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Nobleza Obliga (Diario de un Gentleman)
Comentarios sobre temas de actualidad, y sobre la orientación de la Sociedad
Acerca de
Soy Licenciado en Historia Antigua, tengo 43 años y soy Anticuario de profesión.
Sindicación
 
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A finales de los años 80, bueno concretamente en el 89, cuando hacía pocos meses que me dedicaba profesionalmente al mundo de las antigüedades, fui requerido para valorar unas estatuas de madera procedentes de Africa. El coleccionismo de arte africano no está todavía muy extendido en nuestro país (no así en el Reino Unido, Alemania y Estados Unidos), y me pareció una buena oportunidad para ver algo que, por aquel entonces, era dificilísimo de encontrar en nuestro país.
Fui a una casa sita en las afueras de Barcelona, en una urbanización con construcciones realmente bonitas y con bastante terreno (nada de pareadas adosadas). El tema era que el señor de la casa había muerto hacía un tiempo, y su viuda e hijos decidieron deshacerse de algunas cosas que consideraban prescindibles, y en este caso eran tres estatuas de madera “bastante feas” como decían ellos mismos. Me atendieron correctísimamente, me invitaron a tomar un café, me enseñaron muebles y otros objetos antiguos que había en la casa, algunos espectaculares. No pretendían vender nada de eso, pero agradecí que me lo enseñaran y ellos también agradecieron mis comentarios. Fue entonces cuando salimos al patio y nos dirigimos a una construcción que había en él, se trataba de la antigua casa de guardeses, pero que había sido reconvertida en pabellón de caza. Resulta que el señor de la casa era un “experto cazador” y había cazado por casi todo el mundo; se traía recuerdos, aparte de trofeos, y de Africa se había traído bastantes cosas, entre ellas las dichas estatuas. Nunca había estado en un sitio así, y de hecho, pocas veces más he visto algo similar; nada más entrar se veía al fondo de la estancia una enorme cabeza de búfalo africano, en una de las paredes laterales había, por lo menos, dos docenas de cráneos de antílopes con su cornamenta, clavados en tablas de madera, el suelo estaba tapizado de alfombras de piel de animales, pude ver 3 osos, 2 pieles de cebra y algunos felinos más (puma, leopardo..). Nos dirigíamos al estante donde se encontraban las piezas a valorar, yo procuraba caminar por el lado de las pieles, ya que me daba no se qué pisarlas, pero tanto la señora, como su hijo e hija, pasaban sobre ellas sin ningún miramiento. Miré las piezas y resultó ser que sólo una de ellas era auténtica, mientras que las otras eran realizadas por artesanos, pero para turistas, no para coleccionistas, este hecho pareció contrariarles un poco, pero me vendieron la auténtica, y creo imaginar cual fue el fin de las otras dos. Insistieron en enseñarme el contenido de dicho pabellón, y claro tuve que quedarme, pero les aseguro que había cosas que me erizaron la piel, como lechuzas y zorros disecados, un par de cabezas de ciervo colgadas, una pata de elefante disecada rematada con un cenicero, una butaca tapizada con piel de leopardo, un reposapiés de piel de cebra y varias cosas más. Había también una nutrida colección de fotografías enmarcadas, recuerdo de sus hazañas; muchas de ellas eran en blanco y negro, pues el cazador empezó desde muy joven. El cazador posaba al lado de cuerpos abatidos de distintos animales, no siempre sonriendo o con cara de satisfacción, sino con cara de trascendencia, como si hubiera hecho algo importante, aunque otras, claro, sonreía ampliamente satisfecho con el animal bajo su bota. En una pude ver a los dos hijos (bastante más jóvenes) montados a caballo sobre el lomo de un oso muerto, al ver la foto, sonrieron y la hija se acercó a una de las alfombras de oso y tocando delicadamente la cabeza del animal con la punta del zapato dijo “Os acordais? Que día tan divertido!” – supongo que el oso tendría otra opinión al respecto- La señora parecía empezar a entristecerse cuando pisando la cabeza del león dijo “Este fue el último….ya no volvimos más a Africa” – recuerdo que pensé que los leones no los echarían de menos. Por fin salimos, volvimos a la casa y cerramos la venta de la estatua. Pasó a formar parte de mi stock de piezas en espera de una mejor cotización, que se produjo año y medio después, cuando la vendí a un empresario alemán por el 180% de lo que había pagado. Cuando la vendí, no pude evitar pensar que placer podía encontrar una persona en quitar la vida a animales que no necesitamos para comer ni vestirnos y que encima adquiría piezas supuestamente antiguas, a precios de ganga. Ni que decir tiene que me alegré por el timo de las otras dos piezas.
Seis años después me enteré de que los hijos vendían la casa y parte de los muebles; por mi parte me hice con un par de jarrones orientales que recordaba haber visto, tuvieron también mucho éxito de venta el resto de muebles, pero absolutamente nadie pujó por las pieles de oso ni por la del león, incluso una compañera de profesión sentada a mi lado comentó “Hay que tener mal gusto!!” .
Afortunadamente, parece ser que no es de buen tono lucir trofeos de pieles de animales, aunque todavía se practica la caza furtiva y, sobre todo, la caza deportiva de algunos animales. .eso sí!!, siempre con los permisos en regla y bien pagados….que somos seres civilizados.

Adrià Urpí
 
Comentario:
¿Que tipo de valores tiene una persona que mata seres vivo por puro placer? Yo ni que estuviera muerta de hambre mato un animal, antes me vuelvo vegetariana ( casi lo soy ).

Me has hecho recordar un post que escribiste sobre una obra de teatro en la que participó tu sobrino sobre la crueldad en los animales, sin duda la otra cara de la moneda existe.

Un petó.
 
Comentario:
jajajaja, ya me imagino a los leones haciendo fiestas cuando estos señores se fuero de África y no regresaron jamás.

Es un tema tan controversial esto de los animales, personalmente no me gusta ni los toros, ni los gallos, me gustan los zoos pero el hecho de imaginar como se sentiran los animales de que los miren me deprime :S

Buen tema!

Un abrazo
 
Comentario:
¡Que te voy a decir! estoy totalmente en contra del "deporte" de la caza, no entiendo ese afán de martar por matar y no se si mi estómago resistiría contemplar todos esos trofeos, me parece cruel y me alegro que nadie les comprara todo aquello.
Interesante como siempre.
Un abrazo
No