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Nobleza Obliga (Diario de un Gentleman)
Comentarios sobre temas de actualidad, y sobre la orientación de la Sociedad
Acerca de
Soy Licenciado en Historia Antigua, tengo 43 años y soy Anticuario de profesión.
Sindicación
 
Una de Anticuarios

Ya pueden imaginarse que la pérdida de mi buen amigo Claudio me ha afectado bastante…pero en fin, la vida sigue, y con lo vitalista que era el buen calabrés, no voy a mancillar su recuerdo hundiéndome en la depresión.
Era un amigo de no muchos años…conocido sí, pero la amistad surgió mucho después. Nos conocíamos y le había vendido alguna pieza…y habíamos competido en alguna subasta, la verdad es que con notable éxito por su parte.
Afortunadamente en mi mundo todavía se encuentran personas con las que basta un apretón de manos para cerrar una transacción y Claudio era de estos…bueno apretón y una copa para rubricar el tema…y si uno se descuidaba, Claudio podía liarlo de tal manera, que sin saber como se encontraba uno con la copa en una mano, el puro en la otra y una soberbia beldad que parecía salir de la nada, sentada en las rodillas….Claudio era así.
De todas formas, este tipo de personajes no son los comunes, solemos ser más discretos (algunos), más comedidos (experto los yanquis), más “normalitos”.
Desgraciadamente, en los años que llevo moviéndome en esta profesión/pasión, también he encontrado otros tipos de personajes.
Uno de los tipos que suele revolotear en el mundillo es el “amigo” que, tras coincidir un par de veces en subastas, se cree con el derecho a interpelarte con una familiaridad que da asco, con el único fin de obtener (él) alguna ventaja o beneficio.
Una vez, en Milán, tras una dura subasta en la que conseguí sólo la tercera parte de los objetos por los que me había decidido a licitar, me decidí por darme un descanso antes de dirigirme al hotel, y me senté en la terraza de un café, cerca de donde había tenido lugar la subasta, pedí un ristretto y tras encender uno de mis Partagas Sabroso que llevaba en mi purera me dispuse a relajarme de la tensión de las pujas, al fin y al cabo algunas de las piezas que conseguí, tendrían una magnífica salida en poco tiempo, así que me daba por satisfecho. Apenas había lanzado al aire tres volutas, cuando apareció un sujeto que reconocí de la sala de licitación, era un constructor que se había enriquecido con promociones de chalets de lujo en los alrededores de Madrid, y había decidido dejar el negocio a su hijo para dedicarse al comercio de antigüedades. Muchos de los adinerados compradores de las casas que construyó, también se encontraban entre sus clientes. Pujaba por cosas siempre caras, vistosas, y no siempre interesantes para mí…pero ese día yo me quedé con un ídolo de las islas Cícladas, una preciosa talla del 2.500 A.C. por el que hube de pagar veinticuatro millones de pesetas, por el cual pujó bastante personal…el individuo en cuestión se plantó en los dieciocho millones, con evidente cara de fastidio. Yo superé a un francés que se plantó en veintitrés quinientos. “Hola que tal?” –dijo el constructor (me niego a llamarle anticuario), y sin esperar contestación por mi parte tomó una silla y pidió otro café al camarero. Yo me quedé un poco sorprendido, ni siquiera sabía su nombre. “Joder vaya tarde eh?” – sí contesté sin mucho entusiasmo-.
Después de divagar durante unos pocos minutos, me soltó, más o menos, lo que sigue : “…Oye por cierto, muy bien lo de la estatua griega esa eh?, veinticuatro kilos nada menos…mira yo tengo un cliente que las colecciona, tiene unas cuantas, pero ninguna tan grande como esta (medía treinta y ocho cm.) y estoy seguro que le podríamos sacar treinta millones, está forrado y le chiflan estas chismas (literal)…si apretamos, estoy seguro que podría llegar a treinta y dos. Cuando cerremos la venta, te doy los veinticuatro y nos partimos la diferencia mitad y mitad hace?”.
Ignoro desde cuando éramos socios el ladrillero y yo, pero era evidente que él creía que era así, dado la familiaridad del trato y la forma de utilizar el plural (“cerremos la venta”, “apretamos”…). Lo miré y le pregunté sin demasiado tacto qué le hacía pensar que me interesaba el trato, a lo que me espetó “joder te estoy hablando de tres o cuatro kilos de beneficio, no me digas que no te interesa”. El tipo obviaba que él también se iba a llevar el mismo beneficio, sin hacer nada más que de intermediario, cosa lícita, pero que se propone de forma más elegante, y sobre todo entre personas que se conocen, no le asaltan a uno cuando está tranquilamente tomándose un café.
Sea como fuere, me mantenía en mis trece, cuando decidió jugar la carta de darse importancia….que si “tú no sabes los clientes que tengo”, que “los hay que salen por la tele y todo”, que “conmigo te harías de oro en cuatro días”….
Tras insistir un buen cuarto de hora, y viendo que no tenía nada que hacer, se despidió bruscamente con un “bueno, bueno si no te interesa pues nada, lo dejamos..) y se fue sin más. En ningún momento nos estrechamos la mano, ni se presentó, ni nada parecido. Además se largó olvidándose de pagar su café y me le pude oir perfectamente mientras mascullaba “catalanes” con esa expresión de desprecio que he tenido que soportar en algunas (poquísimas afortunadamente) ocasiones.
Parece ser que nuestra “amistad” se había forjado tres meses antes, a la vuelta de una licitación en París, en la que además de coincidir, volvimos en el mismo vuelo, separados por sólo tres filas de asientos.
Siete meses después coincidimos en Roma, donde al no seguir pujando por una pintura del siglo XVIII que terminó en su poder, me dirigió una inequívoca mirada que decía “Jódete”. El pobre nunca sabrá que las otras dos veces que me “derrotó” pujé simplemente para hacer aumentar el precio, es decir que la miradita le salió por unos seis o siete millones, que es lo que pagó de más por mi intervención en esas licitaciones.
No soy vengativo, pero reconozco que si me ofenden soy mal cliente.

