Una anécdota
Corría el año noventa y cinco, y servidor de ustedes se encontraba en Roma, ciudad a la que me había desplazado para ver la posibilidad de adquirir una pintura que parecía venir del taller de Verroccio. Cabe señalar que cuando a un anticuario (sobre todo si no cuenta con más de treinta y un años, como era mi caso entonces) le insinúan que una obra o boceto puede haber salido del taller de Verroccio, se le acelera el pulso, nota una sensación en el estómago, le invade un sudor frío, se le eriza el vello de la nuca, se le pone la piel de gallina, se le hace la boca agua, carraspea, y baslbucea algo incomprensible mirando con ojos de loco a su interlocutor, el cual, evidentemente, cree que a uno le falta un tornillo o que se ha dado a la bebida…o las dos cosas; y todo porque en ese taller, fue donde hizo sus primeros pinitos, en esto del arte, un tal Leonardo.
Así que nada, maleta y para Roma, con el convencimiento de toparme con una obra en la que, sin duda, podría adivinar algún trazo con rastro del gran genio….no sé que me hacía pensar que yo iba a tener mejor vista que cualquiera del batallón de expertos italianos que debían haber examinado con lupa la obra, antes de dejar que saliera al mercado …pero en fin, que soberbia es la juventud!!!.
Evidentemente, no sólo no había asomo alguno de que Leonardo estornudara siquiera sobre el lienzo, sino que ni tan sólo había salido del taller del maestro toscano; aunque el cuadro tenía un cierto mérito. De todas formas no hubo lugar a la decepción porque el viaje lo aproveché para adquirir un par de pinturas de la escuela veneciana (tipo Canaletto para entendernos) que vendí muy bien a mi regreso a Barcelona.
Dos días antes de mi partida, estaba tomando un ristretto en el bar del hotel, cuando un tipo de unos cincuenta años, vestido de forma impecable (casi tanto como yo ;) ), se me acercó y en un correcto castellano (lógico, pues el tipo resultó ser de Alicante) entabló conversación conmigo. Normalmente esto no suele suceder, pues los profesionales de lo que sea que nos encontramos en hoteles, vamos más bien a la nuestra, o buscando quizá compañía femenina…aunque a mí suele gustarme conversar de forma distendida con desconocidos…a veces se puede llevar uno sorpresas. Con el individuo en cuestión hablamos de lo bonita que era la ciudad, del tiempo, de nuestros orígenes; yo no suelo decir a las primeras de cambio mi profesión, suelo dejarlo en un enigmático “negocios”, pero en cambio, mi interlocutor me soltó que se dedicaba a… lo adivinan?….pues sí …al comercio de antigüedades!!.
Llegados a este punto, lógicamente me aventuré, y confesé también mi pertenencia al gremio de los traperos de lujo; el contestó que llevaba seis años en Italia, que vivía Milán con una chica italiana y que no tenía previsto volver a España…en fin cosas así. También me dijo que él y su pareja, estaban en Roma por un negocio, pero que les había salido mal, ya que iban a vender una pieza pero el cliente se echó atrás..etc.
Quedamos para cenar esa misma noche nosotros dos y su compañera, dejando claro que yo no consentía que me invitaran, a pesar de su insistencia.
Cuando bajé al comedor, la pareja ya me estaba esperando, la chica que le acompañaba era una impresionante ragazza de veintipocos años, con un generoso escote, labios de rubí y mirada felina. Durante la cena hablamos de arte, de negocios y hacia el final del segundo plato me mostró un fotografía de una crátera griega, según él, procedente de Siracusa…fingí tomarme interés por el tema, y como era de esperar, poco después el personaje dijo que necesitaba ir al baño, fingiendo una molestia estomacal. Llegados a este punto la bella leona italiana me dijo que era yo muy joven, que creía que los anticuarios eran todos mayores, que hablaba muy bien el italiano, que le encantaba la Costa Brava,…mientras me mostraba de forma generosa el escote. Desde luego el tipo no se estaba dando prisa, y la muchacha procuraba que mi copa de vino ( un magnífico tinto del Piamonte) no estuviera vacía. Estábamos ya en los postres, cuando apareció el supuesto compañero de profesión, excusándose y diciendo que no se encontraba muy bien, que quería irse a dormir pronto…inmediatamente me levanté simulando una urgencia que había aguantado por evitar la imperdonable descortesía de dejar a la dama sola y casi sin darle tiempo a decir nada, salí rápidamente hacia mi habitación, dejando mi americana en la mesa para dejar claro que volvería…subí a la cuarta planta, en la que se encontraba mi habitación, procurando no ser visto desde recepción y comprobé que del marco de la puerta no sobresalía la punta de una tarjeta mía, que yo mismo coloqué al salir…era evidente que alguien había entrado en mi habitación, y no un empleado (eran casi las nueve de la noche).
