone nerviosa muy rápido. “Sujeta a tu perro que es muy grande y la mía tiene reuma, la pobre, y hace poco un perro le atacó y está muy dolorida por aquello. La pobre, con el reuma. Si no tuviera reuma. La pobre… El reuma………… ¡tú me gustas!” Me mira a los ojos. “Tú me gustas más que los otros que sacan a tu perro…eres más simpático” Se acerca y me coge del brazo. Y ronronea. Y aprieta. Y me mira. Es entonces cuando lo veo claramente. Quiere darme la manzana envenenada. Y reacciono. Bueno señora, que me tengo que ir. Echamos a andar y no miro atrás. “Dont look back, dont look back”.
El hipnotizador es más peligroso. Puede estar sentado en la plaza o paseando por una calle transitada, como mesones, pero siempre da contigo. Te huele. Y cuando te huele ya no puedes escapar. Una vez que lo tienes delante NUNCA abras la boca, porque a cualquier cosa le saca un discurso filosófico. Te hipnotiza. Este es un caso real:
- H: Buenos días
- JE: Buenos días (error!!!!!)
- H. Bueno, más que buenos días, buenas tardes que son las 12
- JE: jajaja, si, los domingos, ya se sabe (la has cagado)
- H: Hoy te voy a decir una cosa. La juventud es la época en la que cuerpo y alma se encuentran en el mejor momento de su existencia, por tanto debe ser el momento en el que la curva de la vida esté más en alza. Al igual que el joven tiene que trabajar, y es un trabajo muy duro el estudiar, quizás el más duro, también tiene que descansar y divertirse. Tiene que encontrar tiempo para todo, porque disfrutando de los amigos, del sexo opuesto, de las relaciones, es la única manera de que el joven sea completo. De que encuentre la manera de rebelarse contra sus padres, en el buen sentido. El joven necesita rebelarse para poder salir del seno materno y paterno. La única manera de ser feliz y libre es rebelarse contra el mundo. Rebélate…. (etc, etc)
- JE –minutos más tarde-: Bueno, que nos tenemos que ir
Y huyes, pues está claro, son seres intempestivos.
Cada día, cuando saco a Jano, paso miedo. Miedo. Hay unos seres intempestivos –agrias personas en su mayoría con más arrugas que años, calvos de infancia y llenos de ideas sin verbigracia, dotados de mucho tiempo y verborrea diarréica que te sorprenden contra todo pronóstico, haciendo lo previsible improbable y provocando una tempestad que impide y tapona toda opción de un paseo tranquilo y pacífico con tu perro-. Y me asustan. Hay dos especialmente aterradores: “la de la manzana” y “el hipnotizador”.
La de la manzana aparece por sorpresa, siempre a tus espaldas. Cuando menos te lo esperas una voz quejumbrosa, temblorosa, agrietada como bruja de cuento, irrumpe en tu cogote: “¡Qué buenos paseos te da tu amo!” Y sí, cuando hay signos de exclamación es porque grita. Grita mucho y bien. Cada vez que escucho eso voz temo darme la vuelta. Mi primer impulso es seguir andando y tirar de la correa fuertemente, para que Jano no se debilite y termine dándose la vuelta. “¡¿No me oyes o qué?!” El tono de su voz se hace más profundo, como si fuera un emperador enfadado ante un oscuro súbdito que se rebela. Jano no puede evitarlo y se da la vuelta. La ancianita siempre va con una pequeña, blanca y lanuda perrita de exposición que se pone nerviosa muy rápido. “Sujeta a tu perro que es muy grande y la mía tiene reuma, la pobre, y hace poco un perro le atacó y está muy dolorida por aquello. La pobre, con el reuma. Si no tuviera reuma. La pobre… El reuma………… ¡tú me gustas!” Me mira a los ojos. “Tú me gustas más que los otros que sacan a tu perro…eres más simpático” Se acerca y me coge del brazo. Y ronronea. Y aprieta. Y me mira. Es entonces cuando lo veo claramente. Quiere darme la manzana envenenada. Y reacciono. Bueno señora, que me tengo que ir. Echamos a andar y no miro atrás. “Dont look back, dont look back”.
El hipnotizador es más peligroso. Puede estar sentado en la plaza o paseando por una calle transitada, como mesones, pero siempre da contigo. Te huele. Y cuando te huele ya no puedes escapar. Una vez que lo tienes delante NUNCA abras la boca, porque a cualquier cosa le saca un discurso filosófico. Te hipnotiza. Este es un caso real:
- H: Buenos días
- JE: Buenos días (error!!!!!)
