Aquellas noches de Cierre
¿Y todavía te preguntas qué es la Arcadia?
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Me encantan cuando me preguntan quién soy. Tengo millones de respuestas preparadas y otras que están por venir...mientras que me decido por una digamos que soy El Buen Bardo...
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Sindicación
 
Uno de los nuestros
Y allí estaba yo, en la parada de metro más humilde de todo Londres, casi amordazado y encadenado a otros cinco presos. Dos blancos, dos negros y un mixto. Todos con abrigos de color rojo. A cada uno de nosotros nos habían detenido de una manera distinta, pero en el fondo, por la misma razón.

Nada más llegar a la estación, dos agentes me pararon y muy amablemente me pidieron que les enseñara mi tarjeta de transporte. “Sin problema, agente”. Se miran entre ellos y la dan por válida. Ahora me piden un documento de identidad en el que aparezca una fotografía y mi nombre. “Claro que sí, este es mi DNI español”. Uno de ellos repara en mi lugar de nacimiento y dice “spaniard”. Los dos cuasi-soldados se miran frente a frente para, después, mirar a un tercero que estaba postrado al final de la habitación. Los tres asienten al mismo tiempo. Se acabo la amabilidad:

“Bien, por favor quédate quieto ahí, no te muevas hasta que nosotros te digamos que lo hagas. No hables hasta que te demos permiso (pero, yo…) te he dicho que te calles y que no hables (qué he hecho), eres sospechoso de robo como el resto de tus compañeros (yo nunca…), ya, ya (robo? Alguna prueba?), mira conmigo no te hagas el gracioso yo estoy haciendo mi trabajo así que cierra la puta boca (el problema es que yo voy a llegar tarde a mi trabajo por su culpa)”. Y los otros detenidos estallaron a carcajadas. El policía estuvo en silencio por primera vez en cinco minutos de discusión. Punto para el equipo extranjero.

Después de la charla filosófica maestro-alumno a lo Sócrates, nos esperaban 20 minutos de larga espera. Cinco inmigrantes en Londres se pasaron 20 minutos mirándose unos a otros, preguntándose quién habría sido el ladrón. ¿El negro? ¿El blanco? ¿El mixto?
La espera terminó. Una chica rubia de ojos azules, de unos 25 años, vestida de marca y marcada en la piel, apareció. Nos miró, nos juzgó y dijo: “no es ninguno de ellos”. Un agente se da la vuelta, y nos dice como si nada hubiera pasado: “Move”. Muy amablemente me despido de él…

En las escaleras del metro, un negro me pasa el brazo por encima del hombro. Signo de amistad en todas las culturas. Y, chocando su mano contra mi pecho dice con una amplia sonrisa: “Colega, ya eres uno de los nuestros”
 
Pequeña reflexión sobre el día de San Valentín:

Es un día estúpido. Y no porque los centro comerciales se forren a costa de los sentimientos de otras personas. Tampoco porque sea una celebración forzada. Y ni mucho menos porque tenga que ser ese el día en el que le regales algo a tu pareja y no otro cualquiera.
Hablemos claro, es una puta (remarquemos la palabra puta como un intensificador de la siguiente palabra) mierda de día porque todo el mundo te recuerda que no tienes novia. ^__^... Que le jodan a San Valentín…

…Aunque no me importaría darle más dinero a las grandes superficies el año que viene, nenas ;)
 
El año del perro
Querido Jano:

Creo recordar que alguna vez te hablé de mi grupo de música. En realidad es más bien un dúo y no tiene ni nombre (deberíamos ponerle remedio a eso, ¿no alf?). El caso, es que uno de nuestros temas principales se titula “Dentista hipócrita y cabrón”. La letra venía a decir algo así como: “esos hombres que nos limpian la boca nos engañan, son hipócritas y para rematar, cabrones”. Maldita sea, qué cierto es…

Enero ha sido un mes duro. Difícil, más bien. Ha sido la primera vez que no me levanto a las cuatro de la mañana del 6 de enero para ver los regalos de reyes con mis hermanos. No he felicitado en persona a mis padres por sus cumpleaños y no he podido estar ahí contigo, un año después de tu nacimiento. Por otro lado, cuando llegué a Londres me multaron en el autobús por no llevar billete y, para rizar el rizo, di un nombre falso al policía (Salvador Herrero Contreras, cuanta imaginación la mía ^_^) que no tardo en descubrir… qué vergüenza. Y como colofón final, esta última semana me ha estado doliendo la muela (en realidad, me sigue doliendo) una barbaridad. Y siete días comiendo sopa y yogures no es un buen menú. Menú, por cierto, que me ha ayudado a ver un número que jamás creí poder ver en una báscula. 89 kilos. ReDios.

Ya, ya sé lo que estás pensado Jano. Que debería ir al médico a verme lo de la muela. Pues que sepas que ya lo he hecho. Tres veces. Primero en el hospital de San Bartolomé, cerca del trabajo, en el que no me atendieron por “no tener un buen servicio dental”. Segundo y tercero, en el London Royal Hospital, en Whitechapel –barrio de Jack el destripador- en el que su servicio de urgencias se negó a ayudarme por no tener suficiente dinero. Sin embargo, decidí volver al día siguiente con el dinero que me pedían por el rescate y, ah sorpresa, el servicio de urgencias había cerrado tres horas antes de lo habitual. Les dan por culo: dentistas hipócritas y cabrones.

En fin, en mi tranquilidad queda que Febrero no puede ser peor. De hecho, no va a serlo. Da ladridos por allí, lametones a todos y no tires mucho cuando te saquen de paseo. Cuida de toda la casa y quita los pelos de encima de la cama. Nos vemos pronto, Jano, Marrano, Soprano.

Feliz año del perro ^_^