Lo que uno es, fue y será (1). Evocaciones de los osos gumi.
Marcel Proust decía que todo lo que nos rodea puede ser una llave que abra recuerdos olvidados. Así, sin saber porqué, al ver una higuera la palabra “zubia” viene a mi cabeza y me sorprendo sintiendo exactamente lo que sentía al trepar a las ramas de aquel entrañable árbol a leer tebeos o a jugar con las figuras de supermán y compañía. Héroes que perdería al empezar el verano siguiente y que harían llorar a Nacho, mi hermano mayor, muchísimo más de lo que aparentaba. Lágrimas como las que le hiciste derramar aquella vez que, interpretando mi papel de villano, le rompí las paletas de una pedrada. Curioso lo de las paletas, porque tiempo después Nacho haría lo mismo con mi hermano pequeño, Javi, pero contra la mesa de la cocina en el piso de San Antón. Por aquella época los tres solíamos cenar en el “fondo” (llamado así por estar situado al final del pasillo –ahora es el salón, cómo cambia la vida-) atrincherados en un sofá negro con flores rojas. Nos turnábamos cada noche: uno sentado con un cojín entre las piernas para sostener la cabeza de otro que estaría tumbado en medio con los pies sobre un tercero que, sentado en el extremo opuesto del mueble, actuaba de mando a distancia. Pero en los 90 no había discusión sobre lo que ver en la tele a las ocho de la tarde: “Oliver y Benji”. En los anuncios corríamos por el pasillo en respuesta al grito de mi madre: “¡niños, ya están los sandwichs!” Y sí, si algo hemos en ese pasillo es correr: fútbol, pilla pilla, escondite, tinieblas y aquel juego en el que imaginábamos que había dos grandes ventiladores al principio y al final del pasillo que nos empujaban de puerta en puerta y teníamos que ayudarnos unos a otros para no ser destruidos por aquella fuerza tan descomunal… Una fuerza casi tan increíble como la del “correpasillos”, un vehículo desmotorizado con el que nos desplazábamos arriba y abajo arrasando contra todo lo que se pusiera en medio. Sin duda un juguete mucho más peligroso que el caballo de madera en el que me sentaba a ver Dragones y Mazmorras creyéndome Venger…
Curioso el tal Proust, ¿no crees? … Te toca abrir.
He muerto
He muerto. No en un sentido figurado ni metafórico ni ejemplar ni sarcástico o irónico. No. He muerto… Sin embargo, creo que sorpresas como morir hacen de la vida una historia interesante. Imagínate saber exactamente lo que va a ser tu vida: a quién amarás y odiarás, cómo será tu trabajo, tu casa, tu familia, tu perro o el día en que dejes de latir… qué aburrimiento. Necesitamos hechos inesperados, giros argumentales que hagan que merezca la pena saber qué hay en la siguiente página.
No lo voy a negar, ha sido algo traumático. Realmente esperaba llegar a viejo y, como buen bardo, poder haber recopilado miles de aventuras fantásticas para contar a la orilla del fuego. De pequeño crecí rodeado de libros y leyendas de las que deseaba formar parte. No podía pensar en la opción de pasar desapercibido por la vida, quería saber que al final de mis días había merecido la pena. Siempre me gustó llamarlo “dejar huella en el mundo”.
Por otro lado, puedo presumir de una buena muerte. Mis últimos días terrenales los he pasado vagabundeando el mundo acompañado por amigos que nada, y digo nada, podría hacer que los olvidase. Vivimos duras jornadas de trabajo dando caza a lo que merecía ser cazado y evitando ser cortados por un filo enemigo –algo en lo que puedo presumir sólo he fallado una sola vez-.
Mientras moría pensé en Jano, mi perro. Creí que se sentiría algo defraudado, pues a su antigua y ya fallecida dueña le prometí cuidarlo hasta el final de sus días. Sin embargo ha sido al revés; él cuido de mi. Y gracias a él, precisamente a él, he comprendido que mi muerte no ha hecho más que incrementar el poder de la leyenda. Una leyenda que, a lomos de un perro, sobrevive a la muerte. Orgullo y no fraude.
Prepárate, hay huellas de Ronin en la zona.
Back to the Future
MARTY
Professor? Professor Brown?
BROWN
You know me?
MARTY
Professor, you time machine works! It works! It sent me back in time! I'm from 1982!
Sólo ahora puedo entender lo que McFly sentía.

Coming back again

¿Qué es ese ruido?
-- A casa --
El buen Bardo
Su voz calma. Es sanadora. Tiene la capacidad de leer en tu mirada, de distinguir entre lo que piensas, deseas y temes. De un solo vistazo sabe exactamente lo que tiene que decir, lo que necesitas escuchar. Puede hacerte reír, llorar, amar, odiar. Es el poder de la palabra –en todos sus sentidos-.
Sus manos guían. Mueven el aire que les rodea, interrumpen tu mundo. Mientras habla ningún movimiento es en vano. Abrir, golpear, rozar, chocar, señalar…cerrar. Como un mago haría para distraer tu mirada, el buen bardo usa sus gestos para adentrarte en un mundo alternativo –pero real- en el que los problemas que te atormentaban empiezan a ser brisa fresca.
El alma, el alma les sale por todas partes. Casi la puedes ver. Casi tocar. El buen bardo canta, baila, brinca, corre, juega, disfruta, carcajea… pero también sufre, lamenta, acompaña, derrama y se atormenta por ti.
Y, ante todo, por encima de cualquier virtud, el buen Bardo es Feliz siendo el buen Bardo.
¿Quién eres tú?





