Nadie en el faro de Alejandro
Vive Loco y Muere Cuerdo
Acerca de
Mi diario no es una obra maestra, ni siquiera un ensayo magistral sobre la sociedad actual en la que vivo, es sólo la historia personal de un chico normal. No pretendo que sea un relato literario soberbio, sólo un trozo de mar donde gritar mis llantos, mis alegrías. En definitiva un pequeño faro donde alumbrar todos mis sentimientos y arrojarlos al mar.
Sindicación
 
La petite boîte à musique




A Vale: Un esquimal perdut en el desert

La esperanza ve lo invisible, siente lo intangible y logra lo imposible. Robert Frost


Me llamo Álvaro Riera. Desde niño tuve un don; un enorme poder de observación. Un sueño; ser escritor. Un objetivo; Salir de este pequeño pueblo de la comarca de Alt Urgell y un recuerdo que siempre me ha acompañado desde mi mas tierna infancia; La canción dulce y triste que surfeaba como una aparición melancólica en el ambiente. Llenando de una mezcla de añoranza ortodoxa, tristeza ingénita y dulzura endógena que convertía a mi corazón, sin motivo aparente, en su súbito impregnado en lágrimas.


Por mi ventana salpicaba los pentagramas donde dormían, serenas, las notas de una cajita de música que caminaba cabizbaja desde la panadería que estaba enfrente de mi casa hasta mi cuarto infantil, que más tarde se mudaría en habitación adolescente y luego en los primeros compases de la madurez. Todo era mutable a mí alrededor, exceptuando el soniquete triste de la caja de música de Martín Serrano, el panadero.


Desde mi ventana escribía los mejores versos urbanos, costumbristas, sociales, de amor… A través de los silencios transparentes, los llantos disimulados, las sonrisas que tomaban el sol desnudas, las palabras amortiguadas por las paredes gruesas de los caseríos de la plaza Blas Infante, configuré las huellas dactilares de mi prosa, con sus miradas encogidas aprendí a dibujar pinacogramas retratistas pero sobretodo armé mi alma poética.

Recorrí con mi centrifugadora quijotesca cada gemido encerrado; las heridas que amordazadas intentan gritar el miedo, se tornan minas reprimidas en las sábanas epidérmicas, con las bocas abiertas, esperando un leve rocío para destrozarse en silencio. El dolor mecido por las manos del balancín, el recuerdo camuflado en las miradas peinándole el tiempo. La mañana retiene el murmullo del latido de los sueños muertos. El azahar ronda por debajo de las enaguas de las campanillas. La sangre se encadena al acero y al frío. La resignación duerme dentro de un cacho de pan duro. Rozar el vacío con el cuerpo, consintiendo pecados capitales a la soledad. La aurora se desnuda con la escarcha tendida en los pezones mientras la esperanza se muere al despertar el amanecer con babero refrigerado. Suspirando a sorbos la eternidad de un reloj suicidado. La seducción concentrada en las esquinas furtivas, pasiones desatadas a escondidas en los jadeos de la noche.

Martín Serrano, era el propietario de la panadería que había en la calle Ricardo Viñes, justo enfrente de mi casa, desde mi ventana podía ver en sus ojeras las mordidas de la rutina, el peso de la soledad de las madrugadas envueltas en halitos escarchados. Esa nostalgia arrastrada al mismo compás que sus movimientos pausados, como si una gran pena le hiciese funcionar a cámara lenta. Esa mirada triste que se escondía de otras miradas pero que se explayaba sin grilletes en el amparo de la oscuridad mortecina que proveía dos candiles prendidos. Amasaba el pan con una ternura exquisita como si debajo de sus manos no se contornease una masa inerte de harina y agua, sino el cuerpo tembloroso de una mujer asustada, con el que el panadero conseguía a través de la dulzura de sus manos que ella dejase de temblar y tiritase de entrega. Moldeaba la masa como si moldease un recuerdo, o al menos siempre tuve esa sensación mientras lo observaba a través de mi ventana de colegial, cuando la ventana de la panificadora estaba abierta, con lo que me regalaba una parte de su intimidad que nunca fue olvidada, sobretodo cuando se sentaba en una silla de madera vieja mientras los panes se formaban en aquel horno uterino, al calor de unas rejillas maternas, despedía un olor a pan recién hecho que se expandía por la calle Ricardo Viñes y que corría revoltoso hasta la plaza Blas Infante. Martín sostenía en su regazo una pequeña caja azul anochecido, con miles de estrellas engarzadas por toda su superficie, chispeaban aletargadas en la penumbra de su sala de trabajo. En la tapa estaba dibujada una luna plena maquillada con un tono rojizo que daba mucho más énfasis a la tristeza de aquella escena. El panadero acariciaba la caja con una mezcla de melancolía, sensibilidad y un dolor cóncavo, como el que deja el vacío de un adiós. Al abrir aquella tapa, una bella canción salió de sus intestinos rectangulares. Aquella melodía, durante años estuve buscando a que interprete pertenecía, pero no era de ningún artista reconocido. A Serrano le producía la misma mezcla de estremecimientos cutáneos, encogimiento anímico y una nostalgia espesa en los pulmones y unas lágrimas que esquiaban por las mejillas al mismo compás lento que aquellas notas delicadas.