Sean felices.
Adrià Urpí

 
In Memorian

¿Cuánto tiempo verdad?....Bueno pues nada aquí me tienen otra vez….no se preocupen, que el día que me de baja en esto de los blogs, no lo haré sin despedirme de ustedes….pero hay veces que las circunstancias lo impiden.
No es la primera vez que “desaparezco”, y en cada vuelta, les he vuelto a recuperar, así que aprovecho para decirles que son ustedes formidables, muchas gracias.
Esta vez las circunstancias que me han mantenido apartado de ustedes han sido varias, empezando por la vuelta del TEFAF. Este año el magno salón ha sido especialmente pródigo en contactos, compras y ventas…así que entre la recepción de los lotes comprados, su catalogación, los envíos…en fin que he estado liado; después también estuve varios días sin conexión, y créanme si les digo que la Odisea de Ulises es una excursión de párvulos, comparada con la que he sufrido yo con los Servicios Técnicos y el Departamento de DESATENCIÓN al Cliente, además Gloria está recibiendo unos cursos en su empresa que, naturalmente, se hacen después del horario de trabajo, y llega a casa pasadas las nueve, tres veces por semana (acaba hoy el curso!!!)…pero la verdad es que todo esto es nimio si lo comparamos con la razón más grave.
Llevo en Barcelona sólo tres días, después de mi viaje a Roma…he estado en la Ciudad Eterna desde el veintiuno de Mayo. La razón no ha sido, desgraciadamente, ninguna subasta, ni nada referente al trabajo, ni por descontado nada de turismo. Lamentablemente he pasado estos días en la cabecera de la cama de un amigo al que nunca agradeceré lo suficiente su comportamiento y ayuda tras la muerte de mi padre. Los que me leen de forma más o menos asidua, ya deben haber adivinado que me refiero a Claudio; también recuerden quizá, que les hable de él debido a un problema de corazón que sufrió…pero consiguió superarlo, y todavía lo pude ver en Maatrich durante el citado TEFAF. Más delgado (bastante más) pero con las mismas ganas de tomarse la vida a bocados grandes, que es precisamente lo que le hizo superar el primer envite.
Nuestro encuentro en el hotel fue realmente emotivo, me comentó que “he ganado…a los puntos….pero he ganado”…sí efectivamente derrotó a la enfermedad por puntos…pero lo que no imaginábamos es que la muy ladina le pediría la revancha. Después del salón, Claudio se dirigió a su casa de Regio Calabria , en la punta de la Bota Italiana para situarlos ( bueno de hecho Calabria entera es la punta, Regio Calabria es la mismísima puntera) pero una semana después debía abandonarla para ser ingresado de urgencias, y trasladado a Roma, donde tiene su residencia fija.
Debido a la fuerte amistad que nos profesamos, no me lo pensé dos veces y decidí estar con él, ya que su familia me comentó que era realmente grave, dejando a la pobre Gloria con el “marrón” de llevar la casa ella solita (por cierto lo ha hecho de maravilla).
