"Después de Abril"
DESPUÉS DE ABRIL….
…se tornó temeroso Mayo. Sembrado de claroscuros en el cielo, dudó de si mismo y
terminó llorando gotas de lluvia;
con cada gota una esperanza,
con cada esperanza una brisa templada,
con cada brisa un deseo…
Pisé descalza la hierba de Mayo y todas las melodías paganas exorcizaron mi sangre.
Celebré la vida arañando la tierra con las manos,
despertando mis poros con el agua helada,
abrazándome a una encina busqué la mejilla resquebrajada de su tronco y escuché
desperezarse lentamente sus raíces,
burlándose de la inmovilidad de su apariencia…
Descansé bajo su sombra cuajada de flores masculinas:
racimos colgantes , amarillos entre el verde oscuro de las hojas afiladas.
Jugué con las montañas, matronas solemnes,
intuí de su talla desgarrada la orogénesis que las arrancó de cuajo de la MADRE,
imponentes, desafiando caprichosas al mismo cielo.
La vida huele tan bien…-le dije ensimismada a Mayo- que su alquimia perfecta,
emborracha los sentidos.
Entonces Mayo sonrió, me alborotó el pelo y se adormeció en ese instante eterno
que rompe las palabras de los amantes
para cuajarlas de besos
…se tornó temeroso Mayo. Sembrado de claroscuros en el cielo, dudó de si mismo y
terminó llorando gotas de lluvia;
con cada gota una esperanza,
con cada esperanza una brisa templada,
con cada brisa un deseo…
Pisé descalza la hierba de Mayo y todas las melodías paganas exorcizaron mi sangre.
Celebré la vida arañando la tierra con las manos,
despertando mis poros con el agua helada,
abrazándome a una encina busqué la mejilla resquebrajada de su tronco y escuché
desperezarse lentamente sus raíces,
burlándose de la inmovilidad de su apariencia…
Descansé bajo su sombra cuajada de flores masculinas:
racimos colgantes , amarillos entre el verde oscuro de las hojas afiladas.
Jugué con las montañas, matronas solemnes,
intuí de su talla desgarrada la orogénesis que las arrancó de cuajo de la MADRE,
imponentes, desafiando caprichosas al mismo cielo.
La vida huele tan bien…-le dije ensimismada a Mayo- que su alquimia perfecta,
emborracha los sentidos.
Entonces Mayo sonrió, me alborotó el pelo y se adormeció en ese instante eterno
que rompe las palabras de los amantes
para cuajarlas de besos





