Nadie en el faro de Alejandro
Vive Loco y Muere Cuerdo
Acerca de
Mi diario no es una obra maestra, ni siquiera un ensayo magistral sobre la sociedad actual en la que vivo, es sólo la historia personal de un chico normal. No pretendo que sea un relato literario soberbio, sólo un trozo de mar donde gritar mis llantos, mis alegrías. En definitiva un pequeño faro donde alumbrar todos mis sentimientos y arrojarlos al mar.
Sindicación
 
Perdidos IIª parte


Durante un rato permaneció en estado de ensoñación, inmortaliza el último día que la vio, marchando por el andén, le dio un beso vaporoso en la mejilla, cuídate mucho le musitó, se fue alejando poco a poco sin mirar atrás, mientras el corazón de él se desgarraba en cada zancada. Él había esperado tanto ese momento, que tartamudeó al invitarle a pasar. Ella sabía que tartamudeaba por timidez y melancolía, él percibía que ella había vuelto porque necesitaba algo que anhelaba, y no sabía pedir.


Cuando se abrió la puerta y lo vio, sintió un aquelarre inmenso en su interior, un traqueteo de turbaciones que le resultaba muy difícil controlar, ella que en esta vida había podido controlar todos sus sentimientos, al menos de cara a los demás. Se sentía torpe entre tabiques, donde hace tiempo se conmovía envuelta por sus besos. Tenía miedo de su reacción, de haber perdido su amistad, a pesar que él jamás la dejó de felicitar por su cumpleaños, santos, días que ella consideraba importantes y él se acordaba. Tenía verdadero pavor a no hallar el niño cariñoso de siempre, aquel que se dedicaba a revolver con el dedo en su espalda. En realidad, no sabía cual era su verdadero temor.


Con un deje de voz le preguntó como se encontraba, mientras caminaba hasta el salón, henchido de cuadros a medio finalizar, seguramente él dejaría inconcluso hasta que su alma terminara a medida de sus necesidades. Él sonrió tímidamente, era curioso como ella jamás le había visto soltar una carcajada, ni siquiera, cuando estuvieron juntos, siempre tuvo la certeza que era un chico taciturno desde la cuna, pero no era triste en su vida diaria, destilaba un amor por las cosas pequeñas, que siempre encandiló a ella. Contestó que estaba bien, mientras le invitaba a sentarse en el sofá, ella le narraba que no quiso ir con sus amigas y que no tenía otro lugar a donde ir, que cuando se dio cuenta estaba en frente de su casa. Él sonrió, le dijo que no se preocupara, que siempre podía contar con él para lo que quisiera, que ya lo sabía.


Le entregó un pijama, ella se lo había dejado cuando vivía allí, ella tenía la manía desde que llevó coletas, que nunca ensamblaba en ningún lado, ni siquiera entre sus más allegados, era una angustia que la hostigaba siempre. Le acompañó al dormitorio, estaba lleno de libros cobijados en una librería antigua pero muy bien cuidada, había maquetas de barcos que él hacía de niño mientras veía llover en el patio, donde se desarrollaba una rosa muerta de celos. Álbumes de fotos, que él llamaba miradas de mí en ti. La arropó con mucho sigilo, posó un beso inofensivo en su frente y le deseo lindos sueños.


Mientras él intentaba dormir en el sofá, pensaba en la fragilidad de ella, esa fragilidad que siempre intentó ocultar a todo el mundo, haciendo creer a todos que era autosuficiente interiormente, él siempre conceptuó que ella era tan sensible, como el rocío que despereza sus geranios cada alborada, por eso siempre cosía un tul opaco alrededor de su alma, casi impenetrable. Él había aprendido a vivir sin ella y con todos sus recuerdos, sin su presencia pero con su esencia. No le dolía volverla a ver, reconfortaba su memoria, que de vez en cuando grita, grita tanto que la luna se desvela. Tener su amistad hacía que doliera todo menos, que se ahogara menos, le llenaba más que no tenerla bajo ningún concepto. No quería perderla totalmente. Él era consciente que ella no tuvo la culpa de enamorarse, sentía que era culpa suya, aunque sabía que a veces nadie tiene la culpa.


Ella se sentía tan vacía, completamente sola, una cama tan desocupada solamente con su cuerpo, su corazón se apreciaba tan pequeño últimamente, estaba ceñido de dolor, de un sufrimiento sordo, que casi nadie escucha. Su alma se derramaba continuamente entre sudores de pesadillas, tenía un frío inmutable cada noche, cada despertar. Las sábanas le escaldaban la piel, le producían llagas en su mente. Se levantó de la cama, se dirigía al sofá, le dijo que fuera a la cama, todavía se acordaba que él sufría de la espalda. Lo convenció.