Arreglé los asuntos más urgentes y tomé un avión hacia Roma para estar con mi amigo. Claudio no es ningún cobarde, y presentó batalla….pero por desgracia, esta vez el combate ha sido más duro…y ha perdido…a los puntos también, pero esta vez no hay revancha posible.
Como buen calabrés, Claudio amaba la vida, y no voy a decir que la vivió…la exprimió, aficionado a los placeres de los sentidos, excelente gourmet, catador finísimo de caldos, y con un concepto de la belleza y del arte que cuadraban con los míos al cien por ciento. Le gustaba vivir bien y no privarse de nada, lo cual no tiene nada de extraño siendo calabrés, ya que no en vano la famosa ciudad de Sibaris fue fundada precisamente en estas tierras.
Una noche, después de una subasta en la que Claudio,yo y dos alemanes también compañeros de profesión, hicimos frente común para arrebatar un busto egipcio a un par de engreídos neoyorkinos, nos dedicamos a celebrarlo con una botella de Armagnac de varios lustros. Nos reímos, hablamos de lo divino y de lo humano y entre copa y copa Claudio dijo : “Amigos, nosotros no somos españoles, ni italianos, ni alemanes, ni siquiera calabreses, catalanes o bávaros….somos naturales de Sibaris…”. Y sí, tenía razón…muchas veces se utiliza el término ”Sibarita” de forma peyorativa,, pero muchísimas veces, desde aquella noche, unos cuantos nos empezamos a definir a nosotros mismos como “naturales de Sibaris”.
Un sibarita de Glasgow llegó incluso a confeccionar una suerte de pasaporte ficticio (esa es otra historia)…se trataba de una broma claro, pero un comerciante de arte africano – sibarita nacido Hannover – me comentó al salir del sepelio que “se nos ha muerto el Presidente de la Serenísima Republica de Sibaris”.
Pues sí, si la ficticia nación existiera hoy en día, debería llevar ese nombre oficial, y además Claudio hubiese sido su presidente vitalicio; yo lo veo como un Dux veneciano con la pinta de un híbrido entre Orson Wells, Pavarotti y aquel personaje de serie americana llamado Nero Wolfe.
No he sido capaz de escribir un post dedicado a mi amigo en toda regla porque aún me duele el recuerdo de su marcha, y este pequeño post me está costando horrores…pero he querido hacerlo porque se lo debo a él, y por supuesto a ustedes por mi ausencia.
Como colofón para que puedan captar algo de la esencia de Claudio, les diré que su magnífica colección de monedas de oro romanas (áureos, sólidos, ases..) la ha legado repartiéndola en distintos lotes entre quince personas.
Yo fui el primero en ir al notario romano a retirar el mío debido a que ya me encontraba en Roma; dicho notario me comentó que en el testamento la frase era “……para mis compatriotas de Sibaris…”
Arrivederci carissimo Claudio.

El fin de semana se lo dedicaré al cien por ciento a Gloria, así que les iré visitando entre esta tarde o sino a partir del lunes.

Y ya saben , por favor, sean felices.
Adrià Urpí

CLAUDIO GHIRARDINI 19 de Marzo de 1.951 – 24 de Mayo del 2.007
IN MEMORIAN