Aquellas noches de Cierre
¿Y todavía te preguntas qué es la Arcadia?
Acerca de
Me encantan cuando me preguntan quién soy. Tengo millones de respuestas preparadas y otras que están por venir...mientras que me decido por una digamos que soy El Buen Bardo...
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Sindicación
 
ORGULLO
Es extraño esto del orgullo. No es la primera vez que siento algo parecido este año, pero siempre ha sido con las mismas personas. ORGULLO. La primera vez consiguieron emocionarme –lagrimas incluidas-, me hicieron creer que estaban a mi lado, pero en realidad nos separaba toda una línea de vuelos baratos. En aquella ocasión estaba tumbado en una pequeña cama de un pequeño cuarto de un pequeño barrio de la inmensa Londinium. Tenía el portátil abierto sobre mis piernas y en la lista de reproducción sólo una pista: “Festinav 2005”. No podía creer lo que estaba viendo, no podía creer que “mis niños” fueran capaces de subirse a un escenario y hacer “eso”. Y no pude evitar sentir envidia primero y, luego, un orgullo que recorrió todo mi cuerpo.

Hace una semana les vi mirar al futuro de frente, diciéndole adiós al colegio que les había visto crecer. Entre abrazos y enhorabuenas, lo del orgullo volvió a aparecer… Y el sábado, me encuentro a un grupo de jóvenes gritando aquello de “testinaltidominidietro…” con una chispa incomparable, atentos a 50 niños, escribiendo detalles, organizando juegos, llevando reuniones, responsabilizándose de personas y actividades, cocinando, fregando o siendo del maravilloso equipo de coordinación… y siempre con tiempo para darse la vuelta, mirarme a la cara y dedicarme una sonrisa.

Es puro orgullo.
 
Emociones
¿Es tan dificil hacer la pregunta adecuada?
¿Por qué es tan fácil hacer la inadecuada?
 
Similitudes

Las comparaciones son odiosas, lo sé… pero también divertidas. Cada cierto tiempo, aparecía una persona en mi vida que me decía que le recordaba a Tom Hanks. “Eres igualito que él en la película Big” ha sido el comentario más repetido. En fin, yo sigo sin aceptarlo, pero esta página web ha decidido ir en mi contra:

http://www.myheritage.com./FP/Company/face_recognition.php?s=1&u=g0&lang=EN&restore&category=1


Mis parecidos son:

Tom hanks 73
Matt Dilon 62
Ian SOmerhalder 60
Orlando Bloom 58
Alfred Molina 57
Bob Dylan 54
Joaquin Phoenix 53
Meat Loaf 53
Trygve Lie 52
Lyndon B. Jhonson 50

No está mal, eh ? Bueno, compartid resultados ^__^
 
Marrón


“¡Eh tú, el marrón!” El marrón… ¿Seré yo el marrón? Miro mis pantalones, efectivamente marrones. La camiseta, sí, tan marrón como Chewbacca. Vale, doy por bueno lo de marrón. Levanto la mirada y vuelvo a mirar al niño que, rompiendo en lágrimas, señala con el dedo a una retriever que en estos momentos está siendo olisqueada por Jano…sí, ya sabéis dónde estaba olisqueando. Es un marrano. “¡Por favor coja a Cara del cuello!”, grita descosido el chavea. Todo fue trabajo en equipo, mientras que Jano distraía a la perrita haciéndole cosquillitas en lo que no es el rabo yo la agarre por el collar, dando tiempo de sobra a Javi, el niño, a que llegara a mi lado.

“Esquenosacabamosdemudaryantesviviamosenelcampo y entonces cadavezquelasacoahoraseescapa y entonces esmuydifícilquesequedeamilado y entonces seescapaylopasomumalporquesoymuypequeñoynopuedoaguantarla y entonces semehaolvidadoelcollarysefuecorriendoylohepasadomuymal…”

Jano y yo nos miramos a los ojos para acto seguido sonreír levemente. Esa sonrisa del que sabe que ha encontrado una nueva aventura. Nosotros nunca negamos nuestros servicios, y como a mi me toca el papel del capitán Solo, verbalicé: “¿Quieres que te ayudemos?” Ahora eran los ojos de Javi, el niño, los que chiribiteaban.

“PuesmeharíanungranfavorporquecuandoCaravaconotroperrosetranquilizamucho y entonces seríamuchomásfácilllegarhastamicasa y entonces mimadrenosepreocuparía…”

Minutos después despegamos de aquella sucia esquina de perros para ponernos camino a la casa de Javi, el niño. Efectivamente Cara parecía una de esas perras de película que no se inmuta por nada, no el animal que minutos atrás dejó atrás a su dueño. Por lo visto le gustaba lo de tener a un perro olisqueando detrás… qué metáfora de la vida. “Perras”. El caso es que conseguimos atravesar San Antón y llegar a San Isidro donde una madre lloraba por el niño que minutos atrás había salido corriendo calle abajo.

Jano y yo no recibimos ninguna recompensa… con excepción del nombre. “Marrón”. Me gusta como suena.

Marrón, a su servicio.


 
Empatía

El mejor café de mi vida no vino de manos de un colombiano. Ni siquiera de un italiano. Polaco. Dedos fríos, lejanos del mediterráneo y de la mar caliente y la sangre encendida. Él puso el café bien triturado en el handle, recién sacado del grinder, y apretó con la fuerza necesaria –ni mucho ni poco, la cantidad exacta que sólo un buen barista sabría equilibrar en su cuerpo- contra el stamper para igualar el nivel del grano. Pulsó el botón y el agua caliente hizo el resto del trabajo convirtiendo tierra marrón en magia contra el cansancio. Puro trámite de alquimistas. Una vez ocupado un tercio de la taza con café, vertió un tercio de espuma seguido de un tercio de leche –para que haga pompa- y lo colocó sobre un platito acompañado con una cuchara de metal. “Tu capuchino, José”.

No hay duda de que, tras la experiencia londinense, he cambiado. Hay millones de detalles que me han enseñado a vivir y a mirar la vida de otra manera. Pero, sin duda alguna, mi gran hallazgo es la empatía. La capacidad para sentir lo que otros sienten o han sentido, para hacerlo mío y no verlo como algo lejano, intocable y palpable sólo en fotografías. No es lo mismo ver La Lista de Schindler y llorar por los polacos que fueron humillados y masacrados durante el periplo nazi a ver La Lista de Schindler sabiendo que familiares de la persona que te hizo el mejor café de tu vida lo sintieron en sus carnes. No lloras igual.

Es maravilloso estar sentado aquí, justo aquí, en la misma silla de antes, con los pies apoyados al lado de la tele, con Jano bajo mis pies y saberme distinto. Poder pensar en Brasil, en Italia, en Korea, en Japón o en Polonia como algo mío. Nuestro. Empático.

Con respecto al café, ya no hay capuchinos como los de antes.