En mi familia el día que Martín Serrano cerró la panificadora y se marchó del pueblo de un día para otro, se tomó con una mezcla de alivio, incertidumbre y morriña que en mi plena adolescencia nunca pude averiguar el por qué de aquel cóctel y baturrillo sensorial. La verdad es que aquel hombre despertaba en mi familia sentimientos encontrados y reacciones que cogían a uno por sorpresa, sobretodo a mí. Al llegar la noche del día que dejé de escuchar el cantar apenado de la caja de música del panadero, mi abuela Simona musitó mientras se mecía en la mecedora junto al fuego de la chimenea; extrañaré el aroma de su ternura. Mirándole a aquellos ojos que se habían vuelto perezosos con la edad, caí en la cuenta que se refería al pan recién hecho, aunque también fantasee en su momento que ella conocía como yo, aquella forma sensorial que tenía el tahonero de realizar su trabajo.

Martín Serrano se fue del pueblo cuando tenía unos cuarenta años cálculo, no volví a saber nada de él, aunque todavía podía escuchar en mi imaginación aquellas notas de la caja de música impregnado mi alma y aunque me fui haciendo adulto seguía cuchicheando por la ventana la intimidad oculta del pueblo, más de una vez mi mirada se desviaba descontrolada buscando algo en aquella vieja panadería. Conseguí graduarme en periodismo con mucho esfuerzo y sacrificio y más tarde después de trabajar en algunos periódicos locales de la zona, me empleé en una revista de actualidad mensual. Aquel empleo me gustaba y me dejaba tiempo para escribir mis novelas, cuentos, relatos, novelas cortas… en mis ratos libres. Logré publicar alguno de mis textos en antologías y con mucho esfuerzo me financiaba para editar en alguna editorial modesta.

Una mañana fría de invierno llegó a mi mesa del trabajo, un paquete con mi nombre; Álvaro Riera escrito con una caligrafía bien cuidada. Esperé a llegar a casa para abrirlo, dentro había varios cassettes con un número escrito con la misma letra, había cuatro cintas con sus respectivos cifras sucesivas. En el paquete también llevaba una grabadora para poder escuchar las cintas. Sorprendido vi que no tenía remitente y que en el matasellos pude averiguar que venía de Toulouse, Francia. Movido por la curiosidad puse la cinta con el número uno en la grabadora y le di al play.

Hola Álvaro, me llamo Martín Serrano….

Continuará….


Nota: Desafío 6


 
Comentario:

No tardaré mucho en ponerla. Bicos
 
Comentario:
Por favor, por favor, por favor, donde está la continuación, no me hagas estooooo, jajaja, besos...
 
Comentario:

Me alegro mucho que te haya gustado. Muxus.

 
Comentario:
Sí, Álex (con tilde, para que no me riñas), me ha gustado mucho. Ahora no nos hagas esperar mucho con la continuación.

Musus.
 
Comentario:

Nanny-Ogg: Fumando espero ... tú no fumes eh, en este blog esta prohibido fumar. Bicos.

Maribel: Cotilla, habrá sorpresas... quien sabe, tendrás que esperar a la segunda parte. Un abrazo.

Rosalía: Me alegro que aun me sigas leyendo. Besotes.

Invitada: ¿Te gustó como quedó? Muxus.
 
Comentario:
Me he quedado igual que Álvaro, con una curiosidad tremenda.

Musus.
 
Comentario:
Me quedo con mucha intriga :)
 
Comentario:
Me gusta el inicio de esta historia, sospecho que habrá sorpresas y mi vena cotilla me mata :P

Besos mil :)
 
Comentario:
Quedo esperando más sobre este panadero y su caja de música.


Besos
No