Bajé de inmediato a recepción, pedí mi llave, y cuando el empleado me la facilitó estuve seguro de que estaba en el ajo, puesto que se la pedí en catalán…y me la dio sin pestañear, casi sin mirar, era evidente que sabía de sobra cual era mi habitación. En el comedor la pareja estaba esperándome, él con la chaqueta ya puesta para retirarse, y ella esperando a quedarse sola conmigo para insinuar que podríamos seguir los postres en mi habitación….claro que antes de entrar se inventaría una excusa para decirme que la esperara, que se había dejado algo en el comedor y desaparecer claro.
Afortunadamente, el personal de seguridad del hotel se encargó de todo, recuperé el pasaporte, los gemelos, la aguja de corbata y algún dinero en efectivo y retuvieron a la pareja hasta la llegada de los carabienieri…al pasar ambos detenidos por mi lado, no pude evitar hacer algo que jamás hubiese hecho en condiciones normales, y fue palmear el trasero de la leona italiana…no iba a tratarla como una dama si no se había comportado como tal!!!
Si quieren saber el momento justo en el que tuve la certeza de que era una encerrona…fue cuando al supuesto caballero se le cayó al suelo una moneda, al agacharse a recogerla, dándome la espalda, pude observar que no llevaba cinturón (cosa que no advertí por que la cintura se la tapaba el chaleco).
Depende de las circunstancias se puede ir sin corbata….pero sin cinturón ….un caballero JAMAS.
Sean felices.
Adrià Urpí.
P.D. La anécdota es rigurosamente cierta.
Comentario:
¿De veras que sospechaste por que no llevaba cinturón? Jajaja, vaya ojo clínico, acertaste de pleno, desde luego... Me alegro que al final no se salieran con la suya.
Un abrazo.
Un abrazo.
Comentario:
Adrià que me he quedado mudita y ya es difícil ;-)), ya sabes si algún día falla esto de las antiguedades siempre te puedes dedicar a detective, que seguro que se te da bien, a mí núnca se me habría ocurrido sospechar...
Un besito y gracias por el ratito que me has hecho pasar :)
Un besito y gracias por el ratito que me has hecho pasar :)
Comentario:
Mmmm y las mujeres?Claro q yo pretendo q mi imagen me refleje, no q diga lo q no soy...pero me has dejado pensativa, serán las horas...
Saludos
Saludos
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Caray, si que hay que irse con cuidado en esta vida. Menuda trama se habÃan montado para desplumarte, pero ya ves un detalle que no se le podÃa pasar por alto a un caballero y, zas, todo al traste. Menudo ojo. Muy entretenida tu anécdota. Espero que nos obsequies con más.
Salu2!
Salu2!
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Buena anécdota y seguro que tendrás muchísimas más recogidas a lo largo de todos tus viajes. Espero que de vez en cuando, intercaladas con los otros temas, nos las cuentes.
Un abrazo
Un abrazo
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Adriá, en esta vida hay que ir con cuatro ojos , ¿pero si en lugar de cinturón llevaba tirantes? Yo conocía a uno que llevaba tirnates y cinturón al mismo tiempo, y no quedaba muy bien que digamos.
Abrazoz
Abrazoz
Comentario:
jajajaja verdaderamente sorprendente...
Hay arte para todos igual que hay gente para todo... no crees?
Sigue "pasando sin llamar" siempre que quieras
Pasen Sin Llamar
Hay arte para todos igual que hay gente para todo... no crees?
Sigue "pasando sin llamar" siempre que quieras
Pasen Sin Llamar
Comentario:
OHHhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh
QUE INCREÍBLE!!! Y qué astucia la tuya! CHICO! gracias por difundir tu sabiduría... Cinturón, apunto el dato. Jajaj y cuidado con las leonas, que algunas arañan...
QUE INCREÍBLE!!! Y qué astucia la tuya! CHICO! gracias por difundir tu sabiduría... Cinturón, apunto el dato. Jajaj y cuidado con las leonas, que algunas arañan...
Comentario:
Coincido, eres un gentleman de los que ya quedan pocos. Me gusta saber que todavía quedan. Un beso y gracias por la visita.
Comentario:
Serviría como capítulo de una buena serie, jejeje "Diario de un Gentleman". Venga animate y escribe el libro.
Besos
Besos