- H. Bueno, más que buenos días, buenas tardes que son las 12
- JE: jajaja, si, los domingos, ya se sabe (la has cagado)
- H: Hoy te voy a decir una cosa. La juventud es la época en la que cuerpo y alma se encuentran en el mejor momento de su existencia, por tanto debe ser el momento en el que la curva de la vida esté más en alza. Al igual que el joven tiene que trabajar, y es un trabajo muy duro el estudiar, quizás el más duro, también tiene que descansar y divertirse. Tiene que encontrar tiempo para todo, porque disfrutando de los amigos, del sexo opuesto, de las relaciones, es la única manera de que el joven sea completo. De que encuentre la manera de rebelarse contra sus padres, en el buen sentido. El joven necesita rebelarse para poder salir del seno materno y paterno. La única manera de ser feliz y libre es rebelarse contra el mundo. Rebélate…. (etc, etc)
- JE –minutos más tarde-: Bueno, que nos tenemos que ir
Y huyes, pues está claro, son seres intempestivos.
Un camarote de los baratos
Cuando desperté, Jano estaba encasquillado en mi costado. Dormía en la misma postura cenital que yo, casi parecía que seguía soñando por donde lo había dejado. Sin embargo, desconozco si tenía la vejiga en el mismo quejumbroso estado que la mía. Odio despertarme por tan líquidas razones. Y odio aún más poner los pies en el suelo y descubrir que mi casa se inunda.
El agua llegaba hasta los tobillos. Mis calcetines chorreaban mientras Jano volvía de aquel sueño nuestro. Sin duda, algún barco enemigo había aprovechado nuestro letargo para clavarnos un balazo en toda la popa. Miré el reloj, eran las 5.15. “Maldita sea, hora capicúa”, pensé. “Seguro que eso significa algo…qué rabia me dan estas extrañas coincidencias…últimamente siempre miró el reloj en una hora capicúa... ¿Cómo sería una hora capicúa en un reloj de arena? Tengo que escribir de esto en el blog...” De repente el agua consiguió despertarme de tan estúpido y absurdo maleficio que mantenía mi inconsciente ego observando puntos luminosos en el tradicional despertador de mesita de noche marca SAMI que ya anunciaba las 5.17. Lamentable.
El teléfono suena mientras me abro paso por el pasillo. Descuelgo. “¡¿Diga?!”. Hola soy la vecina, ¿sabes?, no dejan de caer gotas del techo, ¡qué problema!, mira a ver si hay algo raro en tu casa. “Como no sea que hay un palmo de agua en el suelo, no se me ocurre qué puede ser”. Aham, pues mira a ver si puedes hacer algo por ahí, a ver qué se te ocurre. “¿Puedo colgar?”. Vale, vale, pues ya me contarás como os va, ¿vale?, ¿y tus padres como siguen? “Tus muertos”, y cuelgo.
Después de despertar al contramaestre y al resto de la tripulación nos pusimos manos a la obra. Por lo visto, en una extraordinaria estratagema llevada a cabo por el enemigo, la lavadora se había abierto en funcionamiento. Tiene cojones. Nos preparamos para el contraataque con todo el arsenal del que disponíamos: fregonas, recogedores, toallas y periódicos. Jano se dispuso en una habitación desde la que dictaba órdenes a todos. No se movió de allí, dando ejemplo.
Llegado el momento, y cuando ya estaba el suelo de la cocina prácticamente seco, nos acercamos a la lavadora. Bajo ella había uno de esos charcos que se forman en la calle cuando llueve. Suena el teléfono. “¡¿Diga?!”- pregunto con toda la amabilidad que el momento disponía-. Hola, mira, que soy la vecina, que sigue cayendo agua, a ver si es que todavía tenéis por ahí algo mal. “Sí”. Eso me imaginaba yo, que algo raro pasaba… bueno, que antes se ha cortado, te decía que cómo siguen tus padres… “Tus muelas”, y cuelgo.