Ambos estaban rígidos en las camas, a ambos le temblaban el alma. Se dieron la vuelta al mismo tiempo, él miró sus ojos, ella no pudo sostenerle la mirada, esa mirada cálida de la que un día se enamoró. Ella se acerco a los labios de él, se dejó besar por ella, luego sintió como el rellenaba de caricias su boca. Ella quería apagar toda la soledad que había sentido desde que era una niña, él sólo quería sentir.


Él se aparto lentamente, puso su dedo sobre el labio de ella, shhhh le dijo. Beso su frente y la abrazó, la abrazó fuerte y a la vez dulcemente, la abrazó con toda su alma. Mientras la mecía como una niña, ella lloraba, lloraba por todos los abrazos como ese que había necesitado a lo largo de su vida y nadie se lo daba. Lloraba mientras él le daba aquello que ella más anhelaba; un abrazo con el que luchar contra su soledad y su dolor. Le entregaba aquello que necesitaba para no sentirse pérdida entre tantas sombras. Le entregaba una amistad, un gesto, un cáliz con que llenar su vacío. Un abrazo.


Fdo: Alejandro


 
Comentario:
He dicho yo eso??? jajajajajjaaj no me cambies las palabras, bicho!!! Pero si quieres :P jajaajajaaj Un beso, guapo xxxxxxxxxxxxxxx
 
Comentario:
¿ Quieres que escriba un relato erótico? No creo que se me dé muy bien.

Besos.
 
Comentario:
Es algo triste, para qué engañarnos? Pero lo de los cuentos eróticos te podría ir bien aunque como soy distante, no comentaría :P

Ya he escrito, pero tampoco te gustará mi Bob ... patience is a virtue y tal!

xxxxxxxxxxxxxxxxxxx
 
Comentario:

Me imaginé que era eso, pero no quería meter la pata. He leído El señor de los anillos y otros libros de Tolkien. Me encanta la literatura fantástica épica.

Besoos adormilados Wendeling.

 
Comentario:
Dentro de la mitología de J.R.R. Tolkien (sí, el de El Señor de los Anillos). Un maia (es neutro, vale para masculino o femenino) es un dios menor. Si has leido ESDLA o has visto las películas, Gandalf, el mago, es un maia. TAmbién Sauron (el ojo que todo lo ve) es un maia.

Pero hay muchos más maiar (así se dice en plural). Una de las leyendas más bonitas, y mi favorita, habla de una maia que se enamora de un ser inferior y decide tomar cuerpo, para poder casarse con él. En principio, los maiar son incorporeos.

Un amigo me dijo en una ocasión, que parecía tan dulce como esa maia... y desde entonces me llaman así.

Besos (espero haberte aclarado algo).
 
Comentario:
Ay niñas, tampoco quiero que os deprimaís. ¿Tan triste es? Yo no sé escribir de otra forma, los chistes es que no son lo mío, y lo de escribir relatos eróticos... creo que tampoco.

Yo os doy todos los abrazos que queraís.

Nota para Wendeling: A pesar de poder pecar de ignorante, que lo soy. ¿Qué es una maia?

¿Big cuando vas a actualizar el blog? es que le tengo alergía al Bond jajaja.

Besos cansados.


 
Comentario:
Un cuento precioso y aunque me parezca triste, el abrazo del final reconforta de una manera maravillosa ;) xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
 
Comentario:
Gracias por tu visita. Volveré.
 
Comentario:
Tener su amistad hacía que doliera todo menos, que se ahogara menos, le llenaba más que no tenerla bajo ningún concepto <--- uffff También prefiero eso a perderlo por completo. ¡Cómo lo entiendo!

Besos de una maia.
 
Comentario:
Como siempre, precioso, Álex. Si me dieran a elegir entre un abrazo y un beso, elegiría el abrazo sin dudarlo. Da más calorcito por dentro.
Gracias por poner cosas tan bonitas
:)****
 
Comentario:
Jo. Es precioso, de verdad. Muchas veces me he sentido así y me he abrazado yo sola, pero... no es lo mismo :-)

Un beso.
 
Comentario:

Sí, todos necesitamos ese abrazo.

Un besote.

 
Comentario:
Es precioso, Alex. Todos necesitamos ese abrazo de vez en cuando, ¿verdad?

Un beso
No