La poesía que mastica un adiós
No envidies mis progresos sin conocer mis sacrificios
Hacía semanas que llovía en la plaza Blas Infante. La humedad que planeaba por las calles y el chapotear fatigado de las gotas en los despojos desparramados de sus semejantes, lo anegaba todo en el tedio, en una tediosa espera.
La respiración de Elvira y Ethan se habían acoplado rítmicamente al limpiaparabrisas del Seat Ibiza metalizado. El silencio se retorcía incómodo en el asiento trasero. La mirada baja de ella observando las líneas sobrias de la guantera. La mirada de él extraviada y buscando cobijo en los matorrales que tiritaba en la mano del viento. Qué cruda es la poesía de la despedida.
Elvira se había puesto la máscara que guardaba en una caja de zapatos debajo de su cama de matrimonio, era el disfraz para estas ocasiones. Sólo la lluvia, descubriría después, el dolor que hay detrás de la careta. Anoche se levantó con parsimonia, rebuscó debajo de la cama con cuidado de no despertarlo y sacó la caja con decisión, con un coraje sobrehumano y antes de que pudiese parpadear, la impulsividad agarro violentamente la máscara y se la encajó perfectamente en su rostro. Horas después, todavía sus manos temblaban mientras buscaba abrazarse a Ethan. Sabía que ya no había vuelta atrás, sabía las lágrimas que se desarrollarían en soledad, sabía el dolor que habría de soportar. Por eso apuró la ternura de él en ese abrazo bajos las sabanas recién despertadas.
Ethan había salido del coche no para evitar la rabia sino para que ella no lo viese llorar. No entendía la cobardía de ella cuando empezaba a amar. Las lágrimas se mezclaban con las lluvias como se mezcla los fluidos en el refugio intimista.
Las pisadas torpes se dirigían hacía él, lo abrazó apoyando su cabeza en su espalda, ella tampoco quería que lo viese llorar. Era cobarde cuando amaba. La lluvia resbalaba por sus cuerpos igual que ellos hacía el suelo embarrado, ambos de rodillas, rendidos en su propio dolor, ocultando a través del frío y el agua lo que ambos intuían en la incandescencia de aquel abrazo. Elvira con su máscara tomando el mando se levantó rígida subió a su coche y sin mirar ningún momento hacía atrás arrancó, aceleró y la máscara se partió por la mitad reblandecida por el llanto.
Corrió por las escaleras hasta subir a su piso situado en la plaza de Blas Infante y pudo ser lo que la máscara no le permitió. El grito lo escuchó Ethan bajo la lluvia en el mismo lugar donde años antes habían perdido la virginidad y donde tantas veces habían compartido amaneceres. Ahora todo estaba embadurnado de barro, llantos y un dolor seco que les partió la fe por la mitad. Qué atormentada es la poesía de un amor a los veinte años.
Firmado: Alejandro
Comentario:
Nanny-Ogg: A los veinte años y a los setenta y tantos el amor es la fuerza y la debilidad que lo inunda todo. Bicos.
Maribel: Gracias por la canción de Revolver. Un abrazo niña.
Comentario:
"Era cobarde cuando amaba"
Me recuerda a una canción de Revolver, que muy acertadamente dice:
"Y correr dicen que es cosa de cobardes"
Pero todos somos carne de cañón
Yo lo soy y no me importa
Confesar que más que nadie
Pero aquí quién no es cobarde por amor?"
Bonita historia, Álex :)
Bicos
Me recuerda a una canción de Revolver, que muy acertadamente dice:
"Y correr dicen que es cosa de cobardes"
Pero todos somos carne de cañón
Yo lo soy y no me importa
Confesar que más que nadie
Pero aquí quién no es cobarde por amor?"
Bonita historia, Álex :)
Bicos
Comentario:
"Qué atormentada es la poesía de un amor a los veinte años...." El mundo se nos acaba, el alma se nos rompe en pedazos, el corazón quiere ocultarse en lo más profundo. Nada puede ser tan desgarrador y tan bello como el amor a los veinte años.
Besos
P.S. A mí también me gusta esa historia de la rebelde y me quedo con la curiosidad del cuento celta.
Besos
P.S. A mí también me gusta esa historia de la rebelde y me quedo con la curiosidad del cuento celta.