Recupere la fregona y seguí escurriendo agua. Aquello empezaba a ser una de esas situaciones en las que te pones a hacer algo mecánicamente mientras te dedicas a pensar en otras cosas. Yo no podía quitarme de la cabeza el hecho de que tenía tanta orina almacenada como agua había salido de la lavadora. Mi imaginación me gastaba malas pasadas mostrándome un video mental en el que mi vejiga explotaba y el pis arrollaba todas las esquinas secas que quedaban en casa… Se me ocurrió que si meaba en el suelo no se notaría nada en absoluto. Después de todo, era agua “fertilizada”. Agua a fin de cuentas. Seguro que los pasajeros del Titanic cuando veían que se hundía el barco no les dio por pensar en la higiene. Total, se iban a morir ahogados allí, mejor hacerlo sin agobios ni estresses provocados por la micción. Además, en un camarote de los baratos -que es donde se murió la gente-, más de uno se meó en el honor del padre y la madre de algún ingeniero ricachón. Fijo.
Miré a mí alrededor y me di cuenta de que todos estaban a lo suyo, nadie me prestaba atención. "Esta va por ustedes", dije pensando en los pasajeros del Titanic mientras alzaba la izquierda al cielo como lo haría un torero en la plaza y, con la otra, agarraba el "capote". Ese hubiera sido el momento preciso y precioso en el que hubiera meado en el suelo de no ser por el teléfono: “¡¡¿¿Diga??!!” Hola, mira, que soy la vecina, que ya no sale agua y me voy a la calle, luego cuando vuelva os llamo otra vez, ¿os hace falta algo? “Sí”. ¿Qué? “Mear”.
Al final, tapamos el agujero y todo volvió a la normalidad. Fui al water.
(Puede que la historia real diste en mucho de lo aqui narrado...pero se parecen en un 99%)
El agua llegaba hasta los tobillos. Mis calcetines chorreaban mientras Jano volvía de aquel sueño nuestro. Sin duda, algún barco enemigo había aprovechado nuestro letargo para clavarnos un balazo en toda la popa. Miré el reloj, eran las 5.15. “Maldita sea, hora capicúa”, pensé. “Seguro que eso significa algo…qué rabia me dan estas extrañas coincidencias…últimamente siempre miró el reloj en una hora capicúa... ¿Cómo sería una hora capicúa en un reloj de arena? Tengo que escribir de esto en el blog...” De repente el agua consiguió despertarme de tan estúpido y absurdo maleficio que mantenía mi inconsciente ego observando puntos luminosos en el tradicional despertador de mesita de noche marca SAMI que ya anunciaba las 5.17. Lamentable.
El teléfono suena mientras me abro paso por el pasillo. Descuelgo. “¡¿Diga?!”. Hola soy la vecina, ¿sabes?, no dejan de caer gotas del techo, ¡qué problema!, mira a ver si hay algo raro en tu casa. “Como no sea que hay un palmo de agua en el suelo, no se me ocurre qué puede ser”. Aham, pues mira a ver si puedes hacer algo por ahí, a ver qué se te ocurre. “¿Puedo colgar?”. Vale, vale, pues ya me contarás como os va, ¿vale?, ¿y tus padres como siguen? “Tus muertos”, y cuelgo.
Después de despertar al contramaestre y al resto de la tripulación nos pusimos manos a la obra. Por lo visto, en una extraordinaria estratagema llevada a cabo por el enemigo, la lavadora se había abierto en funcionamiento. Tiene cojones. Nos preparamos para el contraataque con todo el arsenal del que disponíamos: fregonas, recogedores, toallas y periódicos. Jano se dispuso en una habitación desde la que dictaba órdenes a todos. No se movió de allí, dando ejemplo.
Llegado el momento, y cuando ya estaba el suelo de la cocina prácticamente seco, nos acercamos a la lavadora. Bajo ella había uno de esos charcos que se forman en la calle cuando llueve. Suena el teléfono. “¡¿Diga?!”- pregunto con toda la amabilidad que el momento disponía-. Hola, mira, que soy la vecina, que sigue cayendo agua, a ver si es que todavía tenéis por ahí algo mal. “Sí”. Eso me imaginaba yo, que algo raro pasaba… bueno, que antes se ha cortado, te decía que cómo siguen tus padres… “Tus muelas”, y cuelgo.
Recupere la fregona y seguí escurriendo agua. Aquello empezaba a ser una de esas situaciones en las que te pones a hacer algo mecánicamente mientras te dedicas a pensar en otras cosas. Yo no podía quitarme de la cabeza el hecho de que tenía tanta orina almacenada como agua había salido de la lavadora. Mi imaginación me gastaba malas pasadas mostrándome un video mental en el que mi vejiga explotaba y el pis arrollaba todas las esquinas secas que quedaban en casa… Se me ocurrió que si meaba en el suelo no se notaría nada en absoluto. Después de todo, era agua “fertilizada”. Agua a fin de cuentas. Seguro que los pasajeros del Titanic cuando veían que se hundía el barco no les dio por pensar en la higiene. Total, se iban a morir ahogados allí, mejor hacerlo sin agobios ni estresses provocados por la micción. Además, en un camarote de los baratos -que es donde se murió la gente-, más de uno se meó en el honor del padre y la madre de algún ingeniero ricachón. Fijo.
Miré a mí alrededor y me di cuenta de que todos estaban a lo suyo, nadie me prestaba atención. "Esta va por ustedes", dije pensando en los pasajeros del Titanic mientras alzaba la izquierda al cielo como lo haría un torero en la plaza y, con la otra, agarraba el "capote". Ese hubiera sido el momento preciso y precioso en el que hubiera meado en el suelo de no ser por el teléfono: “¡¡¿¿Diga??!!” Hola, mira, que soy la vecina, que ya no sale agua y me voy a la calle, luego cuando vuelva os llamo otra vez, ¿os hace falta algo? “Sí”. ¿Qué? “Mear”.
Al final, tapamos el agujero y todo volvió a la normalidad. Fui al water.
(Puede que la historia real diste en mucho de lo aqui narrado...pero se parecen en un 99%)
18.30
Granada ha podido presumir siempre de contar con un suculento y variado numero de gilipollas –como supongo que en cualquier lugar del mundo-. Sin embargo, lejos de ser algo “malo”, el hecho de que abunden imbéciles implica que hay un opuesto. Para que haya blanco, tiene que haber negro. Para que haya cielo, tierra. Ya sabéis por donde voy.
Hoy encontré un claro ejemplo. La calle Gran Vía estaba abarrotada y, escondido entre la marabunta, un servidor se abría paso. Más o menos a mitad de calle, me encuentro cienes y cienes de niños vestidos de blanco y negro, con el pelo engominado con un sentido de la empatía difícilmente superable. Digo empatía porque saben ponerse en la piel de los demás, de hecho, todos iban vestidos igual, hablaban igual, gritaban igual, alargaban las vocales igual… Y sí, hacían cola para entrar a Granada 10 (a las 18.30!!), que por si no la conocéis, es un lugar donde se pone (y se ponen) la música que a todos gusta. En fin, dejando atrás esta marcha temprana –en todos los sentidos- continúo mi azarosa caminata. Cien pasos después, empiezo a oír música “rara”, distinta. Creo que japonesa. Viene del Instituto Padre Suárez. Allí unos jóvenes vestidos con camisetas de todos los colores, se divierten con juegos de mesa, películas, gymkhanas, videojuegos, talleres…¡Hasta leían! En un cartel pone III Jornadas de puertas abiertas Asociación Kiseki. Tengan la edad que tengan, saben ser niños.
Pues eso, que en Granada siempre ha habido de todo. A los hechos me remito… ¿Que quién es quién? Sacad vuestras conclusiones, si lo hiciera yo sería muy gilipollas.
Hoy encontré un claro ejemplo. La calle Gran Vía estaba abarrotada y, escondido entre la marabunta, un servidor se abría paso. Más o menos a mitad de calle, me encuentro cienes y cienes de niños vestidos de blanco y negro, con el pelo engominado con un sentido de la empatía difícilmente superable. Digo empatía porque saben ponerse en la piel de los demás, de hecho, todos iban vestidos igual, hablaban igual, gritaban igual, alargaban las vocales igual… Y sí, hacían cola para entrar a Granada 10 (a las 18.30!!), que por si no la conocéis, es un lugar donde se pone (y se ponen) la música que a todos gusta. En fin, dejando atrás esta marcha temprana –en todos los sentidos- continúo mi azarosa caminata. Cien pasos después, empiezo a oír música “rara”, distinta. Creo que japonesa. Viene del Instituto Padre Suárez. Allí unos jóvenes vestidos con camisetas de todos los colores, se divierten con juegos de mesa, películas, gymkhanas, videojuegos, talleres…¡Hasta leían! En un cartel pone III Jornadas de puertas abiertas Asociación Kiseki. Tengan la edad que tengan, saben ser niños.
Pues eso, que en Granada siempre ha habido de todo. A los hechos me remito… ¿Que quién es quién? Sacad vuestras conclusiones, si lo hiciera yo sería muy gilipollas.





